Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

sábado, 30 de abril de 2016

Un tranquilo y sereno atardecer de verano


Esta preciosa y sugerente pintura se la he robado (con su amabilísimo permiso) a Manuel Casanova que en su blog, "Equinoccio", nos deleitó con una exposición virtual en tres partes. Ya es la segunda que le tomo prestada para escribir un relato sobre ella. La otra, por si os interesa, la podéis ver en este mismo blog. No será la última porque cada vez que contemplo sus exposiciones virtuales, las cogería todas.


La farola apagada (Manuel Casanova)

"Acaba de desaparecer la luz. No veo nada. Qué serena ha quedado la tarde, se han esfumado todos los ruidos e incluso el olor a madreselva, el olor de esas flores entre las que termino de revolotear, parece que se ha diluido en el calor de la tarde. Aunque ahora que lo pienso, ya no hace calor. Tampoco se nota ese otro olor como a quemado que noté justo antes de hacerse la oscuridad. ¿Por qué se habrá apagado la luz? Me he dirigido hacia ella como tantas otras veces y cuando ya casi podía tocarla con el borde de mis alas polvorientas, ha desaparecido".
Un poco más abajo, en el suelo, los niños que juegan rayuela en el cálido crepúsculo del verano, se quedan mirando con un guiño de ojos el luminoso resplandor de la farola y comentan el olor a chamuscado. Otra mariposa acaba de caer achicharrada.


viernes, 29 de abril de 2016

"París-Austerlitz" Rafael Chirbes


Esta es la última novela que se ha publicado de Rafael Chirbes, el autor que nos dejó inesperadamente el pasado 15 de Agosto. Tenía 67 años y, estoy segura, mucho todavía por contar. Dejó esta novela inacabada; llevaba muchos años escribiéndola, exactamente desde 1996. Al final del libro aparecen las fechas de inicio y fin: 
Valverde de Burguillos, octubre de 1996- 
Beniarbeig, mayo de 2015.
Y sin embargo, tras leer el libro, no puedo quitarme la sensación de que nunca lo terminó. El final es demasiado brusco, tan desprevenido como el de su autor, muerto pocos días o semanas (no me ha quedado claro) después de que se le diagnosticara un cáncer de pulmón.
Conocí a Chirbes, literariamente hablando, hace ya ocho años con "La buena letra" seguida pocos días después por "Crematorio". Si la primera me gustó, la segunda, tal vez por ser una historia más larga, tal vez por adentrarse en un tema de más actualidad (no sabíamos aún cuan actual y real acabaría siendo), me fascinó. El mundo corrupto en que vamos viendo inmersos a todos sus familiares a rebufo de la muerte de Matías Bertomeu, es la mejor imagen de la España de la época que podríamos obtener. Ni los más sesudos ensayos socioeconómicos o históricos mejorarían esa estampa bronca, chulesca, prepotente, de toda una clase que pocos años después se va viendo ante los tribunales, mientras piensa. "¿Cómo me puede estar pasando esto a mí?" 
Me quedé prendada y prendida de este autor del que después he ido leyendo más novelas; "En la orilla", la única que publicó después de
"Crematorio" (salvo la presente), pero también algunas de las antiguas, de las que ya sólo me quedan un par de ellas.
"París Austerlitz" es una novela extraña. Se trata de un monólogo en el que un joven pintor madrileño que se ha ido a París huyendo de una familia burguesa y previsible en su gazmoñería, nos habla de su amante, Michel, un obrero normando que le lleva treinta años, trabajador en una fábrica y que pasa sus últimos días enfermo de SIDA en un hospital. Nos cuenta una historia que vista desde fuera es la historia de "el chico bien vestido que acompaña al obrero borracho Michel. Que se folla al borracho Michel. Que seguramente le paga porque es un rico vicioso que se excita con los marginados"
Pero nada más lejos de la realidad. El narrador se enamoró de Michel, del cuerpo recio y la ternura de Michel; el narrador no podía pagar a Michel porque, desheredado por sus padres, cuando se conocieron acababan de echarle del piso que compartía por falta de pago y fue Michel quien lo acogió y lo mantuvo durante un tiempo, hasta que el narrador encontró trabajo en una empresa de diseño.
Aunque quizás esa tampoco es toda la verdad porque cuando nuestro narrador encuentra trabajo y poco después sus padres ponen una cuenta nutrida a su nombre, empieza a ver pequeño el apartamento de Michel, sin luz, sin sitio para sus pinturas... y el amor se va convirtiendo en otra cosa: "maintenant comme des bons amis"; va viéndose acosado por la idea de que Michel lo tiene demasiado absorbido, prisionero, y siente que debe recuperar la libertad. Siente que Michel se ha aprovechado de él, que en su relación sexual ha sido utilizado por su pareja para su propio disfrute. No se da cuenta (¿o sí?) de que el sexo es egoísta, el amor es egoísta. Cada miembro de la pareja utiliza al otro para su propio disfrute y bienestar: nadie permanece junto a otra persona si esa permanencia no le proporciona felicidad, alegría, si no le facilita la vida de alguna manera. Sólo cuando el amor termina sentimos, injustamente, que el otro se ha aprovechado de nosotros sin ver que eso, siendo cierto, ha sido recíproco.
No estoy contando cosas fundamentales de la historia porque todo esto, casi todo, se sabe desde
Rafael Chirbes
las primeras páginas y además en esta novela, lo más importante no es lo que pasa, que también, sino la forma en que está contado. 
Con saltos en el tiempo, el narrador nos narra la estancia de Michel en el hospital y sus escasas visitas, así como la historia de su relación desde el principio. Pero también nos muestra el pasado de Michel, su infancia durante la Guerra, en el pueblo de Normandía del que es natural. La novela es también un resumen de la vida de Michel desde el primer recuerdo que tiene de su padre hasta su muerte por SIDA (palabra que creo que no se pronuncia en toda la novela, sustituida por "la plaga"). Michel es desde mi punto de vista el personaje principal. Su vida ha transitado por el miedo desde sus primeros recuerdos abrazado a su madre en el establo desde donde veía "el lejano resplandor de los proyectiles cayendo en la noche –el sonido de un siniestro tambor– mientras su madre y él permanecen acurrucados en un rincón", hasta sus últimos días, atenazado por el miedo a la muerte, abrazado al narrador y pidiéndole que no le abandone "No me dejes, suplicaba. Me hacía daño, me clavaba las uñas en la espalda"
Michel todo lo disculpa como una herencia de su madre (su necesidad de amor y compañía) o de su padre (el pitido de los bronquios, que más bien se debería a lo mucho que fumaba) "los pobres no heredan bienes inmuebles ni acciones bancarias, heredan taras, enfermedades, manías y sentimientos". Michel termina por agobiar al narrador con su exigencia de fidelidad y cariño y sus miradas suspicaces. El narrador sale huyendo de tales exigencias pero para entonces ya no necesita a Michel. 
Una novela en la que se analiza el amor y el desamor; el amor egoísta en su entrega exigente, el desamor celoso y expectante de independencia y libertad. Una novela de sentimientos, muy intimista y pasional en la que Rafael Chirbes, tal vez, desnuda su alma (parece ser en parte autobiográfica); tal vez, por eso le costó tanto tiempo terminarla; tal vez por eso, como yo pienso, nunca la terminó. Quien la lea juzgará acerca de si realmente ese es el fin con el que Chirbes quería entregarla a la Editorial o si, por el contrario, aún le quedaban cosas por añadir.
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lunes, 25 de abril de 2016

"Días para morir en el paraíso" Jaime Molina García


Esta es una novela extraña. Al menos, no es un tipo de novela que yo suela leer porque se trata de una novela de ciencia ficción, género al que no soy muy aficionada. Pero, por otra parte, se trata de una novela de intriga e investigación, donde las cosas no son siempre todo lo que parecen, las personas no son lo que parecen y a veces ni siquiera son quienes parecen, creen o dicen ser; es una novela policíaca, pero sin policías (como tantas) y a eso ya me suelo apuntar con gran deleite por lo que empecé el libro con cierto escepticismo expectante. 
Estamos en Antagón, un lugar imaginario, una distopía que no cabe en ningún mapa conocido, ubicada en un tiempo que no se localiza en ninguna de las escalas utilizadas al efecto.
Estamos en un lugar del futuro, en un planeta que bien podría ser la Tierra u otro cualquiera de los planetas habitados que, a buen seguro, existen por esas galaxias. Sea donde sea, sea cuando sea, se trata de un mundo muy diferente al nuestro, con un aire irrespirable, con una tecnología muy avanzada, sin vegetación... y, no obstante, sus habitantes se parecen tanto a los de nuestro mundo que esas características diferenciadoras bien podían ser atributos sin importancia en lo que significa el comportamiento humano (aunque esos humanos sean, que no creo, extraterrestres)
La novela trata de un lugar devastado por la superpoblación, el agotamiento de los recursos y la guerra consecuente que vino a poner las cosas en su sitio y a intentar equilibrar lo que ya nadie podía equilibrar. "Cuando de niños nos daban a conocer la historia de Antagón aprendíamos que las primeras guerras se libraron por el control del agua.Una serie de estragos terribles redujeron la población a la tercera parte, volviendo de esta forma tan cruenta a unas cifras de habitantes que el planeta no había conocido desde la mítica era de Acuario".
Se nos muestra un mundo del futuro que quizás 
Smog fotoquímico
empieza a estar en el presente. ¿Quién no ha visto las grandes ciudades bajo el manto de polución que las deja fantasmales entre una neblina grisácea? Smog fotoquímico se llama. ¿Quién no se ha asombrado al ver en los telediarios la enorme contaminación que obliga a los chinos a salir a la calle provistos de mascarillas?
La novela está narrada en primera persona por Vidal, un funcionario del Ministerio de Información que "cada mañana debía examinar aquellos casos que aún no habían sido resueltos y verificar aquellos otros que podían ser susceptibles de revisiones". Vidal es un hombre solitario y atormentado tras su ruptura amorosa con Albanta, con la que ha convivido hasta hace poco. La angustia de llegar a una casa vacía le hace pasar cada vez más tiempo en el ministerio y pedir más trabajo con el que ocupar su tiempo, retrasando cada vez más el momento triste de la vuelta a casa y a su soledad. Es así como se encuentra ante los expedientes no resueltos de su antecesor, Renian, y empieza a investigar un caso de enorme interés: un turbio asunto acaecido a raíz de la muerte de Volpi, el mayor fabricante de los cilindros de aire del que depende todo el mundo cada vez que se tienen que aventurar fuera de los recintos (hogar, trabajo) especialmente ventilados. Y es que el aire de Antagón se ha vuelto irrespirable a base de contaminación. Empresas más pequeñas, auspiciadas desde el Estado, desean terminar con la preponderancia de Volpi, que vende el aire muy barato, para poder subir los precios y enriquecerse a costa de un recurso vital.
En Antagón la vigilancia del Estado sobre sus habitantes es máxima con una Ley Especial de Privacidad de Datos que "permitía a un cuerpo especial de funcionarios el acceso ilimitado a toda la información económica y de carácter personal de los ciudadanos". Esto, que siempre ha significado la pesadilla de todos los que han imaginado mundos futuros, se acompaña de las pesadillas más recurrentes del mundo actual: la corrupción del estado, la explotación, los intereses del mercado por encima de los intereses de los ciudadanos. "El aire que respiramos es un filón seguro, [...] que muchas mafias han explorado antes, [...]porque el verdadero quid para los llamados inversores radica [...]en encontrar negocios llamativos, sin riesgo, pero lucrativos. [...]resulta fácil engañar a los pobres incautos que sucumben en sus redes: los embaucan con falsas promesas teñidas de ecologismo, [...]para obtener lo que más anhelan: controlar los territorios puros, las pocas selvas que aún quedan intactas y, en definitiva, las escasas fuentes de oxígeno. 
[...] Los países que poseen estas riquezas naturales están subdesarrollados, [...] Resulta
fácil convencer a sus habitantes para que colaboren con sus desaprensivas intenciones. Les prometen dinero fácil, riqueza inmediata [...] pero mienten, y saben mentir muy bien".
Nada nuevo bajo el sol; nada que no nos suene como algo habitual desde hace un par de siglos.
En su búsqueda de Volpi, tras los pasos de Renian, Vidal, acompañado de Vanella, un androide femenino, se encontrará con su propio pasado, llegará a los límites habitables de Antagón y más allá,  y tendrá que enfrentarse al hecho de que el poder del estado es aún superior a lo que él suponía y que no sabe muy bien quién es y en qué consiste su vida. 
Jaime Molina García
 Y nosotros tendremos que decidir qué es lo que hemos leído porque el autor, sin demasiadas explicaciones innecesarias, nos deja elegir, no sólo el final, que queda bastante abierto, sino incluso la interpretación que le queremos dar a la historia. No voy revelar más de lo necesario, pero quiero decir que he leído la novela con interés y curiosidad; creo que plantea muy bien la tesis de que el comportamiento humano y los mayores problemas de las sociedades organizadas radican en los mismos factores independientemente del grado de evolución al que se haya llegado, tal vez porque son características que nuestra especie arrastra desde su origen; tal vez el afán de dominio, el egoísmo, la violencia que nos permitieron sobrevivir en condiciones no siempre favorables, sean el precio que nos ha costado llegar a donde hemos llegado, llegar a donde el futuro nos tenga reservado.
Y me ha gustado el final por todas esas puertas que deja abiertas, porque no llega a decirme qué es lo que he leído, si sueño o realidad ni quien lo sueña o lo vive y eso me deja libertad para interpretar la historia por mí misma.
Jaime Molina García es un autor granadino que trabaja como docente en la Universidad de la misma ciudad. Es autor de relatos, novelas cortas ("El pianista acompañante" y "El fantasma de John Wayne") y las novelas "Lejos del cielo", "La Fundación 2.1" y "Una casa respetable", además de la presente.

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sábado, 23 de abril de 2016

"Canadá" Richard Ford


Cuando faltaba poco más de una semana para empezar el instituto, la vida de Dell Parsons se vino abajo como un almiar golpeado por un tornado con la contundencia y falta de piedad con que sólo la naturaleza sabe golpear.
La novela, narrada en primera persona por el propio Dell, comienza de una manera que, contando lo principal, no desvela nada, sino que nos deja con unas inmensas ganas de descubrir todo lo que se oculta tras estas palabras:
"Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después. El atraco es la parte más importante, ya que nos puso a mi hermana y a mí en las sendas que acabarían tomando nuestras vidas. Nada tendría sentido si no se contase esto antes que nada". Porque lo que pudo hacer a sus padres atracar un banco es algo que Dell tratará de descubrir durante muchos años. De su padre llegará a pensar, al rememorar ciertas conversaciones, que siempre había tenido deseos de hacerlo, pero lo que pudo empujar a su madre a secundar tan disparatada idea, a meterse en el pozo sin fondo en el que al final terminaron ambos, es algo mucho más misterioso. 
Los Parsons son una familia normal. El padre, Bev (de Beverly que él nunca admitió que para la mayoría de la gente fuera nombre de mujer), es un típico chico del sur nacido en Alabama. Pasó la Segunda Guerra Mundial como bombardero de aviación ya que carecía de aptitudes para ser piloto como habría desea. La madre, Neeva (de Geneva), hija única de un matrimonio judío proveniente de Polonia y asentado en Tacoma, Washington, se vio obligada a casarse con Bev tras quedar embarazada a poco de acabarse la guerra. No estaban hechos el uno para el otro, pero no era sólo eso, "es más preciso afirmar que la boda de nuestra madre con nuestro padre fue el presagio de una pérdida, y que su vida cambió para siempre —y no para bien—, como seguramente ella habrá pensado tantas veces".
En 1960, Dell y su hermana melliza, Berner, tienen quince años y viven en Great Falls,
La población de Great Falls, Montana,
a orillas del río Missouri
Montana, donde su padre se ha licenciado hace unos meses de las Fuerzas aéreas y trata de ganarse la vida con trabajos poco fiables que esconden actividades poco honorables. Su madre "se desplazaba todos los días lectivos a la pequeña población de Fort Shaw, donde daba clases en penúltimo año de primaria". Dell, por su parte, espera con ansiedad que comience el curso porque es agosto y están de vacaciones y a Dell, ante los cambios continuos de ciudad tras los pasos de su padre y sus traslados de una base militar a otra, ha empezado a importarle de verdad el colegio, es en el colegio, en los distintos colegios, donde encuentra una continuidad estable, él no ha 
pertenecido a las ciudades en las que ha vivido, ha pertenecido a sus colegios. "Saber cosas se convirtió en algo muy importante para mí, con independencia de cuáles fueran esas cosas".
Su vida es poco convencional, no tienen amigos, no participan en ningún tipo de actividad: ni bailes ni boy scouts. Su madre teme que se queden en aquel ambiente si llegan a integrarse en él, y ese ambiente pueblerino que a ella la asfixia, le resulta inadecuado para sus hijos por lo que prefiere su desarraigo a una adaptación que podría resolverse en aceptación. "Si nos acomodábamos a aquella vida, pensaba nuestra madre, inevitablemente aumentarían las posibilidades de que los dos acabáramos quedándonos donde estábamos".
De manera que Dell piensa en su próximo curso en el instituto; y en criar abejas y en jugar al ajedrez; y piensa en la universidad, y todo ello se viene abajo cuando un domingo por la mañana, poco antes de coger el tren hacia Seattle, camino de Tacoma, a donde su madre los lleva decidida por fin a separarse del padre, dos policías entran en la casa y se llevan esposado al matrimonio acusado de haber robado el Agricultural National Bank de Creekmore, en Dakota del Norte.
A partir de ese momento, la vida de los hermanos tomará rumbos distintos. Ante el empeño de su madre de que no caigan en manos de los Servicios Sociales y terminen en un orfanato, Berner, más madura e inconformista que su hermano, se va de casa, "ella ya había empezado a compartir el mundo y yo no. Yo había sido abandonado en él"
Dell termina en Canadá y allí su vida se aleja todo lo que es posible de sus sueños de estudios y abejas y ajedrez. Compagina varios trabajos para el hombre que se ha hecho cargo de él, Arthur Remlinger, propietario de un hotel en Fort Royal, Saskatchewan, y organizador de
Praderas cerealistas en Saskatchewan, Canadá
partidas de caza de gansos. En todo ello ayuda Dell cuya necesidad de una figura paterna hace que admire a Arthur y se sienta frustrado por la indiferencia con que éste le trata. Sueña con un giro que cambie su vida y le permita conseguir que sus sueños de conocimiento se cumplan. Pero "el hecho de cruzar una frontera no cambia nada en realidad". Cuando finalmente Dell consiga que Arthur lo presente como su hijo, será para continuar encontrándose con su destino adverso, para seguir enredando los hilos de su destino alrededor de unas circunstancias que se suceden inexorablemente sin que nada pueda evitarlo porque los hechos que le han marcado, que han marcado la vida de ambos hermanos, que se produjeron sin su intervención ni conocimiento, están ahí para siempre y como le dirá Berner tiempo después "No puedo hacer otra cosa que reírme. Y todos nosotros venimos de eso. Fue el acontecimiento de nuestra vida, ¿no te parece? Un puto desastre, sobre el que todo fue amontonándose después". Pero para entonces han pasado muchos años y la vida que se ha amontonado sobre ellos tras el atraco de sus padres ha sido vivida por cada uno de los dos a su manera más o menos satisfactoria, pero no han podido evitar un poso de incertidumbre por lo que pudo ser, por lo que han podido perderse; un poso de incertidumbre que los ha dejado inermes a merced de su destino como pajaritos indefensos en la mano nerviosa de un cruel rapazuelo. "Entonces sentí una súbita punzada de añoranza... de ser joven, de que la vida que había vivido fuera un sueño del que habría de despertar en un tren rumbo a Seattle".

Richard Ford es uno de los escritores más respetados de la actual literatura norteamericana.
Richard Ford
Nació en 1944 en Jackson, Mississippi.
En 1996 obtuvo los premios Faulkner y Pulitzer por su novela "El día de la Independencia", segunda de las protagonizadas por Frank Bascombe, uno de los personajes más humanos y mejor perfilados con que he tenido el placer de encontrarme en una novela. O mejor dicho, en tres, porque junto a las otras dos novelas de la serie, "El periodista deportivo" (1986) y "Acción de gracias" (2006), cada diez años, con puntualidad cronométrica, este autor nos ha ido desgranando las andanzas del bueno de Frank, un hombre normal, aquejado por problemas normales, que vive la vida superando fracasos y desolaciones, celebrando los momentos positivos y peleando como todos para poder salir adelante
con el mínimo daño posible. Un Frank del que Richard Ford publicó en 2014 una cuarta entrega, "Francamente, Frank, esta vez compuesta por cuatro novelas cortas que estoy deseando leer.
"Canadá" se publicó en el mismo 2014, poco antes que esta cuarta entrega de Frank Bascombe.
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viernes, 22 de abril de 2016

22 de Abril de 1616 - 22 de Abril de 2016



Cuando se cumplen 400 años de la muerte de Miguel de Cervantes, se suceden los homenajes y celebraciones. Quiero compartir aquí las muestras de celebración que se están produciendo en el instituto en el que trabajo.
El libro gigante con las figuras de Don Quijote y Sancho escapándose de sus páginas, lo han hecho los alumnos en sus clases con la profesora de Plástica

Es un trabajo precioso en el que, como se ve, incluso se ha escrito el inicio de la novela.

                               
Las casas que aparecen en la contraportada del libro representando un pueblecito manchego, bajo la firma de Cervantes, están en relieve.
Esto se ha situado en el vestíbulo del instituto y, justo enfrente, se ha simulado una taberna de la época donde en los recreos los alumnos venden pan, vino (mosto negro, no empecemos a pensar mal) y queso manchego.


Ya sé que la taberna está muy solitaria, pero es que, hace unos años que no se pueden sacar fotos de menores sin el permiso paterno y he preferido sacar la foto mientras los chicos están en clase.
La taberna o Venta o Fonda la ha realizado la responsable de la Biblioteca con la ayuda de alumnos.


También es obra de la responsable de la biblioteca una exposición con varias de las cosas que hay de Cervantes en el instituto. Son sobre todo ejemplares de "El Quijote" de los que hay una buena muestra en la Biblioteca. Alguno muy hermoso con unas ilustraciones preciosas, cedido para la exposición por una profesora ya jubilada.



También algunas figuras de metal hechas con tuercas, tornillos y demás material que hizo hace años un profesor de Tecnología con sus alumnos.

Pido disculpas por las fotos, pero es que la vitrina hace que no se pueda utilizar el flash y entre que no había mucha luz y el cristal refleja todo, han quedado con muy mala calidad, pero quería compartir con vosotros este pequeño homenaje y, de paso, hacer yo el mío propio.
Para terminar otra obra preciosa que aunque no tiene que ver con Cervantes, es un precioso homenaje a los libros.

No pude sacarla entera porque ya estaba empotrándome en la pared de enfrente. 
Toda esta exposición ha tenido lugar en un pasillo donde se encuentra la Biblioteca, la Sala de profesores y los despachos de los directivos.

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lunes, 18 de abril de 2016

"Carter & West" Ana Bolox


La preciosa portada de
Josevi Blender
La Segunda Guerra mundial ha terminado, estamos en la época de los primeros biquinis, pero Inglaterra parece que sigue tan apegada a sus costumbres como siempre. Parece que estuviéramos ante una de las primeras novelas de Agatha Christie, de las escritas en las décadas de los veinte y treinta del pasado siglo; o más antiguas incluso, ante una novela de Conan Doyle ambientada a finales del siglo XIX: familias adineradas en grandes mansiones; doncellas de las que te ayudan a vestirte y desvestirte, te abren la cama y te despiertan por la mañana descorriendo las cortinas; mayordomos que te abren la puerta y te dejan esperando en el salón o la biblioteca.
"Carter & West" es una novela policíaca en la que nos imaginamos a los personajes vestidos de época; con terno, leontina y bombín a los caballeros; con largos vestidos, polisón y sombrero a las damas. 



 Pero no. Estamos en una Inglaterra más moderna, en Londres después de la Segunda Guerra mundial y seguramente Charles Carter usa traje y corbata y puede que sombrero y Kate West llevará faldas tubo un poco por debajo de la rodilla y zapatos de tacón para lucir y resaltar sus hermosas y bien torneadas piernas.
Charles Carter es detective de Scotland Yard. Fue piloto durante la Guerra y fue herido por lo que tiene una cojera que le impidió terminar la contienda en combate por lo que pasó al MI5 a las órdenes de Arthur Dwight. Eso "le había permitido seguir activo hasta el final de la Guerra. Pero, cunado ésta acabó, se sentía demasiado harto y cansado de todo [...] de modo que abandonó el ejército e ingresó en Scotland Yard".  
Kate West es una joven pelirroja de largas piernas... es decir muy atractiva, que llegará para trastocar el mundo de Charles. Es la encargada de
Ana Bolox
la agencia Looper, una agencia, compuesta por un montón de mecanógrafas, que se dedica a transcribir por encargo libros y todo tipo de documento que lo precise. Es una mujer aficionada a la novela policíaca, con enormes ganas de meterse en cualquier asunto que suponga un desafío para su fina y audaz inteligencia por lo que no pierde la oportunidad de poner en práctica sus dotes detectivescas a la menor ocasión.

El libro comienza con una "Introducción" que, en realidad es una historia más, con toda su entidad. Se trata, según la propia autora de "la versión larga del relato introductorio "Destino inexorable"". Dicha introducción está ambientada varios años antes que los otros dos relatos, en 1937, y en ella no aparece ninguno de nuestros protagonistas. Tan sólo un Arthur Dwight más joven y tan perverso como debe serlo cualquier agente de inteligencia que se precie tiene una intervención corta, pero capital, al final del relato. Es un relato con un final oscuro, ambiguo, que me ha gustado mucho precisamente por esa ambigüedad y porque me ha dejado un poco descolocada.
El siguiente relato, "Aracne", nos mete ya de lleno en las aventuras de Charles Carter porque para conocer a Kate West, deberemos esperar al tercero, "La muerte viene a cenar". Estos dos relatos, a diferencia del primero, siguen los cánones más clásicos de la novela policíaca inglesa, con finales sorprendentes, pero claros y bien explicados.
Lo que más me ha gustado de todos estos relatos es que se recupera la esencia clásica de la novela policíaca europea; aquella novela de Agatha Christie, Conan Doyle; antes de que pasara a ser patrimonio de los escritores americanos que la hicieron más compleja, la bajaron a los suburbios, la llenaron de detectives alcohólicos y perdedores y ya nunca el asesino pudo ser el mayordomo, sencillamente porque no había mayordomos ni lugar para ellos. 
Me encanta la novela negra americana (cuanto más sucia y suburbial, mejor) como a cualquiera que le guste la novela negra, pero agradezco de veras a Ana Bolox que haya sido capaz de inventar historias, personajes y tramas en las que volvemos a encontrarnos en mansiones victorianas, con el té de las cinco, con mayordomos que no son el asesino, pero bien podrían serlo; historias en las que no hay acción,
ni sangre (bueno, un poco) ni violencia; tan solo mentes activas, inteligentes e ingeniosas que resuelven los casos con precisión científica; personajes que se enredan en agudos, ágiles y perspicaces diálogos; enigmas difíciles, de esos que parecen imposibles de resolver, pero que se acaban resolviendo por obra de la meditación de mentes racionales.
Una novela de la que he disfrutado con un placer ya casi olvidado; la he devorado en un par de tardes como cuando era adolescente y me leía una de Agatha Christie en tres horas si levantar los ojos del libro.
Ana Bolox es licenciada en filología inglesa lo que nos hace imaginarla empapada de lecturas, en inglés por supuesto, sobre Shelok Holmes, Hércules Poirot, Miss Marple, el padre Brown... Más si tenemos en cuenta que una de sus dedicaciones es impartir talleres de novela policíaca. 
Una novela elegante como sus ambientes, donde se mata con inteligencia, traje y sombrero (o guantes de seda); en la que recuperamos el placer de la novela policíaca más clásica. 
La ha editado Medianoche Editorial y la preciosa portada, con ese aire tan inglés, es de Josevi Blender, un amigo que diseña las más maravillosas portadas, eso sí, negras, como diría él.


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sábado, 16 de abril de 2016

"Ave Caesar" Joel y Ethan Coen


Me enamoré del cine de los hermanos Coen con la primera película que vi de ellos: "Muerte entre las flores" que sigue siendo para mí, junto a "Erase una vez en América" de Sergio Leone, lo mejor que se ha hecho en cine negro sobre la mafia. Tras ese inicio tan prometedor, he visto todas sus películas y algunas me han gustado más y otras menos. Nunca renuncian a una calidad muy alta, pero utilizando las palabras de Carlos Boyero, con el que estoy de acuerdo en este caso al cien por cien, y que lo cuenta mucho mejor que yo, "sus mejores películas para mi gusto son aquellas en las que no van de profesionales niños terribles (ya tienen 50 años), o sea, aquellas que sabes que son de ellos, pero que las puede entender y admirar hasta el público menos sofisticado. Hablo de Muerte entre las flores, Fargo, No es país para viejos y Valor de ley".  Yo añadiría a todas ellas "El hombre que nunca estuvo allí".
"Ave Caesar" no estaría nunca en esta lista de películas que me han entusiasmado de los hermanos Cohen,
George Clooney
pero es una buena película. Me he reído con ella menos de lo que esperaba, pero es que por encima de la comedia que iba dispuesta a encontrar, me he topado con un maravilloso homenaje al cine, con una terrible crítica que alcanza por igual a los comunistas de la época (años cincuenta), que aparecen como caricaturas de sí mismos, y al mundo de las productoras que realmente representa el capitalismo absorbente que ellos deploran.

Alden Ehrenreich
Los hermanos Coen hacen un homenaje al cine que disfrutaron en su infancia, al cine que disfrutamos en nuestra infancia, y del que ha dicho Joel: "Nos encantaban esas cosas. Sólo que no nos dábamos cuenta de que estábamos mirando basura". Pero, tal vez por el disfrute que les supuso, esa basura, esos géneros de la época: western, musicales con coreografía, espectáculos de
Scarlett Johansson
acrobacias acuáticas, etc, están tratados con inmenso cariño. En todos ellos han hecho incursiones, de todos ellos han filmado escenas 
memorables que hubieran deseado poder hacer en la época. 
La coreografía en la piscina (a semejanza de las películas de Esther Williams) es una de las escenas más bellas que he visto en cine, teniendo en cuenta la pura estética de la geometría.
Una estrella secuestrada cuando está rodando "una de romanos"; una actriz a la que el bañador le aprieta más de la cuenta; una estrella del western y del cine mudo que, de pronto, tiene que interpretar a un galán en una historia de salones elegantes; un trabajador de la productora que organiza, decide, soluciona y evita que los escándalos salgan a la prensa... pero al que su excesiva religiosidad y sus exagerados 
Josh Brolin
escrúpulos no dejan un momento de tregua; unas hermanas periodistas a la caza de cualquier basura que se pueda publicar; una escena memorable con una técnica de montaje y un pañuelo en la mejor interpretación de toda la película a cargo de Frances McDormand en los escasos dos minutos

Frances McDormand
en que aparece.
No se trata de la mejor película de los Cohen, pero derrocha amor por el cine; es cine dentro del cine que, no sé por qué, es una de mis debilidades; es divertida, está bien interpretada y creo que merece dedicarle un par de horas.

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miércoles, 13 de abril de 2016

Mi escritorio



Desde que Julia en su blog "Palabras y latidos", propusiera la idea de que fueramos enseñando nuestros lugares de trabajo por nominación de otros blogueros, sabía que me iba a tocar antes o después (y menudo mosqueo me hubiera entrado si nadie se hubiera acordado de mí). La idea la tomó Julia de una entrada que hizo María Campa  en su blog "Escritora mamá", enseñando su escritorio y el lugar donde escribe sus cosas. Julia, inspirada por esa entrada, decidió que era una buena idea invitar a hacer lo propio y así ir conociendo los escritorios de todos los que solemos coincidir por aquí.
Yo fui invitada por Chari en su blog "La voz de las olas" y aunque ya hace bastantes días de ello, por fin puedo abordar la tarea. Vamos a ello.
Yo trabajo en la mesa del salón, la misma que usamos para comer. Lo hago desde que tengo el portátil (unos seis años, calculo). Antes mi marido y yo nos turnábamos en el ordenador de sobremesa que tenemos arriba, en el ático (vivimos en un chalet en Mortera, un pueblo a unos once kilómetros de Santander), pero a mí, me da mucha pereza subir las escaleras y encima mi marido que es un amante de la música en general y del jazz en particular, trabaja con lo que para mí es un ruido infernal. Por lo que es muy difícil trabajar juntos y me he acostumbrado a quedarme aquí abajo.
En ese taburetito de cuerda es donde descansa el ordenador mientras comemos o se usa la mesa para otros menesteres.


A veces, pocas, Sheldon, nuestro gato, decide serle infiel al amor ilimitado que le profesa a mi marido y se viene conmigo. Le gusta ponerse detrás de la pantalla. Me imagino que ésta desprende calor y además se siente protegido. 



Tengo que tener cuidado con lo que dejo a su alcance. Aquí, en un descuido se llevó a su refugio un trabajo de un alumno de los que yo estaba corrigiendo.



También tengo que tener mucho cuidado con los cables pues, como a todo minino, le gusta jugar con esas cosas finas que cuelgan o asoman.

Balda de abajo

A mi espalda tengo un mueble con las cosas que necesito. Empezando por la estantería de abajo: los libros de papel que están pendientes de leer (cada vez compro más en digital, por lo que la lista gorda la tengo en el ordenador). Los tengo en una lata marrón de "El tiempo entre costuras", regalo hace unos años de "El círculo de lectores" y a la derecha de ésta; una caja verde de madera, regalo de mi exsuegra hace como 25 años a la que tengo mucho cariño y en la que guardo cables de conexión de diversos dispositivos al ordenador y cargadores; lata de bombones con fotos, colección de posavasos, costurero de madera con bobadas encima (casi solo lo usa mi madre cuando viene); dos cajas de cartón de Ikea (se ven abajo a la derecha un poco) donde guardo todas las fichas de todos mis libros de papel.

Balda central

En la balda central: montón de películas en DVD entre dos altavoces del equipo de música (se ven mejor en las otras fotos de la balda de abajo y de arriba); a la derecha, algún libro de texto para cuando preparo clases, las libretas de tomar notas y otra lata, esta vez de "El perfume". Dentro, detrás de la tapa, así como a su derecha, libros de cocina.

Tercera balda
           
En la tercera balda, el equipo de música a la izquierda y un montón de CD de música clásica (la única que aguanto cuando trabajo) y del algún otro tipo; un bote de leopardo con bolis, una cajita con gatitos y un vaso de vidrio con los pen drives.
Ya encima hay una cuarta balda que es de uso familiar con vasos, bebidas, tazas. Ahí lo único mío es la estación meteorológica porque me gusta saber la temperatura, la presión y esas cosas. 
Eso en invierno porque en verano me traslado con el ordenador y cuatro cosas (entro veinte veces porque lo olvido todo), al porche. Allí puedo pasar el día entero entre escribir en la mesa y leer en una tumbona.


 Y estos son mis lugares de trabajo al natural. No he recogido nada y está todo como suele estar por lo que podéis ver pilas viejas, flores secas, portatizas, instrucciones de la cámara de fotos (creo) y demás telares.
Perdonad la calidad de algunas fotos. Las he disminuido el tamaño para que se carguen con facilidad y alguna ha quedado mal.
Sabía que se me olvidaba algo y no sabía lo que era. Ahora lo sé: las nominaciones.
No voy a nominar a nadie porque ya he perdido la cuenta de quién lo está y quién, no (es lo que pasa por ser de las últimas), pero todo el mundo que me suele leer o que acaba de pasar por aquí, quiero que se sienta en la libertad de mostrar su lugar de trabajo a todo el mundo bloguero.

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