Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

"Big brother" Lionel Shriver


Lionel Shriver es una autora norteamericana a la que conocí con una novela que se hizo muy famosa hace unos años, "Tenemos que hablar de Kevin", una historia narrada en forma epistolar en la que, carta tras carta, se nos va descubriendo el mundo de pesadilla en que se ha convertido la vida de una mujer a la que encontramos sola y enferma de depresión y angustia, tras haber vivido una vida normal, más o menos feliz, con un marido y dos hijos. Carta tras carta, vamos viendo como su vida fue perdiendo pie, perdiendo todos los cimientos que la mantenían anclada, si no a la felicidad, al menos a un estado confortable y aceptablemente dichoso.
Posteriormente, he leído otros libros de la autora y en todos se tratan temas polémicos y de actualidad, temas que sirven de revulsivo a una sociedad como la americana que, instalada en la esencia del bienestar, guarda en los desvanes más secretos, miserias y desconsuelos de los que le gusta imaginar. 
"Big brother" es su última novela y en ella aborda una de las lacras más extendidas en el mundo occidental, en ese mundo desarrollado cuyos problemas derivan de su propio desarrollo y harán que termine muriendo de éxito; una lacra extendida por todo el mundo occidental, sí, pero que en Estados Unidos ha alcanzado el grado de epidemia. Se trata de la gordura, de gordura absoluta, con mayúsculas; no de un sobrepeso más o menos acusado, sino de una gordura que uno se cruza por las calles de las ciudades más prósperas y avanzadas del planeta en cada esquina, y lo que aquí nos hace volver la cabeza como hacemos con las cosas que son excepcionales, allí lo encontramos varias veces en cada paseo y se te ponen los pelos de punta porque la reflexión te lleva a plantearte que esas personas que ves andando con dificultad, respirando entre jadeos, con problemas para cada una de las actividades que los demás realizamos sin pensar, son las que, dentro de su gordura, aun pueden salir a la calle, porque todos sabemos, hemos oído, que en Los Estados Unidos de América hay gente cuyas dimensiones les impiden moverse de una cama o un sofá en el que pasan sus días esperando el ataque al corazón, la hiperglucemia o el enfisema que los libere al final y para siempre de sus excesos. Hablo de personas que, como el
Lionel Shriver
personaje de esta novela pesan ciento setenta y cuatro kilos, con todos sus gramos. 

La primera frase de la novela es reveladora "No tengo más remedio que preguntarme si alguno de los momentos verdaderamente interesantes de mis cuarenta y tantos años ha tenido que ver con la comida".
Pandora (Pando), nacida Halfdanarson, Feuerbach por matrimonio y Appaloosa por el nombre adoptado por su padre como actor, vive instalada en el sueño americano a pesar de los nueve kilos que ha engordado en los últimos años. Tiene un marido atractivo que la quiere, dos hijastros adolescentes con los que tiene unas aceptables relaciones, un negocio próspero. Parece haber superado las penalidades y traumas de su infancia: un padre, actor en una serie de éxito, más preocupado por su familia de ficción que por la real; una falta de anonimato y de intimidad que siempre ha odiado; una madre muerta prematuramente, siendo ella adolescente; un hermano, su único cómplice en su infancia solitaria, que se fue con diez y siete años a Nueva York a buscar, como pianista de jazz, una fama propia, no vicaria de la de su padre, que él, al contrario que Pandora, adoraba. "Edison conoció la gloria cuando su madre se suicidó; un suicidio era algo muy bien visto en el ambiente de los clubs de jazz de Nueva York [...] Yo, que no quería distinguirme con una biografía ajena, nunca creí que mi madre se hubiera suicidado"
Pandora ha superado su infancia y es feliz... hasta que recibe la visita de su hermano al que no ve desde hace cuatro años, porque Edison Appaloosa vive en Nueva York donde ha conseguido cierto éxito y ha tocado con grandes figuras del jazz, mientras que Pandora vive en New Holland, Iowa, la tierra de sus abuelos paternos en cuya granja pasaba los veranos y a donde se ha trasladado buscando la tranquilidad del medio oeste.
La llegada de Edison, que viene para pasar un par de meses, antes de una gira que le llevará a Europa, pone del revés el mundo de Pandora. En cuatro años, Edison ha pasado de ser un hombre apuesto al que las mujeres miraban por la calle, a convertirse en un desconocido de sobrepeso abrumador y comer compulsivo, una mole que descendió del avión en silla de ruedas y llegó a la casa familiar de Solomon Drive a poner la vida familiar patas arriba. Los niños tienen reacciones dispares y mientras Tanner se burla con comentarios hirientes, "Cody sólo necesitó un instante para evaluar la situación, tras lo cual se acercó a mi hermano gritando: «¡Hola, tío Edison!» y lo abrazó sin reservas". No obstante, el mayor problema que se le presenta a Pandora es conciliar a su hermano con su marido y conseguir que convivan en un mínimo estado de respeto, ya
Los famosos rollos de canela de Cinnabon
que no de simpatía porque Fletcher es un hombre obsesionado con la salud y, especialmente con la alimentación; es capaz de alimentarse a base de brécol y arroz integral, y de salir después a pedalear kilómetros en su bicicleta, de manera que encontrarse la cocina llena de platos con torres de tortitas llenas de pepitas de chocolate y tarros repletos de sirope de arce, no es la situación ideal para encontrarse a la hora del desayuno.

La situación para Pandora se vuelve complicada. Tiene que conseguir que su marido acepte tener a su hermano en casa, pero además y sobre todo, quiere ayudar a Edison, quiere saber qué es lo que le ha llevado a comer de manera compulsiva y a encontrar en la comida el sustituto de una droga; quiere saber de qué puede estar huyendo tras los cinnabons que devora con placer; "había decidido no dejar a Edison en la estacada. A todo Edison, sin importar los muchos kilos que pesara". Pero no dejar a Edison en la estacada le va a suponer una especie de catarsis en la que va a descubrir muchas cosas de sí misma, de su matrimonio, de su pasado y de su vida familiar. Intentar que Edison vuelva a recobrar su peso normal supone ponerle frente a las causas de su derrumbe; supone ponerle cara a cara con ese momento en que, tras una serie de reveses personales y profesionales, si es que son algo distinto, se dio cuenta "de que había empezado a engordar, y eso también fue un coñazo, pero la cosa es que engordar te hace más gordo. El peso solo ya es tal fastidio que te lleva directamente a un plato de shawarma de cordero, y demasiados shawarmas se traducen en menos conciertos, en tragar más para olvidar los problemas y en menos conciertos todavía". Y uno vende el piano para salir del apuro y uno se termina comiendo el piano. 
Pero no dejar a Edison en la estacada supone también ser consciente de que, en gran parte, el problema de Edison puede derivar de su propia forma de ser, de su orgullo y su necesidad de notoriedad, de nunca pasar desapercibido "Si el peso de mi hermano era síntoma de algo que andaba mal, entonces también era emblema de una vanidad. Edison no era de los que se someten a torturitas varias por unos kilos de más. En el mismo estilo en que se había propuesto triunfar, así también fracasaba. A lo grande". 
No dejar a Edison en la estacada supone poner en peligro la propia salud, descuidar a la familia, dudar de lo que se está haciendo, temer que, finalmente, no haya servido para nada. "Edison jugaba con el orgullo; Fletcher, con la tarta, y yo jugaba con mi matrimonio".
Basada en un episodio autobiográfico de la propia autora, la novela indaga en las causas de esos desarreglos alimenticios que llevan a una parte de la población mundial a matarse comiendo; indaga en las frustraciones y los desengaños que sacuden a unas personas que se creen que lo tienen todo, que se les debe todo, a los que desde niños les han hecho creer que "son maravillosos sencillamente porque existen"; destroza el sueño americano y con él destroza todos los sueños de grandeza de una sociedad que debería empezar a preguntarse "¿para qué molestarse en descubrir el bosón de Higgs o en resolver la economía de los coches de hidrógeno si ya habíamos olvidado cómo hay que comer?"
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lunes, 28 de diciembre de 2015

"La malamemoria" y "¡Otra maldita novela sobre la Guerra Civil!" Isaac Rosa


Es esta una novela curiosa donde las haya. Hace años que tenía ganas de leerla, pero por una u otra razón, se ha ido demorando. 
Como decía, es una novela muy particular. En realidad, se trata de la novela "La malamemoria" (va todo junto, sí, no me he equivocado) que el escritor publicó en 1999, pero comentada y criticada con inesperada severidad por el mismo autor que, metido en la piel de un anónimo lector, analiza cada capítulo sin piedad. El resultado es una no vela que admite dos lecturas. Se puede leer "La malamemoria", saltándose las partes en cursiva que contienen la crítica del autor/lector desconocido (se pueden leer estos párrafos todos seguidos al final o pasar de ellos, pero para eso, mejor se hace uno con "La malamemoria") o se puede leer todo seguido, tal y como se nos presenta la novela. Yo escogí esta opción.
"La malamemoria" fue una de las primeras novelas de Isaac Rosa. Se publicó en 1999, cuando el autor tenía veinticinco años. La historia, aparentemente, transcurre en unos pocos días, los que van del 5 al 10 de Abril de 1977. Días en que el protagonista aparente, Julián Santos, viaja por el sur de España buscando un pueblo, un pueblo con música árabe, Alcahaz , que parece haber desparecido del mapa (Alcahaz —dije, y al pronunciarlo, la boca se me llenaba de tierra, de tiempo, de fotografías antiguas con hombres amarillentos). Bueno, del mapa no, porque justo en un mapa de 1960 es donde aparece el pueblo. Un pueblo del que, o bien nadie sabe dar noticia, o bien su sola mención causa malestar, cuando no verdadera hostilidad. Un pueblo que cuando se encuentra nos trae a la memoria reminiscencias de Comala y, en definitiva, no sabemos si se ha vivido su encuentro o tan solo se ha soñado.
La historia, aparentemente, transcurre, en esos cinco días de Abril, y digo aparentemente porque a través de memorias escritas, suposiciones, recuerdos... se relatan hechos que comenzaron con el siglo, se torcieron con la Guerra Civil y se empiezan a desenredar en la más temprana 
transición. Y es que Julián Santos, es el vector que nos va trayendo la vida de Gonzalo Mariñas, un hombre que, nacido en la miseria de un chamizo a las afueras de Dos Hermanas, terminó heredando una fortuna en fincas, casas y dinero, creada, y después engrandecida, por su padre con el pago de una venta no muy legítima ni ética, pero ante la falta de otras propiedades, se vende lo que se tiene. Gonzalo Mariñas multiplicó la fortuna heredada y se convirtió en un prohombre. Primero diputado de la CEDA tras las elecciones de 1933, después hombre del régimen tras la Guerra, y en la incipiente transición, demócrata de toda la vida, de los que ya con el dictador débil y enfermo y, por si acaso se volvían del revés los dones de la Fortuna, comenzaron a considerar que había que abrir la mano para que no se la rompieran tratando de abrírsela a la fuerza los nuevos tiempos que ya se presentían.
Pero en la vida de Gonzalo Mariñas hay casi veinte años de silencio. Desde el comienzo de la Guerra hasta principios de la década de los cincuenta, hay una sombra oscura que hace enmudecer la vida de Mariñas; dos décadas de las que nadie sabe nada, pero de las cuales han empezado a salir noticias en los periódicos, y no son noticias halagüeñas, sino de esas que cualquiera preferiría mantener en el baúl donde se guardan los secretos. Pero cualquier baúl puede abrirse, y más si hay periodistas empeñados en ello.
Es por ello que Julián Santos es contratado para poner luz en esos casi veinte años sin historia y demuestre que las noticias no son más que calumnias... aunque no lo sean. Y Julián comienza a leer y reescribir las memorias ya escritas por Mariñas y a intentar reconstruir y maquillar los casi veinte años oscuros. Y a la vez, se va topando con su pasado porque Julián una vez fue Julianín y guarda una historia oscura como las noches en el monte y triste como un maquis apresado por tricornios en la noche más triste y oscura del monte. Y al hilo de su viaje de investigación,
Isaac Rosa
Julián va recordando a Julianín y su infancia de tinieblas y culpabilidad y miedo, 

"un miedo que, como todos los miedos, arraiga en la infancia, en las noches en que, con sólo cinco o seis años de edad, salías del pueblo [...] Estabas dormido, pero tu madre te sacaba de la cama en mitad de la noche, te espabilaba con manotazos de agua fría y te vestía deprisa, abrigándote con un tabardo de saco para la noche helada del monte".
Julián Santos, como el padre de Gonzalo Mariñas, vende lo que tiene, y lo que tiene es su pluma y su palabra (no la de honor, sino la escrita). Y, a falta de otra cosa, eso es lo que vende para discursos, memorias, biografías y todo lo que le paguen. No le importa escribir textos cuyo contenido está en contra de sus creencias, ni, como en este caso, limpiar el pasado de uno de los personajes que está llamado a odiar desde su infancia, y es que Julián es un hombre pragmático con un punto de cinismo "para mí, este trabajo es igual que cualquier otro. Sólo soy un legionario de las letras, nada más. Yo no pienso lo que escribo, yo no creo esas cosas. Son los que lo firman, quienes lo dicen; no yo"
Isaac Rosa escribió "La malamemoria" el 1999 con veinticinco años y ocho años después, en 2007, sintió la necesidad de hacer una relectura crítica y compartirla con todos nosotros. Así, aprovechando una reedición de la novela "un lector misterioso se introdujo en las páginas y fue señalando con notas y comentarios las debilidades o errores del texto, hasta configurar una verdadera lectura crítica" (El Cultural, Ricardo Senabre, 2007)
"La malamemoria" tiene muchos de los vicios que encontramos en las primeras obras de un autor joven, pero también tiene muchas virtudes que sólo se encuentran en autores que prometen, en autores a los que ya se les nota la calidad que alcanzarán con un poco más de madurez. Es una novela dura, que cuenta una historia triste y la cuenta de una manera que engancha. Es una novela que se lee con gusto y se disfruta con esa sensación de desear llegar a casa y coger el libro que tan bien conocemos los adictos a la lectura.
Isaac Rosa, queriendo pasarle factura a su propio pasado, se convierte en un crítico severo que juzga sin piedad lo que son fallos que se curan con el tiempo. En su análisis ácido y cruel no se salva nada; ni el hilo conductor de la trama, "el previsible esquema común a tantas novelas de los últimos años (la investigación a partir de un hallazgo fortuito de algún episodio oculto del pasado), desemboca en el inevitable descubrimiento de... ¡Un secreto de la guerra civil!"; ni el estilo literario "Es difícil juntar en un solo párrafo tal cantidad de cursilerías: los «campos de piel arrastrada», la «niebla eviterna», la «honda cresta de lejanía», el «coro de hombres que cruza la tierra hacia el romper del horizonte», y unos pocos más que cualquier lector poco amigo de chucherías detectará, y que son propios de escritor inmaduro que cree que cada frase, cada palabra, es definitiva, cada página debe pasar a la historia de la literatura"; ni la descripción del paisaje, "un paisaje inexistente y pretendidamente literario, un sur que, en 1977, se muestra solanesco y embrutecido, sin que de esta pintura se deduzca una intención de crítica social, sino más bien una exhibición de armas literarias"; ni la pertinencia del contexto histórico en que se ubican los hechos "resulta muy improbable, y por supuesto inverosímil, que en 1976 (pues si la entrevista con la viuda tiene lugar en enero del 77, los hechos referidos son del año anterior, 1976) fuese nadie a pedir cuentas a nadie por hechos oscuros de la guerra civil o la represión de posguerra"
La idea es original. Creo que no hay precedentes de un ejercicio similar (si alguien conoce alguno, me gustaría saberlo pues me produce mucha curiosidad y me resulta muy atractiva la práctica). No es que le falte razón al lector anónimo en los defectos que encuentra, que la tiene, es que se muestra severo en exceso y creo que debió ser más generoso, debió mostrarse más agradecido al Isaac Rosa de 1999, ese autor joven que fue para poder llegar a ser el autor maduro que es; debió mostrarse más tolerante con el joven Isaac Rosa que no es más que él mismo con menos experiencia, con más juventud y falta de técnica, pero con la frescura e ingenuidad, incluso en el artificio, que se pierden con los años.

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lunes, 21 de diciembre de 2015

"Expediente Barcelona" Francisco González Ledesma


Esta novela está considerada la primera de la serie dedicada al comisario Méndez y, sin embargo, poco sale aquí el comisario "que siempre que te ponía la mano en el hombro, aunque fuese para pedirte fuego, decía: «Joputa, joputa, joputa»". Méndez es aquí un personaje de tercera fila que aparece tangencialmente en una escabrosa escena; Méndez, "policía de la calle Nueva, de la calle Unión, de la calle Lancaster, de la calle Arrepentidas, perseguidor de maricas, untador de confidentes, hostiador de nazarenos", el mismo Méndez "mil veces entrenado en los sótanos de la Vía Layetana"; el comisario Méndez,  "aquel fósil salido de los viejos archivos de la Social, de las casas de gomas de San Olegario o de los pútridos urinarios del mismo cine, donde se consolaban los maricas". En fin, todo un personaje de la temprana transición que irá tomando cuerpo, imagino, en novelas sucesivas.
Esta es la primera novela de Méndez que leo y también la primera de su autor, Francisco González Ledesma. En su día, estuve tentada de leer "Crónica sentimental en rojo", cuando en 1984 le dieron el Premio Planeta y adquirió la fama que este premio suele otorgar. Pero los Premios Planeta han sido libros que, por lo general, me han decepcionado y lo dejé pasar. El 3 de Marzo de este año murió el autor y entre las cosas que se dijeron con motivo del hecho,
empezaron a llamarme la atención los comentarios acerca de que había sido un referente de la novela negra en España durante el siglo XX; las referencias al mundo cutre y barriobajero del Raval Barcelonés y del Poble Sec de los años ochenta y noventa que retrata en sus libros; el hecho de que fuera el Silver Kane de las novelas que devoraba mi abuelo y, alguno también, mi padre (creo que hasta yo de pequeña leí alguno que pillé por casa).
De manera que, desde Marzo, andaba pendiente de empezar con González Ledesma y una recomendación en "Todo negro", el blog de Josevi Blender, ese que anda por los blogs y las redes sociales tentando con sus post y sus portadas, me decidió definitivamente. Y como chica disciplinada y ordenada que soy, he empezado por el primero de la serie.
Como ya he dicho, aquí Méndez apenas sale. Una escena cutre con saña, en un cine cutre de una zona cutre de Barcelona. Nada más. habrá que esperar a otras entregas de la serie para que el comisario vaya adquiriendo peso porque forma y cuerpo ya ha cogido aquí.
La novela está contada en tres planos que se van alternando para ir construyendo, entre todos, el mosaico que constituye la historia. Una historia de principios de los ochenta, publicada en enero del ochenta y tres y que resultó una metáfora de lo que acabaría siendo este país. Por una parte, un abogado de tres al cuarto, de esos con un despacho que "tiene solo dos habitaciones, una de las cuales es una sala de espera donde jamás ha tenido que esperar nadie; la otra es un precario templo de la ley, con una mesa antigua y tres butacas chester que un amigo me vendió a plazos después de embargárselas a un deudor; con una librería llena de textos que están destinados solo a impresionar y un diploma en el que el Jefe del Estado afirma —más bien barrunta— que sé algo de leyes". De otra, un joven, Ramón Masnou, va enviando una serie de cartas a una "Señorita Esther Jou" en las que le va contando los episodios de su vida que interesan a la trama, y, finalmente el Prado, un amigo de Masnou y conocido del abogado, envía otros escritos al comisario Lorente, donde le va relatando ciertos detalles que sólo por él podemos conocer.
La novela cuenta la historia de Ramón Masnou, al que una antigua novia quiere reclamar la paternidad de su hijo. Mireia, una amiga de la novia, encarga al abogado mencionado (en ningún momento sabremos su nombre, salvo que se me haya escapado que también podría ser) llevar el caso a juicio para obligar a Masnou a asumir su responsabilidad. Esto no es más que un pretexto para que el autor nos acompañe en un viaje que va de los antros más canallescos a las casas de la burguesía y a sus torres de veraneo en la costa; de los empresarios honrados a los de turbios negocios; de los jóvenes idealistas con veleidades soviéticas y ansias de reparto de la riqueza, a los que toman bajo su responsabilidad hacer que la empresa familiar funcione y no tienen escrúpulos para hacerlo a cualquier precio. 
Una novela escrita con un lenguaje descarnado hasta la obscenidad, desnudo de sutilezas que no concuerdan con el ambiente de bares mugrosos "en que cada vaso contiene una gota de silencio" desde los que muchachas aburridas miran por las ventanas nubladas de porquería, "muchachas que de vez en cuando, supongo, se bajan los tejanos para alentar a los hombres, para que estos reencuentren la patria en sus coños"; una novela que no tiene inconveniente en hacer una crítica caústica e incisiva hasta la crueldad a un país al que "pueden envidiar los sicilianos porque tenemos los mejores soles, los mejores vinos, los mejores coños y las mejores mafias"; una novela ambientada en unos años en que si un abogado
Francisco González Ledesma
tenía que ir a una comisaría "cualquier jefe del grupo te hace esperar con los chorizos, con los tocadores del dos, con tomadores de culo que no se pueden ni sentar, con cobradores de autobús que han ido a las Ramblas vestidos de lagarterana porque han descubierto que esa es la vocación de su vida".

No esperéis encontrar ni una gota de complacencia en esta novela ni una gota de piedad por el lector, por la ciudad o por los personajes, ni por su pasado ni por su presente ni por su futuro. Como un oráculo del porvenir, la evolución de su protagonista, Ramón Masnou, se puede extrapolar a todo un país, España, del que dice con profética falta de compasión "Si después de cuarenta años de franquismo vienen veinte de UCD y PSOE, el pueblo español habrá perdido su última ocasión histórica. El poder se quedará para siempre en las oficinas y los cuarteles de Madrid; no volverá a estar en la calle nunca más. O luchamos ahora, cuando el Gobierno aún es débil, cuando aún no tiene las escamas del bicho adulto y ponedor de huevos, cuando aún no está protegido por estratos de intereses, o ya no valdrá la pena que volvamos a luchar".

*Hay muchas citas del libro en esta entrada, pero es que el lenguaje me parece una de las cosas más atractivas y características de la novela y quiero que cualquiera que vaya a leer el libro a partir de mi reseña, sepa lo que va a encontrar.



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sábado, 19 de diciembre de 2015

"El puente de los espías" Steven Spielberg


Es esta una película que viene precedida por el prestigio que le han otorgado los críticos aun antes de ser estrenada. Cuenta una historia de espías en plena Guerra Fría y cómo un hombre alejado de los círculos de poder, es capaz de conseguir lo que nadie pensaba que conseguiría: un dos por uno que parecía imposible y que ha conseguido por ser sil'nyy chelovek (hombre firme). Y lo más asombroso es que se basa en hechos reales. El dos por uno imposible no es fruto de la mente fantasiosa de unos guionistas o de un director de cine, o de un autor de novelas. Hubo en realidad un hombre firme capaz de conseguir, si no lo imposible, al menos, lo muy difícil.
Ese hombre tozudo hasta la exasperación; incapaz de dar un paso atrás aun siendo lo que parecía más razonable y lo que todos le pedían; capaz de jugar de farol cuando había mucho en juego, es un abogado de Brooklyn, James Donovan, a quién encargan la defensa de un espía soviético, Rudolf Abel. Lo que se pretende es cubrir las apariencias y dar la impresión de que Abel va a tener una defensa justa, aun cuando la sentencia está dictada de antemano. El problema es que James Donovan no sabe hacer las cosas a medias ni por aparentar con lo que se toma la defensa del espía con toda seriedad y hace lo imposible por conseguir su absolución. En esto consiste la primera parte de la película. Nos muestra dos personajes sumamente atrayentes. Un abogado capaz de jugarse su seguridad y la de su familia en defensa de lo que cree justo, en defensa de un espía condenado por una opinión pública obsesionada con la amenaza nuclear y por todo el aparato de la Justicia convencido de dar un buen ejemplo a cualquiera que vuelva a intentar espiar los logros de la cabeza del Imperio de Occidente.
En la segunda parte la acción se traslada a Berlín, donde Donovan ha recibido otro encargo, esta vez de la CIA, de los que cualquiera preferiría librarse. Tiene que negociar el canje de su espía soviético por un soldado americano capturado por los rusos cuando hacía lo que le habían ordenado: espiar. Pero tiene que hacerlo a título personal. No puede parecer que va como encargado del Gobierno americano y, en caso de tener problemas, nadie lo considerará su representante.
Escena de la película
Entramos en un mundo frío, gris y hostil. Cuando Donovan llega a Berlín, está comenzando a construirse el muro y aquí viene la primera inexactitud (más bien error de bulto) de la película. En su empeño por cubrir de oscuridad y tristeza todo lo relacionado con el Imperio Oriental, el muro se construye entre nieve y frío, pero el muro se construyó, prácticamente de una tirada, en una noche... en agosto de 1961.



Y es que estamos ante una historia formidable; una historia que pudo dar lugar a una película fantástica y se ha quedado en una película mediocre. Muy bien hecha, con una estupenda fotografía, una maravillosa interpretación a cargo de Tom Hanks, en el papel de Donovan, y Mark Rylance como Rudolf Abel; con unas pinceladas de un humor muy americano que se ven a gusto; pero una película que ha perdido la oportunidad de sumergirse en el lodo, de bucear en las contradicciones, de hacer una crítica, indispensable en estos tiempos, acerca del papel de Estados Unidos en la Guerra Fría. 
En 2015, pasados ya tantos años desde la caída del muro y la unificación de Alemania, no se puede hacer una película de malos y buenos. Sí, ya sé que el personaje de Rudolf Abel está tratado con sumo respeto y simpatía y que Donovan comenta a quien quiera oírle que no es un traidor, que es un ruso leal a su país como los espías americanos lo son al suyo. Pero salvo ese detalle, de lo mejor de la película,  el resto es tendencioso como sólo sabe serlo el cine americano, y repito que es una pena porque podía haber sido crítica como un cuchillo afilado, incisiva como sólo sabe serlo el cine americano.
Tom Hanks y Mark Rylance
Ya había leído acerca de su parte emotiva, esa parte un poco dulzona y patriotera que les sale a los estadounidenses cineastas y a Spielberg en particular, pero pensé que era sólo eso y es mucho más. Son americanos que tratan con sumo respeto a sus prisioneros, mientras los rusos maltratan con brutalidad a los suyos; son esas escenas de jóvenes tiroteados por intentar saltar el muro, mientras Donovan mira desde un tren con cara de censura, con cara de venir del paraíso de la democracia que no ha roto un plato, de la democracia donde eso jamás tendría cabida, la democracia que, mientras todo esto ocurría, estaba librando una guerra en Vietnam y utilizando napalm contra la población civil (y sí, ya sabemos que eso sucedía y que mucha gente murió tratando de saltar el muro, pero es la manera de contarlo la que resulta tendenciosa); son esas escenas oscuras y frías, de una tristeza glacial, que acompañan a los acontecimientos en Berlín oriental y ese colorido exagerado y chillón que contrasta al volver Donovan a Brooklyn donde, tras dejar el más crudo invierno en Alemania, y dos día antes de que se vea nevar en Nueva York (con sol y luminosidad occidental, eso sí), le sale a recibir su mujer en manga corta a una calle con mimosas florecidas y pajaritos cantando (pura y alegre primavera en el paraíso del capitalismo y la iniciativa privada y personal)
Ya he dicho que la interpretación es inmejorable.
Tom Hanks
De Tom Hanks poco hay que decir. Ya sabemos lo bueno que puede llegar a ser porque lo hemos visto haciendo todo tipo de papeles y todos con gran credibilidad. Aquí da vida a un abogado que puesto ante situaciones para las que no se creía preparado las desempeña con todos los mecanismos y estrategias que tiene a su alcance y con todas las capacidades con que está dotado. Decide salirse del guión porque es lo correcto, y lo hace, sin pararse a pensar en cuestiones prácticas o en lo que se espera de él porque él sabe perfectamente lo que espera él de sí mismo.

Mark Rylance, el espía soviético Rudolf Abel, es un hombre al que he debido de ver en alguna película o serie porque su cara me suena, aunque no termino de encontrarlo en mi memoria. Un actor poco conocido, por tanto, pero que hace un papel sensacional, una mezcla entre abuelo jubilado que mata sus horas pintando y espía soviético frío e imperturbable; un hombre íntegro a quien le tocó un papel y lo desempeña con toda honradez como hubiera hecho si le hubiera tocado el papel de profesor, tendero o policía. Siempre
Mark Rylance
tranquilo, incluso al final, cuando su futuro no está nada claro y podría ser peor ir que quedarse. Un hombre que ante el comentario insistente del abogado "No parece preocupado", siempre responde "¿Ayudaría?". Y lo más gracioso es que no parece una pregunta retórica, parece estar esperando respuesta, como si dijera en realidad "Si va a ayudar en algo, me preocupo"

Una película entretenida (aunque hay quien la ha tachado de tostón), bien hecha, bien interpretada, con algunas virtudes del mejor cine americano y con muchas de las taras del peor cine americano. Esperaba mucho más, sobre todo teniendo en cuenta que en el guión intervienen los hermanos Cohen. No los he visto por ningún lado.


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viernes, 18 de diciembre de 2015

"La isla de los blogs" reseña "Cuéntame una historia"



Hoy ha salido la reseña de mi blog en "La isla de los blogs". 
Se trata de una iniciativa a la que me apunté en julio de este año y de la que di cuenta en una entrada en este blog que podéis ver AQUÍ.
Pues bien, después de todos estos meses, por fin he leído su reseña. No es una crítica, que conste. Es que tienen muchísimos blogs que reseñar y lo van haciendo en riguroso orden. Además, tras leer su entrada, se ve que se miran el blog de arriba a abajo para tener una idea muy completa.
"Cuéntame una historia" no ha salido muy bien parado en lo que se refiere a diseño. Ya lo sabía. Alguno me habéis oído comentar que como me gusta hacer todo aquello que se puede ("si se puede, se hace" podría ser mi lema), pues lo he llenado de cosas que iba viendo y aprendiendo a hacer y la verdad es que resulta bastante recargado.
Ya llevo una temporada con la idea de hacer alguna modificación en el diseño y esta reseña ha sido el empujón definitivo. A partir de este momento, seguiré muchos de los consejos que me dan, aunque esperaré un par de días para daros tiempo a verlo tal y como está y que notéis la diferencia. Tampoco es que lo vaya a dejar irreconocible, pero sí un poco más ligero de equipaje que diría el poeta.
En cuanto a contenido, que a fin de cuentas es lo que interesa, el blog queda mucho mejor y eso me ha gustado mucho.
Arriba os he dejado en enlace a "La isla de los blogs" y por si acaso, os lo dejo AQUÍ también para que podáis leer la reseña que me han hecho.



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jueves, 17 de diciembre de 2015

"Mes de la novela negra"



Parece ser que todos los años, Laky, del blog "Libros que hay que leer", plantea en enero un mes dedicado a la Novela negra. 
La iniciativa consiste en apuntarse y comprometerse a leer y reseñar alguna novela del género. Cada novela negra que se lea durante el mes se añadirá a este post que se irá así actualizando con los enlaces a las reseñas de cada libro leído.
Me parece una idea muy buena y como cada mes suelo leer un par de novelas de este género, ya que me encanta, pues me apetece mucho unirme a ella.
Además, Laki en su blog convoca un sorteo de cuatro novelas en el que también se puede participar.
Para ver las bases de la iniciativa y del sorteo (se puede participar en ambas o sólo en una de las dos cosas) pasaros por el blog "Libros que hay que leer".
En enero he leído de novela negra
"El jilguero" de Donna Tartt


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martes, 15 de diciembre de 2015

"La higuera" Ramiro Pinilla


Estamos en 1966. Hace ya casi treinta años que un hombre cuida una higuera en Fadura, un barrio del municipio de Getxo. Exactamente desde Junio de 1937, desde que en Getxo terminó la Guerra y comenzó el espanto. En todos los pueblos y ciudades de España, a lo largo de los tres años escasos que van desde Julio del 36 hasta Abril del 39, a medida que los ejércitos de Franco iban "liberándolos", la Guerra se iba terminando para dar paso al horror. Para algunos la transición fue más brusca. Entraron en el horror sin pasar por la Guerra. Ni siquiera tuvieron tiempo de luchar, ni siquiera tuvieron la oportunidad de ser derrotados. En Getxo lucharon durante un año, escaso también, hasta que entraron los falangistas con sus camisas azules, unas más viejas que otras, más viejas todas, en cualquier caso, que las que salieron de los baúles de algunos de los que hasta el día anterior se habían vestido de gudaris, o de socialistas o de comunistas, o de simples republicanos. Hacía pocas semanas de la "liberación", "el grueso del ejército vasco, sesenta batallones nacionalistas, se había rendido en Santoña, en lo que nuestro pequeño Asier Altube calificaría de traición a la República, y Manuel Goenaga, el maestro de Algorta, de algo así como de salvaguarda étnica." 
El pueblo vivía el horror de los golpes en las puertas a media noche, de los familiares que sacaban de casa unos individuos con botas y camisas abiertas hasta medio pecho, que hacían mucho ruido y levantaban el brazo hacia los luceros mientras clamaban por subir a España más arriba aún. A su España, la que ellos querían y entendían porque durante muchos años en España, no iba a haber más España que la suya. Y se llevaban al padre, al hermano, al abuelo, al hijo, y nadie volvía a verlo. Además estaban los presos, las cárceles atestadas y el "lote humano que todas las noches —excepto los domingos y fiestas de guardar— era sacado de las prisiones y conducido en camiones al cementerio más próximo donde piquetes del ejército los fusilaban contra las tapias, al menos, a las familias se les permitía recoger los cuerpos para enterrarlos; porque los «paseos» producían cadáveres ilegales de los cuales nunca se volvía a saber"
Pero, contra lo que pudiera parecer, esta novela no trata sobre la Guerra Civil. O no especialmente. Esta novela trata sobre la culpa sin culpa, el miedo, la necesidad de cambiar el destino escrito en la mirada dura, fría, enormemente elocuente en su inexpresividad, de un niño de diez años. Un niño que, tras ver como sacan de su casa a su padre y su hermano mayor, ha decidido que para morir y para matar hay que tener diez y seis años. Le faltan seis y ese es el tiempo que tiene Rogelio Cerón para ganarse la voluntad del niño e impedir que lo mate. O, al menos, eso es lo que piensa Rogelio Cerón
Pero es que además, la higuera cubre un secreto.
Ramiro Pinilla y ¿la higuera?
Entre sus raíces largas y retorcidas, se descompone la historia, al menos la historia de la Guerra y de la prematura posguerra que llegó a Getxo en la primavera de 1937. Nadie sabe lo que hay bajo la higuera, ni siquiera si hay algo. Hay quien piensa que esconde dinero y por eso Rogelio Cerón no la pierde de vista, esperando el momento de poder recuperarlo. Y, mientras tanto, sólo Rogelio y un niño de diez años, que va creciendo con la higuera, saben la realidad que esconden sus raíces.

Rogelio llegó a Getxo con los libertadores en la primavera de 1937. Llegó con su camisa azul de falangista de Valladolid a limpiar la retaguardia de rojos y separatistas. Pero su destino cambió cuando, tras participar en el asesinato de Simón García, el maestro de Las Arenas, y su hijo Antonio de diez y seis años, quedó enredado en los ojos de acero de Gabino, hijo y hermano respectivamente, de los asesinados. Gabino que trajo a los humedales de Fadura el esqueje de higuera y ordenó sin palabras a Rogelio que lo cuidara y regara e impidiera que nada ni nadie lo arrancara;  el esqueje de higuera que Gabino tuvo que sustituir varias veces a medida que se iba secando y que, finalmente, sustituyó por un hijuelo arrancado del pie de la higuera de su propio caserío; hijuelo que, tras ser sustituido a su vez, por fin prendió y dio lugar a esta maravillosa higuera que ahora, casi treinta años después, en 1966, se ve amenazada por la construcción de un instituto de segunda enseñanza. 
La higuera ha dado muchos higos (¿o eran brevas?) a lo largo de su vida. Higos (o brevas) que casi nadie ha comido porque Gabino, desde el principio, desde que salieron los catorce primeros, decidió que su destino era otro y así se lo comunicó, sin palabras, sólo con la fuerza de su mirada, a Rogelio, que ha seguido las instrucciones del niño al pie de la letra. Casi nadie, porque como nos cuenta, Mercedes, la maestra, "sólo un getxotarra consiguió en aquel tiempo probar una docena: mi alumno de siete años Julio Zalla".  Y fue Julio Zalla, experto en higos (y en brevas), quien les anunció a todos de donde provenía la higuera que Rogelio cuidaba con dedicación de converso: aquellos higos (quizás brevas) sabían exactamente igual que los de la higuera del caserío del maestro desaparecido, Simón García, caserío e higuera ahora en poder del hombre que delató al maestro, Joseba Ermo, de los Ermo de la Venta.
A muchos les sonarán nombres y personajes de esta novela y es que, sí, volvemos a encontrarnos aquí con ese mundo mítico, formado a partes iguales por sueños, anhelos, realidades y fantasía que Ramiro Pinilla creó mucho antes, pero perfeccionó y llevó al dominio de lo sublime en su trilogía "Verdes valles, colinas rojas".


Un mundo literario que nada tiene que envidiar a Macondo o Comala, ni en el fondo ni en la forma, porque aunque todo el mundo conoce los mundos de García Márquez y Juan Rulfo y casi nadie sabe quién es Ramiro Pinilla ni lo que escribió (y menos fuera de España), no por ello su literatura es menor. 
Empezó a escribir en 1960 con una novela impresionante, "Las ciegas hormigas", con la que obtuvo el Premio Nadal en 1960 y el de la Crítica de Narrativa Catellana en 1962. Desde entonces, nunca dejó de escribir. En 1971 quedó finalista del Premio Planeta con "Seno", novela que no he leído y que amantes del autor, como yo, me han desaconsejado (aunque seguro que lo intentaré).  Yo lo conocí en 1986 con su novela "Antonio B, el rojo", novela que había escrito en 1977 y que se volvió a editar en 2010, a raiz del éxito de la Trilogía, con el desafortunado título de "Antonio B, el ruso". Nunca dejó de escribir, pero hasta que en 2004 se publicó "La tierra convulsa", fue un autor prácticamente desconocido. Tras el éxito de la trilogía y los premios correspondientes (Crítica de Narrativa Catellana en 2005 y Nacional de Narrativa de España en 2006), se empezó a hablar de él, pero nunca ha salido del ámbito de los autores minoritarios. 
Lo último que debemos a su pluma es una nueva trilogía, ésta más sencilla, policíaca, pero ambientada en el mismo mundo misterioso y sugerente que fue creando a lo largo de toda su obra. "La trilogía de Samuel Esparta" y "Aquella edad inolvidable", una preciosa novela ambientada en el mundo del fútbol, fueron los dos regalos que Pinilla nos dejó antes de morir el 23 de Octubre de 2014 con 91 años. Un gran legado porque no sólo nos legó su obra, sino todo un mundo, su particular mundo de Getxo, para soñar, imaginar y disfrutar.


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domingo, 13 de diciembre de 2015

"Bernie" Richard Linklater


Si vas a ver "Bernie", deja las palomitas (si tal es tu costumbre) para cuando la película haya avanzado unos minutos, porque corres el peligro de que se te atraganten. Y es que Bernie Tiede es director asistente de funeraria y comienza la película dando una lección magistral (y práctica) acerca de su trabajo, en el que es un experto y un artista.
Recientemente han proyectado esta película en uno de esos cines pequeños, en el centro de la ciudad, de los que, en Santander, tenemos la suerte de contar con tres; uno de esos cines en los que no se deja entrar con comida (a nadie se le ocurriría hacerlo, por otra parte) y donde tampoco se vende.
Richard Linklater dirigió esta película en 2011, justo antes "Antes del amanecer", la tercera parte de su famosa trilogía, y de "Boyhood. Momentos de una vida".
La historia de Bernie Tiede en Carthage, Texas, y los hechos tristes que allí le sucedieron, nos van siendo relatados a través de entrevistas a los habitantes de la pequeña ciudad, mezcladas con el recuerdo de los propios hechos. 
Cuando Bernie llega a la ciudad empieza a trabajar para el dueño de la funeraria el cual piensa que le tocó la lotería al contratarle. Bernie se gana el cariño de todos los habitantes de Carthage porque pone mucho cariño en todo lo que hace, canta en las ceremonias (cualquier estilo musical que se le pida), dirige la compañía de teatro local en la que es un actor nato, visita a las viudas y les lleva dulces y flores tras el entierro de sus maridos. Se ha ganado el cariño de todos... hasta que lo intenta con la señora Nugent, una viuda reciente, que ha heredado una enorme fortuna de su marido y que es una auténtica bruja con la que no se habla nadie de su familia. Pero las atenciones de Bernie, su persistencia en la amabilidad, su paciencia y bonhomía acabarán incluso ablandando a la arpía que en poco tiempo, no puede prescindir de Bernie.
Bernie ayuda a todo el mundo sin esperar nada a cambio. Cuando, por cambalaches (?!) del destino le cae una fortuna, gasta gran parte en satisfacer necesidades ajenas, en regalos para todos, pero él sigue viviendo en la pequeña casa de siempre.
En definitiva que todo el mundo en Carthage adora a Bernie, incluso cuando Bernie se comporta mal. Pero es que Bernie siempre se porta bien, al menos casi siempre porque hasta el más angelical de los seres pierde la paciencia y ya se sabe que cuando los ángeles pecan su pecado los condena al infierno de por vida.
Jack Black como Bernie
Se trata de una comedia negra que se ve con agrado. Una película correcta que destaca poco en la más que correcta trayectoria del director, pero que recomiendo por original, por bien hecha y, sobre todo, porque si en algo mantiene la elevada calidad a la que Richard Linklater nos tiene acostumbrados, es en una interpretación que merece por sí sola la visión de la película. 
Jack Black es Bernie, un personaje entrañable, de aspecto asexuado (en el pueblo se discute sobre si es homosexual), con una sonrisa bondadosa y una mirada bovina, que empieza pareciendo remilgado y un punto empalagoso y nos termina ganando con su bondad desinteresada y su capacidad para hacer el bien por donde pasa. 
La señora Nugent, Marjorie, es Shirley MacLaine. ¿Qué se puede decir de Irma (la dulce), o de Fran
Shirley MacLaine como la Sra Nugent
Kubelik la ascensorista (El apartamento)?. Poco se puede añadir a esta actriz clásica, salvo que aquella muchacha ingenua y dulce (como Irma) se ha convertido aquí en una vieja mala y desagradable, pero no por ello ha perdido su capacidad de convencer y de dar vida a personajes dispares. Con la misma maestría con la que interpretaba a jovencitas adorables, da aquí vida a una odiosa anciana.

¿Y qué decir de mi admirado Matthew McConaughey que no haya dicho ya en otras entradas? Uno de los mejores actores que hay en este momento en el cine americano. Aquí interpreta al fiscal, otro vecino de Carthage cuyas declaraciones nos ayudan a conocer a Bernie y su historia. Un papel distinto a los que nos tiene acostumbrados porque por muy fiscal que sea, no
Matthew McConaughey como el fiscal
Danny Buck 
deja de ser un paleto de Texas con sombrero, triturando un palillo entre los dientes. Pero no nos dejemos engañar. Es de esos fiscales que cuando hincan el diente, no sueltan jamás su presa hasta tenerla engullida y digerida.

Hasta aquí, todo lo que puedo contar (y pocas veces ha sido tan poco) para no revelar más de lo que debo en una película que tiene sus sorpresas. Si tenéis oportunidad de verla, hacedlo. Pasaréis un buen rato, disfrutaréis con la historia y asistiréis a formidables interpretaciones. En cualquier caso, no habréis perdido el tiempo.


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viernes, 11 de diciembre de 2015

Book tag: Inside out



Primero Chari en su blog "La voz de las olas" y luego Francisco Moroz en "Abrazo de libro", me han nominado para participar en este book tag, cosa que hago encantada porque me parece original y, además, mezcla literatura y cine. 
Para empezar diré que tuve que buscar, ya hace un tiempo, el significado de "book tag" porque no tenía ni idea de lo que podía significar, y me enteré de que se trata de una encuesta acerca de lo que alguien piensa sobre libros, sagas, personajes etc. Se trata de etiquetar (tag significa etiqueta) de maneras muy diversas cualquier cosa relacionada con libros.
En este caso y basado en la película "Inside out" ("Del revés" en español), se trata de etiquetar libros según las emociones que nos han podido suscitar.
Vamos con la encuesta. Como me han nominado dos veces, pondré dos libros o dos conjuntos de libros en cada categoría.

No soy de leer libros cómicos. La comedia no me seduce en exceso. En cine me puede gustar, pero en literatura no suele llamarme la atención, no obstante hay algunos libros que son buenísimos y
con los que me he reído a carcajadas. "La fuente de la edad" de Luis Mateo Díez. Este es un autor, con libros muy serios y oscuros, que a mí me fascina. Este libro es el único que se puede considerar divertido. En los años cincuenta en una ciudad triste y oscura de provincias (León), un grupo de amigos borrachines, puteros y un poco esotéricos encuentran un baúl con las instrucciones para encontrar una fuente de aguas milagrosas que concede la eterna juventud. Aventuras disparatadas, enfrentamientos con los hombres de pro de la ciudad que mandan en el casino, una broma pesada y una venganza terrible distraen la miserable vida de los hermanos Orallo y sus amigos en una ciudad lúgubre donde reinan los curas y los señoritos del Casino.
Y como no, "Sin noticias de Gurb" de Eduardo Mendoza. Ese extraterrestre perdido en la Tierra, alucinado con lo que ve y disfrazándose de todo tipo de cosas increíbles, es de lo más divertido que nunca he leído.
Sentir asco con un libro, creo que es difícil, pero recuerdo "American Psycho" de Bret Easton Ellis. Creo que es el único libro que tenía que dejar de leer porque la violencia que encerraban 
sus páginas exigía un descanso para mi mente torturada y ahíta de salvajismo. Contra lo que pueda parecer y a pesar de que las escenas deberían ser más explícitas, la película no me impresionó nada en comparación con la lectura de la novela.
El otro libro "asqueroso" sería "El exorcista" de William Peter Blatty. Leí el libro mucho antes de que se hiciera la película. Quizás era demasiado
joven, pero recuerdo que las descripciones de los vómitos de la niña, sus torcimientos de cabeza y sus obscenidades verbales, imaginadas por mí, eran mucho más terribles de lo que luego nos mostró el cine y no me dio miedo, me dio más bien, asco y me produjo un fuerte rechazo visceral. Pero me encantó sufrir.


La ira, aplicada a este ámbito, la puedo entender de dos formas distintas: ira por lo que transmite el argumento o ira por la calidad del libro. Respecto a lo primero, una historia que me dio mucha rabia fue la de "Solo en Berlín" de Hans Fallada. 1940, tras perder a su único hijo en la guerra, el matrimonio formado por Otto y Anna Quangel decide luchar contra Hitler y empiezan a dejar por toda la ciudad panfletos denunciando los horrores del Reich. Te sientes muy bien al leerlo y piensas (siempre creemos que el arte, sea cine o literatura o pintura, puede cambiar la tremenda realidad) que la gente se dará cuenta y muchas personas se les unirán y entre todas acabarán con tanto despropósito. Pero no. La ira viene de que, como no podía ser de otra manera, terminan siendo apresados y... aunque os lo podéis imaginar, lo dejo aquí por si alguien se anima a saber más de esta recomendable historia.
Por lo que se refiere a lo segundo, la calidad de los libros, me inclino por esos que corren de boca en boca, que son superventas y lo son de una manera que te hace pensar que igual son buenos de verdad y cuando caen en tus manos, compruebas con espanto (quizá debí meterlos en los que dan miedo), que eran aún peores de lo que podías haber imaginado. Pongo varios porque, por desgracia, hay unos cuantos cada año y son fáciles de recordar. Además como no pienso dedicarles ni un renglón más allá del título, no me va a llevar mucho tiempo: Las "Cincuenta sombras [del plasta] de Grey" de E. L. James. "Si tú me dices ven, lo dejo todo, pero dime ven" de Albert Espinosa, "El bolígrafo de gel verde" de Eloy Moreno. Ninguno de ellos merece más comentario.



No soy nada miedosa. Puedo ver una película de terror sola en casa, apagar la luz y andar a oscuras por el pasillo hasta acostarme... casi siempre. El
libro con el que recuerdo que más miedo pasé es "Carrie" de Stephen King. Lo leí mucho antes de que se hiciera la película, quizás (otra vez) demasiado joven y me produjo miedo mezclado con angustia. Sin tener las escenas efectistas que después descubrí en la película, me causó mucha más impresión. Lo contrario me sucedió con "El resplandor" cuya película vi antes. Cuando después leí el libro, el miedo no vino del relato literario sino del recuerdo cinematográfico que me evocaba. Y es que Stanley Kubrick es un mago y
su escena de las dos niñas vestidas de azul, en medio del larguísimo pasillo, y requetemuertas, es de lo más pavoroso que nunca he visto en cine. Por lo tanto, el miedo se lo dejamos en exclusiva a Stephen King que es un mago y eso que, por lo que me han dicho, no he leído sus más terroríficas novelas como "It", pero es que tampoco soy de mucho terror.
Hay muchos libros que me han causado tristeza. Es lo malo cuando te gusta leer cosas muy reales, que la realidad te contagia su tristeza. Para esta emoción se me vinieron rápidamente dos libros a
la cabeza. El primero es una novela maravillosa escrita por un maravillosos autor al que sigo fervientemente desde que leí ésta su primera novela. Se trata de Khaled Hosseini y su insuperable "Cometas en el cielo". La traición al amigo, la terrible desilusión de éste, pero su inquebrantable fidelidad a lo largo de los años y, sobre todo, ver el devenir histórico de Afganistán, es, todo junto, para pasarse la novela llorando. Por cierto, hay una muy buena película dirigida por Marc Forster en 2007.
El otro libro triste es un libro que cuenta una magnífica historia, muy triste y que no me gustó mucho porque creo que no está bien escrito. Lo leí hace muchos años y me quedó la sensación de una muy buena historia mal contada, pero lo pongo
aquí porque si hay una historia triste, pero triste de verdad, es ésta. Es un relato de judíos en campos de exterminio (soy de los que piensan que nunca están de más, como los relatos sobre la Guerra Civil española), tan terrorífico como los demás, pero con un ingrediente extra que lo hace más espeluznante si cabe. La película, que es mejor que el libro (aunque recomiendo también éste), es francesa, de 2010 y está dirigida por Gilles Paquet-Brenner.
Y esto es todo. Sé que habré leído muchos libros que representarían las distintas emociones mejor que los citados o, al menos, igual de bien, pero tengo que cargar con mi memoria, o mejor con mi desmemoria, y hacer con ella lo que puedo.
No voy a nominar diez blogs para que se sumen al book tag. Muchos de los que nominaría ya lo están y prefiero que quien quiera, lo haga y lo disfrute como yo lo he disfrutado. 
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