Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

martes, 27 de diciembre de 2016

"El León que nunca conocí"

Esta es otra de mis antiguas reseñas favoritas y a la que tengo también un especial cariño. Porque habla de libros, porque habla de mi ciudad y porque habla de autores de mi ciudad y de sus novelas ambientadas en ella. 
León no es Madrid o Barcelona, ciudades en las que se ambientan multitud de historias en cine y en literatura. León es una pequeña ciudad de provincias y aún ha sido más pequeña; entrañable (para los que aquí hemos nacido y crecido), pero pequeña. Sólo los muchos escritores aquí nacidos, o aquí acogidos, han hecho que se convierta en protagonista de sus novelas y que además de llegarme por los sentidos físicos y cada uno de mis poros, me haya llegado también a través de la literatura. Tengo todo un estante en mi casa dedicado a novelistas leoneses o afincados en León. 
Aquí hablo de alguno de esos libros que, mezclados con mis recuerdos e intuiciones infantiles, han dejado en mí un poso, una sensación de León que no sé si la he leído, recordado, intuido o tan solo soñado. 



León produce escritores como Cantabria produce actores y directores de cine. Se ve que mamamos distintos estímulos, pero todos muy artísticos.
Estos escritores han ambientado muchas de sus novelas en la ciudad y han ido dejando en nosotros el poso de distintas épocas y distintos ambientes del siglo XX: 


El León tabernario y prostibulario de "El entierro de Genarín", tan bien descrito por Julio Llamazares, "donde murió Genarín con la mano en el manubrio" mientras aliviaba los excesos del orujo contra los cubos de la muralla allá por 1929 (por cierto, la noche de Jueves Santo y atropellado por el primer carro de la basura que hubo en León); el León de los tristes y oscuros años 50 que Luis Mateo Díez nos regala en "La fuente de la edad",  por los que se mueven como sombras maltrechas unos personajes que ven nacer y morir sus sueños y a los que, ni siquiera la venganza, les sirve para emerger del fracaso que es toda su vida; el León de los 60 en "El año del francés" de Juan Pedro Aparicio; el adivinado en muchas novelas de José María Merino; y tantos otros que, perdidos en algún rincón oscuro de la memoria (o del olvido), han ido creando una ciudad que, a pesar de estar sólo en mis intuiciones literarias, es, a veces, mucho más real que la vivida y recordada.

Ese León, donde parece que siempre es invierno, y no un invierno luminoso de nieve blanca y cielo azul, sino ese invierno gris de lluvia y niebla, de humedad y frío intenso de nieve pisoteada y pringosa (y cielo gris); ese León que huele a carbón y hollín, a morcilla de los bares del Húmedo y sopa de cocido (y, siempre, el cielo gris); ese León sin coches ni escaparates luminosos, triste y oscuro, con olor a sotanas y tricornios (y el cielo más gris que nunca); de burgueses de casino y funcionarios de taberna con zapatos rotos y chaquetas remendadas (encogidos y sin abrigo bajo un cielo gris); ese León en el que vivir era difícil (como en toda España, por otra parte), pero que a veces nos duele de tanta nostalgia (no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca vivimos, parafraseando, más o menos, a Sabina), y nos produce una intensa ansiedad: la de no poder retroceder la rueda del tiempo y aparecer en la buhardilla de Chon Orallo, comiendo ancas de rana y planeando salir en busca de la fuente de la edad porque es primavera, brilla el sol en León y se acerca la época ideal para brincar por el monte buscando fuentes. 

Ese León que abarca desde que se inventó la fotografía hasta los años 50 (más o menos, también) es el que dejo aquí para alimentar la añoranza porque, aunque creo firmemente que todo tiempo presente es mejor, cómo se echa de menos, a veces, lo peor.
Disfrutad.  





domingo, 25 de diciembre de 2016

Lecciones para escribir una novela. Sexta: La pregunta dramática.


No quiero que pase este mes de diciembre sin traeros otra de las lecciones de este Curso On line de planificación de novela impartido por Ana Bolox. Ya sabéis que este curso se publicó en la Revista MoonMagazine cuya directora Txaro Cárdenas ha tenido la amabilidad de dar su permiso para que yo os lo traiga a todos vosotros.
Diciembre ha sido un mes complicado. Cuando tuve tiempo y espacio, no era el momento por estar la entrega anterior muy reciente, y cuando fue el momento, me faltó tiempo. Hubiera querido publicar le lección antes de las vacaciones pero no pudo ser, no obstante quiero hacerlo antes de que termine el mes y, con él, el año.
Seguimos con la primera de las "tres unidades dramáticas de la novela": el planteamiento, y, dentro de este, con su tercer elemento:
En la entrega del mes pasado hablamos del segundo elemento: el desencadenante. El desencadenante plantea al lector un conflicto que este va a tener que resolver. Ese conflicto va a hacer que el lector se plantee una pregunta y esa es nuestra pregunta dramática. En palabras de Ana Bolox "Cualquier novela se construye en torno a una pregunta a la que se conoce como pregunta dramática y que está relacionada directamente con el objetivo que persigue el protagonista. No suele tratarse de una pregunta profunda, sino todo lo contrario: se trata de una pregunta sencilla que puede responderse con un simple no o un quizá".
Esta pregunta es el tema sobre el que Ana nos habla en esta lección. Lo que es, cuándo debe plantearse, cuál es su importancia, qué sucede con la respuesta y cómo debe encararla el autor y, para terminar, la posibilidad de que la pregunta sea múltiple.
Os dejo con Ana Bolox y os recuerdo que en su página "Ateneo literario" hay más cursos y talleres acerca del arte de escribir.

jueves, 22 de diciembre de 2016

"Falcó" Arturo Pérez-Reverte


"—¿Simpatiza usted con la causa falangista?
Le sostuvo Falcó la mirada, impasible.
—Yo simpatizo con varias causas.
El otro dirigió una breve ojeada a la carpeta del expediente. Después apoyó un dedo en ella.
—Según tengo entendido, sobre todo con la suya propia… Su causa, sea ésta la que sea.
—Principalmente".
A partir de ese momento, a poco de empezar la novela, ya no pude imaginarme a Falcó más que con la cara de Humphrey Bogart en su papel de Rick Blaine, aunque Falcó mata más y es menos romántico... aunque lo es más de lo que parece.
Lorenzo Falcó, es un hombre con un pasado que merecería una precuela de esas que ahora están tan de moda. Un pasado que se ambienta en medio mundo, en un montón de causas más o menos perdidas, con una enorme variedad de actividades entre las que destacan el asesinato y el tráfico de armas. Un tortuoso pasado desde que "en 1918 había sido expulsado con deshonor de la Academia Naval de Marín tras un escandaloso asunto con la mujer de un profesor y una pelea a puñetazos con el marido en el aula, en plena clase sobre torpedos y armas submarinas". Un pasado del que se nos dan unas someras pinceladas que nos dejan con la intriga y las ganas de saber más.
Ahora, en el otoño de 1936, en plena Guerra Civil, trabaja para el Almirante, el jefe del SNIO (Servicio Nacional de Información y Operaciones) en Salamanca donde tiene establecido su cuartel general el bando franquista, aunque lo de trabajar en Salamanca es un decir, pues los trabajos que le encargan le llevan con frecuencia a infiltrarse en zona republicana, a trenes nocturnos en el sur de Francia... "Desde la rebelión militar no había tenido un día de reposo".
Su nueva misión es muy delicada. Le es encargada por el SIIF (Servicio de Información e Investigación de la Falange), concretamente por el jefe del Servivio, Ángel Luis Poveda. Y ya el asunto no le hace ninguna gracia a Falcó pues la fama que precede a Poveda se la labró a pulso en los primeros momentos tras la sublevación "fusilando a sindicalistas y maestros de escuela bajo las órdenes del general Queipo de Llano".
Arturo Pérez-Reverte
Pero su fidelidad al Almirante, al que debe algo más que su reincorporación a la Armada para facilitar su trabajo en esta guerra, lo llevará a aceptar la misión y a enfrentarse a ella con el escepticismo que le caracteriza.
Se mezclará con falangistas, anarquistas, militares, comunistas, indeseables, héroes, mártires. Nos dará su visión de una guerra sin sentido en la que hay héroes y villanos en ambos bandos, sin que podamos olvidarnos de quién y cómo la inició. Nos hablará de la represión feroz, auspiciada desde el mando y la autoridad en un bando y de la improvisación casi suicida del otro que, entre héroes con más corazón que pericia, oportunistas esperando sacar algo del río revuelto en que se encontraban, dudas entre revolución y disciplina, deseos de un mundo que solo en la imaginación se puede forjar y mucho enfermo de incurable romanticismo revolucionario, parecía lo que se ha dado en llamar el ejército de Pancho Villa. Si a eso unimos la actitud de los supuestos partidarios de una parte y los decididos defensores de la otra, nos está hablando de una guerra en la que uno de los bandos estaba condenado desde que empezó, aunque entonces, tal vez, nadie lo hubiera dicho.
En ambos bandos de esta guerra ha visto Falcó enfrentarse jóvenes valientes, que creían en lo que hacían y que cerían que luchaban por un mundo mejor; jóvenes que "habían sido compañeros en universidades o fábricas y compartido bailes, cines, cafés, amigos y hasta novias. Los había visto asesinarse a conciencia, represalia tras represalia. Unas veces con odio, y otras con el frío respeto hacia un adversario al que se conoce y se valora pese a la diferencia de trinchera. O él o yo, era la idea. El móvil. O ellos o nosotros. Así que lástima de todo eso, concluyó. De la hoguera donde se iba a consumir, o se estaba consumiendo, la mejor juventud de una y otra parte".
Tras leer esta novela, me doy cuenta de que he tenido impresiones cambiantes a medida que avanzaba la lectura. Empezó por aburrirme un poco, haciéndome dudar de si sería capaz de terminarla; pero, sin tardar demasiado, con Lorenzo Falcó metido en faena para llevar a cabo la delirante misión que le han encomendado, me enganchó de tal forma que estaba deseando cogerlo, cosa que estos días no ha sido fácil por ser de los que más trabajo proporcionan a lo largo de un curso académico. Ya en plena misión, como digo, la historia gana mucho, sobre todo con el golpe de mano que se nos presenta casi al final y que hace la historia más real y la misión menos delirante. Y aún nos esperan sorpresas y cuando acaba el libro, me doy cuenta de que me he quedado con ganas de más y no sé de qué más, pero tengo la sensación de que el autor ha terminado la novela con demasiada premura, como si tuviera prisa; la ha mimado poco. Nos ha dado un personaje heroico, legendario, muy bien perfilado, perfectamente construido, pero le ha dado poco papel. Se ventila en poco más de doscientas páginas una historia que, normalmente, le hubiera ocupado muchas más. 
A no ser que Falcó inaugure una serie como ya hizo Alatriste y aún nos esperen más aventuras del espía, creo que está poco explotado, que puede dar mucho más de sí y me hubiera gustado que lo diera en este libro. Libro, por otra parte, escrito con la pluma magistral a la que Pérez-Reverte nos tiene acostumbrados, sin pelos en la lengua, con una prosa ágil y depurada, pero sencilla y de fácil lectura. 
Una novela agradable de leer, con su particular y escéptica visión de aquella guerra en particular y de la vida en general, pero que no se olvida de los héroes, de los románticos, de los valientes y demás personajes que, en medio del cinismo y de la desconfianza en el ser humano, hacen que merezca la pena escribir novelas y asomarse a la historia.


martes, 20 de diciembre de 2016

"Otra vuelta de tuerca" Henry James.

Si hay una razón por la que me encanta Henry James, y hay más de una, es porque confía en la inteligencia de sus lectores. Sus libros cautivan no tanto por lo que cuentan como por lo que permiten imaginar al lector. Henry James es el mayor espoleador de imaginaciones que he tenido el placer de leer. Sus libros son una sucesión de preguntas que el lector tiene que ir respondiendo. La lectura tiene que ser muy atenta porque nunca sabes en qué frase, aparentemente insustancial, te va a dar la clave de algún enigma. No, en la literatura de Henry James no hay frases insustanciales. Tiene el suficiente respeto por el lector como para hacerle sujeto activo de la novela que lee. Es imprescindible que el lector la haga suya, la complete, la interprete. No puede quedarse en mero objeto que lee pues entonces la novela perderá su valor, quedará inconclusa, simple, sin sustancia. 
Henry James, nos quiere y nos respeta; en su generosidad, nos entrega sus obras para que nosotros las demos vida, despertemos al espíritu que duerme en su interior y las convirtamos (las descubramos como tales) en las obras maravillosas que él escribió y que, cual Pulgarcito, fue sembrando de pistas para que el lector atento las vaya descubriendo.
Esta característica, que aprecié levemente en "Washington Square", se me hizo muy patente en "La figura en el tapiz" y se ha puesto claramente de manifiesto en "Otra vuelta de tuerca". 
El primer misterio de esta novela radica en su propio título. El autor, muy tempranamente, nos da una pequeña pista acerca del que puede ser su significado. En el comienzo de la novela nos encontramos con el narrador y otros amigos que, invitados en una vieja casa, alrededor del fuego, asisten a una velada en vísperas de Navidad.  Uno de los contertulios cuenta una horripilante historia en la que un niño tiene una terrible visión de un espíritu. Esta historia deja muy pensativo a Douglas, uno de los asistentes, quien antes de terminar la velada estimula la curiosidad de la concurrencia, y la nuestra propia al decir que "no es el primer caso que conozco en que se involucre a un niño. Si el niño produce el efecto de otra vuelta de tuerca, ¿qué me dirían ustedes de dos niños?
—Por supuesto —exclamó alguien—, diríamos que dos niños significan dos vueltas".
Henry James - Óleo de John Singer Sargent
Pero que nadie se quede tranquilo creyendo que ha descubierto el misterio del título, al menos, no los lectores exigentes. Henry James está jugando a despistar. Aún quedan varias vueltas de tuerca para quien las quiera buscar.
Douglas les promete contarles los hechos a los que se refiere y los emplaza para dos noches después en que ya se habrá hacho traer de su casa de Londres los papeles en los que se cuenta la historia.
A partir de aquí, el resto de la novela es la crónica de los sucesos acaecidos y transcritos por el narrador a quien Douglas, poco antes de morir y cuando ya sabía cierta su muerte, le entregó el manuscrito. Este estaba escrito en primera persona por la institutriz contratada para cuidar a los niños. Y va a ser su visión de los hechos la única con la que vamos a contar.
Los niños, huérfanos, han quedado al cuidado de su tío, un soltero con una vida que se adivina un tanto disipada y poco acorde con la educación de unos seres inocentes. Es por ello por lo que los tiene en su casa del campo y busca alguien que los cuide y le libre de toda responsabilidad. Paga un sueldo muy tentador con la única condición de que quien se haga cargo, lo haga con todas las consecuencias. No quiere ser molestado con nada ni para nada; ni cartas, ni llamadas, ni consultas de ningún tipo.
La institutriz, "una tímida y oscura muchacha salida de una vicaría de Hampshire" se encontró ante algo que nunca había visto, "un soltero en la flor de la vida y con una figura nunca vista —aunque vislumbrada tal vez en un sueño o en las páginas de una novela—".
Miles y Quint
(Escena de "Suspense", la película de Jack Clayton
basada en "Otra vuelta de tuerca")
Cuando la joven llega a la mansión de Bly, se encuentra con la señora Grose, el ama de llaves, que se muestra en extremo contenta de recibirla, a la vez que intenta disimular tanta alegría, y con una niña, Flora que era tan hermosa en su apariencia como encantadora en su trato. Pero también le espera una mala noticia: el niño, Miles, que llega al día siguiente del colegio para las vacaciones, no podrá volver tras estas por haber sido expulsado. Y nadie puede explicarse el por qué de la expulsión pues si Flora es adorable, Miles "era de una hermosura sin par, [...] su presencia lo derribaba todo, excepto una especie de apasionada ternura hacia él".
Avanzan los días en una placidez y felicidad que la joven no ha conocido antes. Colmada de atenciones por los niños y por la señora Grose, tiene ante sí un verano encantador en el que, como todo buen maestro, enseña y aprende; aprende a divertirse y a divertir, a disfrutar del aire y el sol y la naturaleza, pero "¡Oh, era una trampa —una trampa involuntaria, pero profunda— a mi imaginación, a mi delicadeza, tal vez a mi vanidad; a todo lo que había en mí de más excitable!".
El mal aparece en la mansión para acabar con tanta placidez y aparece de la mano de los espíritus de dos antiguos trabajadores de la casa, la antigua institutriz, la señorita Jessel, y Peter Quint, el criado y ayuda de cámara del señor, que se quedó al cuidado de la casa cuando éste se marchó. Ambos son reconocidos por la institutriz en sendas apariciones y queda horrorizada al saber que ambos han muerto en circunstancias extrañas tras haber mantenido una tórrida y desigual relación (ella era una dama y él "un individuo astuto, bien parecido, impúdico, seguro de sí mismo, vicioso, depravado", además de un simple criado).
A partir de las apariciones, la narradora comienza a temer que los niños puedan verlas también y todo su empeño se dirige a evitarlo... hasta que se da cuenta de que los niños lo saben, están en complot con los espíritus que intentan apoderarse de ellos para poder vivir y amarse a través de ellos. Todo lo que era belleza, bondad y encanto se transforma ante nuestros ojos en doblez, grosería, engaño, fraude, perversión. Y es que Flora y Miles veían más, veían cosas que la propia institutriz no había visto, "cosas terribles e inenarrables, resultado de las atroces relaciones existentes en el pasado". Se empieza a intuir el catálogo de escenas escabrosas que los niños han podido contemplar en compañía de Quint y Jessel; se sospecha incluso algún acto de corrupción de las criaturas inocentes; se empieza a ver la clave de lo que pudo suceder en el colegio y que provocó la expulsión de Miles.
Flora y la narradora
(Escena de "Suspense", la película de Jack Clayton
basada en "Otra vuelta de tuerca")
Hasta ahí el relato de la narradora; a partir de ahí, el análisis del lector puede quedarse con una historia de espíritus bien contada, aunque sin final feliz, o dar una tercera vuelta a la tuerca de su imaginación para ver más allá de lo evidente. Entonces las preguntas surgirán como un torrente y de cada una surgirá otra y las respuestas que podemos dar son múltiples, variadas y todas inquietantes. Nos daremos cuenta de que sólo tenemos el testimonio de la narradora; el común acuerdo y la armonía que reinan entre ella y la señora Grose, también nos llega a través de ella, y además no hay que olvidar que el ama de llaves es una mujer analfabeta e impresionable, que admira y siente muy superior a la institutriz por lo que es muy susceptible de creer al pie de la letra todo lo que esta le plantee. Nos daremos cuenta de que la institutriz, una joven de veinte años y sin experiencia, ha quedado enamorada, sin apenas conocerle, del tío de los niños, lo que nos dará una idea de su carácter impresionable y su inmadurez. Nos daremos cuenta de muchas cosas que no tienen por qué ser las mismas para cada uno, pues cada mente reacciona de distinta manera a sus respectivas vueltas de tuerca, pero el resumen de todo ello se puede resumir en una pregunta: ¿Existen realmente los fantasmas de Jessel y de Quint?
No sabremos a ciencia cierta qué es lo que sucedió en realidad, pero la sospecha se irá abriendo paso en nuestra mente y lo que vamos descubriendo nos puede llenar, eso sí, de verdadero terror. El final llevará al límite nuestras sospechas y nuestro espanto, dejándonos deseos de volver a empezar y descubrir todas las claves que el autor, seguro, ha ido dejando perdidas entre las páginas para que, cuál piedrecillas en el camino, nos vayan guiando y mostrando el verdadero significado.
Aunque también puede ser que yo esté loca, o que tenga una imaginación más desbordada de lo que nunca hubiese llegado a creer y todo sea una fantasía y un empeño desmedido en mi afán por interpretar las novelas a mi modo... aunque pensándolo bien...

viernes, 16 de diciembre de 2016

Deconstruyendo París

Esta es una de mis reseñas más antiguas. La publiqué el 4 de noviembre de 2014. Mi blog acababa de cumplir ocho días, nació el 26 de octubre, en los cuales realicé un viaje a París durante el puente del 1 de noviembre. La vuelvo a traer aquí porque hace poco, con motivo de la publicación de un post sobre "Las diez entradas menos leídas de mi blog", descubrí algunas que me resultan especialmente queridas. Esta que publico hoy no entró en esa categoría por poco. Y sin embargo, le tengo un cariño especial; por ser de lo primero que escribí, por tratar de París y por tratar de literatura.
Le he hecho algún cambio, pero en lo sustancial es la misma entrada que escribí hace más de dos años. Lo podéis comprobar visitando la antigua versión.

Plaza de Los Vosgos

He pasado cinco días en París, como ya se ha visto por las fotos (previa a esta entrada había hecho otras dos solo con fotos. Las tenéis aquí y aquí).
Conocí París, como casi todo el mundo, mucho antes de conocer París. Conocí París, como mucha gente, a través de la literatura.
Primero fue el París del siglo XVII, el Louvre y las Tullerías de los Tres Mosqueteros, por cuyos enormes y desangelados pasillos se movían Ana de Austria y el Cardenal Richelieu, con sus intrigas y maquinaciones a espaldas de Luis XIII. 
Más tarde fue el París del siglo XIX con los salones de la mejor sociedad burguesa en los que "El Conde de Montecristo" maquinaba su venganza. También de "El Conde de Montecristo" me salió al paso el cementerio del Pére Lachaise, único cementerio en toda la ciudad (y en todo el mundo) en el que el Señor de Villefort consideraba digno dejar sus despojos; el mismo cementerio donde Víctor Hugo dejó enterrado a Jean Valjean el protagonista de "Los Miserables"; el viejo cementerio con su halo romántico de flores marchitas y lápidas húmedas de moho y sombras.
Unos años más tarde fue el París de los años 50 y 60 del siglo XX, el de los jóvenes estudiantes sudamericanos, el que nos relatan Cortázar y Vargas Llosa y Bryce Echenique; y la Maga llorando por el niño Rocamadour, y "la niña mala" reencontrada por Ricardo Somocurcio, y las tristes aventuras de Martín Romaña, y mayo del 68 y...
El recuerdo más vivo que tengo de cómo una novela me evocó la ciudad y me hizo desear conocerla se debe a "La araña negra" de Blasco Ibáñez. No recuerdo apenas nada de la historia más allá de una serie de intrigas por parte de los Jesuitas que van tejiendo su tela (la tela de la araña negra) para quedarse con la fortuna de una familia adinerada. Hace más de treinta años que la leí, pero nunca olvidé el París del siglo XIX que me evocaba; sus descripciones de la margen izquierda del Sena (la famosa rive gauche) y de la zona de Montmartre. 
No pude olvidar durante mucho tiempo el París de toda mi literatura; el ambiente bohemio de estudiantes y artistas, cabarets y mujeres de mala vida, antros nublados por el humo y los vapores de la absenta, buhardillas heladas de frío y hambre; y puede que mezcle novelas y sensaciones, y puede que lo que recordé durante mucho tiempo, aquel París que permaneció durante años en mi imaginario, fuera un refrito de demasiadas historias, demasiadas novelas, demasiada imaginación.
El caso es que no lo olvidé hasta que conocí París. La decepción de mi primer paseo por la orilla izquierda, la ansiada rive gauche, no fui capaz de confesármela ni a mi misma. París estaba lleno de coches y de turistas, sin humo en los antros porque ya no hay antros (o yo no los encontré) y porque ya no se fuma en ningún sitio; no había absenta (o yo no la vi), ni coches de caballos, ni artistas bohemios, ni gatos en las buhardillas.
Me olvidé de mi París; me resigné a que el París de las novelas es un París de otro tiempo, de otros siglos, de otros estilos de vida. Tuve que deconstruir mi París y construirlo de nuevo a partir de sus propias ruinas y de las ruinas de mi pobre recuerdo malherido. Y me quedó precioso. 
Jane Avril por Toulouse
Lautrec
Ahora mi París es el que he ido descubriendo poco a poco, viaje a viaje. No tiene sabor a boinas negras de estudiantes existecialistas, ni olor a trementina de estudio de pintor en Pigalle. Es un París del siglo XXI, no sé si más vivible, pero sí más claro y luminoso, al que de vez en cuando voy con ilusión, sabiendo lo que voy a encontrar. Sabiendo lo que no voy a encontrar. Ya no me decepciona y las sorpresas que me reserva son siempre agradables... pero me gustaría encontrar a Toulouse-Lautrec haciéndole un retrato a Jane Avril en el Moulin de la Galette (que siempre me ha gustado mucho más que el Moulin Rouge).

martes, 13 de diciembre de 2016

"La calle de las Camelias" Mercè Rodoreda

Había leído ya este libro en 1984 por lo que había pasado ya tiempo suficiente para que no recordara nada de él, salvo que me había dejado una molesta sensación de perplejidad e incomodidad. 
Antes de "La calle de las Camelias", había leído en 1983, "La Plaza del Diamante" creo recordar que alentada por la sensacional serie televisiva que por aquellos años se había visto en Televisión Española (es fácil recordarlo, no había otra televisión). 
Ambas novelas tratan de mujeres tristes; tal vez ellas no sepan que lo son, pero transmiten esa sensación de una manera rotunda. Ambas novelas tratan de mujeres muy distintas con vidas muy distintas, casada una, soltera y pasando de hombre a hombre la otra, pero ambas víctimas del machismo imperante, de su propia incapacidad o de la imposibilidad impuesta por las circunstancias para tomar las riendas de su vida y dar un giro que las lleve por otros derroteros más amables. Casi no me acuerdo de Colometa y sus aventuras con Quimet en "La Plaza del Diamante", pero sé que esa es la sensación que tengo cada vez que la recuerdo.
Si he leído ahora "La calle de las Camelias" es para participar en el reto "50 años" (se cumplieron en este 2016 los cincuenta años de la publicación de la novela) que Lourdes ILGR ha propuesto en su blog "El despertar de un libro". El martes trece tuvo lugar la tertulia en facebook en el grupo "Los libros de Carmen y amig@s".
Mercè Rodoreda escribió esta novela, publicada en 1966, así como "La plaza del Diamante", en Ginebra a donde la habían llevado los acontecimientos políticos. Exiliada de España tras la Guerra Civil por miedo a que su colaboración con publicaciones en catalán y de izquierdas pudiera traerle problemas, en enero de 1939 huyó a Francia y se instaló en París. Tras vivir en varios lugares de Francia huyendo de los nazis, volvió a París en 1946 y allí permaneció hasta 1954 en que se instala en Ginebra con su compañero, Armand Obiols que trabajaba allí como traductor para la UNESCO. No regresaría a España hasta 1972.
La novela está escrita en primera persona por su protagonista, Cecilia. Con un lenguaje sencillo, desprovisto de cualquier tipo de afán de juicio o valoración, nos va contando su vida, y cuesta entender tanta calma, tanta objetividad, tanta falta de resentimiento ante los hechos que se van narrando
La vida de Cecilia Ce, la protagonista de "La calle de las Camelias", es aún más terrible que la de Colometa, porque Cecilia no llegará a conoce el amor, más o menos tortuoso pero amor, un amor en el que encontrar referencias, al que agarrarse en momentos de desconcierto. En al vida de Cecilia, los momentos de desconcierto son solo eso y no dejan nada con lo que sacudírselo de encima.
Cecilia no conoció a sus padres. La "abandonaron en la calle de las Camelias, al pie de la verja de un jardín. El sereno me descubrió de madrugada". Los señores de la casa decidieron quedársela tras pensarlo y sopesar la idea de entregarla a las monjas, pero el señor la cogió y la llevó a ver el jardín y le enseñó las flores que lucían espectaculares en la primavera y aquella noche floreció el cacto sin tierra que nunca había tenido flores y se rió cuando la cogieron en brazos y se la quedaron. 
Decidieron que tenía tres meses y como en el papel que tenía cogido por un imperdible al babero ponía Cecilia Ce (escrito por alguien que no sabía mucho de letras), así la inscribieron en el registro, aunque solo la llamaban Cecilia. Y el cacto sin tierra seguía floreciendo, pero solo una vez al año coincidiendo con la fecha en que la encontraron.
Desde pequeña Cecilia se escapaba de casa. Salía en busca de su padre "porque la noche anterior, despierta aún, había visto caer del techo una lluvia de estrellas de todos los colores  y, entre tantas estrellas, confusamente, había visto su cara".
Cecilia va creciendo rodeada del cariño de la pareja que la ha recogido y de la expectación de los vecinos que continuamente especulan sobre quiénes pueden ser sus padres, ricos o pobres, cultos o ignorantes, decentes o delincuentes. Jaime y Magdalena la quieren, la cuidan e incluso comprometen sus ahorros por hacerle un vestido a la Virgen como cumplimiento a una promesa hecha ante una enfermedad de Cecilia en que creyeron que se moría... y sin embargo, la sensación que me queda, sin que se diga explícitamente, es que nunca la sintieron como propia, o Cecilia nunca sintió que la sintieran como propia, o Cecilia nunca los sintió como propios. Hay un cierto extrañamiento entre la niña y la pareja. Ella nunca se ha sentido su hija y quizás esa sensación que me queda proviene más de un sentimiento de ella que de los propios Jaime y Magdalena. O tal vez venga del hecho de que siempre la hacían aprovechar las sábanas viejas...
Mercè Rodoreda
Y así transcurre la infancia de Cecilia. Y llega y pasa la guerra, o más bien pasa la novela de puntillas junto a la guerra porque a Cecilia lo único que le depara es alegría y quitarse la medalla al salir de casa y caminar por la calle cuando suenan las sirenas y ver a los adultos asustados y la ausencia de un amigo.
Y la vergüenza de la primera sangre que manchó las sábanas y que también sucedió durante la guerra porque Cecilia crece y llaga un momento en que, ante un espejo, ve que toda ella ha cambiado y "me iba enamorando de mí misma [...] lo que sentí no puede explicarse con palabras: que yo no era como los demás, que era diferente, porque [...] fuera del espejo era lo que se enamora y dentro del espejo era lo enamorado".
Con el fin de la guerra recupera a su amigo Eusebio que ha crecido como ella y con él va un día a visitar su chabola y no vuelve más a la casa donde ha pasado su infancia. Como si la casa, nos dice, y los señores y todo lo que aquel mundo había encerrado durante años no hubiera sido más que un cuento de los que se les cuenta a los niños en noches de lluvia para tranquilizarlos.
A partir de ese momento, la vida de Cecilia es una inconsciente búsqueda sin fin. Busca el amor que nunca tuvo y lo busca en los hombres, tal vez porque nunca añoró ni salió a buscar a su madre, pero sí quería encontrar a su padre y soñaba con quién podría ser.
La lista interminable de hombres con los que no consigue lo que anhela, se va sucediendo en su vida sin dejarla más que tristeza, frustración, dolor, miedo, desesperanza. Eusebio, Andrés, Marcos, Cosme, Esteban, Eladio. Y la soledad y la dependencia y las Ramblas. Hasta que un día se da cuenta, de nuevo ante un espejo de que "tenía que vivir hasta la muerte. Una vida son muchos días. Me erguí tan alta como era y le dije a la Cecilia del espejo que tenía que hacer algo si no quería morir en una cama de hospital y acabar enterrada de cualquier manera".
Y Cecilia continua su viaje y su búsqueda hasta que termina topándose con el principio, y en la búsqueda de quien la encontró vuelve a encontrase con su nombre y con la vida que abandonó y, tal vez, con una esperanza para el futuro.
Un viaje con retorno que termina, al menos para nosotros, cuando alguien le pregunta ""¿Qué has hecho en la vida?" Estuve a punto de decirle que me la había pasado buscando cosas perdidas y enterrando enamoramientos, pero no respondí, como si no le hubiese oído".  
A veces las respuestas duelen más que las preguntas.


domingo, 11 de diciembre de 2016

Tag de libros


He sido nominada a este tag de libros por Marigem, del blog "Pequeños trucos para sobrevivir a la crisis". Un blog en el que se puede encontrar un poco de todo: recetas de cocina, productos de todo tipo, ideas para regalos y otros trucos, reflexiones personales, excursiones por la naturaleza, series y películas, cosas de hijos... En fin, como os decía, un poco de todo. Pasaros por allí porque os gustará.
Ahora paso a responder las 10 preguntas sobre libros de este tag.


1. ¿Qué libros te traen buenos recuerdos y relees cada cierto tiempo?
Hay varios. Los más leídos son "Al este del edén" de John Steimbeck, "La casa de los epíritus" de Isabel Allende y "Matar un ruiseñor" de Harper Lee. Pero me gusta mucho releer. Aunque tenga poco tiempo para leer todo lo que me gustaría, yo tengo una teoría: puedes no tener tiempo para hacer nuevas amistades, pero siempre debes tenerlo para las viejas. Eso se lo aplico a los libros. Y tengo muchos viejos amigos a los que me niego a haber visitado ya por última vez.

2. ¿Hay algún libro que interrumpiste por la razón que fuera, y te gustaría darle otra oportunidad?
Sí hay varios. "El otoño del patriarca" de García Márquez y "La ciudad y los perros" de Vargas Llosa, son dos libros de ambos autores que no he sido capaz de leer y eso que el reto de la obra de los dos autores me entusiasma, pero esos dos se me han atragantado.

3. ¿Has leído algún libro en versión original?
Sí, toda la literatura española e hispanoamericana, ja, ja. No, mi nivel de idiomas no me da para tanto. Podría hacerlo en francés, pero me llevaría un tiempo que prefiero emplear en otra cosa. En leer un libro más, por ejemplo.

4. ¿Recomiendas algún libro que no sea una novela?
Sí. Un montón de ensayos científicos o históricos. "El collar de Neandertal" de Juan Luis Arsuaga, “Gaia: una nueva visión de la vida sobre la Tierra  de James Lovelook, "La república española y la guerra civil" de Gabriel Jackson... Por poner algún ejemplo.

5. ¿Sigues en Facebook a algún autor? ¿Es accesible o es un poco divo/a?
Sigo a varios autores bastante sencillos y asequibles, aunque no muy conocidos. No voy a mencionar a nadie porque haciendo cuenta por encima, me sale una docena y alguno se me olvida, seguro. El único realmente muy famoso que sigo es Ignacio Martínez de Pisón y resulta bastante asequible y sencillo, aunque yo creo que tiene tantos seguidores que le resulta difícil atender a todos.

6. ¿Hay algún ‘best seller’ que a ti no te entre ni a martillazos?
Muchos. "Las 50 sombras del plasta de Grey", para empezar (me la habían puesto de maravilla y no pude pasar de la página cincuenta); para seguir, toda la obra de Paulo Coelho (no entiendo la fama de algunos autores, leí un libro y tuve más que suficiente). Y por supuesto todas esas series tipo Crepúsculo y demás. Hay más, seguro, pero ahora no me acuerdo. No estoy muy puesta en "best seller" famosísismos.

7. ¿Leíste muchos libros en tu adolescencia, más allá de los que te mandaban en el colegio?
Parece mentira, pero en el colegio (de monjas) en el que yo hice toda la primaria y el bachillerato jamás me mandaron leer un libro. Empecé a leer muy pronto, no me recuerdo haciendo otra cosa en mis ratos libres, de manera que la ingente cantidad de libros leídos en la infancia y en la adolescencia son todos "más allá" de lo que me mandaban en el colegio.

8. ¿Qué características debe tener para ti un libro, para que a priori sea un acierto seguro?
Que esté bien escrito; que cuente una historia buena y la cuente bien; que no se empeñe en explicarme lo evidente dándome la sensación de que el autor se lo explica a sí mismo porque no lo tiene muy claro; que me sorprenda; que dé lugar a que mi imaginación ponga algo de su parte y complete la historia a su manera (y no quiero decir que esté sin terminar o mal terminado, sino que el final no esté tan cerrado y tan ajustado que quede todo atado y bien atado. Es difícil de explicar, pero es algo muy importante para mí en libros y cine)  

9. ¿Algún libro te gusta en secreto, siendo para ti un ‘placer culpable’?
Creo que no. De joven también devoré Enid Blyton y todas sus series, pero no me avergüenzo. Ni siquiera me avergonzaría ahora si me gustaran, pero creo que no sería capaz de leer ni uno. Yo es que tengo mucha confianza en mí misma: si me gusta, es que es bueno (ja, ja, no, es broma). Puede que si pensara se me ocurriera alguno, pero no es el caso. De todas formas, yo me arrepiento o avergüenzo más de lo que no hago que de lo que hago. Me avergüenzo de los libros o autores no leídos, como los que mencionaba antes.

10. ¿Y alguno te ha robado el sueño, en el sentido de no poder dormirte hasta terminarlo?
Eso suele ser más bien al revés: el sueño se roba solo (o no sé quien me lo roba) y aprovecho su ausencia para leer. Pero sí que hay dos libros que me recuerdo leyendo hasta las cuatro o las cinco de la mañana, sin poder parar hasta rematarlos. Ambos son de Almudena Grandes y, aunque me han gustado mucho, no son los libros que más me han gustado del mundo, pero por alguna razón (de la que no está ausente el hecho de no tener que madrugar al día siguiente) me dejé llevar en un ataque de felicidad y relax total. Uno fue "Malena es un nombre de tango" en su segunda lectura (año 2009) y el otro "Los aires difíciles" en su única lectura (año 2002)

Hasta aquí las preguntas del tag. Espero que os haya gustado saber un poco más de mis gustos lectores. Ahora como yo también quiero saber de los vuestros, nomino a este tag a dos búhos: Leslie Stephanie de "Señora Búho" y Pitu y Sabri de "La morada del búho lector". Amigas Sabri y Pitu, podéis hacer un post cada una o uno entre las dos. A discreción.

jueves, 8 de diciembre de 2016

"El ciudadano ilustre" Mariano Cohn y Gastón Duprat

Cuando acudí a ver esta película, no sabía casi nada de ella. Buenas calificaciones y la costumbre de acudir a la filmoteca de Santander los fines de semana me llevaron la tarde del pasado domingo al cine. Cuando salí, solo podía preguntarme cómo era posible que desconociera, hasta esa misma mañana, la existencia de "El ciudadano ilustre". 
Había escrito otra reseña sobre esta película. En un escrupulosos cuidado de no desvelar nada y dejar que el espectador se fuera sorprendiendo como yo me sorprendí, había contado tan poco de la trama de la película y de los sentimientos que me transmitió, que me empezó a parecer que era un fraude de reseña. Por eso,voy a contar algo más, tal vez vayáis al cine sabiendo un poco más lo que os vais a encontrar, pero creo que lo que se pierda en sorpresa, se ganará en sinceridad. De todas formas, no temáis, no llego a contar nada decisivo.
Daniel Mantovani es un escritor argentino de Salas, provincia de Buenos Aires. Huyó de su pueblo hace cuarenta años y no ha vuelto. Desde entonces ha escrito varias novelas, todas ambientadas en su ciudad natal, y con ellas se ha hecho famoso. "Mis personajes se quedaron atrapados en Salas y yo no he podido volver" dice Mantovani aproximadamente en un par de ocasiones.
Hace cinco años le dieron el Nobel de Literatura y así comienza la película, con Mantovani esperando para entrar a recoger su premio; y ya nos sorprende su aspecto, pues lejos del traje de gala con que suelen los galardonados ir a recibirlo, él está vestido con traje y camisa oscuros, sin corbata y con los botones superiores desabrochados. Claro que el discurso que está a punto de dar tampoco tiene nada de convencional.
Ahora, cinco años después, vive en Barcelona, no ha vuelto a escribir un libro y su agenda está llena de "cancelados": presentaciones y firmas de libros; proclamaciones de profesor "honoris causa"; invitaciones a dar discursos, impartir lecciones, recibir premios; toda clase de homenajes, conmemoraciones y mil cosas más. Todo cancelado.
Hasta que recibe una invitación de la municipalidad de Salas para pasar allí unos días en los que será nombrado "Ciudadano ilustre" de la ciudad, dará un pequeño curso sobre escritura, será jurado en un concurso local de pintura y recibirá varios homenajes más. Contra todo pronóstico y contra su idea inicial, acepta la invitación y se mete en una aventura que más le valdría haberse ahorrado.

Óscar Martínez (Daniel Mantovani) en el discurso de aceptación del Nobel
A partir de su llegada a Salas, Daniel va a empezar a entender por qué durante tantos años, lo mejor que recordaba de Salas era el hecho de haber podido escapar de allí. Va a tener una serie de encuentros muy variados: con un antiguo amigo, con su antigua novia, con los que se creen personajes de sus novelas, con los que lo admiran, con los que no le perdonan haber escapado de la ciudad, con los que le envidian por haberlo hecho. 
Lo que comienza con toda clase de agasajos de un pueblo que se siente orgulloso de su ciudadano más ilustre, va dando paso a la enorme distancia entre el escritor cosmopolita y bienintencionado, y unos seres que no han salido de la ciudad, reconcentrados en su propia ignorancia, en el interés particular de cada uno de ellos que espera que el ilustre ciudadano le resuelva sus problemas o haga su vida un poco más interesante. Y del interés se va dando paso al resentimiento de los que se quedaron, echándole de menos o conformándose con lo que él dejó; a la envidia de los que no le perdonan, ni le entienden, ni le aceptan porque cuando eres un pobre diletante y el no va más de tu pequeña y remota ciudad, no puedes soportar que alguien venga de fuera y te lo recuerde y, sin pretenderlo, te pase por delante de las narices tu propia y sospechada mediocridad . 
Los acontecimientos se van a ir sucediendo de la manera que menos nos esperábamos en un principio: divertidos, confusos, nostálgicos, tiernos, egoístas, con resentimiento, con generosidad... En Salas nos vamos a encontrar con todo lo que podríamos imaginar y con lo que no nos atreveríamos a sospechar.
El personaje de Daniel sorprende por su honradez, por lo claras que tiene las cosas y por lo fácilmente que puede dejar de tenerlas; por su inocencia trágica y por su aceptación de los hechos que se le van presentando; por su amabilidad consumida de abuso y un poco harta de tanta pamema insustancial y estéril; por su cinismo clarividente, pero que nunca cae en el descreimiento ni se deja vencer por la desesperanza. 
El actor que lo encarna, Óscar Martínez, es Mantovani con una intensidad definitiva. Hace tan creíbles sus dudas, sus frustraciones, sus perplejidades, sus seguridades, sus miedos, que creo que nunca podré volver a ver a este actor sin ser Mantovani y, sin embargo, creo, estoy segura, de que sí será posible porque si algo es Óscar Martínez es un maravilloso actor que seguro que se mete en cualquier papel que le toque con la misma verosimilitud que en este.
Gastón Duprat y Mariano Cohn
Los directores de "El ciudadano ilustre", Mariano Cohn y Gastón Duprat, tienen un puñado de películas de las que no he visto ninguna, pero creo que no pasará mucho tiempo antes de que visite su filmografía porque me ha quedado mucha curiosidad por saber que es lo que han hecho anteriormente y yo me he perdido. 
Con esta película puede que lleguen a estar nominados al Oscar, pues es la que presenta Argentina al premio a la mejor película de habla no inglesa. También ha sido elegida por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina para representar al país en la próxima edición de los premios Goya en los que es candidata a 15 nominaciones. Pero ya tiene varios premios en su haber: En el Festival de Cine de Venecia, obtuvo la Copa Volpi al mejor actor para Óscar Martínez y el premio del jurado joven, además de haber estado nominada al León de Oro a la mejor película. En la Seminci de Valladolid obtuvo la Espiga de Plata y el Premio Miguel Delibes al mejor guión. Eso por no mencionar otros muchos premios en festivales más pequeños.
No quiero desvelar más de lo necesario ahora que me he decidido a desvelar más de lo que pensaba.
Dady Brieva y Óscar Martínez
Solo diré para terminar que es una comedia con la que te ríes mucho, al principio abiertamente, después, con un poco de amargura, y luego, la risa te va cambiando al verse atacada por un baño de realidad que solo te deja una sonrisa irónica, estupefacta y un poco cínica.
Imprescindible totalmente, absolutamente, sin excusas. Ni siquiera es válida la de que no te gusta el cine.
Ah, y si encuentras en alguna librería, real o virtual, la novela "El ciudadano ilustre" de Daniel Mantovani, no te dejes engañar. Daniel Mantovani es un personaje de ficción. Lo dice hasta la Wikipedia.


martes, 6 de diciembre de 2016

"Puente de los suspiros" Richard Russo

"Me llamo Louis Charles Lynch. Tengo sesenta años y casi cuarenta de esos años he sido un marido cariñoso, aunque no tremendamente interesante, de la misma mujer encantadora [...] Puede que lo más notable de mi vida sea que la he pasado toda en el mismo pueblo pequeño del norte del estado de Nueva York, algo inaudito estos tiempos".
Así comienza "Puente de los Suspiros", con la narración de Lou cuando se dispone a contarnos su vida. Tiene sesenta años y está a punto de viajar con Sarah, su mujer, para ir a Italia. Una salida de tal envergadura tiene muy nervioso a Lou quien es feliz sin moverse de Thomaston, el pueblo en el que ha vivido toda su vida, excepto una pequeña temporada en que residió en Albany para ir a la Universidad; el pueblo en el cual las "estadísticas del cáncer están muy por encima de cualquiera de las habituales. El culpable principal de eso fue, como sospechamos todos, la antigua curtiduría, cerrada estos últimos cuarenta años, que vertía sus tintes y productos químicos al río Cayoga", un río que aparecía cada día de la juventud de Lou teñido de un color distinto según el tinte que se utilizara aquel día en la curtiduría; el pueblo dividido en tres barrios que ejemplificaban la división social de sus habitantes y el ascenso social de Lou con el paso de los años. El Lado Oeste es industrial y pobre. Allí pasó Lou su infancia. El Lado Este es de clase media baja y allí vivió su adolescencia y la mayor parte de su juventud. El Burgo es la zona donde se concentra la riqueza de Thomaston, la gente más acomodada, y donde vive Lou a los sesenta años, donde ha vivido su vida adulta. Pero aún hay otra zona en Thomaston. Incrustada en el Lado Oeste, pero sin mezclarse con él, está La Loma, donde viven los más pobres, los que, no solo son pobres, sino que además, son negros. 
Este no es el río Cayoga que creo que es ficticio
(al menos, en el estado de Nueva York),
pero bien podría serlo.

A Louis Charles Lynch, una profesora de la guardería lo nombró el primer día de clase como Lou C. Lynch, creando de esta manera el apodo que le perseguiría y atormentaría durante gran parte de su infancia y adolescencia: Lucy. Pasado el tiempo, cuando Lou andaba ya por los diecisiete años, "los chicos le seguían llamando Lucy, pero ahora con afecto, y muchos parecían haber olvidado que el objetivo inicial había sido molestarle"
Muchas cosas han podido marcar la vida de Lou, además de su apodo. Tal vez cuando lo encerraron en el baúl y simularon serrarle por la mitad; tal vez las ausencias que tiene desde entonces y que hacen que, tras ver el mundo desenfocado y sin perfiles, pierda la conciencia de todo hasta que vuelve de nuevo en sí y solo su padre es capaz de traerle de vuelta totalmente y hacer que recupere el dominio de la palabra; tal vez su amor incondicional a su padre, un buen hombre para el que "los días serían buenos la mayor parte de las veces" y que contrastaba con su madre, una buena mujer, pragmática y realista para la que "un día bueno era algo raro. Mañana sería un día malo, y la única cuestión era lo malo que iba a ser".
Tal vez todo eso hizo que mientras sus amigos jugaban y alborotaban, él prefiriera quedarse en casa leyendo libros, algo que solo a su padre llenaba de orgullo. Todo eso le pudo marcar, y el hecho de que Bobby, su único amigo desde muy niño, aparece y desaparece de su infancia causándole un vacío difícil de llenar... hasta que conoció a Sarah.
A Bobby Marconi le marcó una infancia dominada por un padre brutal y autoritario y una madre que solo parecía existir para quedarse embarazada, escapar de casa y volver de nuevo traída por su marido para parir y volver a empezar, hasta que su vida y su cordura dependieron de unas pastillas que la dejaban atontada.
Richard Russo rodeado de sus "libros"

Sarah Berg ha vivido y cuidado de su padre desde que la madre los dejó para irse a vivir y disfrutar de lo que su serio e intelectual marido no era capaz de darle... y para superar una terrible pérdida. Sarah la visita los veranos y pasa con ella las vacaciones mientras su padre, profesor, aprovecha esas mismas vacaciones para encerrarse a escribir su interminable novela. Sarah decidió quedarse con él y lo cuida con la misma solícita amabilidad con que se cuida a los hijos que no saben desenvolverse muy bien en el mundo.
Nan Beverly es la hija del dueño de la curtiduría. Ha vivido siempre en el Burgo y no sabe de necesidades, frustraciones o carencias. Mimada por sus padres y objeto de deseo de todos los chicos de instituto, no está preparada para enfrentarse al hecho de que, a veces, las cosas no salen como tú quieres y la vida te deja con los ojos muy abiertos preguntándote por qué nadie te dijo que no todo era tan fácil. "Los Marconi, los Lynch, los Beverly y los Berg. Ninguna de esas familias saldría ilesa del choque. Sólo una sobreviviría intacta".
"Puente de los Suspiros" nos cuenta la vida de estos cuatro jóvenes, la infancia de algunos, la adolescencia de todos que pasó y superó muchas dificultades al abrigo de los Lynch y del Ike Lubin, el supermercado que compró el padre de Lou, en contra de la opinión de su madre y que terminó siendo el refugio de todos ellos y es que huyendo de sus familias que se desmoronan, Sarah, Bobby y Nan buscan cobijo con los Lynch, la familia que "parecía la más estable de las cuatro familias, y el Ikey Lubin una prolongación de aquella estabilidad, lo que quizá explicara por qué pasaban tanto tiempo allí Noonan y sus amigos". ¿Que aún no os he hablado de Noonan? Tendréis que leer la novela para averiguar quien es. 
Pero también nos cuenta la historia de una familia negra o más bien de tres hombres de tres generaciones de dicha familia, Gabriel Mock, Gabriel Mock Júnior y Gabriel Mock Tercero. Los dos últimos se han atrevido a desafiar las leyes raciales no escritas y han intentado materializar su amor por una chica blanca. Ambos lo pagaron en exceso y las chicas se sintieron culpables por no haber visto el peligro que acechaba y es que entre los blancos de Thomaston, también hubo quien a mediados del siglo XX quiso desafiar los prejuicios y el racismo imperantes.
"Puente de los Suspiros" está narrada en parte por Lou que, en primera persona, nos va contando su vida pasada y presente, nos va desvelando los secretos que él guarda y creando expectativas sobre los secretos que él no conoce. Un narrador omnisciente, en tercera persona, nos irá contando el resto de la historia, lo que Lou desconoce o conoce a medias o conoce erróneamente; lo que pasó en el pasado, lo que acontece en el presente, lo que sueñan, desean, ocultan e imaginan los personajes. 
El Puente de los Suspiros (Venecia)
Todos los misterios se irán desvelando, mientras paralelamente, en Venecia y en Thomaston, dos pintores reflejan en el lienzo su particular visión del Puente de los Suspiros. Un puente que Lou estuvo a punto de cruzar sin retorno y del que le salvó Sarah, como tantas otras veces.
No es la mejor novela de Russo y seguro que mucha gente piensa que le sobran páginas. Puede que sea cierto, pero ese es un asunto que nunca me ha importado siempre que los que se cuenta en ese exceso de páginas, me guste y atrape lo suficiente.
Richard Russo, Premio Pulitzer en 2002 por su novela "Empire falls", de la que él mismo hizo el guión para una miniserie de cuatro capítulos muy recomendable, es uno de los autores más reseñados en este blog. Os dejo el enlace por si os apetece leer acerca de algún otro de sus libros.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Lecciones para escribir una novela. Quinta: El desencadenante


Como ya sabemos, una novela tiene tres unidades dramáticas y la primera de ellas es el planteamiento. Este a su vez consta de varios elementos. El primero de ellos es la situación de equilibrio inicial del que hablamos en la cuarta lección de este curso de Ana Bolox que os estoy contando con permiso de la Revista MoonMagazine donde se publicó y de Txaro Cárdenas, su directora.
Ahora vamos a hablar del segundo elemento, el que tiene que venir poquito después de la situación de equilibrio inicial, y este segundo elemento no es otro que:
Este elemento es, según Ana Bolox, "un elemento que el escritor ha de cuidar con especial esmero si no quiere perder a su lector ya en los primeros compases de la melodía con que desea hipnotizarlo"Es el elemento que rompe con la situación de equilibrio inicial y pone en marcha (desencadena) la trama de la novela.
Se nos mostrarán las dos funciones principales del desencadenante; como debe ser y cuando debe suceder y las excepciones a la norma, que las tiene como toda norma; se nos pondrán ejemplos concretos y hasta un esquema. Incluso se nos advierte sobre los falsos desencadenantes.
Un capítulo muy interesante pues este elemento hará que la novela que está comenzando tenga donde anclarse y cimentarse o empiece ya a zozobrar desde el principio.
Aquí tenéis la quinta entrega de este curso. Os invito además a pasar por la Revista MoonMagazine en cualquier momento. Siempre encontrareis algo que os guste y os aporte algo. 
Y si os interesa algún otro curso o taller o las claves para escribir una novela policíaca, en Ateneo Literario, de Ana Bolox, tenéis vuestra página. 
Y si os apetece una novela elegante como el té de las cinco, policíaca al estilo clásico y que la propia Agatha Christie firmaría encantada, os recomiendo "Carter & West" de la propia Ana Bolox. Os dejo en el título el enlace a la reseña que le hice.


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