Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

domingo, 28 de febrero de 2016

"Yo fui Jhonny Thunders" Carlos Zanón


Hace unos pocos meses no conocía de nada a este autor. Bueno, eso no es del todo cierto. Había leído su nombre, pero, confundida, pensaba que no me interesaba para nada y es que veía Carlos Zanón y mi mente traducía Carlos Ruiz Zafón, y pasaba a otra cosa. Hasta que, empecé a leer a personas de cuyo criterio me fío, que lo ensalzaban y lo calificaban como uno de los mejores autores de novela negra del país. Ya mosqueada, indagué y descubrí mi error. Y me lancé a buscar sus libros.
Éste es el primero que leo, pero ya tengo en reserva "Marley estaba muerto" y "Tarde, mal y nunca".
"Yo fui Jhonny Thunders" nos cuenta la historia de Francis, Mr frankie que una vez tocó con Johnny Thunders y, aunque para entonces la antigua leyenda sólo era "un drogadicto que se aúpa a cualquier escenario que le pueda pagar la próxima dosis",  no dejaba de ser Johnny Thunders, una antigua leyenda, antiguo componente de los New York Dolls, Juanito Truenos, y por eso "solo por eso, bromea Francis consigo mismo, después de mear hoy se lavará las manos en señal de respeto". Era el año 1989 y Francis vivía sus momentos de gloria como guitarrista de rock, como Mr. Frankie. Ahora, con casi cincuenta años, viejo y gordo, arruinado, huyendo de un mundo de drogas y alcohol, se refugia en casa de su padre para intentar enderezar su vida.
Regresa a la casa donde vivió su infancia, una infancia vulgar, con unos padres vulgares, en una casa vulgar donde todo eran gritos "de su padre y su madre, [...] de él con su padre y su madre". Una vida vulgar que, llegando a la adolescencia, se hace consciente de su vulgaridad y transcurre "robando acordes de la tele, vomitando la frustración de estar fuera de todo: de ser inglés, de ser guapo, de ser rico, de tener coche, de no ser otro"; una vida que el adolescente Francis solo puede soportar a base de sueños, sueños de futuro como estrella del Universo musical, sueños en los que el rock’n roll le venía a salvar porque lo adoptaba entre los elegidos. Sueños que se vieron cumplidos durante un tiempo demasiado corto y, demasiado pronto frustrados entre drogas, alcohol, derroche inconsciente y sin previsión de lo ganado.  
Ahora Francis está gordo, avejentado y arruinado. Tiene dos hijos a los que no puede pagar las mensualidades de la manutención. Del pequeño no sabe ni los años que tiene; tan corta fue la convivencia. Al mayor lo va a visitar a la salida del instituto, de incógnita, sin que se entere la madre. Intenta explicarle que no tiene dinero para pagar las mensualidades que les debe. Se acerca el juicio y no tiene posibilidad de pagar sus deudas con sus hijos. "Con la de dinero que pasó por sus manos, la de noches quemando la pasta a horcajadas... Y ahora, qué lástima no haber dejado olvidado algo de ese dinero en un bolsillo para poder venir hoy y arrojarlo encima de la mesa del juez o de quien sea".
Carlos Zanón
Francis vuelve a la casa donde soñaba con ser una estrella del rock y se encuentra con la dura realidad. Los sueños no eran reales, pero la miseria y sordidez que acompañaban la vida de Francis mientras los soñaba, lo eran y, lo que es peor, aún lo siguen siendo en este barrio gris al que vuelve pensando en reencontrarse con sus sueños para encontrase únicamente con sus pesadillas. 
Su padre arrastra una vida de miseria sobreviviendo como puede, ahora ayudándole también a sobrevivir a él. 
Marisol, la hermanastra, la hija de una vecina, a la que adoptaron hace tanto tiempo, cuando murió la madre de alguna enfermedad debida a su vida de mercadeo carnal; la hermanastra enamorada desde niña de Francis, huyó de casa y del acoso del padre adoptivo. Trabaja en un bingo y se acuesta con el dueño... y con el hombre de confianza del dueño. Tal vez, sólo tal vez, Marisol es el único personaje inocente en esta historia; la única víctima no culpable. 
La madre de Francis murió de cáncer hace ya muchos años, sola, amargada, consciente a la fuerza, "sabedora, cómplice, deshauciada" de los escarceos de su marido con la hijastra. 
Ahora se enfrentan solos Paco y Francis a sus miserias respectivas. Se enfrentan, pero sin mucho éxito, sobre todo Francis. Paco ya espera poco, en realidad solo espera recuperar a Marisol y sobrevivir día a día con las míseras existencias que intentan infructuosamente llenar la nevera. Pero Francis, que quiere recuperar su vida, a sus hijos, la salud, es la manifestación palpable de que "si naciste pa martillo, del cielo te caen los clavos". Y le caen una y otra vez porque nada de lo que intenta le sale bien. Ni por la vía legal ni por la ilegal es capaz de poner la linea recta delante de su futuro. Ha vuelto a casa porque "se me había pegado la mala suerte ¿sabes? Y pensé que, al menos podía arreglar algo, no sé qué, algo y desde este sitio me pareció que podía empezar de nuevo". Pero no es la mala suerte lo que le impulsa a buscar droga cuando deshace su bolsa (aunque sabe que no la hay); no es la mala suerte lo que le ha impulsado a hacer todo para alejarse de las drogas, "todo menos borrar el número de su dealer del móvil". No es mala suerte (o sí, tal vez, quizás en parte es algo de mala suerte) lo que hace que cuanto más interés pone en salir adelante, más se le embrollan las cosas, y los recuerdos sólo contribuyen a seguir embrollándolas.
Porque además de sus intentos de recuperar una vida normal, se nos van contando vivencias del pasado, amigos, amores, tragedias, dramas... 
Pero esta novela no sólo trata de Francis. Hay otros muchos personajes, muchos otros martillos y muchos clavos caídos del cielo, muchos clavos buscados con empeño. Demasiados sueños rotos que no lograron romper con la vulgaridad de unas vidas que sólo dejan de ser vulgares cuando se convierten en pura sordidez.
"Deberías haberte matado antes de los veinte Dormirías mejor ahora".

viernes, 26 de febrero de 2016

"Meursault, caso revisado" Kamel Daoud


¿Recordáis a Meursault? Es aquel hombre absurdo que, al principio de la novela "El extranjero" de Albert Camus, declara "Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer". No sé si recordáis "El extranjero" de Camus. Yo lo había léido otras dos veces en 1978 y en 2002. En ambas ocasiones me gustó, pero no me entusiamó. De hecho, cuando lo he vuelto a leer esta vez, no recordaba casi nada de él. Sé que no soy la única a la que le ha pasado. Un compañero me ha dicho: "Se ve que éste era el momento para leerlo", tras coincidir conmigo en lo que os he contado. No es de "El extranjero" de lo que quiero hablar aquí, pero es imprescindible hacerlo, como imprescindible fue leerlo, para dar paso al libro que quiero comentar en esta entrada. 
Meursault es el protagonista de la novela de Camus, un hombre absurdo como digo, un extranjero de la vida a la que siente ajena. Es el personaje en el que se concentra todo el pensamiento filosófico de Camus: un personaje en brazos de la fatalidad, al que todo le da igual porque todo lo que le pasa, le pasa a él y él es un extraño para sí mismo; dice siempre lo que siente y lo que siente es demasiado frío y pragmático "Estuve a punto de decirle que no era mi culpa (la muerte de su madre), pero me detuve [...] De todos modos uno siempre es un poco culpable"; un personaje que sabe que debe enfrentarse a una muerte próxima y que eso no tiene importancia porque todos hemos de morir y "morir a los treinta años o a los setenta importa poco, pues, naturalmente, en ambos casos, otros hombres y otras mujeres vivían y así durante miles de años"; además "todo el mundo sabe que la vida no vale la pena de ser vivida".
De manera que él vive porque está aquí; pasa por la vida, pero la vida no pasa por él y así como hace todo, con esa sensación de que igual podría
Albert Camus
hacer lo contrario, un día del verano de 1942 mata a un hombre, es apresado y condenado a muerte. "No sentía más que los címbalos del sol sobre la frente [...]. La espada ardiente me roía las cejas y me penetraba en los ojos doloridos. ... Todo mi ser se distendió y crispé la mano sobre el revólver [...] y allí, con el ruido seco y ensordecedor, todo comenzó. Sacudí el sudor y el sol. Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa en la que había sido feliz. Entonces, tiré aún cuatro veces sobre un cuerpo inerte en el que las balas se hundían sin que se notara. Y era como cuatro breves golpes que daba en la puerta de la desgracia". Así explica el momento del asesinato. Luego, en el juicio, preguntado sobre los motivos, dirá que fue a causa del sol.
No se debió cumplir la condena porque es él quien nos cuenta su propia historia, pero tampoco sabemos más. Con la condena termina el libro, esperando que se cumpla su plazo inexorablemente, con unas palabras de una dureza y una desesperanza inmensas: "Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, me quedaba esperar que el día de mi ejecución haya muchos espectadores y que me reciban con gritos de odio".
Y entonces empieza "Meursault, caso revisado", la novela de Kamel Daoud que lo que hace, efectivamente, es revisar la novela de Camus desde el punto de vista de la otra parte. Porque el muerto, del que no habíamos sabido nada salvo que es "un árabe", que tiene una hermana a la que un vecino de Meursault maltrata y a la que quiere vengar, no vuelve a ser mencionado en la novela, no se le da entidad más que como hombre muerto que desencadena los hechos en "El extranjero". Kamel Daoud en su libro devuelve la palabra a la parte del muerto, concretamente a su hermano Haroun que nos cuenta cómo la fama del escritor, y lo bien que supo contar su historia, hizo que su hermano se quedara sin voz, que de su hermano no se supiera nada, ni siquiera el nombre, ni qué pasó con su cuerpo que quedó así desaparecido para siempre. 
El comienzo de la novela es como una imagen especular del comienzo de la otra, igual pero al revés: "Hoy, M'ma [mamá] sigue viva",  sigue viva, pero él apenas la visita en esa casa en la que vive, por la que "merodean un muerto y un limonero" y es que la madre de Haroun quedó tan
Kamel Daoud
marcada por la muerte de su hijo mayor que toda su vida a partir de entonces, no fue más que un penar tras las huellas del asesinato, merodeando por la playa, buscando el cadáver, y en esos recorridos físicos y vitales arrastró a Haroum cuya vida ya no fue más que un reflejo de la vida que su hermano había perdido. "solía pasarme el día esperándola mientras ella recorría la ciudad investigando la muerte de Moussa [...] no comencé a sufrir por ello hasta que se acercó la edad adulta, cuando aprendí a leer y comprendí la suerte injusta reservada a mi hermano, muerto en un libro". Y es que no sabemos si Moussa muere en un libro porque ese libro es un trasunto de la realidad o si Moussa no es más que un personaje de ficción porque en esta historia la realidad dentro de la ficción y la ficción dentro de la realidad se mezclan de una manera que ya no sabemos cuál es una y cuál es otra; no sabemos si, en "Meursault..." el libro de Camus pasa a ser un reflejo de la realidad o si los propios personajes son ficción dentro de la propia novela. Se trata de un libro que encierra otro libro y no sabemos si el propio libro se encierra a sí mismo como otro libro; se trata de un juego de espejos en que no sabemos cuál es la imagen real, ni siquiera si hay una imagen real: "acabé dudando de la hora del crimen, de que hubiera sal en los ojos del asesino e incluso a veces de la existencia de mi hermano  Moussa".

Pero no importa porque lo que el autor nos quiere transmitir a través de Haroun y del absurdo asesinato perpetrado por el absurdo protagonista de "El extranjero" es toda una metáfora de la historia de Argel en la segunda mitad del siglo XX. Si "El extranjero" es la historia del colonialismo, "Meursault, caso revisado" es la historia de la Independencia. Una independencia que no ha venido a solucionar la vida del país ni de sus habitantes. En el libro de Camus, los árabes no tienen nombre, todo el protagonismo es para los franceses, los colonos que ocupan los mejores barrios y la mejor posición en un país que no les pertenece. En la novela de Daoud, el árabe recupera su identidad y, en nombre de todos los árabes y en nombre de Argelia, reivindica su existencia y su orgullo de propiedad de una tierra que se puede usurpar y una cultura que se puede colonizar, pero de las que nunca se podrá apropiar ningún extranjero "El asesinato que cometió (Meursault) parece el de un amante despechado por una tierra a la que no puede poseer. ¡Cómo debió sufrir, el pobre! Ser hijo de un lugar que no te ha engendrado".
Veinte años después de la muerte de Moussa, en el verano del 62, apenas unos meses después del fin de la Guerra de la Independencia, hay un nuevo asesinato. Haroun, impulsado de manera velada por su madre, mata a un francés y con ello venga la muerte de su hermano y todos los años de colonialismo. Pero además, en esta novela Kamel Daoud realiza una crítica explícita de las intransigencias y el fanatismo que domina al mundo musulmán en general y a Argelia en particular "La religión para mí es un medio de transporte colectivo que nunca tomo". Dios ha dejado de ocuparse del mundo y sus habitantes "¿El viernes? No es el día en que Dios descansó, es el día en que decidió huir y no regresar jamás". No se siente muy árabe ni sabe muy bien lo que eso significa y deplora toda la intolerancia y la violencia que se ha apoderado del entorno islámico: "el único versículo del Corán que resuena en mí es este "Si matas a un ser humano es como si hubieras matado a toda la humanidad""En varios momentos habla del alcohol y de los bares que están desapareciendo del país "¡Ja, ja! ¿Qué bebes? Aquí los mejores licores se ofrecen después de la muerte, nunca antes. Es la religión, hermano mío, apresúrate, en varios años el único bar que quedará abierto estará en el paraíso"
Si Meursault era la frialdad y el pragmatismo, Haroun es la pasión y el sentimiento.
La novela tiene varios premios: Finalista del Premio Goncourt 2014; Premio Goncourt 2015 de Primera Novela; Premio François Mauriac en 2014; 13º Premio de los Cinco Continentes de la francofonía. Una fama y un prestigio por los que su autor está pagando un precio, el precio que en ciertos lugares la intransigencia violenta de unos pocos trata de cobrarles a los que, sin dejarse amedrentar, siguen poniendo en práctica su libertad: un imán autoproclamado, el Presidente del Frente del Despertar Salafista, ha proclamado una fatwa contra él pidiendo su muerte. Es muy probable que dicha condena no se cumpla (ojalá no se cumpla), pero la condena de la que, ni Kamel Daoud ni nadie puede librarse, es la de llevar sobre los hombros su propia historia, esa historia que tantas veces desearíamos borrar para poder empezar de nuevo libres de servidumbres que otros nos han adjudicado "¡Podría ser que yo, Caín, hubiera matado a mi hermano! He deseado tantas veces matar a Moussa después de su muerte para librarme de su cadáver, para recuperar el cariño perdido de M'ma, para recobrar mi cuerpo y mis sentidos, para..."




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martes, 23 de febrero de 2016

"Serie Miquel Mascarell" Jordi Sierra i Fabra


Todas las novelas de esta serie suceden, respondiendo a su título, en unos pocos días de un mes concreto de algún año afortunadamente ya pasado. 
Esta primera novela de la entrega transcurre en cuatro días trágicos de enero, los que van del 23 al 26, los que preceden a la entrada de las tropas rebeldes franquistas en una Barcelona abandonada ya por el ejército republicano y por muchos ciudadanos leales a la República que buscan más allá de la frontera la salvación y una nueva vida. 
Miquel Mascarell es un inspector de policía republicano que se pasea por una comisaría que "parecía haber sido arrasada por un huracán: mesas resquebrajadas, armarios volcados, papeles por el suelo...". Algunos, los que pueden, huyen despavoridos ante el panorama que se les viene encima, pero otros, como Miquel, esperan entre el miedo y la esperanza de equivocarse a que el enemigo se haga con la situación y se resarza de los tres años pasados. Algunos se preparan para cambiar uniformes y banderas y sobrevivir en la nueva situación como ya lo hicieron en la vieja; otros esperan con ansiedad a que entren los suyos y poder satisfacer sus deseos de venganza; 
Miquel nunca cambiaría su bandera. Su hijo murió en el frente del Ebro defendiendo la legalidad de la República. Miquel se quedará en Barcelona porque Quimeta, su mujer, le necesita. Además, una joven ha desaparecido y contra todo pronóstico, en un mundo que se esfuma ante la confusión de la futura Victoria, Miquel se entregará al nuevo caso con todas sus fuerzas y capacidades, como si se tratara de un caso normal, en un mundo normal, en una época normal. 
Una novela que transmite con gran intensidad la confusión de una ciudad ante lo que se avecina, el terror de los que temen la represión y huyen en desbandada, el hambre, las ruinas, los arribistas que se aprestan a sacar de los desvanes las camisas azules.
En la segunda novela, "Siete días de Julio", han pasado nueve años. Estamos en 1947 y Miquel Mascarell sale indultado del Valle de los Caídos tras serle conmutada la pena de muerte por la de cadena perpetua. Allí ha trabajado en régimen de esclavitud, construyendo el mausoleo en el que aún tardará casi tres décadas en descansar el dictador. Llega a una Barcelona donde ya nadie le espera y, en breve, se verá metido en otro caso que requerirá su atención. En una ciudad en plena posguerra, asediada de hambre, tristeza, estraperlo, riquezas amasadas por unos pocos adeptos al régimen a costa de la miseria de la mayoría, se dará cuenta de que su liberación no ha sido casual. Alguien esperaba sacar un beneficio a costa de la seguridad y la vida de Miquel.
Se van sucediendo las novelas y Miquel va recuperando su vida, una vida que ya nunca será normal, en la que las huellas de lo vivido y de lo perdido habrán dejado cicatrices muy marcadas, pero en la que de nuevo podrá volver a ser feliz, conocer el amor y disfrutar de una prosperidad que no es muy normal en la época para la mayoría de los españoles.
Se irán sucediendo los casos: buscar la tumba de un joven muerto el 18 de Julio del 36, mientras se juzga en Consejo de Guerra al "grupo de los ochenta", guerrilleros que mantienen viva la lucha contra el franquismo; buscar al asesino de un antiguo compañero en la policía, mientras intenta evitar un atentado contra Franco en su próxima visita a la ciudad; averiguar quién ha matado a un joven
inglés, perteneciente a los Monuments men, un grupo que pretende recuperar y devolver a sus legítimos propietarios las obras de arte expoliadas por los nazis, a la vez que trata de impedir que un grupo de valiosas pinturas se pierda para siempre en manos de coleccionistas privados con pocos escrúpulos; salvar del garrote vil al joven periodista Agustín Mainat, hijo de un amigo fusilado tras la Guerra, acusado de un asesinato que Miquel está convencido de que no ha cometido, mientras desarticula una trama de espías soviéticos.
Jordi Sierra i Fabra es un autor sumamente prolífico. Escribe sobre todo literatura infantil y juvenil. La serie de Miquel Mascarell iba ser en principio una trilogía, pero se ha ido alargando hasta contar ya con seis títulos y un séptimo en camino ("Tres días de Agosto" tiene prevista su salida para el 10 de marzo). 
Tras el pretexto de la novela policíaca, se esconde en estos libros una crónica de la historia reciente más oscura de España. Con descripciones muy certeras de una época pasada, pero que ha dejado su impronta; descripciones del ambiente gris y deslucido, que emanaba de la vulgaridad y tristeza de la mísera posguerra; del ambiente de represión y estrechez de miras a que se veía sometida la población "militares y curas, como siempre, tutelando la vida del pueblo. En tiempos de la Ilustración, en España reinaba la Inquisición. En momentos del renacer de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, el país se cerraba endogámicamente a la espera de que el tiempo, y sólo el tiempo, acabara legitimando la dictadura"; de la ciudad en ruinas primero, sin ruinas, pero en blanco y negro de sordidez y hambre y vino barato de los barrios pobres, después. Y siempre la tristeza porque España no ríe "España era de ellos, su jardín" y Miquel Macarell "llevaba tiempo dándose cuenta del escaso humor de los franquistas, y menos aún de la caterva de adláteres, camisas negras, azules y el largo etcétera que les seguía". Sus personajes se dividen en dos (una de las dos Españas ha de helarte el corazón), humillados, con la frente baja, desnutridos de alimento y alegría los unos; opulentos, soberbios, con la actitud chulesca del que no sabe si tiene razón ni lo necesita porque tiene el dinero y el poder para hacer más dinero para tener más poder para... (perdón, he tenido un lapsus; ¿de cuándo estoy hablando?)
Jordi Sierra i Fabra
Miquel es un hombre mayor, honrado, roto de dolor y de las necesidades y sufrimientos que ha vivido, pero no es un hombre derrotado. El destino en forma de trampa le ha dado una nueva oportunidad y sabe aprovecharla. Y como fue policía, y un buen policía, se meterá en más líos de los necesarios, arriesgará su vida y estará a punto de perderla en varias ocasiones; ayudará a sus amigos, y a sus enemigos si se tercia, siempre que se trate de investigar algo que evite la injusticia y restituya un poco de equilibrio a un mundo que lo ha perdido. Y de paso, aprovecha también para mostrarnos la crónica de un tiempo pasado, pero que forma parte de nuestra historia más reciente y que más nos vale no olvidar porque... bueno, todos sabemos lo que les pasa a los pueblos que desconocen u olvidan su historia.
Miquel es una víctima. Vivió la Guerra, entregó a su hijo en la Batalla del Ebro, casi pierde la vida. Fue ingenuo y albergó la esperanza de que todo se saldara con otro resultado, un resultado más amable, más justo. Ahora, casi diez años después de la derrota (después de la Victoria), se da cuenta de que nada pudo ser de otra manera porque "es un mal endémico de la izquierda, ¿sabe? La derecha es monolítica, actúa siempre a la de una. Pensamiento único. Nosotros nos lo cuestionamos siempre todo, por ética o porque somos así de inocentes e inconscientes".


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domingo, 21 de febrero de 2016

Harper Lee, In memoriam









Qué poco me gusta hacer este tipo de entradas en el blog. Esta es la sección que menos me gusta ver crecer. La muerte de un escritor al que se ha seguido con expectación a lo largo de los años, es algo que nos deja un poco huérfanos, huérfanos de lectura, huérfanos de nuevas expectativas, huérfanos de tantas novelas...
Pero cuando la persona que muere es una autora a la que conociste hace varias décadas; cuando le adjudicas el papel de hacer de ti la lectora impenitente que ahora eres; cuando sientes que ella cambió tu percepción del mundo, y te pasó de los libros de aventuras a los libros para adultos; cuando estás convencida de que ella contribuyó de manera decisiva a hacerte la persona que hoy eres, entonces la desaparición de la autora, te deja un poco sumida en la perplejidad porque cuando oí la noticia, me di cuenta de que había sucedido algo con lo que no contaba. Sabía que tenía noventa años y que vivía ya muy impedida en una residencia en Monroeville su ciudad natal y el lugar que le sirvió de inspiración para el poblado de Maycomb en "Matar un ruiseñor", pero nunca se me había ocurrido que podría morirse. No es que pensara que era inmortal, es que la idea de su muerte no se había abierto paso en mi cabeza en
ningún momento; es que tampoco había pensado que fuera mortal. El tema de su posible mortalidad no había sido contemplado por mí. Estaba ahí desde mis primeras lecturas y me imagino que pensé que estaría ahí siempre. 
Harper Lee no es de esos escritores a los que sigues a lo largo de su carrera porque su carrera nació y murió con "Matar un ruiseñor". Fue como el canto del cisne, sólo que ese bello, inimitable, conmovedor último canto, fue también el primero. 
Este libro y esta autora se han convertido además en uno de los temas más recurrentes en este blog que se siente, de esta manera, más huérfano si cabe ante la pérdida. En enero de 2015 me presenté a un concurso literario de la Universidad de León hablando de este libro y publiqué el texto en el blog; unos meses después, con motivo de la lectura de "Ve y pon un centinela", me sentí en la necesidad de releer "Matar un ruiseñor" y de ver la película del mismo título. De todo ello di cuenta en el blog y dejo enlaces por si a alguien le interesa.
Nelle Harper Lee nació en Monroeville, Alabama, el 28 de Abril de 1926. Le quedaban por tanto poco más de dos meses para cumplir los noventa años. Su padre, abogado, defendió en una ocasión a dos hombres negros, padre e hijo, acusados de matar a la dependienta blanca de una tienda. Ambos hombres terminaron ahorcados. No cabe duda de que el suceso impresionó a la autora y le inspiró más adelante la trama central de su novela.
Su legendaria amistad con Truman Capote se remonta a la infancia de ambos. El escritor había nacido en Nueva Orleans dos años antes que ella. Su infancia, tras el divorcio de sus padres, la pasó viviendo con familiares que se turnaban en su cuidado. Coincidió con Harper Lee cuando ambos eran niños. Eran los primeros años treinta y Truman vivía en Monroeville, en la casa contigua a la de la escritora, con unos tíos. Él mismo confesó que iban a los juicios en los que intervenía el padre de Harper. 
Truman Capote y Harper Lee
De esta manera, la novela se convierte en más autobiográfica de lo que nunca hubiera imaginado las primeras veces que la leí. Harper Lee (siempre una niña díscola y un poco brutota) es Scout, Truman Capote (pasando su infancia de un familiar a otro) es Dill; puede que algunos de los hermanos de la escritora sea Jem y no cabe duda de que su padre es Atticus.
La novela, publicada en 1960, tuvo enseguida un enorme éxito, coronado por la obtención del Premio Pulitzer. Truman Capote no supo asimilar bien el éxito de su amiga y, aunque su amistad se mantuvo unos años, la vida de Truman, dedicada a las drogas y al alcohol, amante del éxito y la fama (al contrario que Harper), fue enfriando la relación. Cuando el autor murió llevaban varios años sin comunicarse, según Harper Lee. 
Ahora ha muerto ella. He tenido que admitir que era mortal, que todos nuestros ídolos (escritores, actores, directores de cine) son mortales. Muchas veces me he dicho: "este hombre (o mujer) tiene muchos años, cualquier día se muere y me va a dar mucha pena". De ella jamás lo había pensado. No creía que fuera inmortal. Sólo me olvidé de pensar que era mortal.
Que la tierra te sea ligera.

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viernes, 19 de febrero de 2016

"Sobre mi madre" Richard Russo


Hace ahora unos tres años, cayó en mis manos un libro titulado "Alto riesgo". No conocía nada del libro ni del autor, pero al ser un escritor norteamericano y estar el libro tirado de precio, decidí darle una oportunidad y lo compré. Fue una de las decisiones más acertadas que he tomado en los últimos tiempos porque el libro me gustó mucho y me aficioné al autor. Supe además que era el autor de la novela "Ni un pelo de tonto" y que había escrito el guión de la película del mismo título, una película magníficamente interpretada por un Paul Newman tan atractivo en la ancianidad como lo fue en la juventud y que me había entusiasmado en su día. También es autor de otros guiones de películas que me gustaron como "Al caer el sol" y "Secretos de familia". Vamos, que, sin conocerlo, lo conocía más de lo que hubiera podido imaginar.
Éste que me dispongo a comentar es ya el tercer libro de Richard Russo que leo y lo he disfrutado mucho. El anterior, "El verano mágico en Cape Cod", ya lo reseñé en este blog y mereció mis alabanzas.
"Sobre mi madre" sigue indagando en las relaciones familiares, sobre todo en la relación con la madre, pero lo más interesante de esta historia es que es autobiográfica, de manera que, a la vez que la disfrutamos como una novela, vamos conociendo la vida del autor y la loca y agobiante  dependencia que su madre desarrolló hacia él. 
Se podría leer como una novela (es una novela), y quizás ciertos pasajes nos parecieran inverosímiles, pero en esta novela, la verosimilitud no es necesaria. Son las ventajas de la realidad.
Richard Russo pasó su infancia en Gloversville, en el norte del estado de Nueva York. El nombre del pueblo no es casual "En sus buenos tiempos, nueve de cada diez de los guantes que se usaban en Estados Unidos habían sido fabricados allí". Allí llegaron sus abuelos, cada uno proveniente de lugares tan dispares como Vermont (abuelo materno) o Salerno, Italia, (abuelo paterno). La ciudad conoció su esplendor entre finales del siglo XIX y la primera mitad del XX. Luego, en pocos años, todo se derrumbó porque "después de la Segunda Guerra Mundial, para cuando los hombres dejaron de llevar sombrero, las mujeres dejaron de ponerse guantes" y, además, la fabricación dejó de producirse en el país para ser trasladada a otros lugares donde la mano de obra era más barata. Así es que el pueblo empezó a languidecer durante la infancia de Richard. 
Y en ese lugar en decadencia es donde viven atrapados Richard y su madre, Jean, viviendo en el piso
Dibujo de Gloversville a mediados del
siglo XX
de arriba de la casa de sus abuelos. La madre presumía de independencia porque trabajaba en General Electric, pagaba un alquiler por el apartamento a sus padres y tenía que mantener sola a su hijo (legalmente separada del padre del autor, pocas veces consiguió que contribuyera a la manutención que ambos habían acordado). Pero tal independencia no era más que una fachada

pues siempre estuvo dependiendo de alguien y por aquella época, no hubiera podido subsistir de no haber sido por el apoyo de los abuelos. "Era libre, pero no podía hacer lo que le apetecía. Aunque podría ir adonde quisiera, no tenía modo de llegar allí. Contaba con su propio dinero, pero se le acababa antes de poder gastarlo en algo que de verdad deseara. Gustaba a los hombres —cómo era físicamente y cómo bailaba y se reía—, y en diferentes circunstancias no le habría costado mucho encontrar a alguien. Pero las circunstancias no eran diferentes; siempre eran la misma".
Desde niño, el autor empezó a intuir, sin entenderlo del todo, lo que constituía "el estado" de su madre, lo que se describía en la familia con una sola palabra: "nervios". Desde muy pequeño, Richard vive condicionado por "el estado" de Jean, con miedo a ser el causante de una "crisis nerviosa" que la alejara de él y la obligara a vivir en un sanatorio "Su salud estaba en mis manos. Otros niños eran buenos porque no querían que los castigasen si se portaban mal; yo era bueno porque tenía miedo de que si me portaba mal, la castigada sería mi madre". Cuando Richard tiene veintiún años, su padre le insinúa algo que, inconscientemente, él ya había supuesto en su niñez "Tú sabes que tu madre está chiflada, ¿no?". Para entonces, el autor ya sabe que aquella
Richard Russo
sensación de responsabilidad y culpa que adquirió de niño, lo acompañará
toda su vida y limitará sus movimientos y los de su familia porque, desde el momento en que abandona la casa de los abuelos para ir a la universidad, tendrá que admitir que su madre ahora depende de él, irá con él a donde él vaya y nunca estará a gusto en ningún sitio. Inestable, caprichosa, maniática, condicionará la vida de su hijo y de la familia de éste hasta el día de su muerte. 
Los cambios de trabajo y de ciudad de Richard, las mudanzas, cualquier modificación lleva la complicación añadida de encajar a la madre, suegra y abuela con los problemas de toda índole que ello acarrea. 
Tuvieron que pasar muchos años, ya muerta Jean, para que un penoso acontecimiento permitiera al autor poner nombre a la afección que había acompañado a su madre y entonces, el sentimiento de culpa se hizo mayor si cabe, porque comprendió que todo lo había hecho mal, todos sus esfuerzos por hacer que su madre llevara una vida razonablemente sensata habían sido, probablemente, justo los menos indicados, justo lo contrario de lo que debió hacer.
Una novela que muestra el amor de un hijo por su madre que depende de él ("Ricko-Mío [...] Siempre ahí. Siempre mi apoyo, mi roca"), pero también su resentimiento por una compañía de la que no puede librarse jamás y su frustración por no poder conseguir, lo haga como lo haga, que su madre se encuentre a gusto, disfrute de la vida y sea feliz con una situación en la que no hay más problemas que los que ella se crea y crea a todo su entorno. Recomendable de veras.
Como guionista, para los forofos de las series, es autor del guión de "Empire falls", una miniserie de HBO basada en su novela del mismo título ganadora del Premio Pulitzer. Aún no la he visto porque quiero leer el libro primero.

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martes, 16 de febrero de 2016

"Ma ma" Julio Medem


Julio Medem es uno de los directores que más ha aportado a la cinematografía española. La historia del cine en la década de los noventa del pasado siglo no podría escribirse sin mencionar a este director y las cinco películas que, a lo largo de la década, fue desgranando, superándose con cada una (al menos desde mi punto de vista) para alcanzar la perfección estética y emotiva en "Los amantes del círculo polar" (1998) y después la levemente algo menos buena "Lucía y el sexo" (2000). O quizás sea al revés. Tendría que verlas de nuevo porque recuerdo que ambas me sacudieron hasta dejarme empapada de belleza y sentimientos y totalmente cautivada por la originalidad de sus planteamientos. 
Las películas anteriores, "Vacas" (1992), "La ardilla roja" (1993) y "Tierra" (1996) me habían dejado un incómodo sentimiento de perplejidad. Sabía que eran buenas películas, refrescantes y novedosas para el cine español que, dicho sea de paso, estaba en una de sus épocas gloriosas, pero algo en ellas no acababa de gustarme. No sabía lo que era y así se lo decía a los incondicionales del director (mi marido de los más incondicionales). Las vi dos veces cada una, de estreno en el cine y después alquiladas. Y la conclusión era siempre la misma: "Son muy buenas, pero... algo en ellas no me acaba de convencer". A día de hoy, sigo sin saber qué era. Quizás las vuelva a ver y quizás lo averigüe. O quizás lo deje en el misterio. 
Después, recién inaugurada la década 2000 (el siglo, el milenio), en 2003, hizo un documental "La pelota vasca", un documental que le  creó a Julio Medem muchos problemas porque cuando tratas de ser ecuánime, poner las cosas en su justa medida, y mostrar la realidad de todas las partes en conflicto, lo único que consigues es que los golpes te vengas de todos los sitios. Sólo se entienden los dogmas, el blanco y negro, y a quien se atreve a mostrar los grises, los claroscuros, se le deja o negro a base de golpes o blanco a base de desprecio. Siempre me pareció una canallada lo que se hizo con el director.
Julio Medem
Tras "La pelota vasca", la carrera de Medem cambió de manera radical y sus dos películas siguientes "Caótica Ana" (2007) y "Una habitación en Roma" (2010) no tuvieron el éxito de taquilla esperado. "Caótica Ana" es un homenaje a su hermana muerta en un accidente de tráfico. Es una película en la que invirtió mucho dinero y mucha implicación personal, como no podría ser de otra manera (también está dedicada a su hija Alicia que padece síndrome de Down). El proyecto le dejó grandes pérdidas económicas y, me imagino, no poca frustración por su fracaso. He de confesar que no he podido ver ninguna de estas dos películas. En media hora había perdido todo el interés, estaba aburrida y me sentía incapaz de soportar el resto.
No hace falta decir con qué suspicacia comencé a ver "Ma ma", pero dicho estado no duró ni cinco minutos. Transcurrido ese tiempo, la película me había enganchado y me di cuenta de que por fin, otra vez, una película de Julio Medem iba a gustarme, o no, pero la iba a ver hasta el final con agrado. Y me ha gustado. No es de lo mejor del director; carece de ese toque especial, exclusivo del autor; carece de la originalidad y el encanto de otras obras suyas; tiene momentos sensibleros e incluso un poco ridículos, incluso algunos ridículos y sensibleros (no se pierdan al ginecólogo cantando), pero es una película que huye de preciosismos y rarezas innecesarias y resulta una historia tierna, muy dura, pero positiva e incluso optimista. 
Trata de personajes que han caído en el lado malo de la estadística, de casi todas las estadísticas, porque Magda no solo está en paro y su marido se ha ido a un supuesto viaje de trabajo... con una alumna rubia y mucho más joven que él, es que además a Magda le diagnostican un cáncer de mama, de esos que padecerá una de cada ocho mujeres a lo largo de su vida. 
Cuando Magda conoce a Arturo, la vida de éste se desmorona en un momento; no porque haya conocido a Magda que nada tiene que ver, sino porque, por pura casualidad, es ese el momento que escoge la estadística para ponerse en contra de él también.
Ambos personajes unirán sus trozos de
Penélope Cruz
desdichadas vidas e intentarán hacer con todos ellos una vida sosegada y agradable que está a punto de ser feliz.

Lo mejor de la película, sin lugar a dudas, las interpretaciones. Magda es Penélope Cruz que hace un magnífico papel, mucho más contenido de lo que suele ser habitual en ella, sin los gritos e histrionismos a que nos tiene acostumbrados y que, a pesar de que como actriz me gusta, me ponen "al borde de un ataque de nervios". Transmite su miedo, su angustia, su preocupación por el futuro y por su hijo; convierte toda esa ansiedad y temor en fuerte resolución y decisión de salir adelante con un simple movimiento de cabeza o un simple parpadeo. Nos hace cómplices de su pánico y de su valentía como actriz y, como personaje, nos hace desear su ternura rodeada de tristeza para su hijo, su amor hacia Arturo, su generosidad con Natasha, su complicidad con Julián, su dureza severa y decidida con Raúl. 
Arturo es Luis Tosar en un papel sencillo, de un hombre sencillo golpeado por la pérdida, y Luis Tosar lo interpreta como cualquier papel que le caiga: dando todo cuanto tiene a su personaje, en este caso la vulgar normalidad de un hombre corriente, abatido primero por el dolor y enamorado e ilusionado después. Llora, ríe, comprende, acompaña y cuesta creer que cuando salga de escena se va a quitar el maquillaje y va a continuar con otra vida que no sean Magda y el niño y Julián...
Asier Etxeandia y Penélope Cruz
Julián es el ginecólogo de Magda. Julián es Asier Etxeandia, un personaje fundamental en la historia y puede que lo peor de la película. Me cae bien el actor, me parece muy atractivo, tiene una voz preciosa (es cantante además de actor cosa que queda perfecta, y para mí lamentablemente, demostrada en la película), pero no sé si me gusta como interpreta a este personaje, en realidad, lo que no me gusta es el personaje que es totalmente increíble, que establece una relación increíble con una paciente y su familia y, por si fuera poco, le canta canciones en el quirófano. No me ha gustado el personaje, pero creo que no es culpa del actor.
Estuvo nominada a tres Goya:

  • Mejor actriz protagonista para Penélope Cruz.
  • Mejor Música.
  • Mejor Peluquería y Maquillaje.
Se fue de vacío y no puedo decir nada porque no he visto ninguna de las películas que competían con ella a cualquiera de los tres premios.
La película se ve, que es más de lo que yo puedo decir de las dos anteriores, pero decepciona como obra de un director que nos regaló historias tan especiales y sutiles como "Los amantes del Círculo Polar" y "Lucía y el sexo"


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domingo, 14 de febrero de 2016

Carta de desamor


La celebración de San Valentín como patrón de los enamorados, no es algo reciente ni mucho menos importado de los USA como sucede últimamente con muchas de las celebraciones más exitosas. No voy a contar la historia porque cualquiera la puede encontrar navegando un poco por internet o yendo directamente a la Wikipedia como he hecho yo que, aunque me sabía la historia, no recordaba exactamente la fecha en que se instituyó la fiesta por parte de la Iglesia Católica. Pues bien, fue en el remoto año 498, por el Papa Gelasio I.
Sí es cierto que la fiesta ha adquirido especial relevancia en los países anglosajones donde se celebra regalando tarjetas, compradas o elaboradas personalmente, a las personas amadas.
Con motivo del día de San Valentín y como no quiero pecar de melosilla, voy a publicar una carta de desamor que escribí a raíz de una invitación del blog de Carmen Pinedo para verbalizar una de las pinturas propuestas que me resultó particularmente sugerente.

James Carroll Beckwith, La carta (1910)
Me voy. No es mucho lo que queda por decir. Tras estos años de amor y resentimiento, de felicidad y pesar, todo mezclado y formando parte de lo mismo, he encontrado la paz.
Nuestro amor ha sido más como una droga, necesaria pero destructora, que el remanso tranquilo en que debe descansar la vida de los que han encontrado el amor. 
Por fin, me veo con fuerzas para abandonar tanto dolor y tan excesivo placer. Tal vez encuentre más monotonía que pasión, pero descansaré en los brazos de una relación más relajada que me traerá la serenidad que anhelo.
Solo siento darte la noticia cuando tan penosos momentos te llenan de amargura. Perdona la ocasión y comprende el motivo. 
Nunca te olvidaré."


miércoles, 10 de febrero de 2016

"El discreto encanto de la vida conyugal" Douglas Kennedy


Hannah es una adolescente en los años sesenta y tiene unos padres que todos hubiéramos envidiado a esa edad: su padre, John Winthrop Latham, es profesor en la universidad de Vermont y un activista contra la Guerra de Vietnam, su madre una pintora de cierta fama, moderna y muy independiente y liberal. Ambos son muy progresistas y le dan una gran libertad a Hannah, pero a veces no es libertad lo que una joven necesita, sino atención, comprensión y sentirse respaldada. Es quizás por eso por lo que Hannah se echa un novio en los primeros años de Universidad y se casa muy pronto para escándalo de su madre "Si quieres la verdad, la tendrás: no puedo entender de ninguna manera cómo a los veinte años te has convertido en una amita de tu casa [...] si quieres enterrarte en un bonito callejón sin salida doméstico con el médico de tus sueños... "
Los matrimonios de Hannah y Dan y de sus padres no podrían ser más dispares. John y Dorothy son muy independientes, tienen sus amantes, sobre todo John, y si permanecen juntos hasta el final es, aparte de por una especie de adicción mutua de esas que son tan frecuentes como difíciles de entender, por causas que no quiero revelar para los que piensen leer el libro, pero vaya por delante, y eso no me lo callo, que Dorothy es una bruja que siempre se tiene que salir con la suya sin importarle lo que se pueda llevar por delante, normalmente a su marido y a su hija.
Pero la historia principal, si bien muy marcada por los padres de Hannah, es la de ésta con su marido, Dan Buchan, un médico tan complaciente como previsible (hasta que deja de serlo) y que le proporcionará a Hannah un matrimonio con pocas emociones, pero estable (hasta que deja de serlo).
La novela, la vida de Dan y Hannah, está dividida en dos partes. La primera comprende el periodo entre los años 1966 y 1973 y es el relato de un error, de una culpa que Hannah ha arrastrado durante toda su vida, que casi ha conseguido creer que ha olvidado, hasta que, en la segunda parte, en 2003, ese error despierta en las peores circunstancias para poner del revés la vida de Hannah, su matrimonio y sus relaciones con sus hijos.
Douglas Kennedy
En 1973 Hannah trabaja de ayudante en la Bibliotca de Pelham, Maine. Dan es médico de familia en una sustitución que durará un año. Tienen un niño de seis meses y Hannah empieza a sentir el peso del "callejón sin salida doméstico" que su madre le había vaticinado, cuando recibe la visita de un periodista amigo de su padre de viaje por la zona. Tobias Judson es un hombre jovial, simpático y guapo. Dan se encuentra fuera de la ciudad para visitar a su padre enfermo y Hannah cae en una aventura que la distrae de la rutina en la que se ha convertido su vida a los veintidós años "Sí, me sentía frustrada. Sí, me sentía poco amada, y sabía que en gran parte era culpa mía si me encontraba en un sitio donde no quería estar. Y me sentía halagada, deslumbrada, porque Tobias Judson —estrella radical extraordinaria, un trofeo para las mujeres de izquierda— quisiera fugarse conmigo". Pero como sucede a menudo, las cosas no son lo que parecen y Hannah se verá sola, deseando que vuelva Dan para poder volver a sumergirse sin demasiadas heridas en la vida aburrida y en la sensación de estar atrapada por siempre jamás. "Y nunca volví a ser infiel a Dan. Y la recompensa era... ¿Estabilidad? Supongo que sí"
Estamos en 2003 y en treinta años han pasado muchas cosas en el mundo. Tras la caída del muro de Berlín y los atentados del 11S, el mundo occidental y Estados Unidos, en particular, se halla metido en una ola de conservadurismo que contrasta escandalosamente con las ideas de cambio y revolución de los años sesenta y setenta; con la búsqueda de la liberación sexual, las drogas alucinógenas y la música de rock que abrieran nuevos caminos a la libertad. 
Hannah y Dan viven en Falmouth Foreside, cerca de Portland, Maine. Dan trabaja en el Centro
Paisajes de Portland Maine
Médico de Maine y Hannah es maestra en la escuela Nathaniel Hawthorne. Tienen dos hijos, Lizzy
y Jeff que ya viven por su cuenta. Jeff ha evolucionado de la manera que menos podrían esperarse sus padres y abuelos: es un feroz conservador, "presidente de la Coalición ProVida de Connecticut, figura destacada en la Iglesia Libre Evangélica, dos hijos, casado con Shannon Moran, copresidenta de la Coalición ProVida de Connecticut"
Los acontecimientos se precipitan sobre una vida que Hannah ha conseguido enderezar desde los hechos un tanto turbulentos de 1973. Sigue casada, más o menos felizmente, con su previsible y aburrido marido, asiste a una tertulia literaria, da clases en una buena escuela donde es apreciada por sus compañeros y alumnos, sus hijos están establecidos por su cuenta y todo en la vida parece estable, sereno y definitivo. 
Pero de pronto, toda esa paz y estabilidad se le cae de entre las manos y se estrella contra un suelo hecho de una hija inestable que se ve abandonada por su amante y es incapaz de enfrentarse a ello con madurez; un libro recién publicado que está a punto de revelar aquellos hechos ocurridos hace exactamente treinta años; un hijo intolerante que no soporta enfrentarse a los fantasmas que asedian a su madre y hermana; una amiga del alma que amenaza con abandonar a Hannah cuando más la necesita. 
Los problemas que se esconden en el seno de las familias; los secretos que cada persona oculta en su interior celosamente, colocados al lado de la culpa; el amor incondicional que se puede convertir en resentimiento y el resentimiento que oculta un amor sin condiciones. Y más cosas porque esta novela pone en entredicho el papel de la prensa, la rosa, la amarilla y la que se podría considerar más seria. La prensa cuya obligación es informar, la prensa a la cual le debe tanto (casi todo) la democracia, la prensa que a veces traspasa la linea entre el derecho a la información y la más absoluta falta de discreción y respeto a la intimidad de las personas que han tenido la mala suerte de caer ante ella como ante las ruedas gigantes de una apisonadora inmisericorde.
Esta es la segunda novela de Douglas Kennedy que leo. La otra fue "El momento en que todo cambió" y me gustó aún más que esta. Se trata de un autor que ha vivido muchas de las experiencias que trata en sus novelas y muy concretamente en "El discreto encanto de la vida conyugal". Hijo de un matrimonio infeliz entre cuyas peleas y discusiones vivió como él mismo ha declarado, se divorció tras veinticinco años de matrimonio "¿Por qué he estado tanto tiempo casado si era infeliz? Cambiar cuesta tanto... Pero sentirse solo en un matrimonio es un dolor inútil"*. Un autor que sabe de lo que habla y nos lo cuenta sin adornos ni complacencias. Todos navegamos en el mar de nuestras propias inseguridades y nos ahogamos en las inseguridades ajenas, pero todos tenemos derecho a sacar la cabeza y tomar aire y seguir adelante confiando en no defraudarnos excesivamente.
"¿Qué tiene de malo la duda? ¿Cómo puede alguien sostener un punto de vista en blanco y negro sobre algo cuando, al final, casi todas las interacciones humanas son intensamente grises? Los que están más cerca de nosotros hacen cosas que nos desconciertan. Nosotros mismos hacemos cosas que no comprendemos totalmente. Porque nunca entendemos del todo a los demás, y menos aún a nosotros mismos.
—«Mi fortaleza es perfecta en la debilidad.»"
*Declaraciones extraídas de una entrevista que el autor concedió a Woman.es con motivo de la publicación de su última novela "La vida empieza hoy" (7 de Marzo de 2014)
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lunes, 8 de febrero de 2016

"La gran apuesta" Adam McKay



Qué sensación más extraña e inquietante es salir del cine con la sensación de no haber entendido nada. Es por eso por lo que no creo que la reseña dé mucho de sí. Es difícil hablar cuando es mucho más lo que no se comprende que lo que sí.
Empezaré por lo que he entendido. Algo de ello lo había entendido ya hace muchos años, antes incluso de que la crisis estallara. Hablo de España, lógicamente, aunque en Estados Unidos la cosa debió de ser similar tal y como lo cuenta la película. 
Asunto 1: las casas no son pantalones que puedes tener dos, cuatro o veinte, depende de tu poder adquisitivo y de tu carácter más o menos caprichoso; asunto 2: se construían más casas que ciudadanos hay en el país y eso tiene que llegar un momento en que colapsa por lo dicho en el asunto 1; asunto 3: la ley de la oferta y la demanda dice que cuando hay mucha oferta de un producto, su precio baja; asunto 4: la oferta de casas era infinita y su precio aumentaba hasta el infinito contradiciendo el asunto 3; asunto 5: llegó un momento en que cualquiera con un trabajo inestable y no muy bien remunerado podía obtener un crédito para comprar un chalet, un descapotable y el perro que adorna todo chalet que se precie. 
Todo esto era conversación a la hora de la comida entre mi marido y yo en los años 2005, 2006, 2007... Y nos preguntábamos "¿pero es que nadie se da cuenta de este contrasentido?", pero en el fondo, como ambos somos biólogos y no entendemos nada de economía, yo menos que él, pensábamos que algo se nos escapaba. ¿Cómo no se iban a dar cuenta los grandes economistas, los grandes banqueros, los grandes políticos de algo que veían claramente dos biólogos amantes del cine y la literatura (él también de la música de jazz)? Así es que debíamos estar equivocados.
Pero hete aquí (me encanta eso de hete) que había grandes sabios relacionados con las finanzas que también estaban viendo lo mismo que nosotros ya desde 2002 y estaban avisando y se quedaban alucinados de que nadie más lo viera y sobre eso es sobre lo que trata esta película. 
Michae Burry (Christian Bale) es jefe de un fondo de capital*, tiene un ojo de cristal y padece síndrome
Christian Bale
de Asperger
(eso lo he averiguado después en la Wikipedia; en la película no se menciona, aunque algo se nota); Mark Baum (Stephe Carrell) es jefe de un fondo de riesgo*; Jared Bennett (Ryan Gosling) es un trabajador de Deutche Bank.  Por otro lado, están dos jóvenes inversionistas faltos de capital (solo tienen unas decenas de millones de dólares en un mundo en que la unidad es de billones americanos, o sea mil millones) para introducirse en el mundo de Wall Street. Son Jamie Shipley y Charlie Geller que solicitarán la ayuda de un banquero, antiguo profesor o mentor de algún tipo, Ben Rickert (magníficamente interpretado por un Brad Pitt
Brad Pitt
difífcilmente reconocible). Creo que no me queda ningún personaje relevante. Estos son los que, por causas variadas, se dieron cuenta de la que se estaba preparando y decidieron sacar provecho de la situación. El cómo es algo que intuyo, sin entenderlo bien. Se trata de apostar en contra de la banca y de los bonos de acciones calificados como triple A cuando escondían en realidad bonos basura en forma de hipotecas inmobiliarias impagadas. 

Finalmente, y a pesar de tener razón, no se enriquecieron en exceso, alguno incluso perdió dinero y es que, con razón o sin ella, donde mejor se está es del lado de los que, la tengan o no la tengan, siempre tienen la razón. Seguro que se entiende el trabalenguas. 
La conclusión a la que llega uno de los personajes tras el rescate de la banca por la Reserva Federal, es que lo que sucedía no era que los bancos ignoraran lo que se les venía encima, es que les daba igual porque los contribuyentes (usted y yo y nuestros equivalentes en los USA) les iban a rescatar y, por si fuera poco, todas las ganancias personales acumuladas durante los años de la vorágine ya estaban a salvo en paraísos fiscales.
Una película (basada en un libro del mismo título de Michael Lewis) en la que, sin entender mucho, entiendes los más importante; con una banda sonora muy variada que acompaña de maravilla las diferentes escenas y los momentos variados de la trama; contada por una voz en off que, en varias ocasiones, da paso a personajes que sólo aparecen en esos momentos, que se dirigen al espectador para explicarle, con ejemplos sacados de la vida absurda que se vive en los paraísos del capitalismo, ciertos conceptos económicos. Con unas interpretaciones extraordinarias, sobre todo las 
Steve Carrell
de Christian Bale y Steve Carrell (sin olvidar al siempre genial Bradd Pitt que con ser muy guapo, es aún mejor actor) y un sentido del humor un tanto negro, se ve muy a gusto, se disfruta todo el tiempo y se siente una profunda impotencia cuando se sospecha que, al menos en España, se está volviendo a inflar eso que se ha dado en llamar "la burbuja inmobiliaria". 

Yo soy de la opinión de que el capitalismo es un sistema que se come a sí mismo y que su fin (que creo que ya ha comenzado) es morir de éxito.
la película está nominada a cinco Oscar:
Mejor película
Mejor director                  Adam McKay
Mejor actor de reparto    Christian Bale
Mejor guión adaptado
Mejor montaje
* La información acerca de estos puestos de trabajo la he sacado de Sensacine porque yo salí del cine sin entender a que se dedicaban estos dos buenos hombres (y sigo sin saberlo, si a eso vamos).




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sábado, 6 de febrero de 2016

Premio Co.menta



Este premio tan bonito y refrescante me lo ha otorgado Francisco Moroz en su blog "Abrazo de libro". Es un premio muy especial pues la idea se debe a Joseme españoles del blog "Viaje y fotos" y fue secundada en la tarea de su creación por Chari BR7, Marigem Saldelapuro, Inma Cabezas y el propio Francisco al que se debe el diseño que es precioso.
El nombre Co.Menta, en palabras de su creadora, está dividido en dos palabras "Co lleva implícito: compañía, compañeros, comunidad, colectivo confianza". Menta se refiere a la "frescura del comentario, un aire fresco que motiva a seguir con otras publicaciones".
El micrófono con la pluma que aparece en el diseño, sería una representación de la comunicación hablada y escrita.
Las normas son:
  1. Debes valorar el contenido de los comentarios de la persona que se premie, sus palabras y corrección en el lenguaje y su contenido en cuanto a originalidad, aporte, enseñanza u otros valores apreciativos. También la frecuencia con la que esa persona participa en el blog.
  2. Cuando recibas el premio, primero debes agradecer a quien te lo entregó y luego debes pensar en dos personas para nominar y compartirlo.
  3. Para los que tenéis blog, una sola imagen del premio ya reconoce vuestra participación. Si eres nominado varias veces, solo tienes que mencionar los blogs que te han nominado.
  4. Si no tienes blog, incluye el premio en tu perfil de G+, especificando quien te nominó.
Por mi parte, voy a nominar a dos personas que aparecieron por mi mundo bloguero muy al principio. Hay más personas que se lo merecerían, pero puestos a escoger solo dos, me he decidido por las más antiguas seguidoras.
Ambas, junto a Francisco, han estado ahí casi desde el primer momento. Sus comentarios son seguros, amables y sentidos; no siempre estamos de acuerdo en gustos, pero el respeto y la fidelidad siempre están presentes. Por todo ello les doy las gracias a Kirke y a Chelo, y a Francisco, además, por este premio que me encanta.


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