Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

viernes, 28 de octubre de 2016

"Mientras sorprendan los días" Sara Mañero.

En "Mientras sorprendan los días" todo sucede a lo largo de un día, pero es un día muy largo en el que a las vivencias propias de la jornada, se añaden recuerdos e historias que vienen de lejos, a veces de muy atrás en el tiempo; recuerdos de acontecimientos que han conformado la vida de los personajes y que van a confluir en una serie de hechos y casualidades que cristalizarán en este día, una jornada que significará un  antes y un después en las vidas de nuestros personajes, aunque algunos ya no tendrán después, y otros se habrán quedado sin su antes, al menos sin el antes que conocían y amaban.
Pili es una mujer separada y con dos hijos adolescentes. Hace cinco años que fue operada de un cáncer de mama, trabaja de enfermera y hoy va a recibir unos resultados médicos que pueden suponer una condena para la que llevas días preparándose. "Había ganado casi cinco años. ¡Si tan solo pudiera conseguir otros cinco! Francisco podría estar a punto de acabar sus estudios y Silvia [...] volvería a ser ella misma"
A lo largo de todo el día, se enfrentará a sus recuerdos y así conoceremos los secretos familiares de los que se enteró hace unos años y que le dieron otra dimensión a la percepción que tenía de su familia; unos recuerdos del pasado que irán enlazando con el presente a medida que transcurran las horas.
Mario trabaja de ingeniero en una empresa. Hoy tiene que presentar un proyecto y si lo hace bien, su ansiada esperanza de dirigir la delegación de Brasil, podría hacerse realidad. Vive solo. La única mujer que tiene influencia en su vida es su asistenta , una mujer a la que solo ha visto dos veces "el día que la contrató y otro en que la gripe le retuvo en cama y no se acordó de avisarla. A decir verdad, no estaba seguro de poder reconocerla por la calle si la viese". Todas las mañanas coincide en el ascensor con su vecina. Todo lo que se han dicho es "Buenos días", pero Mario ya no sabe empezar el día sin ese encuentro intrascendente. Hoy la nota distraída y absorta hasta el punto de no saludarle, pero algo hará que, por primera vez, compartan algo más que un saludo.
Paco, desde que está en paro y separado, ha vuelto a vivir con su madre, una mujer con complejo de mártir que se materializa martirizando a los demás lo que es una dura prueba para Paco que "nunca había aguantado ese afán suyo de hacer cosas por los otros, pero dejando siempre bien claro que era un sacrificio y que esperaba gratitud a cambio". Hoy parece que la suerte de Paco va a cambiar y por fin va a encontrar el trabajo que le permitirá ayudar a su ex-mujer y sus hijos y, sobre todo, huir de la terrible y opresiva auto compasión con la que su madre pretende cobrarle no se sabe qué agravios.
Estos son los tres personajes principales, pero junto a ellos aparece todo un abanico de personajes accesorios que conforman el pasado y el presente de los protagonistas; sobre todo el pasado porque en él se anclan las razones y motivos de los tres y en él se irán conformando los hechos que van a llenar el día de hoy de casualidades más o menos felices, más o menos delicadas y comprometidas. Porque, aunque toda la novela transcurre en un día, todos los días, quizás éste especialmente, están conformados por el pasado que inexorablemente ha conducido hasta este hoy; el pasado que nos va mostrando episodios vividos por nuestros personajes o acontecidos antes de que ellos nacieran. Da lo
Sara Mañero
mismo; todo pasado se remonta a épocas muy anteriores a nosotros mismos; nacemos con un pasado que otras personas han vivido por nosotros, vicariamente, antes de que fuéramos.

Y llega por fin este día; un día cualquiera para vivirlo de principio a fin, como todos los que vinieron antes y los que vendrán después; pero un día distinto de los demás, porque en él se van a encontrar el pasado y el presente y se van a encontrar y a enlazar las vidas de algunos personajes; unas vidas que, sin ellos saberlo, se habían encontrado y enlazado mucho antes.
Y es que en esta novela es fundamental la casualidad, las varias casualidades que se van revelando en este día. La primera nos sorprende, la segunda nos chirría (¡¡otra casualidad!! Resulta tan inverosímil...), pero después vienen otras y descubrimos que son las casualidades que recorren la novela las que van haciendo encajar las piezas, las que hacen que el pasado se entronque con el presente y lo conforme y lo lance hacia el futuro.
Haciendo de la exageración virtud, la autora, Sara Mañero, hace confluir y encajar tantas cosas, que convierte la casualidad increíble en muchas casualidades necesarias porque acaban siendo el alma y lo que conforma la novela.
"Mientras sorprendan los días" es una novela sobre la cotidianidad, sobre personas normales, casi vulgares, en un mundo, más que normal, vulgar, al que estamos muy acostumbrados porque es el que habitamos casi todos; un mundo en crisis "ella ya se había encargado de no tramitar el divorcio para que Paco pudiera cobrar una pensión de viudedad [...], A lo mejor incluso contarían con más recursos que ahora mismo. Se ahorrarían los meses que quedaban de hipoteca"; un mundo lleno de misterios del pasado y esperanza en el futuro; un mundo lleno de casualidades increíbles que hacen que, a pesar de todo, contra todo pronóstico, en medio de la vulgaridad cotidiana, algunos días sorprendan.


lunes, 24 de octubre de 2016

"1280 almas" Jim Thompson

A la entrada de Potts County hay un cartel que dice «1.280 almas» y, como se supone que las almas están dentro de los cuerpos, Nick Corey, el jefe de policía del lugar, piensa que esa debe de ser la cantidad de habitantes de la localidad. Aunque claro, como le hacen ver sus amigos Ken y Buck, "los mil doscientos ochenta comprenden también a los negros, porque los leguleyos yanquis nos obligan a contarlos; pero los negros no tienen alma". Y ahí ya, Nick no sabe que decir. Porque Nick por más que piensa y piensa y vuelve a pensar, generalmente termina por no saber ni qué pensar ni qué hacer ni qué decir. 
Nick es un hombre necesitado de que alguien le solucione los problemas, de que alguien decida por él y le diga cómo tiene que proceder porque él, por sí mismo, vive inmerso en una maraña de confusión.
Ahora su mayor preocupación es seguir en "el reino de los cielos", es decir, seguir siendo el jefe de policía lo que le supone dos mil dólares al año y alojamiento gratis con cuarto de baño incluido. Pero se acercan las elecciones y Nick tiene la preocupación de ganarlas y volver salir elegido porque, de lo contrario, será expulsado del paraíso y puede que de los brazos de su mujer Myra. De manera que, como Nick nos cuenta "me puse a pensar y pensar, y luego pensé un poco más. Y decidí que no sabía qué mierda hacer".
Con tanta preocupación, Nick casi no come ni duerme... pero casi no hace otra cosa en todo el día más que comer y dormir.
Nick se nos muestra en esta novela, escrita en primera persona, como un hombre de una indolencia que nos duele; su falta de opinión y criterio ("No me atrevería a decir que se equivoca, pero tampoco estoy seguro de que diga usted la verdad" repite con demasiada frecuencia) nos enerva; su holgazanería y falta de respuesta, salvo para intentar averiguar como puede seguir viviendo sin preocupaciones y con el menor trabajo posible, termina por despertar nuestro nerviosismo. 
Jim Thompson
Y es de este deplorable personaje de quien se sirve Jim Thompson para hacer la crítica de una sociedad que vive anclada en su más rancios y tristes rasgos de distinción (?): el desprecio a los negros que, sin serlo, siguen siendo esclavos de la ignorancia y la arrogancia de los blancos; los privilegios y los abusos de los caciques ayudados por quienes deberían defender el orden y la justicia; la miseria de los blancos pobres, casi tan desesperada, pero algo menos, que la de los negros. Y así, hace una crítica que va mucho más allá de la acción de la novela, porque si el desprecio a los negros lo traducimos (y generalizamos) por racismo; el abuso de los caciques lo ampliamos y le añadimos las corruptelas del poder y la política y a la miseria de los blancos pobres la llamamos simplemente pobreza, podemos extrapolar la crítica de esta novela y hacerla universal.
A ello ayuda el hecho de que no se especifica ni el espacio ni el tiempo de la acción. Transcurre en un lugar indeterminado (se trata de algún estado del sur de Estados Unidos que no llega a nombrarse) en un tiempo inconcreto, lo que hace que se pueda aplicar a cualquier situación, entorno y época.
Y es que no tardamos mucho en descubrir, no tarda mucho Nick en ir descubriéndonos, que si hay algo que realmente sabe es qué hacer en cada momento y cómo hacerlo; si hay algo que Nick tiene son convicciones y las cosas muy claras.
Nick Corey es uno de los personajes más fascinantes con los que me he encontrado últimamente. Sus pérfidos y bien calculados planes se ocultan tras una aparente holgazanería, una tan irritante como falsa indolencia y una totalmente irreal ineptitud.
Nick es todo lo contrario a lo que nos quiere mostrar con sus palabras, aunque son sus palabras las que nos van mostrando quien es en realidad y como piensa, porque tras su falta de criterio, su no saber qué hacer, su falta de convicciones, se nos va manifestando, como sin darle importancia, el verdadero Nick Corey. Ese que se siente realmente molesto porque "a algún idiota se le había ocurrido pensar que «hay que dar una lección a los negros», y habría hecho correr la voz entre otros idiotas" y eso le va a dar trabajo; el que decide que tiene que ganar las elecciones para no perder sus privilegios y decide hacer todo lo posible para ello "De veras que voy a ponerme a castigar sin contemplaciones. Todo el que a partir de ahora infrinja la ley se las tendrá que ver conmigo. Siempre, claro esta, que sea un negro o un blanco desgraciado que no pueda pagar sus impuestos". Nick Corey es un psicópata al que no le tiembla el pulso a la hora de disparar, calumniar y golpear, pero es un psicópata con sentimientos y con un peculiar sentido de la justicia capaz de hacer justicia con más éxito que otros métodos más convencionales.
Nick es una persona capaz de hacer reflexiones
que nos dejan con el alma temblando como cuando define a su padre como una de esas "personas que buscan soluciones fáciles a problemas inmensos. Individuos que acusan a los judíos o a los tipos de color de todas las cosas malas que les han ocurrido. Individuos que no se dan cuenta de que en un mundo tan grande como el nuestro hay muchísimas cosas que por fuerza tienen que ir mal. Y si alguna respuesta hay al porqué de todo esto —y no siempre la hay—, vaya, es probable entonces que no se trate sólo de una respuesta, sino de miles". Y nos quedamos pensando que Nick sabe de lo que habla, que Nick, además de un malvado astuto e inteligente, es un personaje entrañable, con una sensibilidad especial para atinar con las verdaderas respuestas a los problemas, aun cuando estas sean inexistentes; un personaje que actúa con contundencia, resignado e impotente ante su propia imposibilidad para entender algunas cosas complicadas de esta vida, porque, como termina su discurso, "me puse a pensar y pensé, pensé y luego pensé otro poco; y por fin llegué a una conclusión: que en cuanto a saber qué hacer, no sé más que si fuera otro piojoso ser humano".



sábado, 22 de octubre de 2016

"Don de lenguas" Rosa Ribas & Sabine Hofmann

Tenía pendiente hace mucho tiempo esta serie de la periodista Ana Martí escrita a dos manos por Rosa Ribas, la creadora de Cornelia Weber Tejedor, y Sabine Hofmann, una profesora de la Universidad de Frankfurt donde conoció a Rosa Ribas.
He leído dos novelas de la comisaria Weber-Tejedor que me han gustado, pero aún no había empezado con Ana Martí.

"Allí estaba Mariona. Blanca, rubia, carnosa y muerta". Estamos en Barcelona en 1952, en vísperas del XXXV Congreso Eucarístico que tuvo lugar en la ciudad entre el 27 de mayo y el 1 de junio. La ciudad se prepara para un evento que se realizará a mayor gloria del dictador y del Régimen cuando Mariona Sobreroca, una de las mujeres de la alta sociedad barcelonesa, viuda de un afamado médico, aparece muerta en su casa. 
Se le encarga el caso al Inspector Isidro Castro y, para demostrar al mundo que en España, las "raras veces" en que se comete un crimen, "se persigue y castiga de forma eficaz", se le da en exclusiva a La Vanguardia la oportunidad de ir publicando los avances de la investigación a medida que se produzcan. El redactor jefe de La Vanguardia envía a Ana Martí para que sea los ojos y la voz del periódico en la comisaría de Vía Layetana. No, no es que la España de 1952 se haya vuelto feminista, no es que Ana sea la excepción que confirma la regla y se dedique a escribir las noticias de sucesos. En realidad, Ana se encarga en el periódico de cubrir todas las fiestas de Sociedad y se muere de aburrimiento explicando como son los trajes y complementos, los peinados y tocados, las joyas y los zapatos que llevan a esas fiestas las mujeres de la burguesía más rancia de la ciudad. Pero Sanvisens la aprecia de veras. Fue amigo de su padre, también periodista en La Vanguardia, "antes de que las diferencias políticas los hubieran distanciado de forma irreversible".
Rosa Ribas
Y, aunque desde que el padre de Ana salió de la cárcel, Sanvisens no ha vuelto a mencionarlo ni a querer saber de él, ha dado trabajo a Ana y la aprecia de veras por lo que, ante la enfermedad de quien realmente debería cubrir el caso, la envía a ella, sabiendo que lo hará bien y que será un paso importante en la carrera de la joven.

La llegada de Ana a la comisaría de Vía Layetana la sume en una terrible sensación de miedo y angustia. Allí las fuerzas del orden al servicio del nuevo régimen establecido, obtienen confesiones de los detenidos, no siempre veraces y no siempre de manera digamos adecuada  (legal es ya casi todo en manos de las autoridades). "El edificio estaba cubierto de una pátina de miedo que emanaba de las entrañas, de los sótanos que habían sido y eran escenarios de torturas y muertes. Como con tantas otras cosas, era algo que se sabía y se callaba. El miedo que impregnaba las paredes de la jefatura se nutría de historias contadas en voz baja, de ausencias sin explicación pero cuyas causas se conocían, de los ecos mezquinos de la delación. El miedo impregnaba las paredes del edificio y se expandía por los alrededores, contaminándolos". Y es que Ana procede de una familia que ha sufrido como pocas, como muchas, el resultado de la guerra. Su padre pasó por la cárcel y, depurado como tantos otros, no puede ejercer su profesión de periodista, la misma que había desempeñado con acierto y pericia hasta que cambiaron las tornas y los útiles dejaron de serlo y se convirtieron en inútiles indeseables de la noche a la mañana, de la Guerra a la Victoria. Su hermano Ángel "yacía en alguna fosa común en Aragón; no les habían querido entregar el cuerpo".
Ana, a quien Castro no toma demasiado en serio y deja entretenerse con cosas que él considera sin importancia, comienza a encontrar entre esas cosas algunas pruebas que la llevarán a pensar que la policía no está en el camino más adecuado para descubrir al asesino de Mariona.
No obstante, no es la trama policial lo más importante de la novela. Ni la forma elegida para su resolución que ha hecho que en algunos momentos haya tenido la sensación de estar leyendo un libro de "Los cinco" con todo lo que eso puede tener de bueno y de malo. 
Yo recomendaría la lectura de "Don de lenguas" por el ambiente en el que nos sumerge la historia. Una sociedad de posguerra, pero de una posguerra un poco avanzada. Ya no hay esperanza para los vencidos. El Valle de Arán queda muy lejos, así como las esperanzas de una invasión por parte de los aliados tras vencer al fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Franco tiene las posaderas asentadas en el suelo patrio y, aunque aún nadie lo sabe, las tendrá aún durante otros veintitrés años. Lo que sí saben es que ha venido para quedarse. Y esa sociedad está escindida y cada uno reacciona como puede, como quiere o como le dejan ante la realidad impuesta.
Algunos sobreviven tratando de no hacerse notar, de llegar como sea al día siguiente, a poder ser sin tropiezos con la autoridad, y de mantener la dignidad contra todo pronóstico porque hay "lugares a los que no se llega, sino en los que se cae. La única forma de evitarlos, a pesar de la precaria situación familiar, era conservar las formas con severa disciplina. Nunca en esa casa se comía en la cocina, sino en el comedor y, si bien el número de los cubiertos había menguado, no su estricta disposición"
Otros se saben favorecidos por la situación y, bien por ideología o por simple interés, le lamen el culo al régimen, a las posaderas de Franco y a quien sea menester. En este grupo el personal es variado. Están los que compran porque tienen dinero o poder para ello y al hacerlo adquieren más poder o más dinero; están los que se dejan comprar porque tienen algo que vender y pretenden así pasar a otro nivel, tal vez, por qué no, al de los compradores. Lo malo es que a veces alguno se equivoca y trata de vender una mercancía peligrosa que le estalla en las manos.
Sabine Hoffman
Y entre ambos grupos, están los que se mimetizan, los que desearían estar a cien mil millas del régimen y del triste y oscuro país que les ha caído o en el que han caído, pero ya que les ha tocado jugar con las cartas marcadas en contra se asimilan a lo que hay, se mimetizan con el medio y procuran hacerlo lo mejor posible aunque para ello tengan que dejarse cualquier cosa en el camino.
Esa ambientación y esos personajes son los que le dan interés a la novela. La trama no es más que el pretexto para pasearnos por la Barcelona de 1952, a unas escasas semanas de que se inicie el Congreso Eucarístico del que ya hemos leído en alguna otra novela; es solo un pretexto para poner a trabajar a unos personajes desiguales; algunos quedan algo desdibujados o resultan un tanto ambiguos, pero otros son verdaderamente fascinantes en sus respuestas a la situación y a las circunstancias que les ha tocado vivir; es un pretexto más para enseñarnos la corrupción endémica de aquellas autoridades ya que solo siendo corrupto o estando dispuesto a serlo se podía llegar a un nivel social aceptable, a unas cotas de poder redentoras de todo mal; es un pretexto para hacernos entender que la palabra "verdad" a veces resulta un concepto muy elástico y es "siempre una firme candidata a ser manipulada. Cada régimen la deformaba a su conveniencia; este la usaba como si la hubiera creado a su medida".



miércoles, 19 de octubre de 2016

"El Proyecto Dream" Ruy Vega

Hay un viejo proverbio, al parecer chino, que me gusta mucho y cuya veracidad he podido comprobar varias veces a lo largo de los años, "Ten cuidado con lo que deseas porque podrías conseguirlo".
La humanidad lleva muchos años preguntándose si existe vida fuera de este planeta azul y líquido en el que surcamos el Sistema Solar y con él, la Vía Láctea. Los científicos buscan vida fuera y dentro del Sistema presidido por nuestro Sol. Nadie es tan cerril como para pensar a estas alturas que de los miles de millones de estrellas que hay en cada una de las miles de millones de galaxias del Universo, solo este humilde planeta de esta vulgar estrella vaya a albergar vida. Otra cosa es que esa vida haya evolucionado hacia algo inteligente (también lo dudo de la vida en la Tierra, pero eso es otro asunto) y que, de haberlo hecho, esté en condiciones de comunicarse con nosotros. 
Hay incluso una fórmula que se debe a un radioastrónomo, Drake, con la que pretende calcular la cantidad de civilizaciones que hay en la Vía Láctea capaces de comunicarse con emisiones de radio detectables. No es nada reciente; la fórmula es de 1961 y aplicando una serie de valores a sus parámetros le sale la cifra de diez civilizaciones que cumplirían esa condición (dejo aquí el enlace para quien quiera saber un poco más acerca de esta fórmula, los parámetros de que consta y los valores que Drake les dio).
Frank Drake y su fórmula
Lo que plantea Ruy Vega en "El Proyecto Dream" responde perfectamente al proverbio chino citado antes. ¿Qué sucedería si la vida extraterrestre que encontramos se vuelve contra nosotros? ¿si ese deseo, al cumplirse, se convierte en una pesadilla que está a punto de terminar con la humanidad?
No suelo leer novelas de ciencia ficción, pero el planteamiento de esta era demasiado atractivo como para dejarla pasar. Así es que me decidí a hacer una excepción y leerla.
La novela empieza el 24 de marzo de 2010 con una entrevista de la cadena de radio KBS, en Estados Unidos, al doctor Markus Fielchbiert con motivo de un hecho de gran importancia científica y mediática: la nave Hope ha vuelto a la órbita terrestre soltando a Dream en el punto previsto del océano Pacífico. "Dream es el pequeño robot que transportaba Hope, que a su vez es la nave que viajó por el espacio hasta uno de los satélites que orbitan al gigante Júpiter" como bien nos recuerda el entrevistador. Dream se ha posado en Europa, uno de los muchos satélites de Júpiter, para estudiar el hielo superficial y traer a la Tierra muestras del mismo. Hope que ha hecho miles de fotos y ha tomado miles de datos de la superficie del satélite que ya se están estudiando, quedará en
órbita alrededor de la Tierra hasta que se le haga entrar en la atmósfera donde se destruirá al chocar con los gases que la forman. 
Ruy Vega

Enseguida se intuye que los resultados son más impresionantes de lo esperado. Los estudios se llevan a cabo en el más absoluto secreto, hasta el punto de que la NASA obliga a cerrar las cuentas en las redes sociales de aquellos trabajadores implicados en las investigaciones... y comienzan a pasar cosas raras.
Tras una cena de celebración del equipo del Proyecto Dream, comienzan a morir algunos de sus integrantes en circunstancias nada claras. Se achaca a una infección alimentaria o un atentado por parte de algunos colectivos que siempre estuvieron en contra del proyecto.
Empiezan a morir personas que nada han tenido que ver con el proyecto, en Estados Unidos y fuera del país. Solo mueren varones mayores de catorce años. Los niños menores de esa edad y las mujeres permanecen misteriosamente a salvo. Y el problema se va extendiendo hasta ser reconocido por la Nasa como causado por un virus traído a la Tierra en el Dream desde Europa, la luna de Júpiter visitada. Y se manifiesta finalmente como una pandemia que afecta a todo el mundo y que nadie sabe como atajar. 
Muchas cosas tiene de interés "El Proyecto Dream". La primera, la forma en que está narrada, porque toda la historia, a lo largo de sus más de cuatrocientas páginas, se cuenta por medio de noticias de prensa, entrevistas en la radio y en los periódicos, artículos de opinión, alguna reflexión recogida de algún blog, tweets... todo ello tanto en Estados Unidos como en países europeos y sudamericanos. 
La cadena internacional KBS, la cadena de radio EBZ, el blog "La estrella que ya no brilla", The National Journal, tanto en su edición digital como en la impresa, A voz de Brasil (también en ambas modalidades de edición). Incluso la cadena SER en España en su programa "Tercer milenio". Todos ellos contribuyen, sin más apoyo que sus noticias, para hacer avanzar la trama de la novela.
Interesante es también la distinta manera en que los diferentes gobiernos de los distintos países se enfrentan al problema. Con total sinceridad y eficacia, nadie; con represión, mentiras y brutalidad, algunos; con las justas mentiras y el justo respeto por la población que la democracia exige, otros. Pero casi todos ponen la prioridad más en evitar nuevos contagios que en ayudar a los ya enfermos (por los que poco se puede hacer por otro lado) "Lo que en principio se iba a convertir en un medio de apoyo a los enfermos se está convirtiendo en un polémico procedimiento para deshacerse de los infectados".
Algunos países caen en el desgobierno tras la muerte de muchos de sus responsables políticos lo que es aprovechado por sus vecinos para expoliarlos de todo recurso útil y dejarlos de nuevo abandonados a su suerte. 
Europa, el satélite de Júpiter
Podemos imaginar que la manera de encarar el problema desde los gobernantes es muy dispar en Europa o África; en Estados Unidos o América Latina. Y todo ello nos lo muestra "El Proyecto Dream". También nos muestra como se enfrentan a la pandemia las poblaciones de los países, estas con más uniformidad en su comportamiento porque el miedo, la desconfianza, la ignorancia de lo que realmente sucede, no sabe de fronteras ni de modos de Gobierno. Comienzan rebelándose contra las medidas represoras de sus gobernantes, mostrando su apoyo y su ayuda a quienes más las padecen, para acabar cayendo en el desánimo, en un sálvese quien pueda que no entiende de solidaridad ni de nada que no sea la propia supervivencia y la de los suyos. 
Se suceden los acontecimientos y, con ellos, el desánimo y la frustración ante el empeoramiento de lo que ya difícilmente puede empeorar; la ilusión ante lo que parece que podría empezar a ser la solución; el desengaño cruel cuando surgen nuevas dificultades, cuando la solución es más parte del problema que otra cosa.
Cuando no se aplica el "Principio de precaución", cualquier cosa puede suceder. Cuando se alteran los delicados equilibrios que mantienen dinámicamente estables los ecosistemas, los organismos, la salud, hay que tener previstos muchos escenarios y estar preparados para actuar en cada uno de ellos. El ser humano ya ha demostrado que no suele ser muy precavido. Su imaginación no le debe de permitir prever muchas situaciones diferentes. Su arrogancia hace que, sin haberse llegado a levantar, tropiece y caiga de nuevo. Por la misma piedra o por otra muy similar.
Todo esto lo vemos en "El Proyecto Dream", la primera novela de Ruy Vega, una novela que he leído muy interesada y muy enganchada desde el principio.
Algún fallo gramatical o de sintaxis, derivado no sé si de un error de imprenta o de una corrección un tanto acelerada, que he encontrado por otra parte en novelas de escritores consagrados, no le restan mérito, ni un ápice de interés.
Espero la siguiente novela que sé que está escribiendo Ruy Vega con verdadera curiosidad.



domingo, 16 de octubre de 2016

"Incendios" Richard Ford

 "En el otoño de 1960, cuando yo tenía dieciséis años y mi padre llevaba sin trabajo algún tiempo, mi madre conoció a un hombre llamado Warren Miller y se enamoró de él".
Así comienza "Incendios", la novela más corta y también la más sencilla de todas las que he leído de Richard Ford. Es sencilla por la historia que nos cuenta; la historia de lo sucedido en aquellos tres días de principios de octubre de 1960 en que Joe asiste, impotente y sin saber muy bien como actuar, al descubrimiento de que su madre, Jean, tiene una vida propia, al margen del marido y del hijo, y siente que la existencia segura que hasta entonces había gozado y supuesto inalterable se derrumba a su alrededor como los árboles allá en la montaña se derrumban ante las llamas incontrolables que llevan asolando el bosque desde principios de julio. 
No tiene nada de sencilla cuando se trata de mostrar los sentimientos de los personajes ante lo que les está ocurriendo, porque las vidas de las personas pueden ser sencillas, de hecho la mayoría lo son; los acontecimientos se repiten de unas personas a otras, de unas vidas a otras, la mayoría de las veces con una monotonía que raya en la vulgaridad, pero lo que nunca es sencillo, ni monótono, ni vulgar son los sentimientos y las reacciones que esa repetición de hechos provoca en las personas que los viven.
Y ahí es donde Richard Ford, de Jackson, Mississippi, me tiene cautivada. La expresión de esos sentimientos es lo que la pluma (el teclado, imagino) del autor  convierte en una paleta sucia donde se mezclan en pulcro desorden todos los colores del arco iris; en un caleidoscopio brillante donde las formas y las luces adquieren categoría de obra de arte. Richard Ford es el maestro de los sentimientos. En sus novelas, en las que he leído, tal vez con la única excepción de "Canadá", los hechos no son lo más importante, pero déjate arrastrar por el autor y te envolverán las emociones, los descubrimientos, la angustia, la culpa, la impotencia, el resentimiento... la aparente indiferencia "¿Sabes lo que pasa —dijo— cuando te pasa lo que menos querías que te pasara? [...] Nada en absoluto". Aunque esas palabras que podrían indicar indiferencia (aparente) por parte de Jerry, el padre de Joe, terminen siendo, al final, una profecía.
Great Falls, Montana
Estamos en Great Falls, Montana, a orillas del río Missouri, en el mismo pueblo donde transcurre la primera parte de "Canadá". Joe y sus padres se han mudado la primavera de aquel mismo años a instancias del padre "en la creencia de que la gente —gente modesta como él— estaba haciendo dinero en Montana —o lo haría muy pronto—, y con el deseo de llevarse un trozo del pastel mientras duraran los buenos tiempos, antes de que todo se fuese al traste y se esfumase en el viento". Allí viven con lo que el padre gana dando clases de golf en un club privado y en la base aérea. 
A finales de septiembre Jerry se queda sin trabajo y, tras unos días de una cierta indolencia en los que no se sabe muy bien lo que hace ni si busca trabajo o no (aunque probablemente se está buscando a sí mismo), se apunta para trabajar con las brigadas que suben a los bosques a intentar apagar los incendios. Esa ausencia del padre, en contra de la opinión de la madre, "no sabes nada de incendios. Vas a acabar abrasado", desencadena toda la historia que dura los tres días que el padre está fuera y varios meses después que se nos resumen en un corto capítulo final. 
Joe está empezando a descubrir que la infancia queda atrás y la vida es más compleja de lo que podía imaginar y los padres son seres de carne y hueso que también tienen miedos e inseguridades. "Cuando uno tiene dieciséis años no sabe lo que sus padres saben, ignora mucho de lo que entienden, y más aún de lo que pueda haber en su corazón. Ello puede salvarte de hacerte adulto demasiado pronto, evitar que tu vida llegue a ser tan sólo una repetición de la suya, lo que siempre implica una pérdida. Pero escudarte en ti mismo —cosa que yo no hice— parece un error aún más grave, pues lo que pierdes es la verdad de la vida de tus padres". Joe no se escuda en sí mismo y a pesar de la intranquilidad y el sufrimiento, casi sin darse cuenta, va penetrando en esa verdad dolorosa que es la vida de los padres para los hijos; esa caída de los ídolos que todo hijo experimenta con respecto a sus padres cuando los descubre como seres humanos tan limitados como el resto, tan limitados como uno mismo. 
Jean descubre la soledad que toda persona arrastra por muy rodeada de gente que esté, por muy amada que sea; esa soledad en la que nadie puede acompañarte porque es inherente a toda vida (se nace solo, se muere solo y se vive, en gran medida, solo). Pero Jean no entiende o no quiere entender lo inevitable de esa solead. "Nadie quiere complacerte de verdad, eso es todo [...]. Eso es lo que pasa. Quieren complacerse a sí mismos. Si tú eres feliz así, estupendo. Si no, mala suerte. Y esto que digo es muy importante [...]. Es la clave de todo.[...]. De la felicidad. De la tristeza. De todo". Y busca fuera de casa y de su matrimonio lo que no encuentra dentro - tal vez porque no existe - y que tampoco encontrará fuera - porque no existe -.
Jerry es el personaje más complejo de la novela y, aunque es el que menos sale, su presencia se impone en cada párrafo de cada página. No se sabe muy bien lo que busca, pero da por supuesta la posesión de la familia y se dedica a buscar fuera algo que solo tiene que ver con su persona. Se busca a sí mismo o busca una función en el mundo con la que sentirse a gusto, en la que sienta que encaja.
Aparece como un hombre sereno, capaz de asumir las cosas con la calma que da el saberlas inevitables. "Supongo que debería haber sabido lo que estaba pasando [...]. Siempre sale una tercera persona por alguna parte. Aunque sólo sea en tu mente. Uno no puede controlar la mente. Lo sé. Y seguramente no debería ni intentarlo [...]. Es el dinero —dijo—. Ésa es la causa primera. Así es como se rompen las familias. No teniendo el dinero suficiente". Por eso sorprende su reacción cuando finalmente la toma y decide actuar. Pero incluso esa desequilibrada reacción está envuelta en el mayor de los equilibrios y en la más absurda sensatez.
Richard Ford
Y todos estos acontecimientos y las respuestas y sentimientos que desencadenan se enmarcan en una naturaleza hostil en la que las cenizas y el humo del fuego, allá en la montaña, se hacen omnipresentes para aportar un grado más de angustia, de falta de aire, de impotencia ante lo que la vida va poniendo delante de los personajes, la misma impotencia a la que se enfrentan para apagar unos fuegos que solo la nieve o la lluvia serán capaces de dominar, al menos temporalmente. "Ahora, aunque lloviera allá arriba, en los cañones, el fuego no se apagaría. Quedaría latente, sin llama, y luego volvería a levantarse".
Joe se sentirá dividido entre el amor a su madre y la lealtad a su padre y, como toda persona antes o después, se verá en la difícil situación de tener que escoger aunque sea sólo en sus pensamientos. Y descubrirá que la vida consiste en una serie de renuncias porque tal vez la mejor lección que nos transmite este libro se plasma en las palabras que Jean le dice a su hijo: "Tu vida no es lo que tienes, cariño, o lo que consigues. Es aquello a lo que estás dispuesto a renunciar. Es un proverbio viejo, lo sé. Pero es cierto. Uno necesita tener algo a lo que renunciar, ¿de acuerdo?".



jueves, 13 de octubre de 2016

Lecciones para escribir una novela. Tercera: El Planteamiento.



Seguimos con estas lecciones sobre cómo escribir una novela. Un curso Online que estuvo a cargo de la escritora Ana Bolox y que se publicó en la Revista MoonMagazine.
En esta segunda lección (tercera si tenemos en cuenta la introducción) empieza Ana a hablarnos de ese primer elemento de los tres clásicos que forman la estructura de una novela: 
En la lección anterior hablamos de esa estructura clásica que desde Aristóteles consta de tres unidades: planteamiento, nudo y desenlace.
Esta nueva lección Ana nos va a contar qué es el planteamiento que "presenta una característica que las otras dos unidades dramáticas no comparten:es el primer acto, no hay nada que lo preceda y, por tanto, ha que valerse por sí mismo tanto para comenzar la historia como para atrapar al lector, que son sus dos funciones principales".
Nos dará unas normas básicas para atrapar al lector, algo fundamental para todo el que quiera escribir y, además, que le lean.
Nos explicará la enorme importancia del planteamiento como elemento que inicia la novela y cómo cuenta para hacerlo con "un componente importántísimo: el desencadenante, del que hablaremos en una próxima entrada, cuando nos ocupemos de los elementos que componen el planteamiento o primera unidad dramática".
También nos hará una introducción de esos elementos de los que consta el planteamiento que son: 
  • La situación de equilibrio inicial
  • El desencadenante.
  • La pregunta dramática.
  • El primer punto del giro principal
En lecciones posteriores irá desarrollando cada uno de estos elementos.
En esta lección, Ana, ya metida en faena, afronta la apasionante labor de contarnos la mejor manera para empezar nuestra novela.
También podéis visitar la página web de Ana, "Ateneo literario" donde encontraréis talleres literarios para distintos géneros de novela.
Espero que os resulte tan interesante como a mí y de nuevo y como siempre, quiero agradecer a Txaro Cárdenas, directora de la Revista MoonMagazine, su amabilidad al darme permiso para publicar en mi blog estas entradas. Muchas gracias, Txaro.


martes, 11 de octubre de 2016

"Me llamo Lucy Barton" Elizabeth Strout

"Pero ésta es mi historia.
Y sin embargo, es la historia de muchos [...]. Y me llamo Lucy Barton".
No sé si es la historia de muchos, pero desde luego, es mi historia. No toda, pero sí una parte. Y creo que así, parte a parte, a cada uno nos toca lo nuestro, porque si algo es la historia de Lucy Barton es la de una persona normal que va pasando a lo largo de su vida, como todos, por una serie de etapas. Tristes y pobres, unas; felices y luminosas, otras; normales hasta el aburrimiento y la monotonía, la mayoría - aunque no son las que más aparecen en el libro -. Y en alguna de esas etapas, cada uno de nosotros se puede encontrar con ella porque las vidas normales es lo que tienen, que todas acaban por parecerse como las familias felices.
"Hubo una época, hace ya muchos años, en la que tuve que estar en el hospital durante casi nueve semanas. Era en Nueva York, y por la noche tenía desde mi cama una vista clara, justo enfrente, del edificio Chrysler, con su esplendor geométrico de luces". Así comienza "Me llamo Lucy Barton" a contarnos su historia, con un acontecimiento que sucedió mediada la década de los ochenta. En el hospital recibe la visita de su madre a la que no ve desde hace mucho tiempo y durante cinco días y cinco noches, en conversaciones dolorosas o tiernas o ambas cosas a la vez, irán recordando la vida extraña de la infancia de Lucy. "Éramos raros, los de nuestra familia, incluso en aquel pueblecito minúsculo de Illinois, Amgash". Sí, incluso en aquel pueblecito donde casi todos vivían más o menos con lo justo, ellos eran más pobres, más sucios, más hambrientos. Cuando desde pequeña tus compañeros se han alejado de ti tapándose la nariz porque "vuestra familia da asco"; cuando jamás has recibido una caricia, un beso, un gesto de cariño por parte de tu madre; cuando has vivido hasta los once años en el garaje prestado de un tío abuelo, no es extraño que, si tienes oportunidad, salgas corriendo para no volver, y olvides que allí has dejado una familia con la que lo único que has compartido es miseria y resentimiento. Y sin embargo "al recordar ahora aquellos primeros años, a veces me da por pensar que no estaba tan mal".
A Lucy la oportunidad de dejar atrás el pasado le llegó por los libros, le llegó por el frío. Nunca se sabe de dónde te puede llegar la salvación, el caso es que en su casa (a la que se mudaron desde el garaje cuando su tío abuelo murió) el frío era tan intenso que Lucy permanecía en la escuela al calor de los tibios radiadores de las aulas que un conserje compasivo le abría tras la jornada escolar. Allí empezó a leer cuando terminaba los deberes porque en aquellas aulas había libros y además se podían llevar a casa. Lucy descubrió que los libros acompañan y deseó escribir para poder, ella también, hacer que la gente no se sintiera sola. Y yo me siento Lucy, aunque mi infancia no haya sido tan negra como la suya, pero también yo descubrí un día que los libros ahuyentan la soledad y la tristeza y hasta el hambre (leyendo me olvidaba de merendar y de cenar), todo menos el frío (el frío ahuyenta el placer de la lectura).
Los libros abren la mente de Lucy y consiguen que unas notas inmejorables le abran el camino al futuro "una universidad a las afueras de Chicago me ofrecía una plaza con todos los gastos pagados. Mis padres no dijeron gran cosa al respecto".  Y Lucy normaliza su vida y empieza a tener amigos y a ser una más allí donde va. Y su vida empieza a ser un sueño del que no quiere despertar y cuando vuelve a casa por Acción de
Elizabeth Strout
Gracias, no puede dormir temiendo que el despertar suponga también el final
 de su sueño. 
Lucy nos contará su pasado, evocado por la presencia de su madre, pero también nos irá contando su vida posterior a la estancia en el hospital. La única vez que volvió a ver a su madre y a su padre. Su relación con su hermano. Las hijas que crecen y se van de casa "Cuando Chrissie fue a la universidad, y Becka al año siguiente, creí –y no es sólo una expresión: digo la verdad–, creí que me moría". Y vuelvo a ser Lucy porque hubo una semana del otoño de 2005 en que yo también creí que me moría. 
El libro va derivando hacia unos capítulos cada vez más cortos, son como fogonazos, anécdotas sueltas de la vida de Lucy y vuelvo a encontrarme con ella en varias ocasiones y cada vez es como un latigazo en la nostalgia y hay cosas que duelen mucho porque se sobrevive a base de encerrar cosas en los baúles del recuerdo y este libro, en varias ocasiones, me desbarata todos los baúles y los abre y saca el contenido y lo esparce por la alfombra y me quedo inerme mirándolo todo y cierro el libro y me revuelco en mis recuerdos antes de volver a encerrarlos, aunque no sé cuanto tiempo tardará Lucy en sacar otro y otro más.
"Muchos años más tarde, después de haber dejado a mi marido, paseaba hasta el East River por la calle Setenta y Dos, por donde se puede llegar justo hasta el río, y mirando el río pensaba en los partidos de béisbol a los que habíamos ido hacía tiempo y tenía una sensación de felicidad, una sensación que no tenía con otros recuerdos de mi matrimonio: lo que quiero decir es que los recuerdos felices me dolían. Pero los recuerdos de los partidos de los Yankees no eran así: hacían que se me llenase el corazón de amor por mi marido y por Nueva York, y sigo siendo hincha de los Yankees, aunque ya no volveré a ir a un partido, lo sé. Aquella era una vida distinta". Y
Edificio Chrysler
vuelvo a sentirme identificada con ella porque es cierto que los recuerdos felices duelen tras el paso del tiempo y de los momentos y las personas que los acompañaron. Es cierto que desaparecidas esas personas y esos momentos, la vida es otra y no tiene sentido querer volver a los partidos de los Yankees porque nunca recuperarás aquella vida, aunque te siga gustando el 
béisbol y sigas siendo hincha de los Yankees.
Una novela que me ha tocado muchas fibras. No sé si se las tocará a todo el mundo, aunque por las muchas reseñas de ella que he leído, parece que sí.
Elizabeth Strout, la autora de "Me llamo Lucy Barton", es además la autora de otra novela que no he leído, pero de la que he visto una miniserie de cuatro capítulos muy recomendable, "Olive Kitteridge" que obtuvo el Premio Pulitzer en 2009. Recomiendo la serie porque es la vida normal de una mujer normal, pero cuánta pasión y cuánto interés transmiten las vidas normales cuando están bien contadas.
*En twitter hay una iniciativa que podéis consultar en #LeoAutorasOct y que pretende dar a conocer y promocionar la literatura escrita por mujeres. No me he apuntado porque no quería comprometerme. Tengo varias reseñas pendientes, libros para retos y tertulias y muy poco tiempo por lo que no sabía lo que iba a poder hacer, pero pensé que, por mi cuenta, intentaría leer libros de autoras. "Me llamo Lucy Barton" es uno de ellos.


sábado, 8 de octubre de 2016

Entrevista en "Otros mundos" de "Escritora mamá"

El pasado 1 de Octubre, María Campra en su blog "Escritora mamá" publicó una entrevista que me había hecho. En dicho blog tiene una sección llamada "Otros mundos" en la que podéis encontrar otras entrevistas a otras personas que no siempre tienen blogs, pero siempre resultan interesantes.
Pinchando en los enlaces llegaréis a la sección y a la entrevista y sabréis un poco más de mí. Pero no os quedéis ahí porque el blog de María tiene otras muchas secciones. Es de publicación casi diaria y temática muy variada. Escribe relatos, microrelatos y relatos mas largos, por entregas, que publica en el blog. En su sección Asuntos de mamá, trata sobre temas de niños, colegios, actividades para realizar con ellos y toda clase de asuntos muy interesantes para los que tienen hijos pequeños. Tiene una sección denominada "Tertulias" que en realidad son Tertulias gramaticales y ortográficas, muy útil para resolver esas dudas que a veces a todos nos entran sobre el uso de guiones, dos puntos, puntoy coma... Un blog, en definitiva muy variado, ameno e instructivo que yo sigo hace mucho tiempo.


Pero además María tiene publicado un libro de cuentos, "Cuentos de la Alcazaba de Almería" (ella vive en Almería) y está preparando la salida de su segundo libro.
Os recomiendo que os paséis por su blog porque encierra muchas y muy agradables sorpresas. 


jueves, 6 de octubre de 2016

"El bueno de Oliver" Liz Nugent

Oliver es un hombre solitario. Es un famoso y aclamado escritor de cuentos infantiles. Está casado con Alice que ilustra sus libros y está tan enamorada de él que renunció a tener hijos para poder estar a su lado - "Cuando nos prometimos, dejé muy claro que los hijos no entraban en el plan. [...] Debía de estar extraordinariamente enamorada de mí para sacrificar algo tan fundamental para ella a cambio de casarse conmigo" - es rico y vive en una de las mejores zonas de Dublín. Pero a pesar de todo, Oliver es un hombre solitario.
La infancia de Oliver fue una sucesión de carencias y abandonos. Su padre nunca se preocupó por él y le transmitió la idea de que su madre, a la que nunca conoció, fue una mujer de mala vida. Lo dejó al cuidado de "una señora mayor que me traía la comida y era amable. Creo que se llamaba Fleur, o tal vez fuera el nombre que yo le puse". Siendo aún muy pequeño, el padre lo dejó en un internado desde cuyas ventanas se veía la casa familiar, tan cerca se encontraban ambos edificios y, sin embargo Oliver no volvió a ver a su padre más que en muy contadas ocasiones.
Ahora Oliver ha crecido, ha triunfado y se ha hecho famoso. Pero Oliver es un solitario y un mal bicho. La novela comienza narrada por él mismo "Esperaba una reacción mayor la primera vez que la pegué. Pero se quedó simplemente tendida en el suelo, llevándose la mano a la mandíbula. Mirándome. En silencio. Ni siquiera parecía sorprendida". A partir de ese momento, la historia pasada y presente de Oliver se nos irá contando por distintos personajes que lo han conocido en diferentes épocas y circunstancias. Así asistiremos al relato de unos hechos contados con mayor o menor subjetividad (nadie es objetivo en esta historia). La distinta subjetividad que da ser el verdadero protagonista, o un amigo, o un simple conocido, o alguien que guarda resentimiento y tiene cuentas pendientes. 
Estos distintos puntos de vista que nos darán una visión bastante completa de la vida de este hombre que, tal vez, hubiera llegado a ser "el bueno de Oliver" de haber tenido unos comienzos más cálidos, más arropados, más serenos; de haber contado con una tutela que le hubiera enseñado a valorar en la vida algo más que la mera necesidad de sobrevivir a costa de lo que sea.
Pero Oliver ha tenido que crecer solo, y desde muy pequeño supo que tendría que forjarse su propio destino, que lo que fuera a ser su vida tendría que diseñarlo él mismo porque nadie lo iba a ayudar. Además, tenía que endurecerse y anular sus ansias de cariño porque nadie se lo iba a proporcionar y dolía demasiado cuando, desde el internado, asomado a una ventana, con unos prismáticos, veía a su familia entrar y salir de casa en lo que parecía una vida feliz.
Ahora Alice, la mujer que renunció a algo tan importante para ella como los hijos por amor a él, tal vez la persona que más lo ha querido, está en coma de resultas de la paliza y los médicos no ven muy claro que se vaya a recuperar.
"El bueno de Oliver" se plantea (o así lo he imaginado yo) como relatos que los amigos y conocidos de Oliver van contando, tal vez a la prensa en sendas entrevistas, a raíz de los incidentes. A través de los distintos testimonios iremos sabiendo casi todo acerca de la vida de Oliver. Digo casi todo porque es imposible entrar por completo en la psicología de un
Liz Nugent
personaje tan complejo, y siempre hay parcelas que quedan en un claroscuro difícil de desvelar.

De la mano de antiguos compañeros de internado y Universidad, de amigos y familiares, de conocidos, tutores y empleadores, sabremos la versión más probable acerca del complicado origen de Oliver y las circunstancias que rodearon la vida de su madre; asistiremos con estupor a lo que sucedió hace muchos años en aquella granja cercana a Burdeos, donde Oliver y varios amigos trabajaron un verano, para desgracia de varias personas; nos enteraremos de lo que ha sido el origen de la tremenda paliza que Oliver ha propinado a Alice.
Intentaremos entender unos hechos que, aunque conocidos desde el principio, mantienen el suspense porque aquí la intriga no está en saber lo que pasa, eso lo sabemos tras el primer párrafo de "El bueno de Oliver". Aquí la intriga consiste en saber por qué pasa. Y aunque nada sirva para entender tan brutal agresión, adentrarnos en las oscuras circunstancias de la vida del protagonista permitirá que, al menos, lo veamos como una persona de carne y hueso, más que como un monstruo; permitirá que sintamos una cierta empatía por el chico abandonado que busca pertenecer a algún sitio, a alguna familia, aunque en su inútil empeño se vaya endureciendo y se vaya haciendo cada vez más impermeable al cariño que tanto necesita.
Tal vez el mejor resumen de la vida de Oliver sea el que hace él mismo cuando, tras los hechos, se vuelve "eso que llaman ser mediático. Quieren conocer mi historia. Mi historia es que amé y perdí. Y de eso no podrán sacar muchos titulares"; un resumen que amplia él mismo con unas palabras que dice poco después: "Prácticamente toda mi vida ha sido un engaño en un sentido u otro"
Esta novela es la primera de su autora. Liz Nugent es irlandesa y ha trabajado como guionista de televisión y en el mundo del teatro. Con "El bueno de Oliver" se ha consagrado como una escritora interesante de la quedamos a la espera de lo que nos pueda ofrecer. Yo, desde luego, lo leeré. 



lunes, 3 de octubre de 2016

"La figura en el tapiz" Henry James

"Sitúo mi verdadero punto de partida en la noche en que George Corvick, sin aliento y afligido, vino a pedirme un favor". Así comienza "La figura en el tapiz" de Henry James, una novela corta, de poco más de cincuenta páginas, un relato contado en primera persona por un narrador del que nunca llegamos a saber el nombre; un crítico literario que verá, con este punto de partida al que se refiere, cómo su vida se trastorna y cómo todo su empeño, a partir de entonces, se dedicará a dar vueltas en torno a una tarea que se irá demorando y haciendo cada vez más difícil y convirtiéndose en su razón de ser. Y casi en la nuestra también.
El favor que Corvick le pedirá es que escriba por él, que tiene que viajar a París, la reseña para The Middle de una novela de Hugh Vereker. El encargo llenará al narrador de entusiasmo pues ha escrito mucho sobre Vereker, pero esta era la nueva novela "que todavía no había salido, y significara eso mucho o poco para la reputación de su autor, inmediatamente me resultó claro cuánto significaría para la mía". Si a ello añadimos que el domingo siguiente estaba invitado a una casa en la que también estaría el escritor, tenemos todos los ingredientes y entendemos que el encargo llegara en el momento más adecuado y nuestro narrador se sintiera enormemente agradecido a su amigo Corvick. 
Cuando, finalmente, el domingo se encuentra con Vereker, después de haber leído éste el artículo, se sorprenderá al ver que los halagos y toda la justicia que él cree haber hecho al autor, no han impresionado a éste que preguntado por otra persona acerca de la reseña, la califica de "los disparates de costumbre". Enterado de que el autor de la crítica se encuentra en la casa lo invita a tener una charla en la que le transmite la información que cambiará la vida del narrador. Según Vereker, en toda su obra hay algo que nadie ha sabido ver "la cosa en particular por la que he escrito mis libros [...], una idea sin la cual no hubiera dado un comino por todo mi trabajo", algo que pasa de un libro a otro, que se extiende a toda la obra del autor y que "le corresponde al crítico buscarla".
El autor vive para el momento en que esa idea que subyace a toda su obra sea descubierta, pero sabe que nadie será capaz de hacerlo. Estas palabras provocan en el crítico narrador la necesidad de descubrir el secreto o morir. Y esa será también la misión del lector que se adentrará por las páginas de la novela como por un mundo mágico en el que la aventura del descubrimiento nos aguarda al volver cada esquina y cada vez se nos escapa.
A la vuelta a la ciudad el narrador buscará y releerá todas las novelas de Hugh Vereker en orden de aparición. Intentará averiguar que es eso que él imagina como una compleja figura en una alfombra persa, pero "no sólo no descubría una intención general; tampoco hallaba las intenciones subordinadas que antes había gozado. Sus libros ni siquiera seguían siendo las cosas encantadoras que habían sido para mí".
Le contará el secreto a Corvick y la revelación
Henry James
tendrá sobre él aun mayor efecto que sobre el narrador. Junto con su, hasta hace poco, prometida Gwendolem, dedicará su tiempo y esfuerzos a descubrir el plan de Vereker, el misterioso dibujo escondido en el tapiz, pondrá tiempo y distancia por medio para poder ver las cosas con más amplitud y finalmente terminará descubriendo el secreto, pero, por una u otra causa, no hay manera de que se lo transmita al narrador y con él a todos nosotros. 
Cuando uno cierra el libro, es cuando empieza la historia porque es de esos libros que te dejan prendida entre sus hilos, los hilos del tapiz que aún dan para mucho tejido, y no sabes qué pensar. ¿Fue todo una broma de Vereker, hacia el narrador, y consecuentemente de Henry James hacia sus lectores? ¿ Es Corvick quien nos ha engañado a todos? ¿Qué significa el inopinado matrimonio entre Corvick y Gwendolem cuando ya habían roto su compromiso y justo después de descubrir el primero el secreto? ¿Qué significado tiene que Gwendolem oculte el secreto a su segundo marido? ¿Se venga de este segundo marido el narrador haciéndole saber que su mujer no confiaba plenamente en él?
Más preguntas que respuestas, pero una lectura apasionante en la que algunas cosas quedan claras. En esta novela Henry James enfrenta la dualidad escritor-crítico y pone de manifiesto la imposibilidad que tiene el crítico de penetrar en las más profundas inquietudes del autor. La idea es, si se piensa, bastante inquietante porque si el crítico es incapaz de saber los planes más íntimos del escritor, el dibujo que se extiende por el tapiz de su obra, ¿qué podemos hacer los simples lectores aparte de resignarnos a ser meros espectadores de nuestra propia impotencia? Escribiremos la novela que el autor nos entrega para que nosotros la finalicemos a nuestra manera, pero siempre será algo distinto a lo que el autor realmente ha querido expresar. Lo cual bien pensado es frustrante a la vez que inspirador.
Henry James fue crítico además de novelista y tal vez quiso en esta obra dirimir la batalla que en su interior libraban ambos personajes. El novelista que ve como, crítica tras crítica, el plan de su obra es falseado en mayor o menor medida, y el crítico que se siente impotente a la hora de juzgar lo que los a autores a los que critica pretenden transmitir.
*La tertulia a la que dio lugar esta obra en Facebook, en el grupo "Los libros de Carmen y amig@s" el pasado 26 de septiembre, se prolongó por toda la semana. Las interpretaciones fueron numerosas y variadas y la tertulia resultó de lo más interesante. Por primera vez no tenía la reseña hecha para ese día y quiero que se sepa que, tal vez, alguna de las cosas que aquí aparecen, se deban a ideas sacadas de la tertulia más que a las que yo misma haya podido sacar de la novela. He intentado que no sea así, pero por si acaso no lo he conseguido del todo, sabed que el "robo" de ideas no ha sido intencionado.


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