Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

jueves, 30 de junio de 2016

Recomendaciones de novela negra para el verano.


Hoy, en el blog de Josevi Blender, "Todo negro", se nos invita a leer nueve novelas de género negro, recomendadas por diferentes blogs, para dar sombra a este verano tan caluroso. 
Las novelas son variadas en todos sus aspectos, tema, lugar, época, pero Josevi les ha hecho las portadas para presentárnoslas como una colección... muy apetecible. 
No te pierdas estas recomendaciones para entretener la playa, el campo o el sofá. Pincha en su blog para ir... a su blog, donde si no.


lunes, 27 de junio de 2016

"All in" Javier Gimeno

Esta novela se me dio a conocer a través de las reseñas que de ella hicieron en un par de blogs amigos, concretamente "El blog de Chelo" y "El blog de Juan Carlos". Nunca la hubiera leído de no ser porque en ellas se la ponía muy bien y daban la idea de que era una novela distinta y con una trama un poco complicada (aparte de que de no ser por estos dos blogs no creo que hubiera llegado a mi conocimiento).
Comencé a leerla un poco influida por las reseñas citadas, pero con ganas de averiguar por mí misma lo que se escondía detrás de esta novela que el autor había dado a leer a los autores de los blogs para que la comentaran. Me encontré con una novela que me sorprendió. La trama no es lo complicado. Lo complicado es la manera de contarla, de una forma totalmente desestructurada, tanto temporal como espacialmente. Empiezas a leer y en cada capítulo cambian los personajes, cambia la localización y, enseguida nos damos cuenta, cambian los tiempos. 
Como ya voy avisada y sé que va a pasar, mantengo la calma. Sé que todo cobrará sentido. No es la primera novela que leo con esta técnica, pero sí es la primera en que se juega tanto con ella. No sé cual es la estrategia para conseguirlo. Lo único que se me ocurre es que se escribe la historia de manera lineal y luego se mezclan los capítulos con un orden diferente. La duda es si el orden es totalmente aleatorio o tiene un cierto sentido diseñado por el autor. Aunque tal vez todo sea más complejo. 
El resultado es excelente porque, poco a poco, aquello que parecía que no iba a poder cuadrar ni rompiéndolo y pegándolo con otra forma, empieza a encajar, y con los trozos rotos vamos formando una preciosa vasija de la que van apareciendo forma y decoración de una manera casi mágica ante nuestros ojos atónitos.
Varias historias se van mezclando antes de que todo cobre sentido: Daniel y Nora, una pareja que no pasa por sus mejores momentos; Abdes, un joven venido de algún lugar del Magreb a buscarse la vida en España para poder volver a su país y reencontrarse con Aisha - mientras tanto, "sonreía a la luna. Estaban lejos, separados por las infinitas olas del mar, pero él se sentía cada vez más cerca de ella, habiendo surcado los problemas en aquella tierra extraña" -; Víctor que ve aterrorizado como violan y asesinan a su
madre en algún lugar innominado del conflicto que asoló la antigua Yugoslavia en la década de los noventa; otro niño en una cuenca minera que asiste al desmoronamiento de su mundo cuando su
Javier Gimeno
hermano muere víctima de uno de tantos accidentes que con frecuencia hunden en la desolación a los pueblos del lugar, "
Ha habido un accidente… —, logró balbucear el padre, parecía quedarse sin oxígeno. —Amancio aún no ha salido —. Daniel no quería seguir escuchándole. —Pero saldrá"; Miguel un adolescente, casi un niño también, que provoca un accidente y se ve sometido a la crueldad de un internado con vocación de reformatorio militar; un muchacho filipino que compensa la soledad y la falta de amigos desarrollando una gran inteligencia para el póquer y las partidas on line, "pasaba un rato observando, repasaba sus apuntes sobre sus contrincantes cibernéticos, y al noventa y muchos por ciento, sus pronósticos nunca erraban..."
Y más historias que se van entrelazando con las anteriores, en localizaciones que nunca se mencionan, aunque podamos imaginar algunas - si la memoria no me falla, creo que tan sólo se menciona Menorca -; historias que son como regueritos minúsculos que, poco a poco, confluyen en arroyos y éstos en riachuelos y terminamos con un gran río caudaloso y único que las engloba a todas.
Y más personajes que acompañan a los anteriores como JR y Mamen y Alfredo y Ortega y León; y el póquer que poco a poco se va convirtiendo en otro personaje con papel primordial en la trama; un personaje cruel y despiadado, sobre todo en manos de gente sin escrúpulos y con dinero suficiente para arriesgar cantidades de vértigo en la estimulante tarea de combatir el aburrimiento. 
No es una novela perfecta. Es una primera novela con los fallos, pero también con la frescura que les son inherentes: algún mínimo fallo de sintaxis y gramatical (nada que no veamos cometer varias veces al día a políticos y, lo que es peor, a periodistas con años de profesión a sus espaldas); algún personaje malo malísimo (pero es que los hay), o alguna joven guapa guapísima (que también las hay); personajes, en suma, un poco estereotipados. 
Pero a pesar de estos fallos, mínimos en verdad, la novela mantiene un ritmo muy alto que nos atrapa y nos deja cada vez deseando retomarla para saber
como avanza la historia porque se trata de una novela de intriga y suspense, muy interesante y adictiva.
Para mí la intriga comenzó con el título: ¿All in? eso significa literalmente "todo dentro". Y algo así es: una expresión del póquer que todos hemos oído en algunas películas "voy con todo". Pues con todo ha ido Javier Gimeno en esta novela, y lo ha colocado de tal manera y con tal acierto que nos ha dejado con ganas de leer la próxima.
Javier Gimeno tiene 38 años, es diplomado en Bibloteconomía y documentación y trabaja en el metro de Madrid. Dedica su tiempo libre a escribir. Ahora está metido en otras dos novelas que yo, desde luego espero con impaciencia.

sábado, 25 de junio de 2016

"El camino estrecho al norte profundo" Richard Flanagan

Lo primero que quiero hacer antes de empezar a hablar de este libro es dar las gracias a Agnieszka del blog "Si no leo desespero" que, con motivo de mi publicación sobre "La bofetada" de Christos Tsiolkas, me recomendó esta otra novela, también australiana. Fue un gran consejo. Me pareció un título muy hermoso al que no acompañaba su portada. Desde luego, nunca hubiera llamado mi atención en una librería, pero como me fío del criterio de Agnieszka, igual me hice con él. Acierto total.
Se trata de un libro de guerra, pero no de una guerra gloriosa y épica con grandes batallas y grandiosos héroes que luchan y ganan medallas grandiosas; se trata de la más sucia, sórdida y humillante guerra, la que viven nueve mil soldados australianos prisioneros de los japoneses y obligados a construir un ferrocarril que, desde el norte de Bangkok, atraviese Birmania y llegue a la India; hombres sucios, maltrechos, enfermos de hambre, enfermos de enfermedades miserables: disentería amebiana, cólera, pelagra, beriberi, úlcera tropical; hombres que van a trabajar cada mañana "arrastrándose, entre la mierda y la esperanza, en el horizonte sin fin de un día que ni
Recorrido (más o menos) del ferrocarril
siquiera había empezado todavía"
; famélicos hasta la obscenidad más absoluta, hasta hacer indecente cualquier intento del autor por suavizar la dureza de su situación, hasta hacer que cualquier complacencia con el lector peque de impúdico eufemismo "Las nalgas del hombre eran poco más que dos miserables sogas entre las que sobresalía el ano - como un intrincado nudo marinero hecho con una cuerda mugrienta -, del que manaba un líquido verde aceituna hediondo y viscoso que se deslizaba por sus piernas escuálidas"
Y sin embargo, entre tanto dolor y miseria y enfermedad, hay hombres capaces de intentar mantener una dignidad que los ayude a vivir más allá de la mera supervivencia; capaces de comer el arroz aguado del desayuno y la bola de arroz terrosa del almuerzo, con la calma estoica de quien come cinco veces al día; capaces de jugarse la vida por arrastrarse hasta las letrinas en plena noche, a pesar de la debilidad y la urgencia, antes que hacérselo encima. Y hay héroes que luchan por sus compañeros, por salvarles la vida o por mantenerlos vivos cinco minutos más, por minimizales el dolor, cuando todas sus células son puro dolor, por mantenerlos un minuto más con apariencia y vocación humana.
Dorrigo Evans es un médico que se ve elevado a la categoría de oficial al mando de los prisioneros. Como oficial responsable y como persona encargada de velar por la salud de los hombres, se enfrenta cada día, aprovechando el respeto que los japoneses tienen a los oficiales, aunque sean enemigos y prisioneros, a la ingente tarea de hacer la vida más fácil, más llevadera, menos tortuosa a los hombres a su cargo "Dorrigo inventaba la vida sobre la marcha, y cuanto más confiaba en su imaginación, mejores resultados parecía obtener". Inventaba la vida, inventaba el valor, inventaba mil argucias para arañar un hombre menos en las filas de los que iban a trabajar cada mañana y recorrían once kilómetros de ida y otros once de vuelta entre los que se extendían horas de trabajo extenuante; un hombre más que pudiera descansar su enfermedad porque allí solo había enfermos, muy enfermos y personas totalmente incapacitadas para moverse.
Contaba con un "quirófano salido de la imaginación de un niño. Equipado con toscos muebles de bambú, latas de comida y de queroseno vacías y toda clase de baratijas robadas a los japoneses –botellas, cuchillos y manguitos de camiones–, era un prodigio de improvisación".
Y también es una novela de amor y desamor. Dorrigo se enamora de una mujer, pero se compromete con otra. La guerra interrumpirá su relación con las dos y, a la vuelta, una mentira, la comodidad, el dejarse llevar, le harán resignarse a lo que le queda pensando que ha perdido lo que desearía. Y pasará su vida de una mujer a otra, de
Richard Flanagan
adulterio en adulterio, admirando y a la vez no soportando a la mujer con la que tiene  sus hijos, y su vida.
Y es también una novela de supervivencia que trata de la vida que pudieron llevar a la vuelta los que sobrevivieron a la guerra y al campo de prisioneros. "Murieron deprisa, de formas insólitas, víctimas de accidentes de tráfico, suicidios y enfermedades traicioneras. Muchos de sus hijos nacieron con problemas y dificultades, disminuidos, retrasados o sencillamente extraños. Muchos de sus matrimonios se tambaleaban amenazando ruptura". Pero no sólo los prisioneros supervivientes encontraron una vida rota a su vuelta. También para el comandante del campo, Nakamura, y para uno de los guardias coreanos, Choi Sang-min, alias Varano, la vuelta será una lucha; habrán perdido la oportunidad de vivir una vida normal y no entenderán que se les persiga y se les condene por haber seguido las órdenes del Emperador, por haber luchado con honor, por haber obligado a trabajar como esclavos a unos prisioneros que habían perdido la dignidad y la honra cuando fueron capaces de perder la libertad y no quitarse la vida.
Todos ellos, prisioneros y guardianes, vivieron una vida más o menos larga. Los que llegaron a viejos, llegaron a olvidar por años que habían vivido una guerra, que habían estado en el infierno y fueron capaces de vivir una apariencia de normalidad que sus familiares más jóvenes no entendían, pero alguno de ellos "a la edad de noventa y dos años, mientras agonizaba en un hospital tras haber sufrido su tercer derrame cerebral, [...] una vez más vio el humo y olió la carne quemada y comprendió de pronto que la guerra era lo único que le había sucedido en la vida".
No quiero engañar a nadie. Se trata de un libro duro, inmisericorde con la tierra y con el cielo, despiadado con el lector al que pone ante situaciones desesperadas sin bebidas calientes ni algodones para enjugar tanta crueldad, tal baño de realidad. No es para estómagos débiles, nadie se va a apiadar de vosotros una vez os metáis en esta guerra, pero si tenéis el valor de hacerlo, si os podéis resistir a salir corriendo una vez adentrados en ella, tendréis vuestra recompensa en forma de una novela a la que le he encontrado un solo fallo (fallo que, para mí ha sido muy agradable, dado lo mucho que me ha gustado): el final se alarga, tal vez en exceso, puede que hubieran sobrado algunas escenas, algunas reflexiones, pero es un fallo menor que se perdona con gusto.


miércoles, 22 de junio de 2016

"Galveston" Nic Pizzolatto

Cuando eres un matón a sueldo en la parte alta de Nueva Orleans, solo hay algo casi tan malo como tirarte a la chica del jefe y es que el jefe, Stan Ptitko, tenga la mala idea de tirarse a tu chica, Carmen, y la idea aún peor de deshacerse de testigos incómodos que podrían pedirle cuentas. Así es que cuando Roy Cady se ve envuelto en una emboscada y consigue salir ileso, salvo por el cáncer que le han diagnosticado esa mañana - "nadie sale vivo de esto, pero al menos esperas que no te pongan una fecha límite" -, decide que lo mejor es poner tierra por medio y varios cientos de kilómetros entre su persona y Nueva Orleans. 
Lo malo es que, puestos a poner en práctica malas ideas, Roy se apunta a la peor y en lugar de huir solo, con lo que aún le quedaría alguna esperanza - de escapar de los problemas con su jefe, no del cáncer -, escapa con una adolescente de dieciocho años, aprendiz de puta con mala fortuna y poco aprovechamiento, y una niña de cuatro años a la que quiere alejar de un futuro aprendizaje similar al de su compañera de viaje. Porque Roy Cady es un buen hombre, es un asesino a sueldo, pero eso es sólo su trabajo y fuera del trabajo, fuera de la necesidad de la mera supervivencia, Roy Cady tiene escrúpulos y moral y es capaz de cualquier cosa para salvar a sus amigas de las circunstancias más que adversas que cree adivinar en su incierto futuro.
El lugar elegido para ocultarse, de momento, es Galveston, una ciudad de la costa de Texas, en pleno Golfo del Mississippi, en una isla a poco más de 600 Km de Nueva Orleans. No parece un sitio muy seguro ni suficientemente lejano, pero a la altura de la laguna de Atchafalaya "las chimeneas de las refinerías ardían en plena noche y su rastro de humo gris resplandeciente me hizo recordar a Loraine en aquella playa de Galveston, con la cabeza apoyada en mi pecho mientras yo le hablaba de los campos de algodón". Y es que Roy Cady es un romántico con muy poco futuro en el mundo de los bajos fondos. Con muy poco futuro en general desde que le han diagnosticado su cáncer, "pero uno no deja de ser quien es sólo porque le aparezca en los pulmones un torbellino de motas de jabón en polvo". Así es que cargado con la joven y con la niña se aloja en un motel en Galveston donde se encontrarán con un grupo de personajes peculiares y situaciones cómicas dentro del drama que algunas encierran.
En la novela alternan los capítulos, muy largos, en los que se cuentan estos acontecimientos de mayo de 1987, con otros más cortos, donde hacemos un viaje de casi veinte años al futuro para encontrarnos en 2008.
Seguimos en Galvestone de la mano de un sexagenario que se sienta "a no olvidar"; que pasea un perro y un cuerpo lleno de cicatrices, placas metálicas, prótesis, cojeras, un parche en un ojo y demás miserias traumáticas. Y también pasea una mirada al pasado más sabia, más escéptica, más amarga; una mirada en la que descubre que se puede elegir menos de lo que se desea, que desde luego, no se puede elegir lo que se siente, "ni siquiera es cierto que puedas elegir cuándo sientes"; en la que descubre que, después de tantos años sólo desea que no vuelvan a hacerle daño porque "en algún momento me había convertido en un cobarde. O siempre lo había sido y sólo entonces me daba cuenta". Estamos con un hombre que, a pesar de no deber dinero a nadie, tiene deudas pendientes y vive con el temor de que vengan a cobrárselas. Pero lo único que viene es un fantasma del pasado a redimirle, en parte, de los pecados que no cometió.
Nic Pizzolatto es muy conocido de los amantes de las series americanas. Los que disfrutamos la primera temporada de "True detective" y la seguimos considerando la mejor serie que hemos visto lo conocemos bien. El fue el guionista de los ocho capítulos de la serie. Una serie en la que lo que menos importaba era quién y cómo y por qué había cometido los asesinatos. Lo realmente importante era la ambientación, los paisajes y, sobre todo, aquellos diálogos maravillosos que se 
lo deben todo al buen hacer de un guionista excepcional.
Ese guionista es Nic Pizzolatto. En esta su primera novela, como en la serie, lo que menos importa es lo que pasa. La historia es sencilla, nada original. Por momentos nos parece que ya hemos leído o visto en cine toda la trama, o casi toda. Lo importante aquí es la manera en que está contada esa trama, el lenguaje, los diálogos, los ambientes - los mismos o muy similares que en "True detective" - cálidos, húmedos y pesados; escenas que denuncian su vocación de guionista:
"Me acompañó hasta la puerta, manteniéndose unos pasos más atrás. La abrí, salí y la luz del sol me cegó. En el soportal, me volví hacia ella.
—Me estoy muriendo —le confesé.
—Todos nos estamos muriendo.
La puerta se cerró con un golpe seco."
Nic Pizzolatto
Estamos, por tanto, ante una buena novela, pero no ante la novela que algunos críticos y medios han pretendido vender. Está muy bien contada, engancha sobre todo la forma, pero en cuanto al contenido, se nos escapa entre los dedos como un puñado de arena seca y, mientras intentamos aprehenderlo, nos encontramos con un par de granos perdidos entre los pliegues y pegados al sudor de una manos, por lo demás, vacías. Y, no obstante, recomiendo su lectura, sobre todo a los amantes del género, sobre todos a los amantes de "True detective". La primera temporada. Yo me quedo esperando otras novelas del autor, porque si después de "Galvestone" (2010) hizo la serie (2012), algo muy interesante puede venir después.





lunes, 20 de junio de 2016

"Carol" Todd Haynes y "Brooklyn" John Crowley

Hoy voy a hablar de dos películas que he visto este fin de semana y que tienen varias cosas en común: ambas están ambientadas en Nueva York, al menos en su mayor parte, y en la década de los cincuenta; ambas tienen como protagonistas a mujeres con vidas duras y complicadas; ambas son historias de amor basadas en novelas; ambas estuvieron nominadas a varios Oscar en la última edición de los premios y ambas volvieron a casa con las manos vacías.
 Empezaré hablando de "Carol", una película basada en la novela que Patricia Highsmith publicó en 1951 con el título "El precio de la sal" y bajo pseudónimo. La homosexualidad de la autora quedaba patente en esta novela, pero lo que más llamaba la atención era que los amores entre las dos protagonistas tenían un final feliz. Highsmith se atrevió a tratar unos amores prohibidos y condenados, sin castigar a sus protagonistas por su insolente pecado. Hubo que esperar a que estuviera terminando la década de los ochenta, concretamente en 1989, para que la novela viera de nuevo la luz con el título de "Carol" y el nombre verdadero de su autora en la portada.
No he leído la novela. "Los críticos la consideran una novela conmovedora y estremecedora y es considerada un clásico de la literatura homosexual femenina" (Wikipedia)
¿Qué decir de la película? Una maravillosa ambientación en los años cincuenta neoyorkinos a la que contribuye de manera notable un vestuario cuidado hasta la mas absoluta exquisitez, con un extraño equilibro en las pinceladas de color de los
complementos. ¿Cómo no fijarse en el idéntico tono de naranja que luce Cate Blanchett en la boina, las uñas, los labios y el pañuelo y que tan bien pone el contrapunto al impresionante abrigo de visón? 
Una interpretación sublime a cargo de una Cate Blanchett capaz de meterse tanto en su papel que cuesta reconocerla de uno a otro; cambia ella a la par que sus papeles en los que se mete hasta los tuétanos. También está muy bien Rooney Mara en su papel de jovencita ingenua, descubriendo el amor y descubriendo que tiene más matices de los que le han vendido y de los que trata de imponerle el soso e insustancial chico con el que sale.
Una muy interesante historia en la que Carol Aird, una mujer lesbiana, en vías de divorcio y con una hija pequeña, trata de recuperar la esencia de su vida, y trata de hacerlo materializando su amor por una jovencita a la que acaba de conocer, Therese Belivet. Therese, por lo que yo entiendo, no es lesbiana, sencillamente se enamora de una persona que casualmente es una mujer, pero creo que igual
Patricia Highsmith
podría haber sido un hombre. Tendrán que pagar, sobre todo Carol, un alto precio, pero su amor será bendecido por un final feliz. o al menos, todo lo feliz que puede serlo inmerso en la realidad de un mundo complicado en el que otras personas se verán involucradas.

Y a pesar de todo lo dicho, la película no me acaba de convencer. La estoy viendo y pienso que le falta algo y descubro lo que es: le falta vida, alma, sentimientos. Es un ejercicio técnico de primer orden, los Oscar a los que estaba nominada son casi todos técnicos - Fotografía, Vestuario, Banda sonora - e interpretativos - Cate Blanchett y Rooney Mara -, pero es tan fría como toda la tecnología que derrocha; es tan fría como la única escena erótica de toda la película; una escena delicada, hermosa, medida... fría como un témpano.



"Brooklyn" se basa también en una novela que, en esta ocasión sí he leído. Se trata de la novela del mismo título del escritor irlandés Colm Tóibín. Es una hermosa historia de emigración y de todo lo que ésta trae consigo: desarraigo, nostalgia, depresión, añoranza, frustración... y cómo, poco a poco, se van superando estas deficiencias y un día te despiertas sintiéndote feliz y de nuevo con ganas de vivir. Por todo ello pasa Eilis Lacey a quien su hermana envía a Nueva York con la esperanza de proporcionarle un destino mejor que el que le espera en la pequeña, mezquina y gazmoña ciudad en la que viven en Irlanda. 
Eilis llega a Brooklyn y se encuentra metida en una vida más cómoda y confortable, pero en la que todo le es extraño. Irá saliendo del bache, estudiará para mejorar en su trabajo y... conocerá a Antonio Fiorello, de ascendencia italiana y con quien empezará a encontrar una nueva manera de ser feliz y dejar atrás la nostalgia.
Pero las complicaciones que el azar va cruzando en el camino de Eilis la llevarán de nuevo a Irlanda y a añorar, ahora, lo dejado en Nueva York.
Al contrario que la anterior, esta película es puro sentimiento sin ser sentimental. Sientes la angustia del que lo deja todo y se enfrenta al futuro sin referencias espaciales ni sentimentales; sientes las lágrimas en los ojos de los que se miran a través de la barandilla de la cubierta de un trasatlántico sin saber si volverán a verse porque, a partir de ahora, miles de kilómetros de agua y oscuridad los van a separar cada nuevo día. Sientes lo que sienten los personajes y te planteas al verlos, lo duro que ha sido sobrevivir para muchas personas a lo largo de la historia.
La película está muy bien hecha e interpretada. Saoirse Ronan da una enorme credibilidad a su personaje que va cambiando a medida que transcurre la película; va adquiriendo nueva expresividad en sus increíbles ojos verdes y otra luz va iluminando su blanquísimo cutis. En definitiva, la belleza va ganando la batalla a la tristeza y eso se siente, se ve y se vive. 
Colm Tóibín
Sólo estaba nominada a tres Oscar - mejor película, mejor actriz y mejor guión adaptado - de los que no obtuvo ninguno. No es una película memorable. Casi todas las críticas que he leído la ponen por detrás de "Carol". Se trata de una historia mucho más convencional y, sin duda, mucho más cómoda. Debería haberme gustado menos si tan sólo del tema se tratara, pero en cine, como en literatura, de nada sirven los buenos temas si no van acompañados de las vísceras del autor. En "Brooklyn" he sentido esas vísceras. En "Carol", no.


sábado, 18 de junio de 2016

Cita de madrugada

Hace unos meses, tomé esta imagen del blog de Carmen Pinedo Herrero para escribir el microrrelato que os traigo hoy. Creo que fue lo primero que escribí de ficción - excluyendo las poesías de mi adolescencia y primera juventud. Os recomiendo el blog de Carmen porque en él, la pintura, las más hermosas frases e incluso la música, el cine o el teatro se mezclan  para dar una explosión de belleza para comenzar cada fin de semana sonriendo.

Flight, Gertrude Abercrombie (circa 1946)

Se había despertado tarde en la madrugada, cubierta de sudor y con un terrible presentimiento. No pudo seguir en la cama ni en la casa. Una voz sin identificar la tentaba a salir al bosque y, sin pensarlo, saltó al suelo arrastrando el blanquísimo camisón. Caminó por la estrecha carretera sin saber que un kilómetro más allá un conductor adormilado la esperaba en una vuelta del camino. Detrás de ella, una sombra negra esperaba para recogerla.



martes, 14 de junio de 2016

"Avenida de los Misterios" John Irving

La novela anterior de John Irving, "Personas como yo", es de 2013. Es por eso por lo que este autor aún no había aparecido por aquí. No he leído nada de él desde que creé este blog, pero vaya por delante que es uno de mis autores vivos favoritos. 
Por fin, después de casi tres años, John Irving publica una nueva novela y me da la oportunidad de hablar aquí de él y de su obra. Aparte de la oportunidad impagable de disfrutar con otra de sus historias; historias tan disparatadas como lógicas, llenas de personajes entrañables con destinos terribles que se cumplen a veces de manera absurda; con absurdas muertes que, con variaciones, se repiten en sus novelas; con temas muy humanos, a la vez que controvertidos, tratados con enorme valentía, cariño y tolerancia (homosexualidad, transexualidad, incesto, aborto).
"Avenida de los misterios", a diferencia de la mayor parte de las novelas de John Irving, no está ambientada en Nueva Inglaterra, lugar de origen del escritor (Exeter, New Hampshire, 1942) y escenario más habitual de sus historias. Ésta se ambienta, casi en su totalidad, en Oaxaca, Mexico, y en Filipinas.
Juan Diego es un escritor famoso y profesor de Escritura Creativa (lo que también fue el autor) en la Universidad de Iowa. Es un hombre en la mitad de la cincuentena que viaja a Filipinas para rendir homenaje a un hombre muerto en el archipiélago durante la Segunda Guerra Mundial y cumplir así la misión que no pudo cumplir el propio hijo del soldado, el "gringo bueno", a quien Juan Diego conoció en Oaxaca, huido de los Estados Unidos para librarse, a su vez, de la Guerra de Vietnam. Una guerra mató a su padre y el "gringo beno" no quiere morir en otra sin haber visitado el lugar donde reposa su progenitor, pero lo que le salva de Vietnam será lo que, a la larga, le impedirá hacer el viaje por él mismo. Juan Diego sabe que no tiene "la menor esperanza de localizar la tumba del padre desaparecido, no con once zonas de enterramiento, no sin el nombre del padre muerto". Y es que Juan Diego nunca supo el nombre del "gringo bueno" y mucho menos el de su padre, pero una promesa es una promesa y él prometió al "gringo bueno" que iría a Filipinas a visitar el Cementerio y Centro Conmemorativo Estadounidense en Manila.
Juan Diego está medicado con betabloqueantes que "no previenen el infarto, le había explicado la doctora Stein a Juan Diego, pero esos fármacos sí bloquean los receptores de adrenalina en el organismo y protegen así el corazón del efecto potencialmente devastador de la adrenalina liberada durante un infarto". Lo malo de los betabloqueantes es que, según Juan Diego, le bloquean los recuerdos, le roban los sueños. Y es
John Irving
que Juan Diego vuelve a recobrar su pasado mientras duerme, siempre que la medicación no le sumerja en un sueño pesado, pegajoso y sin recuerdos soñados. 

En sueños regresa a Oaxaca y al vertedero de basura, a su hermana Lupe y a la chabola en la que vivían de niños al cuidado de Rivera, uno de los jefes del basurero, el único padre que conocieron, que no era con toda seguridad el padre de Lupe, pero sí podía ser el padre de Juan Diego; regresa a su adolescencia y a todos lo acontecimientos que tuvieron lugar cuando él tenía trece o catorce años y que decidieron su futuro para siempre. Un futuro que su hermana Lupe había leído mucho tiempo atrás porque Lupe, además de leer los pensamientos de animales y personas, era capaz de leer el futuro y el pasado. Aunque en el futuro a veces se equivocaba. 
Lupe, un año menor que Juan Diego, se expresa de una manera que sólo el hermano entiende. Depende totalmente de él para comunicarse con los demás, aunque Juan Diego no siempre traduce lo que Lupe, en su sinceridad brusca y cortante, puede llegar a decir. 
Todos esos recuerdos que los betabloqueantes le roban vuelven a Juan Diego ahora que, con el viaje, se olvida de tomar la medicación o decide dejar de tomar la medicación y luego toma el doble para compensar, y empieza a pensar que el exceso de pastillas tiene el mismo efecto que su falta total: le devuelve sus sueños del pasado.
Juan Diego y su hermana Lupe son dos "niños de la basura", niños que viven como rebuscadores, pepenadores, en el vertedero y cuya tarea consiste en escarbar entre las basuras para clasificar y separar el cristal, el aluminio y el cobre. "Eso era Juan Diego a los catorce años: un niño de la basura un rebuscador. Pero también era un lector [...] había aprendido a leer por su cuenta". Eso hizo que los Jesuitas de Oaxaca se preocuparan por él; eso y el hecho de que su madre, Esperanza, puta de noche, trabajara de día como limpiadora en el orfanato "Niños Perdidos" que los Jesuitas tenían en la ciudad.  Así, el hermano Pepe comienza a llevarle al "lector del basurero" algunos buenos libros para que no tenga que conformarse con los encontrados entre las basuras.
A la par que su viaje por Filipinas, acompañado intermitentemente por Miriam y Dorothy, madre e hija, dos mujeres a las que conoció en el vuelo entre Estados Unidos y Manila (y por las cuales empezará a alternar la viagra con la falta o la ración doble de betabloqueantes), iremos asistiendo a los recuerdos en sueños del pasado de Juan Diego. Sabremos cómo
Niños de la basura
quedó cojo por culpa de un espejo retrovisor roto y una marcha atrás un tanto a ciegas efectuada por el jefe Rivera; veremos cómo entró en su vida, el mismo día del atropello, el "hermano Eduardo" - en español en el original - precedido de un estrépito de plumas de gallina atropelladas por el avión que lo trae desde Iowa y cómo Lupe le vaticinó que su futuro estaba unido al de este hombre, no así el de ella; asistiremos impasibles a la cólera de la Virgen María al ver el surco de los pechos de Esperanza, mientras ésta le limpia el polvo con un vestido más escotado de lo recomendable en una iglesia; nos asombraremos al ver cómo Hombre, un león del Circo de la Maravilla, tendrá también su parte en ese futuro de Juan Diego; conoceremos al "gringo bueno", que cuarenta años después llevará a Juan Diego a Filipinas, y a Flor, una travesti de Oaxaca a la que algo terrible le ocurrió en Huston: años después, Flor y su terrible peripecia tejana también contribuirán al destino de Juan Diego. Porque el destino del lector del basurero, como el de todos, por otra parte, está tejido de casualidades que pudieron suceder de otra manera. El destino de Juan Diego está edificado ladrillo a ladrillo con atropellos, muertes de perros, enfados de la Virgen María, ataques de leones, miedo a las alturas, novicios enamorados de travestis, promesas cumplidas con cierto retraso, mujeres misteriosas...

El destino que llevó a Juan Diego del basurero de Oaxaca a la Universidad de Iowa y a ser escritor está tejido de pérdidas dolorosas y ganancias afortunadas y es el mismo destino que ahora lo ha llevado a Filipinas porque, aunque en un principio pudiera no parecerlo, el "gringo bueno" y la promesa de visitar el Monumento donde reposa su
Cementerio Estadounidense en Manila
padre, tendrá una gran importancia en el destino del escritor mexicano-estadounidense.

Mientras recuerda su pasado, asistimos también a su presente en Filipinas. Su visita a un antiguo discípulo y actualmente escritor, casado con una mujer filipina y asentado en el archipiélago; sus relaciones con Miriam y Dorothy, dos enigmáticas mujeres, fantasmales, misteriosas hasta el punto de no aparecer en las fotos ni reflejarse en los espejos, alternando a una con otra y abusando de la viagra, del exceso y de la ausencia de los betabloqueantes. Alternaremos pasado y presente y desembocaremos en el futuro hasta llegar al punto en que ya no hay más futuro.
Una novela contada sin dramatismos, en la que unos niños pueden ser felices en un basurero donde el imposible padre de la niña y el improbable padre del niño, les cuida con cariño y entrega; donde las vírgenes hacen milagros y se vengan rencorosas en medio de unos personajes que no creen en los milagros y, en algunos casos, tampoco en religiones de ningún tipo. Una novela con la magia con la que el autor adorna todas sus novelas; con personajes zarandeados por un azar ineludible, tan ineludible que cuesta pensar que es azar. Una novela con el particular lenguaje de John Irving, con las particulares características de todas sus novelas.
John Irving ha escrito, además, el guión de la película "Las normas de la casa de la sidra" dirigida en 1999 por Lasse Hallström. El guión, basado en su novela "Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra", le supuso la obtención del Oscar en la edición de ese año.
Una novela y un autor, imprescindibles.


sábado, 11 de junio de 2016

"Esa puta tan distinguida" Juan Marsé

La novela empieza con una entrevista. Una entrevista ¿con quién? Tal vez con el autor de la novela que tenemos entre manos, o sea, Juan Marsé; o tal vez con el protagonista de la novela que tenemos entre manos y autor del guión del que trata la misma. Aunque ¿son dos personas distintas? ¿Está el protagonista inspirado en el propio Juan Marsé, aunque no sea él mismo? ¿Es la novela autobiográfica? ¿Es el protagonista Juan Marsé aunque la novela no sea exactamente autobiográfica? Todas estas dudas me asaltan mientras voy leyendo y me voy adentrando en la trama de esta curiosa historia. Aunque ¿importa realmente quien es quien?
La novela empieza con una entrevista, decíamos. Una entrevista sin preguntas. Debemos inferir éstas a partir de las respuestas que es lo único que se nos da, y de las respuestas, además de las preguntas, inferimos que tiene su parte autobiográfica, por datos vitales: "Hijo adoptivo y de incierto origen biológico"; por ciertas actitudes que le conocemos al autor: "Soy algo más que laico, soy decididamente anticlerical. Mientras la Iglesia católica no pida perdón por su complicidad con la dictadura franquista, declararme anticlerical es lo menos que puedo hacer"; por algún episodio sabido: "Decliné la invitación. Como Groucho Marx, nunca aceptaría ser miembro de una Real Academia de la Lengua que me aceptara como miembro".
La novela supone un ajuste de cuentas con la memoria. Estamos en 1982 y un escritor recibe el encargo de escribir un guión sobre unos hechos acaecidos en 1949, en plena posguerra porque en España la posguerra duró hasta casi los años sesenta. Estamos en una época en que las mujeres se metían a putas para mantener a los hijos o a los maridos enfermos o, como en el caso de Carolina Bruil Latorre, empujada por su amante, un antiguo excombatiente de la División Azul y a la sazón alcalde de barrio y chulo falangista. Es la época en que las putas se lo hacen en la cabina de proyección de un cine de barrio por un café con leche y unos churros, mientras abajo, en el patio de butacas, los adolescentes observan, con la boca abierta y en plena erección, cómo Gilda desnuda su brazo al son de la música, en una de las escenas más eróticas que ha dado el cine en toda su historia.
El 11 de enero de 1949, Carolina Bruil se acerca hasta el cine Delicias para tener un encuentro sexual y cafetero con el proyeccionista Fermín Sicart Nelo quien la asesinará estrangulándola con un trozo de celuloide. 
Estos son los hechos sobre los que nuestro protagonista, más de treinta años después, en el
verano de 1982, tendrá que escribir un guión para el productor, "un prepotente y temible mercachifle llamado Moisés Vicente Vilches" y el director, "una vieja y distinguida gloria del más internacional cine español de los años cincuenta, Héctor Roldán"
En 1982, la memoria de los españoles ha tenido que tomar unas vacaciones, ha tenido que dar paso a la desmemoria que ha propiciado una transición pacífica, al menos una parte de los españoles ha tenido que olvidar afrentas y agravios para poder poner en marcha un país más allá del franquismo y sus secuelas. Héctor Roldán, un hombre con "el puño siempre en alto, [...] quería que la sórdida historia del crimen del cine Delicias se viera en el film como el claro trasunto de un país encanallado por la dictadura, un reflejo de la miseria moral y política del Régimen que habíamos enterrado cuatro años atrás". Pero no quiere argumento, no quiere una narración de los hechos, quiere "sustituir el argumento por la verdad desnuda", quiere ir "mucho más allá de la denuncia".
El autor tiene dudas y recelos, pero necesita el dinero, la novela tras la que anda no acaba de salirle y el autor aceptará escribir el guión.
Al leer los informes policiales, como primera tarea en su investigación, se encontrará con una historia sórdida, cutre, de España de posguerra. La historia de una joven actriz de varietés, con un marido comprometido políticamente; una esposa que para ayudar a su marido inicia una relación con el falangista alcalde de barrio Ramón Mir Altamirano que terminará por lanzarla a la prostitución. Esta es la pobre mujer que terminará con una cinta de celuloide alrededor del cuello en una noche fría y lluviosa de enero; la misma cinta de celuloide en la que los adolescentes creían que estaban las escenas con los desnudos censurados de Gilda, la cinta de celuloide que Carol se disponía a lanzarles como regalo unos minutos antes, la cinta que, finalmente, demostraría que lo único que Rita Hayworth desnudaba en la película era su precioso y bien torneado brazo derecho mientras canta "Put the Blame on Mame".

                            

También al leer los informes policiales, el autor se encuentra con la paradoja de que el asesino, Fermín Sicart, si bien recuerda perfectamente haber estrangulado a Carolina con la cinta de celuloide, no recuerda los momentos inmediatamente anteriores, por lo que no se sabe cuál pudo ser la motivación para el crimen, pero para compensar el desconocimiento cuenta con un testimonio impagable: Fermín Sicart sigue vivo. O podría contar con el testimonio, si Fermín hubiera recuperado la memoria, pero tras pasar en la cárcel un tercio de los treinta años de condena, Fermín Sicart, es un jubilado que da largos paseos, juega a
Juan Marsé
la petanca y sigue tan desmemoriado acerca de lo que le pudo impulsar a matar a Carolina como declaró en el momento de la instrucción y en el juicio.

A lo largo de todo el verano, se sucederán las conversaciones entre el autor y el aún desmemoriado Fermín Sicart. Con el calor, la cerveza y el whisky, bajo el parasol de la terraza desde la que se divisa un escenario que nos imaginamos hermoso y urbano como suelen ser los escenarios desde altas terrazas en grandes ciudades. A lo largo del verano, Fermín Sicart nos irá contando aquella vida mísera, hostil y rencorosa de 1949, aquella vida que no hacía ni un derroche con los personajes a los que la Victoria les había pillado de través. Y es que el autor está convencido de que "la película no estaba en los informes de la policía ni en las actas del proceso, la película estaba en la memoria esquilmada de Fermín Sicart, incluidas sus propias reservas y mixtificaciones". Allí es donde el guionista busca las claves de la película, en lo mucho que recuerda Fermín de la época y sus miserias, en lo poco que recuerda Fermín de las causas del asesinato, en la esquiva memoria "esa puta tan distinguida" que nos burla y engaña y, con el paso de los años hace que lo que fue sea más bien algo que se le parece, que lo que recordamos no sea lo que fue, pero se haya convertido en lo que es, porque ¿qué tiene más importancia? ¿la realidad del pasado que ya ni recordamos o la falsedad que recordamos y que nunca fue realidad?
Finalmente, también la película se vuelve esquiva y, tras un cambio de director, se acaba convirtiendo en "Los ciegos amores de Manolita", un producto morboso, pseudoerótico y pseudopsicológico, donde lo único que se podría criticar es el gusto echado a perder de ciertos artistas y de cierto público. Para entonces, Juan Marsé ha hecho la crítica que quería, nos ha mostrado el mundo que deseaba mostrar y nos ha dado varias claves de su carrera y de sus desengaños con el mundo del cine.
Escrita con sencillez, en algunos capítulos al modo de un guión cinematográfico, la novela se hace eco de unas circunstancias sociales, de una época que tan recurrente ha sido en la obra del autor desde que nos contara las peripecias del Pijoaparte en la maravillosa "Últimas tardes con Teresa". No es su mejor  novela, pero no me hubiera perdonado habérmela perdido.



miércoles, 8 de junio de 2016

"Consumatum est" César Pérez Gellida

La última entrega de la trilogía "Versos, canciones y trocitos de carne", de César Pérez
Gellida, cierra la serie y me deja satisfecha y reconciliada con el autor del que me sentí un poco alejada tras el final, un tanto caótico, de "Dies irae", segunda parte de la trilogía. Esta tercera novela cierra por fin la historia iniciada con "Memento mori" y la cierra perfectamente. 
Augusto Ledesma nos sigue contando sus delirios y sus asesinatos en primera persona, mientras un narrador omnisciente, en tercera persona, nos va relatando las andanzas de los que, cada vez con más premura, intentan frenar a un escurridizo Augusto que multiplica las muertes cada día que pasa deambulando por sus canciones, sus libros, sus poemas, sus copas y sus rayas. Y sus cigarrillos Moods con aroma a vainilla.
Aquí sigue el bueno de Ramiro Sancho, en excedencia tras los azarosos sucesos vividos en Belgrado de los que no voy a hablar por no hacer añicos la trama a quien aún no haya leído la novela anterior. En esta ocasión Ramiro se verá enfrentado a la ira personal y a los deseos de venganza del psicópata y, herido en lo más profundo, se jurará acabar con Augusto o morir en el intento. 
Junto a Ramiro encontramos nuevos personajes como Ólafur Olafsson, comisario de policía de la Brigada de Homicidios de Reikiavik, un hombre derrotado por la vida y por el alcohol al que se entrega con pasión, tal vez para compensar otras pasiones que ha perdido. Ólafur Olafsson entrará en escena cuando, al comienzo de la novela, Augusto actúe en Islandia con la crueldad sutil, precisa y desapasionada que le caracteriza en un intento de comenzar a cumplir su venganza y saldar las cuentas que quedaron pendientes en la novela anterior.
También conoceremos a Robert J. Michelson, jefe de la  Unidad de Búsqueda Internacional de Prófugos de la Interpol, un hombre que, a pesar de lo que se pueda sospechar que es a partir de un momento dado, "lo que parece es simplemente eso: lo que parece que es"
Volveremos a encontrar a Erika Lopategui, la hija de Carapocha y psicóloga como él. Erika se encontrará con fantasmas de su pasado con los que jamás pensó que volvería a encontrarse  y volverá a escenarios a los que no hubiera querido volver tras las huellas manchadas de sangre de quien le arrebató a su madre. Y lo encontrará. Cuando ya no importa.
César Pérez Gellida
Gracia Galo, la ispettora capo della Questura di Trieste se sigue debatiendo entre su trabajo y la necesidad de estar con su hijo Sandro; entre su cada vez mayor deseo de estar con Ramiro y su trabajo que la retiene o la atrae hacia Trieste. 
Todos ellos perseguirán al asesino, se verán burlados por él cuando ya creen tenerlo entre sus manos, lo perseguirán por las ciudades europeas tras los conciertos de Rammstein y la estela de muerte que va dejando... hasta llegar al final. Un final que parece que no va a poder ser, pero que es.
Un final que nos dejará el sabor amargo de pensar que Augusto Ledesma, psicópata, pero extremadamente inteligente, se ha salido con la suya; abatido y neutralizado ha triunfado porque cuando le has perdido miedo a la muerte, no hay nada que te haga vulnerable. "En menos de dos semanas, la difusión de la obra poética de Augusto Ledesma alcanzará repercusión mundial y, en tres meses, sus versos serán traducidos a quince idiomas.
   En los años sucesivos, la poesía experimentará un renacimiento como género literario; una nueva época dorada.
   Habrá quien sostenga que el coste en vidas que supuso recuperar la lírica para la humanidad fue ridículo".
En esta tercera entrega de la trilogía, se recupera el ritmo que se había distorsionado un poco en la segunda. Se lee con ganas y se queda una a la espera de la primera novela - "Sarna con gusto" - de la segunda trilogía: "Refranes, canciones y rastros de sangre

Trilogía "Versos, canciones y trocitos de carne"


lunes, 6 de junio de 2016

La felicidad de un viaje en tren.


El tren llegó a la estación medio vacío. Antes de cinco minutos todos los pasajeros habían abandonado los vagones con sus equipajes. Sólo la chica del coche 8 asiento 4A permanecía sentada en su lugar. Tenía la cabeza ladeada en una posición extraña, los ojos muy abiertos y la lengua, azul, asomaba por la comisura de unos labios aún más azules. Estaba definitiva e irremediablemente muerta. 
En su cuello destacaban las marcas amoratadas de algo que había servido para estrangularla y, como descubriría el forense horas más tarde, unas fibras negras de seda.
Unas tres hora antes, mantenía con una amiga una conversación por whatsapp. Dictaba silabeando al altavoz a un volumen que casi hacía innecesario el dispositivo; las respuestas se sucedían con una inmediatez asombrosa en una chirriante continuidad que no daba tregua al silencio. 
Había iniciado la comunicación con su amiga tras una conversación tradicional, a voces, esta vez con un amigo que la escuchaba en silencio. Con él estuvo hablando cerca de media hora en la que le dio conversación, consejos, recomendaciones y le organizó la vida para los próximos cinco años.
Había subido al tren en la estación de origen y se había acomodado en su asiento con la alegría, la despreocupación, la brusquedad y los golpes del que está solo en el mundo, justo antes de sacar de su enorme capazo un brillante smartphone rosa fosforito cuyo tamaño casi superaba el límite de lo que se puede uno acercar a la oreja con comodidad y sin riesgo para el pabellón auditivo.
Cuando subió al vagón, lo encontró vacío. Solo el asiento 3A estaba ocupado por una mujer que, encogida en su asiento y retorciendo entre sus dedos de manera inconsciente las puntas del pañuelo de seda negro que llevaba alrededor del cuello, se disponía a pasar las cuatro horas del viaje disfrutando de una novela que acababa de comprar.
Yo no estaba dispuesta a pasar el resto del viaje escuchando la voz estridente y desagradable de aquella chica que, teniendo todo el vagón libre, se había empeñado en sentarse justo delante de mí.



viernes, 3 de junio de 2016

"La última noche del Rais" Yasmina Khadra


En la última novela de Yasmina Khadra, el autor se mete en la piel, en la cabeza y en los sentimientos y pensamientos de Muamar al Gadafi durante su última noche de vida, la noche que pasó en Sirte esperando a que su hijo volviera con vehículos requisados para poder escapar del cerco a que lo tenían sometido, en una escuela de la ciudad, las tropas rebeldes. Durante esa noche, Gadafi recuerda, reflexiona, se lamenta, se indigna... o más bien, Yasmina Khadra se imagina cómo Gadafi
recuerda, reflexiona, se lamenta, se indigna.
"Siempre supe que había nacido para dejar mi huella en este mundo, guiado por esa Voz cósmica que ruge dentro de mí cada vez que surge la duda, que me demuestra a diario que he sido bendecido por el cielo". Eso se imagina el autor que pudo pensar Gadafi, y no sería muy de extrañar porque esas personalidades henchidas de sí mismas a las que el poder las ha confirmado en su despotismo, se sienten inspiradas por voces que pueden provenir de Dios, el Destino o los designios del propio Universo... aunque también podrían venir de alguna disfunción mental: "Hasta los once años se me tuvo por un niño con trastornos mentales. Se pensó incluso en recluirme en un manicomio, pero mis familiares eran demasiado pobres. Al final, para conseguir que la calma volviera a la aldea, mi clan tuvo que hacer una colecta para mandarme a la escuela". 
Tal vez para el pueblo libio hubiera sido mejor la opción del manicomio porque fue allí, en la escuela, donde por primera vez oyó la Voz, una voz que lo comparaba con el Profeta Mahoma y con Jesucristo que tampoco conocieron a sus padres, una Voz que le confortaba y aplacaba sus
penas y que le hizo entender "que estaba predestinado a ser una leyenda".
También le inspira y le informa sobre el futuro el espíritu de Van Gogh quien siempre ha estado en
Autorretrato. Van Gogh, 1889
sus sueños desde que se topó con él en una ilustración de un libro de Arte. Desde entonces, Van Gogh se le ha aparecido en cada momento importante de su vida. Así, la noche del 1 de septiembre de 1969, para predecir el triunfo del Golpe de Estado contra el rey Idris I que llevó a Gadafi a la presidencia de Libia. También le avisó, en agosto de 1975, de la conspiración que tramaban contra él dos de sus amigos y confidentes. "Cada vez que el pintor maldito se manifestaba dentro de mí, la Historia añadía una piedra a mi edificio"

También esta noche del 20 de octubre de 2011, se le aparece el pintor. Es cierto que se encuentra sumido en los vapores de la heroína a la que es bastante aficionado desde hace al menos veinte años, pero, visto a la luz de los hechos acaecidos al amanecer, de nuevo Van Gogh le está avisando de un acontecimiento vital, en este caso, el más vital, tras el nacimiento, de los hechos que definen cualquier vida: la muerte.
Y de esa manera, asistimos a las últimas horas de un tirano atrapado en su propio personaje; un tirano rodeado de ministros, militares, sirvientes, que le temen y le adulan y, a la vez, le veneran, y todo ello con igual intensidad. Él, en las últimas, vulnerable, sucio, debilitado por el ayuno y el abuso de las drogas, sigue manifestándose como el déspota que siempre ha sido. "Este hombre está acabado. No le queda vida que ofrecerme. Sabe que su existencia, su ser, su fe, su bravura, todo lo bueno que cree encarnar ya no vale nada después de que mi ira le haya retirado toda confianza. Lo odio. Me ha herido". Así habla de Mostefa, su ordenanza que le ha contrariado imperceptiblemente; un hombre fiel hasta la muerte, que ha dejado a su familia para seguir al Guía en un destino que se prevé más que desastroso.
De Abú Bakr, su Ministro de Defensa, dirá: "En absoluto desconfío de Abú Bakr. La lealtad que me profesa es tan grande como su superstición [...] Estoy siendo brusco con él por despecho. No me ha gustado que permaneciera sentado en mi presencia".
Yasmina Khadra
A Mansur, el jefe de su Guardia Popular: "¿Acaso crees que estás en el patio de tu madre?
—Tengo una migraña atroz.
—Eso no es motivo. Debes reponerte, y ya mismo".
En su delirio de grandeza, de Guía elegido por la Voz para redimir a su pueblo, se considera el Salvador necesario. 
El salvador al que aclamaba su pueblo, el aliado al que Occidente jaleaba, al que se le consentían todas sus excentricidades. Desde que a principios del siglo XXI prometió que no iba a apoyar más el terrorismo, ni fáctica ni económicamente, y que iba a ser un aliado fiel que iba a comprar muchas armas a Estado Unidos y Europa, se le perdonaron sus deslices "juveniles", sus pataletas de niño malcriado, sus coqueteos e implicaciones con el terrorismo, materializados en sabotajes y atentados contra bienes y ciudadanos europeos y estadounidenses, su clara protección y amparo a grupos terroristas como ETA, el IRA o las FARC, su mesianismo en pro de cualquier causa que se autodefiniera como antiimperialista.
A partir de 2002, Gadafi se convierte en el mejor amigo de los gobernantes occidentales, capitaneados por George W. Bush, especialista en hacer amigos de lo más recomendables. Pero no sólo fue Bush el que manifestó su amistad al dirigente libio - no sabemos si le permitió poner las piernas sobre la mesa de centro del salón de su casa de Texas -, también Sarkozy le mostró gran amistad y de éste sí sabemos que le dejó poner su jaima en el Elíseo. Aunque no hace falta salir de España; en 2007 hizo una visita oficial en la que visitó varias ciudades españolas. En su estancia en Madrid, se alojó en el Pardo... bueno, en los jardines del Pardo, donde puso la jaima. Aunque dicen las malas lenguas que Gadafi no dormía en la jaima - nada lujosa por otra parte, parece ser - sino en las suites de los hoteles de lujo de las ciudades correspondientes. Parece ser que la jaima solo era utilizada para las recepciones.
Ahora Gadafi, lo ha perdido todo. Por esas vueltas del destino que "te da champán y después chinchón" (¡¡ay, Sabina, tienes una frase para cada situación!!), ahora su pueblo, gran parte de él al menos, lo está buscando para acabar con él, y los líderes europeos apoyan a los rebeldes y Gadafi que se lo vio venir en los otros países que
comenzaron a sufrir la "Primavera árabe" antes que Libia, no entiende que le esté pasando esto a él "Vi acercarse el peligro a galope tendido, [...] ¿A quién dar la voz de alarma? Por mucho que pusiese sobre aviso a los soberanos árabes, esos juerguistas ahítos solo estaban atentos a los melindres de sus deudores. [...] Ocupados en llenarse los bolsillos [...], lo que menos les importaba era la desdicha de sus súbditos".
Porque él es el benefactor de su pueblo. Él lo ha hecho todo por el pueblo. En su soberbia y despotismo, en sus momentos más bajos, se sigue viendo como el Salvador, guiado por la Voz, al que el pueblo debe venerar. Se siente como el padre severo que castiga y reprime, pero todo lo hace por el bien de sus súbditos. Él no es como el resto de los dirigentes con los que se encontraba en las reuniones de la Liga Árabe, a los que "Lo que menos les importaba era la desdicha de sus súbditos, la desesperanza de la juventud y la extrema pauperización de sus pueblos". Como todos los déspotas megalómanos con voluntad de redentores, Gadafi es incapaz de verse como es en realidad. Como todas las personas con un orgullo desmedido y una opinión excesivamente benévola de sí mismo, ve a los demás como espejos en los que se reflejan sus propios defectos; los demás sí son portadores de faltas y lacras que cualquiera, con un poco de capacidad observadora, hace tiempo que ha descubierto en él mismo. Pero él jamás verá en su comportamiento el más mínimo fallo. Y, por supuesto, cuando Mansur, leal hasta el punto de hablarle con sinceridad, hasta el punto de jugarse la vida para hacerle ver la realidad, se atreve a decirle la verdad, sólo recibe malas palabras e insultos:
"—¿Qué oye usted, Rais?
—¿Qué se supone que debo oír, estúpido?
—Otras campanadas. Cantos distintos a las adulaciones de sus lameculos y a los informes almibarados de sus estados mayores. Ya está bien de cuentos chinos, de que «todo va sobre ruedas», [...] ¿Qué ha ocurrido para que los corderos se conviertan en hienas, para que los hijos decidan comerse a su padre?… Sí, hermano Guía, hemos cometido errores. Hemos actuado mal. Puede que pensara en el bien de la nación, pero ¿qué sabía usted de la propia nación?" y tras oir como Gadafi le manda callar y le llama perro, aún Mansur, en un encomiable alarde de fidelidad y lealtad le dice: "Tenemos que superar este infortunio, Rais. Por el bien de la patria y por la estabilidad de la región. Estoy dispuesto a entregar la vida, el cuerpo y el alma para que Libia le sea devuelta".
Tal vez Mansur espera que se cumplan las expectativas de Gadafi cuando tomó el poder: "En un primer momento, fue portador de mucha esperanza, hasta que abandonó el rol de guía para convertirse en soberano absolutista. La deriva de Gadafi demuestra que el poder es demoníaco. En lugar de construir la gran nación que había prometido, se limitó a erigir una leyenda épica acerca de sí mismo, cegado por el narcisismo y por el poder económico de un país muy rico" (Suplemento Cultural de El País)
Tal vez se hubieran cumplido esas expectativas si hubiera encontrado más apoyos en los dirigentes del mundo árabe "Gadafi quiso generar un movimiento nacionalista panárabe, hasta que se dio cuenta de que al resto de los líderes les daba igual su proyecto: eran sólo prevaricadores y bufones al servicio de occidente y no de su propio pueblo(Suplemento Cultural de El País)
Y así, va discurriendo la noche en que Gadafi vio ponerse el sol por última vez. O así se imagina Yasmina Khadra que va discurriendo la noche en que Gadafi vio ponerse el sol por última vez. La novela es un monólogo. El autor sólo juzga a través de las palabras que pone en boca de Gadafi. Es el propio Gadafi quien habla, quien se muestra, quien se juzga. Contar las últimas horas del dirigente libio es fácil. Hay documentación suficiente, hay vídeos, hay testigos. Lo difícil es saber, imaginar más bien, lo que pudo pensar el hombre que durante cuarenta y dos años dirigió con despotismo y crueldad el destino de su pueblo y ahora se ve azuzado por ese mismo pueblo que, en franca rebelión contra el padre, lo busca para destruirle y conseguir que la "democracia" triunfe por fin en Libia. 
Nadie puede saber lo que pensó Gadafi, pero Yasmina Khadra hace una novela con lo que pudo haber pensado y nos muestra un hombre herido, vulnerable y acabado con el que se ensaña el destino; el mismo destino del que él se creyó un día dueño y que se ha empeñado en recordarle que la suerte no tiene dueño, que es la suerte la que manda, y tan pronto te da su mejor cara como te vuelve la espalda de la manera más azarosa y brutal.
Esta reseña está llena de citas del libro, pero es que la mejor forma de transmitir los sentimientos y el talante del personaje es reproducir las palabras que el autor pone en su boca.


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