Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

martes, 29 de septiembre de 2015

"De carne y hueso" Michael Cunningham


Descubrí a este autor con motivo del estreno de la película "Las horas", que me gustó tanto y me pareció tan especial, que me hizo buscar la novela y leerla con avidez, y darme cuenta de que la película, magnífica, es un pálido reflejo de la maravilla que es el libro. Desde entonces Michael Cunningham, se ha unido a la lista de escritores estadounidenses a los que leo, sí o sí.
En esta novela, de nuevo nos encontramos con una despiadada disección de la familia norteamericana que podría trasladarse a cualquier familia en cualquier sitio porque la familia es una institución contradictoria "Sabía que amaba a su hijo —¿qué clase de hombre no lo haría?—, pero quería que fuera distinto. [...] sentía amor por su hijo, aunque cargado de odio"; la familia puede pesar y agobiar como una losa y, a veces desearías hacer un revoltijo con ella, meterla en el último cajón del último armario y olvidarte de donde pusiste la llave. 
La novela empieza en 1935 con un Constantine Stassos de ocho años que trabaja en el huerto de su padre, en Grecia porque hay que "trabajar hasta la muerte para mantenernos con vida". El siguiente capítulo es ya en 1949 y Constantine con veintidós años vive en Estados Unidos y corteja a Mary, descendiente de italianos, de la que está enamorado, en una noche de verano junto a la barandilla del porche. Y así, capítulo tras capítulo, a través del tiempo, y de los personajes, mediante escenas aisladas, que les pasan a unos u otros a lo largo de cien años, se nos va contando la historia del matrimonio de Constantine y Mary, sus tres hijos  y sus dos nietos, así como algún que otro personaje peculiar.
Se trata de pinceladas aisladas a las que nosotros tenemos que ir dando continuidad para que adquieran forma; tenemos que unirlas para que conformen entre todas el cuadro que se nos pretende mostrar. 
A través de dichas escenas vamos viendo la evolución de los personajes y de sus relaciones. Las relaciones del padre con los hijos; la creciente hostilidad, incrementada por la violencia, de Constantine hacia su hijo Billy al que no comprende y no acepta y de quien piensa que es un fracaso y una desilusión; su predilección por Susan, la primogénita, la única que responde a sus esquemas vitales y a sus expectativas "Susan, al fin y al cabo, había comprado el paquete completo. Se había casado con un abogado y con una casa con columnatas en Connecticut; había aceptado la obligación de ser una preciosidad"; la indiferencia, aunque no tanta, ante Zoé, la pequeña, la más extraña desde la infancia, nacida para una vida sin esquemas previos, para vivir en una cabaña sobre un árbol; Zoé que con cinco años "se veía a sí misma como un animal. Cogía la comida del plato y la mordisqueaba con ansiedad. Dormía acurrucada en una especie de nido fabricado con mantas y sábanas"; Zoé que nunca pudo adaptarse a la vulgaridad de una vida corriente.
La relación entre Mary y Constantine; la extrañeza que, con el paso de los años, se va apoderando del matrimonio hasta que éste se derrumba y cada uno toma un camino distinto, uno para encontrarse y disfrutar del placer de vivir a gusto consigo mismo (o intentarlo), el otro para perderse en una nueva relación y en la posesión de cosas prescindibles, pero que hacen compañía (o lo parece).
Mary es un personaje silencioso, dependiente de Constantine y de sus cambios de humor que van marcando la vida de la familia. Mary sale adelante como puede. Su mentalidad de nueva rica le hace despreciar a las mujeres que podrían considerarla su igual y ansiar la amistad de las que, a su vez, la desprecian a ella. Su mayor afán es proteger a Billy de su padre, conseguir que sus hijas consigan lo que a ella le falta, y todo ello, muy lejos de hacerse realidad, la va llenando de una enorme frustración. 
Y los años pasan y se van sucediendo las vivencias; felices, las menos; terribles, algunas; vulgares, como en cualquier vida, la mayoría. Cada personaje se verá enfrentado a su presente, y a las sombras de su pasado porque ambas cosas vienen a ser lo mismo, y, buscado o no, uno se resuelve en el otro, y si bien no hay culpables casi nunca, todo es una sucesión de causas y consecuencias. Una sucesión que se podría seguir hacia atrás en el tiempo y tal vez nos llevaría, porque más no conocemos, a aquel huerto griego en el que pensaba un Constantine de ocho años mientras "trabajaba en el huerto del padre [...] aquel cuadrado de granito en polvo" que él fertilizaba transportando la tierra a buchitos desde el huerto de su padre hasta el suyo propio: "se agachaba cada tarde, al finalizar la jornada de trabajo [...] y se llenaba la boca de tierra"; la misma parcela que había sembrado con semillas robadas a su madre "docenas de semillas, las que en alguna rarísima ocasión se le quedaban pegadas al cuchillo o se le caían al suelo", y que regaba cada día con la mitad de su ración de agua, dejando la otra mitad para beber. 
No supimos que fue de aquel huerto. Probablemente nunca sorprendió a la familia con un tomate o una berenjena obtenidos de él. No supimos que fue de aquel huerto, pero la vida que vino después no fue más productiva y, al final, todos lo que logran sobrevivir lo hacen con el peso de lo que él les arrebató y con la losa de sus exigencias y nos dejan la inquietante sensación de que no son más que los supervivientes de un desastre que se podía haber evitado.


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jueves, 24 de septiembre de 2015

"Dies irae" Césas Pérez Gellida


Cuando quedan cuentas pendientes, es mejor saldarlas cuanto antes porque de lo contrario pueden convertirse en el centro alrededor del cual gira toda tu vida y no es bueno que la vida de uno tenga por centro algo tan obsesivo. Al inspector Ramiro Sancho le han quedado un par de cuentas pendientes desde el frustrante caso en que lo conocimos en "Memento mori" y es capaz hasta de dejar el trabajo, mediante una excedencia, para dedicar todo su tiempo a buscar la manera de cobrárselas.
 A Armando Lopategui, Carapocha, el psicólogo especializado en  asesinos en serie que conocimos en "Memento mori", alguna de sus deudas le viene de más atrás. En los primeros años de la década de los noventa se encontraba inmerso en la Guerra de los Balcanes, la que estaba desmembrando la antigua y artificial Yugoslavia a la vez que a un montón de sus habitantes de toda raza y religión (aunque siempre hay algunos que salen con menos miembros que otros).
César Pérez Gellida
Estaba allí en calidad de enviado del Servicio de Inteligencia ruso y allí perdió algo más que la confianza en la sensatez humana. Ahora, en abril de 2011, ha vuelto a un Belgrado en paz para tratar de cobrarse esa deuda.

Carapocha no pide demasiado a la vida. Tan solo recuperar el afecto de su hija y cumplir su venganza porque "no buscar finales felices hace que disfrutemos de comienzos prometedores y tránsitos intransitables"
Y mientras Carapocha busca su venganza en Serbia tras el asesino Ratko Mladić, Ramiro Sancho se ha ido a Trieste a capturar a Augusto Ledesma, el asesino en serie que se le escapó en el libro anterior y que ha vuelto a entrar en acción. 
Pero, como herencia de la Guerra de los Balcanes, en las repúblicas de la antigua Yugoslavia han aparecido personajes con una maldad tan genuina y pura, que casi nos hacen mirar con simpatía al pobre Augusto Ledesma. Es más humano, más asequible; sus maldades son más comprensibles y asumibles.
Con estos personajes se toparán nuestros personajes Ramiro Sancho y Carapocha y cuando finalmente, sus venganzas confluyan en un objetivo común, terminarán por encontrarse ellos mismos y Ramiro sabrá si también tiene una deuda que cobrarle al psicólogo y Carapocha intentará hacerle comprender que no hay tal deuda.
Al final, que no el final, me ha decepcionado un poco. Durante unos cuantos capítulos se desatan los acontecimientos de una manera que me ha resultado un tanto caótica y repetitiva, como si se dieran similares circunstancias en distintos personajes, y pareciera que el autor no supiera muy bien por dónde seguir o cómo acabar. Luego, esa sensación se calma y nos deslizamos a un final con sorpresa, en el que descubrimos que a veces hay más de lo que vemos, menos de lo que suponemos y que las puertas son muy difíciles de cerrar y habrá que esperar un poco más.
Recomiendo prestar atención a las notas finales del autor acerca de los acontecimientos que tuvieron lugar durante la guerra de los Balcanes y más concretamente sobre la matanza de Srebrenica 



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domingo, 20 de septiembre de 2015

"Más allá del olvido" Patrick Modiano


Tenía yo una deuda con este autor que se hizo enorme cuando en 2014 le dieron el premio Nobel de literatura. Desde entonces, era inevitable que acabara leyendo algo suyo.
Lo que me pasó fue que, hace ya varios años, intenté leer "La trilogía de la ocupación" y fui incapaz de ir más allá de la página veinte por lo que me daba mucha pereza volver a intentarlo. Finalmente, lo he hecho y me alegro muchísimo porque he encontrado en "Más allá del olvido" una novela corta, con una historia aparentemente sencilla, pero que es capaz de evocar mundos y sensaciones. Capaz de evocar el París de los años sesenta que recorrimos con Cortázar y su Maga, con Bryce Echenique y el inigualable Martín Romaña y su vida exagerada; con Vargas Llosa y Otilia, su "niña mala". El París mítico de los años cincuenta que se cobija en la orilla izquierda del Sena; el Barrio Latino, donde el narrador, un veinteañero cuyo nombre no llegaremos a conocer, malvive vendiendo libros de segunda mano y se camufla entre los estudiantes que acuden a la cercana Universidad de la Sorbona o a las Escuelas que abundan en la zona porque "llevaba en mi bolsillo una falsa credencial de estudiante para estar en regla, por lo que me convenía frecuentar un barrio de estudiantes". Uno de los lugares por los que pasea su ocio y su amor a los libros es "en la
Librería Shakespeare
librería inglesa del muelle, cerca de Saint-Julien-le-Pauvre". ¿No recuerda mucho a la Librería Shakespeare? "La librería se componía de un laberinto de piezas tapizadas de volúmenes en las que uno podía aislarse. [...] Anaqueles al aire libre, sillas, e incluso un sofá. Se hubiera dicho que se trataba de la terraza de un café".
En esa misma orilla izquierda, en un hotel del Quai de la Tournelle, viven Gérard van Bever y Jacqueline, que sueñan con ir a Mallorca y se desplazan los fines de semana a cualquier pueblo cercano, siempre que tenga casino, donde esperan ganar el dinero que se lo permita. Mientras tanto, pasan los días jugando al flipper en un café de la Rue Dante. "Al principio me llamaba la atención que pasaran tanto tiempo frente a aquella máquina. Muchas veces era yo quien interrumpía la partida, que de lo contrario habría podido durar indefinidamente".
Cuando el narrador conoce a Geárard y Jacqueline, su vida entra en una especie de corriente que lo sumerge sin remedio en el tumultuoso río que es la vida de la pareja. 
La historia principal de la novela transcurre en unos meses. Poco tiempo, pero vivido de una forma muy intensa por el protagonista que se verá empujado por su amor a
Patrick Modiano
Jacqueline y por los acontecimientos y personajes, un tanto estrafalarios, con los que se irá cruzando, primero en París y luego en Londres. 

Un Londres también muy literario: Bloomsbury, Marble Arch, Oxford Street, Kensington y, por supuesto Hyde Park, son algunos de los lugares en los que matan los días de verano nuestros personajes, antes de volver, lo más tarde posible, al sórdido hotel maloliente que pueden permitirse... hasta que cambia su suerte y no se sabe si para bien o no tanto.
La novela engancha desde el principio porque está muy bien construida y muy bien narrada; por su lenguaje directo y sencillo que insinúa y abre puertas tras las que se adivinan sombras que no llegan a desvelarse; por sus personajes bien perfilados, perfectamente retratados con un par de pinceladas certeras; por la intriga que se apodera del lector desde el principio y que hace que no podamos dejar de esperar o temer algo y, por lo tanto, que no podamos dejar la lectura sin esfuerzo.
Es una novela corta (unas 170 páginas), pero ha servido para convencerme de que merece la pena repetir. Creo que le daré una segunda oportunidad a la "Trilogía de la ocupación".



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viernes, 18 de septiembre de 2015

"Vestido de novia" Pierre Lemaitre


Pierre Lemaitre nunca deja de sorprenderme. Cuando ya pienso que me va a decepcionar, que no puede seguir a la altura a la que me tiene acostumbrada, siempre da otro salto mortal y me deja colgada de otra de sus historias.
Y eso es lo que ha sucedido con "Vestido de novia". Alguien me había dicho que el libro no estaba especialmente bien, que incluso, se había aburrido con él por lo que iba dispuesta a leer una novela mucho más convencional que las dedicadas al comandante Camille Verhoeven, "Irène" y "Alex" de las que ya hablé aquí.
Pues estaba equivocada. "Vestido de novia" es una novela que se va desenvolviendo a sí misma, quitándose capas como si de una cebolla se tratara, y al ir despojándose de cada una, nos va descubriendo nuevas realidades, va poniendo ante nuestros ojos nuevas maneras de enfocar la historia. Cada capítulo (son cuatro) nos proporciona una nueva sorpresa, una nueva visión de la trama que nos hace cambiar todos nuestros presupuestos. 
Sophie es una mujer tremendamente desgraciada; "las lágrimas la acompañan todas las noches desde que está loca". Sophie no duerme, y cuando lo consigue, se despierta con la cara mojada por el llanto. Sophie no puede ya con su locura, con las pérdidas que se suman en su vida; quiere huir de sí misma y de sus miedos porque Sophie "no quiere estar loca, no quiere que la internen, jura que se sobrepondrá a todo esto" y hará todo lo posible por conseguirlo.
Pierre Lemaitre
Frantz nos habla en primera persona y nos va dejando entrever sus frustraciones "Acabo de pasar por una decepción tremenda, años de esperanza se han venido abajo en pocos minutos". Frantz no ha podido superar la muerte de su madre "Desde que mamá se murió he tenido toda clase de sueños, pero con frecuencia se trata de escenas reales que se me habían quedado grabadas en la cabeza hace tiempo. [...] En alguna parte de la mente tengo un proyeccionista loco". 
Frantz necesita reconciliarse con el hecho de que su madre haya muerto, con los recuerdos que han quedado aferrados en algún lugar de su memoria "cuando me acuerdo de mamá, a veces noto un peso en el corazón. Me acuerdo demasiado de ella. Me acuerdo demasiado de su cariño y lo echo de menos. La echo de menos demasiado". Aunque tal vez todo lo que recuerda no sea estrictamente cierto. A veces los recuerdos son mezcla de deseos insatisfechos, de sucesos escuchados a terceros, de sueños persistentes... O tal vez, no.
Sophie y Frantz pasean su locura por la orilla más oscura de sus propias vidas. ¿Se encontrarán en uno de los recodos de su enajenación? ¿Qué sucederá si se encuentran? ¿Cuál de las dos locuras será capaz de imponerse?
Sí, Pierre Lemaitre es capaz de volver a sorprenderme. Lo hace en cada capítulo, pero es que, además, no se priva de hacerlo en las últimas páginas, en los últimos párrafos, retorciendo la trama hasta que ya no soporta una vuelta más y entonces... sigue retorciendo.

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martes, 15 de septiembre de 2015

"Largo domingo de noviazgo" Sébastien Japrisot


No conocía nada de este autor hasta que hace unos días, Josevi Blender, en un post publicado en Google+, me lo dio a conocer de manera un tanto inusual. Busqué algún libro suyo y encontré éste cuyo título no dejaba de sonarme. Finalmente descubrí que había una película de gran éxito de 2004.
Esta película ha eclipsado al libro, hasta el punto de que para encabezar esta entrada, me ha costado un enorme trabajo encontrar una portada que no fuera la carátula de la película (que también figura en la portada de mi libro). Finalmente he encontrado una foto que he tenido que recortar para que quedara como veis.
La novela, además, está ambientada en gran parte en la Primera Guerra Mundial por lo que sirve para la iniciativa "Septiembre, mes guerrero".
Se trata de un libro poco convencional, al menos en la forma. Está escrito de una curiosa manera que se deja notar desde la primera frase "Érase una vez cinco soldados franceses que hacían la guerra, porque así son las cosas"; con unas expresiones certeras y poéticas "las miradas mudas en ojeras de barro": me ha emocionado la metáfora "ojeras de barro" por su acierto en expresar lo que pretende y por su belleza. Toda la prosa es poética y tiene un aroma como de cuento infantil, y el contenido es terrible como los cuentos infantiles.
Lo primero que me llamó la atención, antes que la frase inicial mencionada más arriba, fue el texto que aparece a modo de dedicatoria y que no me resisto a mostraros:
«No veo a nadie» —dijo Alicia.
«¡Ojalá tuviera yo tan buena vista! —exclamó en tono quejumbroso el Rey—. ¡Mira que ser capaz de ver a Nadie! ¡Y a tanta distancia! ¡Yo, con esta luz, lo más que acierto a ver es alguna que otra figura real!»
Lewis Carroll en "Alicia a través del espejo"
Y es que así es esta historia: un espejismo, una fantasía que lleva a una mujer a ver lo que no parece existir, a negarse a ver la evidencia y a buscar, al otro lado del espejo, una realidad alternativa de la que, no se sabe muy bien por qué, ella está convencida.
Erase una vez cinco soldados franceses que estaban haciendo la guerra por causas diversas, y la guerra, con sus afiladas y renegridas fauces, los engulló. Cinco soldados que ya no soportaban más, que querían volver con su familia, con su amante, a su trabajo, a la vida... y, en su
Sébastien Japrisot
desesperación, no encontraron más recurso que dispararse en una mano y automutilarse. Condenados a muerte en un Consejo de Guerra, junto con otros veintitrés, ellos cinco son trasladados a una zona del frente, a una trinchera que "se llamaba Bingo Crepúsculo, no me pregunte por qué". Llevan tan sólo "
una chapa con su número debajo de la camisa, pero todo lo demás se lo habían arrancado como a sus compañeros, signos e insignias, incluso los bolsillos de la guerrera y del capote". En Bingo Crepúsculo son abandonados, en una noche de principios de Enero de 1917, en tierra de nadie, sobre el suelo nevado que separaba los dos bandos, esperando a que los alemanes se encarguen de ellos desde sus cercanas posiciones.
Dos años después, en 1919, nos encontramos con Matilde y ella nos conducirá a lo largo de toda la novela porque "todo lo que para ella cuenta ahora es aquel domingo nevado, entre dos trincheras enemigas". Y a partir de ahora, eso será también para nosotros todo lo que cuenta en esta novela: descubrir, junto a Matilde, la realidad de lo que sucedió durante aquella noche y todo el día siguiente, porque la verdad es que todo es muy confuso y si nos fiamos de unos y otros, podrían estar vivos, al menos lo estaban por la mañana, al menos dos han debido de sobrevivir, puede que...
Y así, Matilde, en su silla de ruedas, acompañada a todas partes por Sylvain, su chófer, va indagando entre todos los que puedan darle noticia de los acontecimientos: las viudas y amantes de los soldados condenados, sus amigos en la vida real, sus compañeros en esa vida ficticia, pero que mata de verdad que es la guerra, los soldados canadienses que los enterraron porque "cualquier hombre muerto con las botas puestas tenía derecho a una sepultura decente", etc.
Matilde conoció a su novio en 1910, cuando ella tenía diez años y él trece. "Se llamaba Jean, aunque su madre y los demás, allá en el pueblo, le llamaban Manech. En la guerra era simplemente el Pipiolo" Comienza así una amistad infectible, que se transformará en infecciosa cuando Matilde sepa que infectible no existe. Una amistad infecciosa que acabará derivando en un amor infeccioso. E infectada por su amor, Matilde no se resigna a dar por muerto a Manech y lo buscará hasta el final, a pesar de todos los testimonios en que se relata cómo murió cada uno de los cinco condenados, a pesar del paso del tiempo, a pesar de lo improbable de encontrar algo más que tumbas y cadáveres al final de su camino. A pesar de todo ello, Matilde empeñará su tiempo y su energía en buscar a Manech, en averiguar la verdad y cuando por fin lo consiga, el relato de los hechos hará exclamar a su padre tras conocerlo: "Qué puta es la vida"




sábado, 12 de septiembre de 2015

"La puerta pintada" Carlos Aurensanz


Esta novela la tenía un poco apartada. La sinopsis que había leído me había resultado interesante, pero me daba pereza empezar con un autor al que no conocía de nada. Ya he tenido que abandonar varios de libros en los últimos tiempos y no quería más lecturas fallidas.
Después leí una reseña de mi amiga Kirke en su blog "Leer, el remedio del alma" y ya me decidí definitivamente, pero con tantas lecturas en la lista y a la espera, ha tenido que esperar varios meses para pasar de la estantería de pendientes a la mesilla de noche (es por la noche cuando leo novela policíaca).
El estímulo final ha sido la iniciativa "Septiembre, mes guerrero" del blog "Libros que hay que leer", de manera que decidí empezar por ésta mis lecturas de novelas ambientadas en época de guerra.
"La puerta pintada" me ha sorprendido muy agradablemente. Primero, porque es una novela policíaca al uso, con sus asesinatos en serie y la intriga que eso siempre suscita; segundo, porque esta trama de intriga está ambientada en 1949, en una pequeña ciudad navarra (aunque se llama Puente Real, parece ser que se trata de Tudela, ciudad de donde es natural Carlos Aurensanz) anclada en las más rancias tradiciones de la época -partida en el casino, misa y rosario en la catedral, campanero viviendo en las alturas al más puro estilo Quasimodo...- que, aunque rancias, me resultan muy atractivas porque
Puerta del Juicio de la
Catedral de Tudela
es la vida que me contaban mis abuelos y aún me cuentan mis padres; porque es la vida que veo en las fotos antiguas de mi ciudad y de mi familia y, de alguna manera, enlaza con mi propia vida.

Pero es que además, el arte tiene un papel importante en esta novela, hasta el punto de que la Catedral se convierte en un personaje más: las andanzas del campanero, Ángel Expósito, por su estructura más íntima, donde habita y trabaja; las descripciones de los capiteles y las dovelas de la Puerta del Juicio y de los episodios
Recreación de los colores que se supone
que tenía en principio. A la derecha,
el Infierno, a la izquierda, el Cielo
que cuentan sobre el cielo y sobre el 
infierno, tienen tal protagonismo en el libro que merecen toda una galería de fotos al final del mismo. 
Y por si todo esto fuera poco, cuando ya se está resolviendo el caso, cuando tenemos al asesino prácticamente descubierto y entre rejas, la trama da un salto en el tiempo y nos pone de pronto en Febrero de 1936, con las elecciones recién celebradas y esperando los resultados que darían la victoria al Frente Popular. Comienza entonces la historia de otros personajes, algunos, los menos, ya conocidos del futuro 1949, otros totalmente desconocidos, pero con los aconteceres de todos ellos en los siguientes y aciagos meses, se va conformando un mosaico que encaja perfectamente con el otro, el que se construyó trece años después y que ya conocemos. 
Y es que de aquellos polvos vienen estos lodos, y algunos personajes que encontramos en la paz honrados, íntegros, decentes y justos, tienen ciertas deudas contraídas en el pasado, en tiempos de guerra, porque estamos en una paz en la que la honradez, la integridad, la decencia y la justicia, no se miden según los cánones y la escala de valores adecuados; estamos en una paz que, como dijo el gran Fernando Fernán Gómez
Carlos Aurensanz
en aquella maravillosa obra "Las bicicletas son para el verano", no es la paz, sino la victoria, y todo se mide según la moral de los vencedores.

La novela ha sido tachada por algunos de ser parcial, de mostrar solo una visión de la Guerra Civil. Me parece totalmente inadecuada la acusación. Se cuenta lo que sucedió en el lugar de los hechos. En otro lugar, serían hechos diferentes. ¿Habría atrocidades? Por supuesto que sí. En ambas zonas las hubo, pero mientras en la zona republicana, fueron rápidamente perseguidas y eliminadas en su mayoría por las autoridades, en la zona rebelde, fueron perpetradas y promovidas desde el poder y se mantuvieron muchos años después de terminada la Guerra.  Además, no caben equidistancias torticeras cuando un bando se levanta en armas contra la Constitución y los designios de las urnas, en defensa de sus privilegios, mientras desde el otro, se intenta preservar la Democracia y la Legalidad.
Una novela sobre la Guerra Civil, sobre la posguerra incivil, y sobre cómo, los hechos del pasado se toman la revancha en el futuro y se llevan por delante a los culpables, no a todos, pero también, a veces, a inocentes (o no tanto).




jueves, 10 de septiembre de 2015

Cadena de libros número 35: 4 de Septiembre 2015


Esta quincena, recién llegadas de las vacaciones, nuestras amigas de "Estantería compartida" nos proponen un tema muy atractivo: Libros que traten, de alguna manera, de Música.
Ellas nos recomiendan "Sinfonía inacabada de ti y de mí" de Lycy Robinson y "Nick y Norah: una noche de música y amor" de David Levithan y Rachel Cohn. Y también prohiben algunos libros. Esta prohibición afecta a los siguientes libros: "El nombre del viento", "El temor de un hombre sabio", "Si decido quedarme" y "Lo que fue de ella"

Yo recomiendo "Un asesinato musical" de Batya Gur. Se trata de una de las novelas de la serie de Michael Ohayon, un policía de Jerusalén. Aunque es una serie, se pueden leer por separado y así nos sumergimos en una ciudad que no suele salir mucho en los libros. Una novela policíaca para entretener el fin de las vacaciones.






martes, 8 de septiembre de 2015

"Conversación en La Catedral" Mario Vargas Llosa


Hace unos días publiqué la entrada dedicada a los comienzos de libros correspondiente al mes de septiembre con el de esta novela cuyo comienzo me acarició el alma de repente mientras veía la película "Regreso a Ítaca". 
Este comienzo no me lo sabía de memoria por lo que tuve que buscar el libro y refrescarlo y así empecé a leer "Desde la puerta de la Crónica Santiago mira la avenida Tacna sin amor..." y seguí leyendo (¿cómo dejarlo?) y no pude parar y cuando quise hacer cuenta estaba en la página veintitantos y ya no pude ni quise detenerme. Así es que he seguido y, simultaneándola con otras lecturas, he vuelto a leer por tercera vez esta novela maravillosa.
Una conversación que se prolonga durante más de setecientas páginas puede parecer demasiada conversación, pero por ella transcurre una parte importante de la historia de Perú, concretamente la Dictadura del General Odría que transcurrió entre 1948 y 1956; por ella transcurre la vida de Santiago Zavala que piensa y piensa en qué momento se pudieron joder Perú y él mismo; por ella transcurre un mundo de queridas y
Manuel A. Odría
bulines y familias de la burguesía y doncellas e
nredadas en amores con chóferes y reventadores de mítines y animadores de campañas y periodistas alcohólicos porque "uno se defendía del Perú como podía" y porque "el periodismo no es una vocación, niño, sino una frustración"
Todo ello, además, contado con ese lenguaje en que las palabras se reinventan para dar a los conceptos un regalo con cada término; donde los niños que vocean los periódicos son canillitas; las mujeres no están desnudas, sino calatas (los hombres, calatos); la lluvia fina que aquí llamamos chirimiri (calabobos en mi tierra), es allí garúa; los buitres son gallinazos, los chulos y proxenetas, cafiches; a los indios se les llama cholos y a los negros, sambos y se visten para trabajar con un overol que no es otra cosa que un mono de los azules de toda la vida (naranjas, también, aunque menos).
Una novela en la que los saltos en el tiempo son continuos, una conversación se mezcla con otras dos o tres que transcurren en diferentes épocas, unas historias se mezclan con otras y todo ello vertebrado por la charla entre Santiago y Ambrosio, un antiguo chófer de su padre al que hace años que no ve y al que le cuesta reconocer en uno de los empleados de la perrera "Su voz, su cuerpo son los de él, pero parece tener treinta años más. La misma jeta fina, la misma nariz chata, el mismo pelo crespo. Pero ahora, además, hay bolsones violáceos en los párpados, arrugas en su cuello, un sarro amarillo verdoso en los dientes de caballo. Piensa: eran blanquísimos. Qué cambiado, qué arruinado". Y van recordando en La Catedral, un sitio "de pobres, no sé si
En el edificio del centro se 
fundó La Crónica, en Lima,
calle Mercaderes, en 1912
le gustará
", episodios pasados en los que se va resumiendo la vida de Santiago, que de hijo de buena familia, pasó a hijo díscolo, a oveja negra porque "Al flaco le da cólera que su viejo ayudara a Odría a hacerle la revolución a Bustamante [...] Él está contra los militares". 
Y se fue de casa y no quiso saber nada de negocios, ni de herencias "Ese primer día comenzaste a matar a los viejos [...] piensa. Estabas rompiendo, Zavalita, entrando a otro mundo: ¿fue ahí, se cerraron ahí? piensa: ¿rompiendo con qué, entrando a cuál mundo?". ¿Sería ahí cuando se jodió Zavalita?Y de hijo díscolo, pasó a joven desencantado, periodista en "La Crónica"
donde no quiere saber nada de noticias de política, donde un día, sustituyendo al encargado de sucesos, se encontró de cara con secretos familiares que le eran desconocidos, pero que toda Lima conocía. 
Por esa conversación pasa también la historia de Cayo Bermúdez, Cayo Mierda, hijo del Buitre, un antiguo capataz de finca enriquecido como prestamista "Y con la plata el Buitre se volvió importante, don, hasta fue Alcalde de Chincha [...] Y se llenó de humos. Le dio porque su hijo se pusiera siempre zapatos y no se juntara con morenos". Cayo es nombrado Director de Gobierno por su amigo de infancia y adolescencia el Coronel Espina, el Serrano,
Alejandro Esparza
Zañartu
que era Ministro de Gobierno con Odría. Más tarde, Espina cae en desgracia acusado de conspirar contra el dictador y Cayo
termina ocupando su puesto como ministro de Gobierno. Se convierte en el azote del régimen y, finalmente es sacrificado por Odría en un intento de mantenerse en el poder cosa que sólo logrará durante unos pocos meses más. Y es que, como ya le había advertido Cayo al coronel Espina "Bueno, mientras los tengan contentos, apoyarán al régimen. Después, se conseguirán otro general y los sacarán a ustedes. ¿Siempre no ha sido así en el Perú?"
Cayo Bermúdez es el trasunto literario de Alejandro Esparza Zañartu, cuyo encuentro con Vargas Llosa cuando éste era un estudiante y acudió con otros compañeros a pedir permiso para llevar mantas y colchones a compañeros encarcelados, inspiró esta novela. Y en él se personificó la represión y la tortura del régimen, pero si fue él el "culpable" de que esta novela se escribiera, con ello ha redimido una pequeña parte de culpa y la Literatura en lengua castellana y aun la universal, han contraído con él una deuda más grande de lo que se merece. 
Santiago, Zavalita, y Ambrosio van consumiendo su conversación entre trago y trago, en una mesa de un rincón de La Catedral y nunca sabremos cuál fue el preciso momento en que se jodió Santiago (aunque, quizás no se jodió nunca y "esa monotonía con estrecheces era la felicidad, esa discreta falta de convicción y de exaltación y de ambición, a lo mejor era esa suave mediocridad en todo"), pero sí sabemos que Ambrosio se jodió cuando nació pobre y sambo. 
Y así terminan la conversación y el libro. Bueno, al menos el libro porque yo creo que la conversación continúa eternamente, esperando que volvamos a retomarla cada ciertos años. Así termina el libro con Ambrosio resignado, pero con las cosas claras.
"¿Y cuando se acabara la rabia se acabaría tu trabajo en la perrera, Ambrosio? Sí, niño. ¿Y qué haría?
[...] Trabajaría aquí, allá, a lo mejor dentro de un tiempo había otra epidemia de rabia y lo llamarían de nuevo, y después aquí, allá, y después, bueno, después ya se moriría ¿no niño?" 





sábado, 5 de septiembre de 2015

"Un día perfecto" Fernando León de Aranoa


Estamos en 1995, en algún lugar de los Balcanes. Estamos en guerra, en la recién terminada Guerra de la antigua Yugoslavia y, sin embargo, no vamos a ver ni un tiro, ni una explosión de mina o granada, ni una gota de sangre.
Estamos ante una sencilla historia que transcurre más o menos en veinticuatro horas, en un día perfecto.
Tres cooperantes de una ficticia ONG, Aids Across Borders (Ayuda sin fronteras), buscan durante toda la película una cuerda con la que poder sacar un cadáver del fondo de un pozo. En época de guerra, un cadáver en un pozo es un arma letal porque el agua se contamina y el agua sirve para abastecer a varias poblaciones. 
En época de guerra, un acto tan simple como buscar una cuerda puede convertirse en un trabajo digno del sufrido Odiseo. Y eso es lo que les sucede a Mambrú, Sophie y B, acompañados de su intérprete, Damir. A lo largo del día se les unirá Nicola, un niño en busca de un balón, y Katia, una mujer perteneciente a la ONG que viene a hacer un informe de evaluación y a considerar la posibilidad de cerrar la misión ahora que la guerra ha llegado a su fin.
A lo largo del día, mientras buscan una cuerda y un balón, se van a encontrar con situaciones tensas. 
Una vaca muerta en medio de la carretera, no es solo una vaca muerta. Puede significar que a su derecha o a su izquierda hay una mina enterrada. Puede que la mina esté debajo de la vaca. Puede que no haya mina. Puede que una vaca acabe salvándote la vida (así son las vacas en época de guerra). 
La búsqueda del balón en el antiguo y abandonado hogar de
Mélanie Thierry, Olga Kurilenko, Eldar Residovic
y Benicio del Toro.
Nicola puede deparar sorpresas inesperadas y no muy agradables. 

Las cuerdas a veces tienen atados a sus extremos toda clase de objetos complicados y peligrosos. 
Pero todas estas situaciones, a la vez que tensas, son divertidas. Y es que la película está contada con un humor muy ingenioso, pero sin estridencias; una ironía fina e inteligente que amortigua los horrores que, con sutileza, nos va relatando; que nos permite acercarnos a situaciones absurdas y vergonzosas sin que tengamos necesidad de vomitar. 
Porque estamos al final de una guerra cruenta, y hay horror: el horror de la burocracia, de la lógica inútil, de la norma por la norma; el horror de las cabezas cuadriculadas que, de tanta perfección como pretenden, imposibilitan toda eficacia, estorbándose a sí mismas en la consecución de sus fines; el horror de quién no se detiene ante nada cuando el objetivo es enriquecerse a costa de lo que sea: la vida, la salud, el bienestar de los demás. Un horror, en definitiva, inútil, incruento, pero no por ello, menos inicuo.
Y estamos en una película de personajes.
Tim Robbins y Benicio del Toro
Mambrú, a quien le falta una semana para volver a su casa e iniciar una nueva vida con su pareja. Benicio del Toro lo interpreta magistralmente con la dosis justa de pragmatismo ante el conflicto, pero destilando humanidad y ternura. Sophie (Mélanie Thierry) es la que más cree en lo que hace y más esperanzas tiene de conseguir algo. Acaba de llegar y este muerto es su primer muerto y esta guerra es su primera guerra.

B es un personaje enigmático. No sabemos cuál es su historia, pero está claro que la tiene y no es una historia vulgar. No le teme a nada, nadie lo espera y parece que, terminada la guerra, no va a saber qué hacer con su enorme corpachón. Todo lo toma a broma y está interpretado por uno de los mejores actores de Hollywood que últimamente, se deja ver poco. El enorme (en todos los sentidos) Tim Robbins nos hace reír, sonreír, y enternecernos de la ingenuidad con que disfraza el pasado, que se intuye turbulento, de su personaje. 
Estos son los personajes principales, pero también está Damir, el intérprete (incapaz de interpretar a B y su delirante locura). Él sí necesita que termine la guerra porque Damir es del lugar y necesita recuperar la normalidad que los otros tienen en sus casas, en la paz. Para él no hay paz mientras no termine la guerra. Fedja Stukan es Damir, un hombre con una estoicidad no exenta de humor que
Olga Kurilenko y Mélanie Thierry 
hace reír, aunque puede poner los pelos de punta. Y está Katya que tuvo en el pasado una historia con Mambrú y aún le guarda algún resentimiento. Adicta a las normas y la disciplina, irá cambiando su punto de vista a lo largo del día escaso en que pasa a formar parte de "cuatro expatriados y dos locales". Y está Nicola un "niño pequeño" que busca un balón y dinero para visitar a sus padres que se fueron y lo dejaron con su abuelo.

Y no se puede cerrar esta entrada sin mencionar la banda sonora. Unas piezas musicales que, en principio, podría parecer que son excesivas, que no acaban de encajar, pero que acaban formando un todo con las imágenes a las que acompañan con su fuerza y su contraste.



Y al final, una preciosa vista aérea, con una preciosa música (que dejo aquí arriba) en la que se nos van mostrando escenas que nos dicen muchas cosas: nos dicen que casi todo sigue igual, porque pocas cosas cambian realmente; nos dicen que los cooperantes son capaces de solucionar algunas cosas, tal vez, no muchas; y nos dice que otras cosas, quizás la mayoría, se acaban arreglando por sí mismas.
Ah, no dejéis de fijaros en donde está rodada la película.



jueves, 3 de septiembre de 2015

"Misteriosos asesinato en casa de Cervantes" Juan Eslava Galán


Desde septiembre de 1604 hasta marzo de 1606, Miguel de Cervantes vivió en Valladolid a donde se trasladó siguiendo a la corte de Felipe III que se había establecido en la ciudad. 
Una noche de verano de 1605, Gaspar de Ezpeleta, un caballero venido a menos, amigo de mujeres ajenas, aparece herido de gravedad por apuñalamiento cerca de la casa en la que habita Cervantes.

Al cabo de dos días, pasados en una vivienda pareja de la del escritor, muere el herido y se abre el proceso en el que, además de parte de la vecindad, son implicados el autor de "El Quijote" (del que recién se había publicado la primera parte) y las mujeres de su familia que con él convivían. Pocos días después son puestos todos en libertad por falta de pruebas. 
A finales del siglo XVIII, se encontró el documento donde figura todo el Proceso y ese legajo es lo que sirve de base a Juan Eslava Galán para la historia que nos ocupa, y lo que le sirvió, a finales del siglo XIX, a José Santa María de Hita para establecer cuál había sido realmente la vivienda del
Casa-Museo de Cervantes en Valladolid
escritor en Valladolid, quedando esta fijada en el número 14 de la calle del Rastro, donde hoy se encuentra la Casa-Museo de Cervantes (aunque éste ocupó solo una estancia, para la construcción del Museo se han añadido algunas más que en la época pertenecieron a otros vecinos).

La novela recrea estos hechos en clave policíaca. Usando como pretexto la investigación que la Duquesa de Arjona ha encargado para limpiar el buen nombre del autor (de cuya obra es gran admiradora), nos vamos introduciendo, no sólo en las circunstancias del lamentable suceso, sino también en los entresijos de la vida en la capital del Reino y en la época: en una ciudad que "frisaba las sesenta mil almas, de las que quince mil eran mendigos de pedir, profesos en la cofradía de los menesterosos que viven del aire o de la sopa boba de los conventos, otros veinte mil no pedían pero pasaban necesidad, diez mil no sabían qué es comer caliente y los restantes quince mil eran curas, frailes o criados al amparo de unas docenas de pudientes"; una ciudad y época en la que se nos muestran caballeros arruinados que
sobreviven de las limosnas de nobles más afortunados, intrigas palaciegas, figones con sopa de menudillos y vino servido en cubiletes donde se desayuna "con aguardiente y torreznos", beatas de misa diaria en la catedral, adúlteras, borrachos, maridos consentidores, pícaros que venden su puñal al mejor postor, pisaverdes sin oficio...
Se nos van relatando las averiguaciones del pesquisidor Teodoro de Osuna (¿o será Dorotea?) en su empeño por descubrir lo sucedido pues no basta con que Cervantes y sus hermanas, hija y sobrina hayan quedado libres, tiene que quedar también su honor limpio de toda mancha y para ello es necesario averiguar, sin que quede un resquicio de duda, que fue lo realmente acontecido.
Con un lenguaje que recuerda al del siglo de oro, pero depurado y aclarado para que lo podamos entender, el autor nos va introduciendo en los ambientes de la época, la biografía de Cervantes y, lo que me parece más interesante, sus ideas liberales y muy progresistas para el momento. Según ha declarado el propio Eslava Galán en una entrevista en Noticias de Navarra, "Cervantes creció en una familia inusual [...] conoció distintas culturas y [...] su mentalidad era mucho más abierta que la de la gente de su tiempo". Tal vez por eso, las mujeres de su familia sabían leer y escribir y con sus ideas independientes y modernas, eran consideradas en la época un poco ligeras de moral.  "Cuando no se tienen bienes de fortuna, señora [...], la mujer no tiene otro designio sino ser esclava del varón [...] y aún peor que esclava [...] porque, además, ha de llevar a la cárcel del matrimonio una dote trabajosamente reunida por sus padres, que es como entregar el rescate sin sacar a la cautiva de las manos de su carcelero. Las Cervantas nos hemos resistido a eso aun a costa de andar en boca de la gente. [...] En nuestra familia, la que quiere, ama libremente y es dueña de sus actos y sigue en ellos su albedrío". 
Juan Eslava Galán
Lo que menos me ha gustado, aunque creo que es lo menos importante, ha sido la trama en la que el pesquisidor investiga los hechos. Aunque al principio es muy simple y lineal, va ganando complejidad y acaba por enganchar. No obstante, creo que no es más que un pretexto para contar todo lo demás, lo que realmente atrae de este libro: las conversaciones de Teodoro-Dorotea con Cervantes y las Cervantas - como se llamaba a las familiares que con él vivían -, las estampas de la época, el lenguaje, los juramentos: "¡Por las entrañas de Judas rehogadas en los menudillos del Anticristo!".
Inquietante es el apéndice final. No quiero interpretarlo. cada uno le dará el significado que más le guste.
Pero sobre todo, me ha gustado el vislumbre de esa España que empezaba su declive y del que quiero dejar aquí una muestra que, aunque un poco extensa, creo que es enormemente ilustrativa:
"Honor y honra son materias distintas —explicó don Miguel tras reflexionar [...] A los nobles se les supone la honra, que es alteza de linaje. Los plebeyos no tienen honra pero tienen honor, que es limpieza de sangre sin tacha de moro o judío o hereje.
[...] la honra es la nobleza del cielo, así como el honor es la nobleza de la tierra. [...] 
El que desciende de judíos o herejes nace sin honor. Y muchos nobles tienen abuelas o bisabuelas judías, lo que no ocurre con los plebeyos. Al que nada tiene, le consuela mucho tener honor y trabaja por mostrarlo.
[...] El que tiene honra no trabaja porque el trabajo deshonra.[...]
—¿Y puede esta gran nación sustentarse sin el esfuerzo de sus linajes? —se admiró Vidello.
—Aún se mantiene en sus apariencias, pero no sabemos por cuánto tiempo[...]. La holganza, amigo mío, es indicio de sangre limpia porque los moros y judíos eran gente muy laboriosa [...] Vivimos de apariencias. Del mismo modo el cristiano viejo debe mostrar desprecio al trabajo y amor al lujo, que se vea que las inclinaciones de su sangre son muy contrarias a las de la mala raza judía. [...] Cualquier menester distinto al de las armas o al religioso puede ser tenido por indicio de sangre impura, de ahí que se abomine el comercio y la banca por ser cosa de judíos y de las labores del campo, que son propias de moriscos.
[...] Cada día que pasa España se empobrece más [...] pues entre ricos que huelgan, religiosos que solo atienden a los asuntos del Cielo, humildes que visten la pereza bajo capa de pobreza y labradores que con el más fútil pretexto declaran día feriado, nadie trabaja. [...] El noble quiere vivir de sus rentas; el pechero que nada tiene, queriendo subir de estado, abandona el campo y viene a la ciudad, donde se hace criado de boca y mesa y pierde la vergüenza que en su aldea, por ser conocido, solía tener. Así se están, sin hacer nada, todo el día [...] en oficios de pajes, de esportilleros, de lacayos, de escuderos, de triperos, de mozos de espuela, de rascamulas, de galopines, de pinches, de pasteleros o de apagavelas, de aguadores, de especieros, mientras que las otras mil labores que debieran enriquecer al país quedan vacantes, sin nadie que las atienda. [...]
— Ya había notado que mucho campo bueno está improductivo.
—En eso tiene alguna parte la Iglesia —contestó don Miguel bajando la voz—. Hay tantas novenas, procesiones, octavas, autos de fe, canonizaciones, Semanas Santas, fiestas de patrones y otros mil pretextos píos de holganza que los días laborables no alcanzan a la tercera parte del año. [...] de lo que se derivan los grandes males de hoy y se aparejan los mucho peores del mañana". 
¿Será aquí donde comenzó a joderse España?. 
¿Sería el propio Cervantes el que nos castigó con un mal de ojo, creando un personaje, loco aunque adorable, "ese hidalgo que, quizá sin saberlo él, representa la figura de la triste España"?




martes, 1 de septiembre de 2015

Septiembre 2015



Desde la puerta de La Crónica Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú? Los canillitas merodean entre los vehículos detenidos por el semáforo de Wilson voceando los diarios de la tarde y él echa a andar, despacio, hacia la Colmena. Las manos en los bolsillos, cabizbajo, va escoltado por transeúntes que avanzan, también, hacia la Plaza San Martín. Él era como el Perú, Zavalita, se había jodido en algún momento. Piensa: ¿en cuál?

Como siempre, algo me trae a la cabeza un libro maravilloso, un libro en el que quizás no había pensado para esta sección, pero algo me lo recuerda y el libro se abre paso casi sin pedir permiso y aparece aquí, en estos meses literarios, como este de septiembre.
Hace unas semanas, veía una película que me pareció muy emotiva por diferentes razones. La película era "Regreso a Ítaca" y una de las razones por las que me emocionó casi hasta las lágrimas (y no las tengo fáciles) fue por un homenaje precioso que le hace a "Conversación en la catedral" de Mario Vargas Llosa. Dicho homenaje consiste en la recitación del comienzo de la obra por parte de Jorge Perugorría y, de esa manera, recordé yo ese comienzo precioso que me ha emocionado las veces que he leído el libro, para mi, uno de los mejores del autor. La segunda vez, además, habían pasado más de veinte años desde la primera y habían cambiado ciertas cosas en mi vida. Una de ellas es que tenía un cuñado periodista que trabajaba en "La Crónica", no de Lima, sino de León, periódico hoy ya desaparecido. Ello hizo que cogiera aún con más ganas la historia de Santiago Zavala, Zavalita; su eterna conversación con Ambrosio, mezclada con otras muchas conversaciones; su búsqueda obsesiva, no del momento en que se jodió Perú, sino del momento en que se jodió él mismo...
Zavalita y Ambrosio hablan durante toda la novela, pero mientras tanto, asistimos a muchas otras conversaciones que tuvieron lugar a lo largo de varios años y todas estas conversaciones se mezclan, se intercalan, nos confunden por un momento, pero enseguida nos centramos y sabemos quién y cuándo habla.
Uno de los mejores libros que he leído nunca y en el que intento descubrir ciertas claves porque yo, como Santiago Zavala, hace ya mucho tiempo que me pregunto en qué momento se jodió España. 







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