Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

viernes, 27 de enero de 2017

"En la lucha final" Rafael Chirbes

"Esta historia empezó el día en que Ricardo llamó a Amelia para decirle que acababa de regresar a Madrid. Fue el primer ladrillo que el destino colocó en la tumba de Carlos; la primera paletada de tierra sobre el grupo"; el grupo que sirve de referencia, de afirmación para todos ellos, de cobijo y coartada. No hay nada como pertenecer al grupo. En él se diluyen las miserias y se reafirman los valores y, si no hay valores, se cogen prestados. De unos o de otros porque en este grupo hay muchos valores. Un grupo de gente guapa, bien situada e intelectual; artistas y sus allegados; ricos, famosos, progresistas, liberales; un poco de izquierdas, aunque ya abandonaron las barricadas de las guerras pretéritas. Ahora solo pelean por su prestigio y por superar en honores y fama a los demás; ahora están a punto de  perder la lucha final. Es un grupo endogámico, cerrado sobre sí mismo, en el que cuesta entrar, en el que, incluso cuando se cambia de pareja, es frecuente hacerlo dentro del propio grupo. Un grupo en el que "todos habían sido malheridos en algún momento de sus vidas".
Pero el grupo atrae, brilla con el fulgor de la lámpara en la noche o con la siniestra oscuridad del agujero negro, pero todo el que gira a su alrededor, quien se acerca a él con mirada proclive a la admiración o a la pequeña e inocente envidia corre el riesgo de caer en el pegajoso néctar de su hechizo. Y es que la historia comenzó el día en que Ricardo llamó a Amelia, pero la novela comienza cuando el narrador nos cuenta su caída en el grupo, la atracción que sobre él ejerció hasta que lo atrapó. "Relucían como joyas, si uno los contemplaba desde lejos, y la verdad es que, en la distancia, llegaron a deslumbrarme. Luego, cuando me acerqué a ellos, descubrí que su brillo era el de los cristales rotos. Supe que me habían atrapado, porque también yo me había empezado a resquebrajar". Nuestro narrador no pertenece al grupo. Ha sido invitado alguna vez al jardín de Carlos y Amelia en calidad de amigo de los amigos de algún amigo de él. Allí irá conociendo a los distintos integrantes del grupo, los de las cenas de los martes en Charol, aquellas cenas que a Brines le "parecieron siempre un catálogo de bajas pasiones".
El grupo es variopinto, pero todo gira en torno a la literatura y el arte. Carlos Amat tiene una galería de arte a medias con Brines, aunque, en realidad, Carlos solo puso el dinero. Carlos no tiene aptitudes artísticas, pero tiene dinero y con ese dinero ha comprado el arte, y todo lo que le rodea, incluidos los artistas que forman su círculo; incluida su mujer Amelia, el broche central de su artística corona de rey a punto de ser destronado. 
Pero "Amelia es una muñeca rusa que esconde siempre a otra Amelia, no por más pequeña y oculta menos fuerte y peligrosa". Amelia salta de un amante a otro, siempre dentro del grupo, pero siempre vuelve con Carlos que soporta sus infidelidades convencido del brillo cautivador de su dinero que terminará atrayéndola cual mariposa nocturna. Además piensa que sus infidelidades, siempre con los que él considera perdedores, son la manera que tiene Amelia de lavar su mala conciencia por vivir con un millonario. Reminiscencias de su vida universitaria y su militancia comunista. Pero, sobre todo, finge. Finge que no tiene celos, finge desinterés por los asuntos de Amelia. Y finge porque no puede enfrentarse a la humillación de mostrar a los demás su sufrimiento.
Cuando llega Ricardo Alcántara, antiguo compañero de lucha y facultad, tras veinte años de ausencia vividos en el extranjero, Amelia cae rendida a su encanto bohemio y exótico, hecho de objetos poco valiosos, pero que dibujaban su periplo de veinte años a lo largo del mundo; a sus frases certeras y maravillosas, aunque sonaran a ya leídas en otro sitio; a los montones de carpetas que eran su trabajo de tantos años y donde estaba la maravillosa novela que Amelia se empeñaría en publicar en la editorial para la que trabaja. "Poco a poco, se iban enredando en una espiral de sentimientos que a veces inventaban antes de creérselos". Poco a poco, Amelia se va enredando en una madeja sedosa y atractiva, una madeja tejida con las precisas y preciosas frases de la novela de Ricardo en la que no se enreda ella sola porque la novela es muy buena y acaba atrapando entre la admiración y la envidia a todos los integrantes del grupo.
José Bardón es el escritor afamado. Su primera novela "El cielo oscuro" está a punto de publicarse en Estados Unidos. Es el amigo y camarada de juventud de Ricardo y Amelia. Tiene varias novelas publicadas y una fama apreciable. La lectura de la novela de Ricardo lo deja cautivado a él también y con un punto de envidia difícil de superar. "Desde que supe que había vuelto, pensé que Ricardo había seguido equivocándose durante todos aquellos años. Le faltaba lo mismo que le faltaba cuando se fue: método. Cambié de opinión cuando me dio a leer la novela".
Santiago es el personaje disonante. Nadie sabe de él. Nadie excepto Ricardo y, un poco más adelante, Amelia. Santiago sabe cosas que el resto desconoce. Santiago es el asesino, porque también hay un asesinato, pero no estoy descubriendo nada, no destripo finales ni misterios. Desde la página nueve sabemos que lo es. Santiago no pertenece al grupo ni a la clase social que forma el grupo. Santiago es un busca vidas que anhela lo que ve en la nueva vida a la que se ha acercado. Lo desprecia, a la vez que lo anhela; se siente despreciado por aquellos a los que envidia y de cuyas propiedades siente necesidad. Santiago pertenece a una clase social que quiere traspasar sus fronteras y entrar en otra, pero sucede que "una clase social sólo puede entrar en otra a punta de navaja". O intentarlo, porque Santiago, a punta de navaja, solo puede entrar en la cárcel tras su acto desesperado.
Y hay más personajes y muchas e intrincadas relaciones entre ellos, y saltos en el tiempo, y narraciones de unos y otros y confesiones y declaraciones y hasta un diario. 
Nuestro narrador, decíamos, no pertenece al grupo. Se mantiene en los márgenes que lo definen. Fuera, pero lo suficientemente cerca como para verlo todo. Poco a poco, y tal vez por el hecho de no pertenecer del todo al grupo, se irá haciendo acreedor de las confidencias de unos y otros y estará en condiciones de contarnos todo lo relativo a la muerte de Carlos. Porque en esta novela, ya lo dijimos y desde el principio lo sabemos, hay un asesinato. Y desde muy pronto sabemos quien es el asesino, pero deberemos recorrer el camino paso a paso para saber las causas y circunstancias del crimen, así como otros muchos secretos que se ocultan en el grupo. Todos, en unas u otras circunstancias, harán a nuestro narrador su relato particular de los hechos y lo harán depositario de los secretos del grupo porque "la única verdad de uno mismo es el miserable basurero de secretos que esconde: lo que los demás desconocen y no sale en el espejo: lo que nadie querría adquirir si uno lo expusiera en el escaparate". Pero aquí terminan saliendo de su escondite, terminamos adquiriéndolos por boca de los distintos testigos que, ante nuestro narrador, confiesan sus miserias y, sobre todo, las ajenas.
Rafael Chirbes
Una novela de Rafael Chirbes escrita entre 1987 y 1990. Rafael Chirbes en estado puro. Con un lenguaje bello, certero, afilado. Te pones a subrayar y no tienes el momento de acabar. Sus frases son tan bellas, tan insinuantes, tan significativas que te pierdes en ellas. Ciento catorce páginas de puro arte literario, que te atrapan, te envuelven, te arrastran y cuando terminas, desearías volver a empezar y absorber la esencia de la novela y decides que lo dejas, de momento, pero convencida de que volverás porque, como los buenos platos, como los buenos vinos (no olvidar que Chirbes trabajó en la revista gastronómica "Sobremesa"), siempre requieren una segunda vuelta, una nueva visita; siempre la terrible resistencia a la despedida definitiva.
Subrayé tanto que no me resisto a citar algunas frases. Son algunas que me han atraído poderosamente. Podrían haber sido otras, lo serían de ser otro el lector, lo que está claro es que la lectura de este libro a nadie va a dejar indiferente y cualquiera que a él se acerque sentirá la necesidad de resaltar estas u otras frases. Verdadera magia hecha solo de palabras. Ideas maravillosas tejidas con el hilo finísimo de las palabras para crear un encaje en el que se pierde nuestra capacidad de admiración. La mía está superada por este autor.

"Hay imágenes que se graban para siempre y corroen como termitas las vigas que soportan la madurez".

"Hubiera querido llorar como él, por algo que no fuera solo deseo".

"Cuando uno ha vivido la violencia como un cerco permanente, sólo encerrándose puede guardar dentro la inocencia".

"Habéis convertido la literatura en el almacén de vuestra melancolía, y la habéis colocado lejos de casa, en un terreno que visitáis los fines de semana".

"Hay un momento en la vida en que uno debe renunciar a ser brillante para empezar a ser inteligente".

"Era un viajero extraviado que volvía desde una estación que a los demás se les había escapado mientras dormían en mitad de la noche"


martes, 24 de enero de 2017

"El bar de las grandes esperanzas" J. R. Moehringer

"Cuando me hizo sentir que no había nada malo en que me gustaran los bares, que criarse en un bar no le quitaba a un joven la posibilidad de triunfar, de ser feliz, de amar a alguien como Sidney, me dieron ganas de subir corriendo al estrado y darle un abrazo". Y ese ser maravilloso, al que nuestro protagonista siente ganas de abrazar para manifestarle su inmensa gratitud, no es otro que Frank Sinatra cuyos discos fue lo poco que su padre le dejó cuando desapreció.
J. R. Moehringer ha crecido con muchas carencias, deseando desde muy pequeño muchas cosas de las que, sólo ahora, adulto, al repasar su vida, es capaz de darse cuenta. "Mi lista de necesidades era larga. Hijo único, abandonado por mi padre, necesitaba una familia, un hogar. Y hombres. Sobre todo hombres. Los necesitaba [...] como una especie de contrapeso masculino de mi madre, mi abuela, mi tía y las cinco primas con las que vivía".
Y ¿dónde encontrar mejor ambiente masculino, lleno de mentores sustitutos del padre, que en un bar? Muy pronto la vida de J.R. se verá ligada al Dickens y a sus parroquianos. Allí terminará su infancia y comenzará su adolescencia y tomará, tal vez, más copas de las aconsejables a una edad más temprana de lo aconsejable, y estará a punto de perderse y se encontrará y se volverá a perder varias veces.
Pero eso será más tarde, mucho más tarde, porque, de momento,  no es más que un niño que busca a su padre en las ondas radiofónicas de Nueva York, en las que Johnny Michaels (él sí consiguió cambiarse de nombre) trabaja de D.J. Noche tras noche, el padre de J. R. hablaba "frente a un micrófono situado en algún punto de Nueva York, y su voz redonda, de barítono, viajaba Hudson abajo, cruzaba la bahía de Manhasset, ascendía por Plandome Road y, una fracción de segundo más tarde, salía de la radio verde oliva que reposaba sobre la mesa de la cocina del abuelo".
Plandome Road es la calle en la que vive nuestro narrador y en la que, unos números más abajo, se encuentra el "Dickens", el bar que forjará su futuro. Manhasset es su pueblo. Se encuentra situado en una bahía de Long Island, a veintisiete kilómetros de Manhattan; "es la ciudad de esa pesada mentirosa que es Daisy Buchanan"Y es que Manhasset es el lugar en el que Scott Fitgerald situó los acontecimientos de "El gran Gatsby", aunque él lo llamó East Egg.
Allí, en aquella cocina, en aquella radio verde oliva, J.R. busca a su padre a quien, a imitación de su abuela, llama La Voz (sí, como La Voz que descubrirá más tarde en los discos de su padre y a la que querrá abrazar en la universidad de Yale muchos años después). Busca sentirse cerca de aquella voz que, sintonizada una y otra vez en distintas frecuencias cada vez que cambia de ciudad o de emisora, representa al padre que lo abandonó siendo un bebé. 
Pero los padres no siempre son lo que soñamos, ni siquiera lo que, tímidamente y sin exagerar, nos gustaría que fueran. Desengañado de su padre y dejando de lado de momento, siempre de momento, las expectativas puestas en él, empieza a buscar la figura paterna en otros hombres, y esos hombres son los amigos del tío Charlie a los que conoce en el verano de sus once años y con los que empieza a compartir días de playa en Gilgo Beach, tardes de partidos de los Mets y noches de bar sin alcohol.
Desengañado de su padre, muchos años después de tomar contacto con el Dickens, ya adulto, intentará cambiarse de nombre, tras enterarse de que Moehringer procede de un vecino alemán de su abuelo. "Debía librarme del JR, del Junior, y del Moehringer, dejar a un lado aquellos pesados símbolos, y sustituirlos por algo normal, por un nombre que no proviniera de un vecino alemán que el padre de mi padre había asumido como propio". No fue posible el cambio en aquel momento. Se gastó en una borrachera épica el dinero necesario para el papeleo. No se lo cambiaría nunca, al menos hasta el momento.
El bar es el verdadero protagonista de la novela. Tiene su historia. Siempre había habido un bar en aquella esquina y en otras muchas esquinas de Mahasset porque el pueblo es famoso por dos cosas: el lacrosse y el alcohol. 
Nuestro bar, fue un bar más del pueblo durante mucho tiempo. Había cambiado de nombre y dueño varias veces desde el principio de los tiempos. Y el principio de los tiempos en Manhasset coincidía con el final de la Prohibición. Pero eso cambió aproximadamente cuando nosotros lo conocemos, cuando nuestro personaje lo conoce. En la década de los setenta, Steve lo compró, le cambió el nombre y lo llamó Dickens, nombre que situó debajo de la silueta del escritor en caracteres ingleses antiguos. Durante las décadas de los setenta y ochenta, el "Dickens" dejará de ser un bar más. Durante esos años, el Dickens y Steve se convertirán en el referente de Plandome Road. "Steve creía que la barra de un bar era el punto de encuentro más igualitario de todos los que existían en América".  
Hombres, alguna mujer y un niño, encontrarán en los brazos paternales de Steve, en su maravillosa sonrisa de gato Cheshire, entre las mesas del restaurante o la barra del bar, la dosis justa de alcohol, conversación y comprensión que iban buscando noche tras noche. El niño no encontró alcohol, claro, eso sería mucho después. Primero encontró la complicidad y el cariño del tío Charlie, camarero del Dickens, y sus amigos. 
J. R. Moehringer
Y los amigos del tío Charlie, son para J. R. el sustituto del padre que lo ha decepcionado sin llegar a conocerlo. Colt, cuya voz tan semejante a la del oso Yogui dejará hipnotizado a J.R. a quien le parece que siempre está animando a Bubu a robar una cesta de picnic; Joey D, "un gigante con una mata pelirroja en lo alto de una cabeza anaranjada, y con unos rasgos que parecían pegados con cola a la cara en ángulos raros. Parecía hecho con las partes sobrantes de distintos teleñecos" y que cuando hablaba soltaba, como repentinos fogonazos, frases enteras, sin separación entre las palabras y que parecían ir dirigidas al bolsillo derecho de su polo, como si todo lo hablara con algún ratoncito que vivía dentro; Bobo, el más guapo, destilando siempre por sus poros el olor al whisky de la noche anterior y de los litros de aftershave con que intentaba disimularlo. 
Con ellos conoce el Dickens a la temprana edad de once años y solo muy tarde, mucho tiempo después, podrá escapar a su influjo. 
Con ellos tomará muchas cervezas ilegales para su edad adolescente, celebrará su mayoría de edad y beberá sus primeras copas legales, compartirá sus fracasos amorosos y sus ansias por encontrar a su Daisy Buchanan particular, la que todo Gatsby busca a pesar de merecer algo mejor. 
En el Dickens, después rebautizado como El Publicans, buscará refugio a todas sus frustraciones, tristezas y desengaños y será su paraíso desde la infancia hasta bien entrado en la juventud, casi madurez. 
Pero los paraísos siempre acaban por desaparecer.  Los acontecimientos se desencadenan, los lugares amados y amables se pueden transmutar en algo hostil, algo que incomoda e incluso espanta. Llegó un momento en que el Publicans, tal vez, habría podido sobrevivir a pesar de todo, pero lo que ya había muerto era la sensación de que era un refugio para los que así lo habían sentido durante tantos años. De repente, en un momento, una llamada avisa de lo irremediable. "En lo que tardaba un hombre en caerse por las escaleras, el Publicans había pasado de refugio a prisión, como les ocurre tantas veces a los refugios". Y, como J. R. sabe muy bien, en el Publicans se caía mucha gente.
J. R. Moehringer es un periodista galardonado con el Premio Pullitzer de periodismo en el año 2000. Trabaja para Los Angeles Times como corresponsal nacional. 
"El bar de las grandes esperanzas" es su primera novela y es una crónica tierna y sincera de la relación de un niño con un bar y sus parroquianos, de cómo un bar y los hombres que en él consumen sus días pueden ayudar a un niño a superar su necesidad de un padre aun a riesgo de dejarlo atrapado en sus redes de alcohol e indolencia.  Y es la historia del bar, uno de esos bares genuinamente americanos que estamos acostumbrados a ver en series y películas, con su larga barra llena de taburetes y sus reservados alineados en la pared opuesta, en los que todos se conocen, en los que todos encuentran refugio y calor para abrigar sus frustraciones y sus carencias, en los que abundan las risas, la camaradería, las burlas, más o menos bien intencionadas; en los que se fuma en secreto y se bebe en público y, a veces, pero solo a veces, "la tercera copa corre a cuenta de la casa".



viernes, 20 de enero de 2017

Reto "Nos gustan los clásicos"


"A Dios pongo por testigo de que este año no volveré a apuntarme a un reto". Así parafraseaba yo a Escarlata O'Hara al comenzar el año, pero rápidamente los buenos propósitos se vienen abajo cuando desde "El despertar de un libro" de Lourdes, me entero de este atractivo y sencillo reto que casi está cumplido antes de empezar. 
El reto es idea original del blog "Un lector indiscreto" y su administrador, Francisco. Podéis ver las condiciones en dicho blog, pero a modo de resumen diré que consiste en leer y reseñar, a lo largo del año 2017, cinco novelas publicadas por primera vez antes de 1990. O sea que entran novelas muy variadas y que se acercan al gusto de cualquier lector. 
Quien esté interesado deberá pasar por el blog "Un lector indiscreto" para apuntarse. Y tened en cuenta que el plazo finaliza el 28 de febrero. No hay condiciones raras ni complicadas. Solo leer y reseñar las cinco novelas. Ni siquiera es necesario tener un blog. pero mejor os pasáis por "Un lector indiscreto" y lo leéis vosotros mismos.
Yo iré actualizando este post con las novelas que vaya leyendo y que se adapten al reto. Me imagino que serán muchas, pues la condición de ser anterior a 1990 da para mucha novela.
"Reencuentro" Fred Uhlman (1971)
"Sé por qué llora el pájaro enjaulado" (1969)
"Mimoun" (1988)
"Persuasión" Jane Austen (1818)



martes, 17 de enero de 2017

"Cuernos" Joe Hill

"Ignatius Martin Perrish pasó la noche borracho y haciendo cosas terribles. A la mañana siguiente se despertó con dolor de cabeza, se llevó las manos a las sienes y palpó algo extraño: dos protuberancias huesudas y de punta afilada". Dos pequeños cuernecitos es lo que le está saliendo a Ig a la altura de las sienes. Unos pequeños cuernecitos de diablo que lo hacen muy tentador... todo el mundo se siente tentado a contarle sus más oscuros pensamientos, y los que no le cuentan, Ig los percibe con solo tocar a las personas.
Hace un año que Merrin Williams, la novia de Ig, fue violada y asesinada. Ig fue considerado el principal sospechoso, pero la falta de pruebas para inculparle hizo que quedara en libertad. Lo malo fue que las pruebas recogidas en el lugar del crimen y en el cadáver, que hubieran podido librarle de toda sospecha, se destruyeron en un incendio en el laboratorio de Concord, New Hampshire, donde se custodiaban, por lo que, sin ser condenado ni juzgado, nunca ha dejado de ser el sospechoso principal para todo el mundo. 
Ahora ha pasado un año desde los hechos, Ig tiene cuernos, su chica le ha puesto otros figurados, se acerca el ochenta cumpleaños de su abuela y no se atreve a acercarse a su familia porque la ayuda afectiva que necesita se podría convertir en las terribles confesiones que todos se sienten tentados a hacerle a la vista de sus cuernos ante los que ninguna vergüenza quiere permanecer oculta.
Ignatius está solo. 
Su familia, con un padre famoso que "había tocado con Sinatra y Dean Martin, había grabado discos con ellos" y una madre que fue bailarina en Las Vegas, no ha mostrado interés en ver como vive y, hasta cierto punto, le culpan de "las sospechas que habían recaído sobre ellos, porque en la ciudad todo el mundo creía que Ig había violado y asesinado a Merrin Williams y había escapado de la ley porque sus padres, ricos y bien relacionados, habían movido unos cuantos hilos, pedido unos cuantos favores y ejercido presiones para entorpecer la investigación"Tan solo su hermano Terry, un prestigioso trompetista y estrella de su propio show televisivo, Hothouse, ha mantenido siempre la inocencia de Ig aun a riesgo de perder popularidad. 
También ha perdido a su mejor amigo, "Lee era ayudante de un congresista de New Hampshire y no podía relacionarse con el principal sospechoso de un crimen sexual".  
Joe Hill
Ahora, gracias a sus cuernos, descubrirá que incluso las personas que menos hubiera imaginado nunca han creído en su inocencia; descubrirá los peores sentimientos que se esconden en la conciencia avergonzada de todos los que se cruzan en su camino; descubrirá quién mató a Merrin y hasta los secretos que Merrin ocultaba. 
Y es que, gracias a sus cuernos, Ig se ha convertido en el diablo y, una vez hecho a la idea, no está tan mal. Porque conocer la verdad te da una posibilidad de venganza imposible de otra manera... aunque lo que se descubre pueda doler; aunque, al principio, no quiera acercarse a los demás, no quiera que le cuenten sus secretos. Pero es que al diablo se le puede contar cualquier cosa "Te cuentan cosas malas —dijo Dale frotándose la sien derecha con dos dedos, masajeándola con suavidad—. Sólo que cuando te miro no me parecen tan malas. Tengo la impresión de que son…, no sé…, divertidas". Quién sino el diablo puede encontrar divertidas las peores ideas, los más negros deseos, las más violentas ilusiones, las más perversas intenciones... Pero Ig no es un diablo al uso, aunque una cruz le limite sus poderes, aunque planee cuidadosamente su venganza, aunque sus cuernos crezcan y el fuego lo respete y bajo la piel quemada le aparezca una nueva de color carmín y sus heridas se cierren, Ig no es tan diablo como parece y sufre con las cosas malas que le cuentan o que descubre. Aunque, tal vez, todos los diablos sufren con la maldad humana; tal vez el diablo (los diablos) sufre al ver al ser humano expulsado del paraíso, al sentir en el ser humano el propio dolor de la injusta expulsión. Ig sufre también por sus seres queridos a los que trata de poner a salvo (aunque a veces...).
Ig no es un diablo al uso pero ha tenido que convertirse en el diablo para poder vengarse porque como dice la preciosa frase de la portada del libro "Cuando se trata de venganza, el diablo está en los detalles". Aunque algunos detalles, incluso al diablo se le escapen.

He leído esta novela bajo la iniciativa del blog "La Caverna Literaria". A pesar de que la literatura del autor está clasificada como de terror, y no ser este un género que me guste en exceso, algo había visto sobre él que me había atraído lo suficiente como para desear leerlo. No sé qué pudo ser, pero mis impresiones fueron acertadas. Tiene algo que me ha cautivado y que hace que, seguramente, no sea esta la primera y última novela del autor a la que me dedique.

sábado, 14 de enero de 2017

"Lumpen" Paco Gómez Escribano y Luis Gutiérrez Maluenda.


"Han pasado los años, pero el barrio sigue tan sumido en la mala vida como siempre: yonquis, putas, camellos, alcohólicos, proxenetas, descuideros; vino barato, farlopa, cubalibres, caballo, birra, DYC, jachís, pastillas"
Paco Gómez Escribano nos sigue contando la historia de su barrio, Canillejas. Esta vez la pone en boca de un detective privado, ex policía nacional, que sigue colgado (debería decir "colgao") del barrio aunque ya no viva en él. Ya no vive en él, pero allí bebe, allí visita a su madre, queda con sus amigos, liga, y hasta allí le llevan sus investigaciones.
Paco Gómez Escribano nos sigue hablando de su barrio porque es el barrio en el que creció. "No es necesario que algo te guste para poder amarlo; no es necesario que algo sea maravilloso e idílico para que te guste. Creo que a Paco le gusta su barrio y, desde luego, lo ama".
Pero Paco no está solo en esta aventura. Le acompaña  Luis Gutiérrez Maluenda ya que la novela está escrita a cuatro manos. O dos cabezas. O dos cabezas y cuatro manos. O...
Si queréis saber más acerca de la novela o de la colaboración entre Paco Gómez Escribano y  Luis Gutiérrez Maluenda, no dejéis de leer mi reseña de "Lumpen(los entrecomillados de arriba pertenecen a dicha reseña) en Revista MoonMagazine, donde una vez más, y van cuatro, Txaro Cárdenas, su directora, me ha cobijado y ha dado un sitio muy acogedor a mis opiniones sobre esta novela. 
Y si ya estáis en la revista, daos una vuelta por ella porque los últimos artículos son de lo más interesante: cine, historia, amor a la literatura, teatro y hasta un concurso literario. Perdeos por sus páginas. No os arrepentiréis. 
Oye, pero no os perdáis tanto que os olvidéis de leer mi artículo sobre "Lumpen". Hala, idos a MoonMagazine. Ya estáis tardando.


martes, 10 de enero de 2017

"Desde el cuarto de Amadora" Juan Manuel Freire

Aquel año las amapolas florecieron en otoño al conjuro de la canción que cantaba Amadora en su lecho de muerte, allá en su cuarto perdido en las alturas de la Casa Grande: "Amapola, lindísima amapola..."
La voz de Amadora, llevada por el eco que rebotaba en las partículas invisibles del aire, obró el milagro y los campos tristes y un poco incoloros de la estación se llenaron del rojo vivo, orgulloso y arrogante de las amapolas.
Todo esto sucedió hace setenta años y uno de los testigos, el tío del narrador, se lo cuenta a su sobrino en el jardín de los tilos, uno de los jardines que sirven de antesala a la Casa Grande. "Recuerdo que era 1937, y noviembre, y el campo se hallaba enteramente cubierto de amapolas..." "Desde el cuarto de Amadora" constituye ese relato de los hechos acontecidos hace ya siete décadas, muchos años antes de que naciera el narrador, pero que fueron vividos en su temprana juventud por su tío. Tío que, tal vez (seguramente) debido a lo avanzado de su edad y al desorden algo caótico de su memoria privilegiada, se va por las ramas más de lo que el lector impaciente desearía. 
Y es que esta novela es como un árbol mágico en cuya cima, cual estrella errante de Navidad, se encuentra el cuarto de Amadora, ese que se nos promete desde el principio, pero al que no acabamos de llegar, al que deseamos arribar para saber por qué se muere Amadora, cómo se muere y, por encima de todo, qué extraordinario sortilegio le hace cantar, con una voz que nadie hubiera podido imaginar que llegara a salir de ella, "Amapola, lindísima amapola...". 
Estamos deseando encontrarnos con Amadora en su lecho de muerte, pero el tío se nos pierde por las ramas del árbol y el sobrino colabora intercalando sus recuerdos de infancia y sus sensaciones ante los espacios abandonados y decadentes de la Casa Grande, tantos años después de su propia infancia y del esplendor del edificio. "Aunque mis ojos buscaron el surtidor y el pequeño estanque de azulejos [...] no los encontraron. Estaban allí, donde siempre, pero el matorral los escondía a la mirada. [...] Por todas partes, fosilizado en aquel abandono, el tiempo advertía de su paso".
Tal vez alguien olvide que el placer de los viajes no está en la llegada sino en el recorrido y piense que sobran páginas, historias, anécdotas y que el autor se va por las ramas, y en su fuero interno le dice, "venga, al grano"; desde luego no seré yo ese lector. Cada rama, cada salida lateral, cada recuerdo, cada reflexión me fascina, me atrapa en la belleza de su contenido y de su forma, me envuelve de magia. Porque esta novela es puro realismo mágico gallego, al estilo de Álvaro Cunqueiro y "Cuando el viejo Simbad vuelva a las islas"; del Torrente Ballester de "La saga/fuga de JB"; de algunas novelas de Cela. Historias inverosímiles que se hacen posibles por obra de una literatura tan bella y mágica como las propias peripecias que nos cuenta y que, rápidamente, nos convence de que nada así contado puede ser pura fantasía. La belleza de la forma dota de realismo y sustancia al contenido y cualquier episodio que así nos llega toma carta de verídico o, al menos, verosímil.
Y así, partiendo de noviembre y del primer canto de Amadora, el tío y sus recuerdos, el sobrino y su narración, nos van introduciendo en las historias de la aldea y en sus delirantes personajes a lo largo de los meses sucesivos, y nos encontraremos con los sucesivos cantos de Amadora y las consecuentes floraciones de amapolas fuera de tiempo, pero siempre muy a tiempo.
Sabremos de Juanón y sus amores por Generosa y su empeño en que los pájaros le hablen porque ya le ha hablado uno y "usted, señor maestro, sabe más que yo, que además no estoy bien de aquí [...], pero hablar, hablan [...] Si habla uno, hablan todos". Seguiremos angustiados las andanzas de Tuco el del Penón, que un buen día se fue a la guerra, y el devenir de su correspondencia con su novia, Josefa, la niñera de la Casa Grande, correspondencia en la que un censor, no se sabe si narcisista o preciosista, se inmiscuye por encima de sus funciones y da lecciones y consejos y hasta suplica que se le libere de su misión censora.

Asistiremos a las hipótesis de Rosalinda acerca de por qué en casa de las Amarantas huele a café americano y la mayor de las hermanas luce el domingo en la iglesia joyas nunca vistas. Sufriremos con Perico, el mendigo de libros, que salvó de la hoguera un ejemplar y lo escondió donde muchos años después, los niños de la Casa Grande, con el narrador entre ellos, lo encontrarían y, boquiabiertos, no sabrían dar explicación a tal portento, pero para entonces, Perico habría sufrido las consecuencias de indultar un libro condenado por el Glorioso Ejército Nacional. Ejército no tan Glorioso, aunque igual de Nacional, cuando se las tiene que ver con un escurridizo enemigo que lo insulta con las expresiones más soeces, mientras se burla esquivando balas, bombas y toda clase de subterfugios ideados por el Ejército para acabar con él. Nos asombraremos con Francisquito que en el catón era incapaz de pasar de la h de hilo hasta que... Viviremos las aventuras de Poldín que, aparte de tentar las manzanas del señor cura, pretende repoblar el bosque con una curiosa y desconocida especie de pájaro. Y más personajes y más historias y más magia...
Conoceremos a las fuerzas vivas del pueblo: el doctor Taboada que opina que Amadora cantará por última vez justo antes de morir; Tequeteque Menudita Pisaflores, el maestro, del que pocos en el pueblo entienden su lenguaje alambicado y complejo, pero al que todos escuchan con reverente silencio, más reverente y más silencioso cuanto menos lo entienden; Don Fructuoso, el cura, la tía abuela Sagrario, Doña Isaura que, cuando está nerviosa, habla en francés...
Y así, nuestro recuerdo se alejará y se acercará a Amadora a la vez que lo hace el del narrador arrastrado por el relato errático del tío, porque Amadora "había aparecido y desaparecido del relato como un fantasma. [...] A veces, las ramificaciones del recuerdo parecían alejarme de ella. [...] Oscuramente, seguía sabiéndola en su cuarto, cantando de cuando en cuando la canción que despertaba el florecer tardío de las amapolas, muriendo en tanto poco a poco".
Juan Manuel Freire
Juan Manuel Freire es un profesor jubilado de instituto donde impartió la especialidad de Lengua y Literatura. Gallego de A Coruña, nos entrega con esta su primera novela (que no su primera incursión en el mundo de la creación pues ya es autor de una obra de teatro, "Y Don Quijote se hace actor"), una obra deliciosa, de las que te hacen sonreír y, por momentos, te ponen los pelos de punta y, de nuevo, te hacen sonreír y ante la belleza y la inteligencia de algunas escenas te emocionas y también te emocionas ante lo bien escrita que está, ante su lenguaje ágil, poético, hermoso... mágico. 
Realismo mágico gallego, como ya he dicho, que fue anterior al sudamericano, porque García Márquez descendía de gallegos y para cuando nació, en 1927, Cunqueiro y Torrente Ballester ya tenían sus buenos 16 y 17 años y él ya llevaba la magia de su realidad en los genes... gallegos. Tal vez Juan Rulfo les llevaba a todos la delantera, pero "Pedro Páramo" es otra cosa. "Pedro Páramo" siempre es otra cosa.
Realismo mágico que no es lo mismo que fantasía, sino realidad que se convierte en magia de pura belleza, de puro absurda que es a veces la realidad. Y es que como dice el tío al narrador setenta años después de los hechos, "con el paso del tiempo [...] he aprendido a valorar el absurdo como parte integrante de la existencia". Tal vez su parte más interesante.

Título:              Desde el cuarto de Amadora.
Autor:              Juan Manuel Freire.
Portada:           Ana Freire Ramallal
Editor:             CreateSpace Independent Publishing Platform 2016.
Nº de páginas:   434.
Comprar en:    Amazon


jueves, 5 de enero de 2017

Iniciativa Tarro-libros 2017


El año pasado me enteré de esta iniciativa hacia el mes de marzo, pero ya estaba fuera de plazo y no pude apuntarme. Este año, gracias al blog "Carmen y amig@s" y a su administradora, Carmen Forján, que es la autora de la iniciativa, he podido apuntarme bien pronto. 
La iniciativa es muy apropiada para los tiempos que corren pues se trata de ahorrar mientras se lee o leer mientras se ahorra. Hay que elegir un tarro o caja o cualquier recipiente que sirva para meter dinero y, por cada libro leído a lo largo del año, se irá introduciendo un euro. El tarro solo se podrá abrir el 31 de diciembre de 2017 y el dinero obtenido deberá gastarse, como no podría ser de otra forma, solo en libros.
Si estáis interesados, acercaos al blog de Carmen cuyo enlace tenéis más arriba y ella os lo explica todo de maravilla. Ah, pero no olvidéis que el plazo para apuntaros termina el 31 de enero.
Yo ya me he apuntado y he presentado al resto de participantes mi tarro-libro 2017. Es en realidad una caja muy mona y literaria. Aquí la tenéis. 


Es la pequeñita, no la verde, que podía haber servido, pero es muy grande y ya está muy llena (no de euros).
Creo que en un par de días estaré en condiciones de meter un euro o dos e inaugurarla, pues suelo compaginar dos libros y, por no sé qué extraña coincidencia, los suelo terminar casi a la vez.
A ver si este año llego a los cien.


martes, 3 de enero de 2017

"Un millón de gotas" Víctor del Árbol

"La primera gota que cae es la que empieza a quebrar la piedra".  La primera gota no se sabe donde cayó. Tal vez en Rusia donde Elías Gil se vio aprisionado y triturado por la burocracia y el sinsentido del estalinismo; quizás en Siberia donde Elías Gil se enamoró y se traicionó y vendió todo lo que más amaba a cambio de su vida. 
Tal vez la primera gota fue antes, en Mieres, donde su padre, un comunista que leía "La gaviota" de Chéjov sosteniéndola entre sus dedos de minero le despidió "con un fuerte y emocionado abrazo junto a su casucha", antes de verlo partir para contribuir con sus estudios de ingeniero al progreso de la URSS, la madre patria de la revolución.
Puede que esa fuera la primera gota, aunque las gotas, si nos remontamos en el tiempo, empezaron a caer para todos mucho antes. Puede que esa no fuera la primera, pero fue una gota decisiva. Las siguientes, y fueron tantas hasta llegar al millón, fueron cayendo en Anna desde su más tierna infancia, primero en la URSS, después en Francia y en España; en Esperanza, enamorada sin esperanza de un hombre enamorado, con menos esperanza aún, de un recuerdo naufragado en la Isla de Názino (Siberia) en 1933; en Laura y en su hermano, Gonzalo, que vivieron y sufrieron desde pequeños las salpicaduras de las gotas que cayeron y habían caído sobre sus padres, y caerían sobre sus propios hijos; en Tania que, como en una tragedia griega, se fue a enamorar del único hombre que le estaba vedado por la historia y por su madre.
No sabemos cuál fue la primera gota, pero sería pequeña, caería inadvertida sobre la historia, sobre las vidas de los personajes que aún no serían nuestros personajes, sino otros muy anteriores, anteriores a nuestra memoria y a nuestra narración porque "los cambios, las hecatombes, las revoluciones y las resurrecciones, todo empieza en alguna parte, en un momento ínfimo"; cuando cae una gota ínfima y sobre ella empieza a acumularse la caída de otro millón de gotas ínfimas.
"Un millón de gotas" consta de dos historias condenadas a encontrarse porque son la misma historia. Por una parte, unos trágicos y crueles hechos acaecidos en octubre de 2001, desencadenan toda una serie de acontecimientos que se desarrollan entre junio y noviembre de 2002 en Barcelona y alrededores; por otra, una historia que comienza en Moscú en 1933 se irá prolongando en el tiempo hasta la noche de San Juan de 1967 en la que solo unos pocos saben lo que en realidad sucedió, pero todos se culpan y se niegan y quien podría poner las cosas en su sitio ya no está para contarlas.
Víctor del Árbol
La novela consta de esas dos historias y otras que se entrelazan con ellas, pero en realidad es la crónica de como se fabrican los héroes cuando ya no hay lugar para heroicidades; cuando a una idea o a una mujer enamorada le interesa enarbolar la bandera de su héroe particular, aunque éste haga ya mucho tiempo que vendió todo lo vendible a cambio de su vida, de su venganza y de su conciencia, para terminar vendiendo a su propia familia y su propia alma sin saber ya muy bien a cambio de qué. 
Elías parte hacia la URSS en 1933 con el noble objetivo de poner sus conocimientos de ingeniero al servicio de la revolución para "la mayor obra de ingeniería jamás proyectada por el hombre: el inmenso canal que debía unir los ríos Moscova y Volga, para abastecer de agua a la ciudad y conectar por vía fluvial Moscú con el gran canal Blanco". Allí descubrirá que no todo es oro en la Gran Revolución del proletariado y que las empresas faraónicas, desde las pirámides de Egipto hasta las obras magnas de la magna revolución bolchevique, solo se pueden llevar a cabo por medios inhumanos muy alejados de lo que la propia revolución predica. 
Setenta años después aquella revolución, ya amortizada por la historia, triturará entre sus dentadas ruedas a los descendientes de Elías. A su hija Laura que se atrevió a desmitificar a su padre en un artículo en el que no tuvo valor para contarlo todo; a su hijo Gonzalo, mucho más pequeño que su hermana, y que tuvo que esperar a la destrucción de ésta para descubrir la verdad; a sus nietos, víctimas inocentes e ignorantes de las tragedias vividas en Siberia muchos decenios antes de su nacimiento.
Mezclada con la familia de Elías aparece en 2002 la Matrioshka, representada por un grupo mafioso ruso dedicado a la pornografía infantil y el abuso a menores, encabezada no se sabe muy bien por quien, y es que "la Matrioshka es un juego de apariencias donde sólo existe una verdad, y en contra de esa apariencia, la verdad y sus reflejos son idénticos, pero eso no significa que sean la misma cosa. Los ojos creen lo que ven, la primera muñeca".

Al igual que una matrioshka rusa, esta novela encierra muchas historias dentro de su argumento. Recorre varias guerras, revoluciones, campos de prisioneros/refugiados, inocencias, culpabilidades, mala conciencia, conciencia anestesiada, delincuencia, crimen... Y sin embargo, como ya me sucedió con "La víspera de casi todo", Premio Nadal 2016, algo me falta, o tal vez me sobra, en esta novela. Me ha enganchado desde el principio y la he leído de un tirón y me ha causado gran placer mientras la he tenido entre las manos. Al igual que con "La víspera de casi todo", tal vez se podrían haber escrito dos novelas a partir de ella, pero no es tan necesario como en la premiada con el Nadal. Para mi gusto, "Un millón de gotas" hubiera merecido el premio más que la novela que lo obtuvo. Está más medida, más equilibrada, pero tiene detalles que no acaban de encajar, contradicciones que no acabas de entender. Son detalles con importancia relativa, pero que hacen que termines la novela y la cierres pensando que algo se le ha escapado al autor entre los dedos, y esperas a leer la siguiente novela de Víctor del Árbol para ver si termina de dar con el tono, con la(s) historia(s) justas en las que nada sobre, nada falte y te deje con la sensación de que, además de disfrutar y engancharte, acabas de leer una gran novela.


domingo, 1 de enero de 2017

Feliz y literario 2017


Montaje hecho en el IES "Villajunco" de Santander para el Día del Libro 2016

Un nuevo año acaba de empezar y mi blog hace poco más de dos meses que cumplió dos años. No he celebrado este cumpleblog. Demasiadas cosas hicieron que no tuviera tiempo y que la fecha me pasara casi inadvertida, pero no quiero dejar de celebrar la llegada del nuevo año.
Comienzo 2017 con pocos cambios en el blog. 
En lo que se refiere a diseño, he separado con unos gadgets de texto las diferentes secciones de las columnas laterales. 
Lo más llamativo de las novedades, espero que os hayáis fijado, es la desaparición de las ranitas con las que calificaba novelas y películas. Decidí quitarlas al darme cuenta de que las cuatro ranitas que le pongo a John Irving, no pueden compararse con las que le pondría a un autor novel, de esos a los que no conoce nadie y que aún están intentando abrirse camino a base de autoeditarse o conseguir que los edite alguna pequeña editorial. He leído varios libros de esos bastante buenos durante este año y me he dado cuenta de que se trata de una liga distinta. No juegan ni compiten en la misma categoría y ante tal disyuntiva, las ranitas se fueron a croar a la charca.
De nuevo, como el año pasado, os presento la lista completa de los libros leídos. 
De todos ellos resalto con un asterisco los imprescindibles o muy recomendables (el que tiene dos asteriscos me ha gustado muy especialmente y creo que es de lo más recomendable. Luego están los clásicos James, Wharton, Faulkner, Morrison etc, pero fuera de ellos, que siempre están ahí, este libro es de los de no dejarlo pasar por nada) y entre paréntesis los prescindibles. El resto, al gusto del consumidor.
He dejado en cada uno de los títulos el enlace a la reseña en mi blog o en la Revista MoonMagazine con la que colaboro desde hace unos meses. Como veis no todos tienen enlace. Algunos porque he considerado que no merecía la pena traerlos al blog, pero otros, los menos, porque no tengo tiempo para reseñar todo lo que leo.
Tal vez a alguien le resulte curioso que casi todos los libros tengan reseñas favorables. Como os he dicho, no reseño aquellos libros que me parece que no merecen la pena y además, los demasiado malos, ni siquiera termino de leerlos. De esos ha habido tres o cuatro este año, pero ni siquiera merecen ser mencionados, salvo uno: "La leyenda del bebedor de agua" ¡¡de mi admirado John Irving!! No sé si es que no ha resistido el paso del tiempo o que no era su/mi momento, pero por primera vez un libro de este autor ha quedado sin leer (no es de los "muy malos", por supuesto, sencillamente, no pude con él y, ante la enorme lista de libros en espera, preferí dejarlo)
La penúltima novela tiene la reseña pendiente. La he terminado en estos últimos días del año y no he tenido tiempo de hacerla.

*Siento los fallos de diseño. No sé por qué no han quedado todos los libros con la misma separación. Lo he intentado, pero ha sido imposible. 

“Seis días de diciembre”.  Jordi Sierra i Fabra.
*“Los corderos del Señor”.  Yamina Khadra.
El jilguero”.  Donna Tartt.
Farándula”.  Marta Sanz.
“Palabras a medias”.  Blanca Busquets.
*“El extranjero”.  Albert Camus.
*“Una bala para Riley”.  Marto Pariente.
*“Meursault, caso revisado”. Kamel Daoud.
Eldiscreto encanto de la vida conyugal”.  Douglas Kennedy.
“Para escribir novela histórica”.  José Juan Picos Freire.
*“Accidente nocturno”.  Patrick Modiano.
Yo fui Johnny Thunders”.  Carlos Zanón.
*“Sobre mi madre”.  Richard Russo.
“Nueve días de abril”.  Jordi Sierra i Fabra.
“El tiempo de las mujeres”.  Ignacio Martínez de Pisón.
*“Empire Falls”.  Richard Russo.
“La forma del agua”.  Andrea Camilleri.
*“La bofetada”.  Kristos Tsiolkas.
Crímenes exquisitos”.  Nieves Abarca y Vicente Garrido.
*“Mientras agonizo”.  William Faulkner.
*“Ojos azules”.  Toni Morrison.
“En busca de la felicidad”.  Douglas Kennedy.
*“París-Austerlitz”.  Rafael Chirbes.
(“La casa Dreyfus”.  Erasmo Cachay)
Carter&West”.  Ana Bolox.
*“Canadá”.  Richard Ford.
Días para morir en el paraíso”.  Jaime Molina García.
“La muerte de Ulises”.  Petros Márkaris.
*“La luz que no puedes ver”.  Anthony Doerr.
*“Washington Square”.  Henry James.
Lavíspera de casi todo”. Víctor del Árbol.
Operación Black Death”.  Fernando García Pañeda.
*“La solterona”.  Edith Warthon.
La última noche del Rais”.  Yasmina Khadra.
*“Esa puta tan distinguida”.  Juan Marsé.
Consumatum est”.  César Pérez Gellida.
“La última fosa”.  Alajandro M. Gallo.
*“Avenida de los misterios”.  John Irving.
Galvestone”.  Nick Pizzolatto.
*“El camino estrecho al norte profundo”.  Richard Flanagan.
All in”.  Javier Gimeno.
*“Las efímeras”.  Pilar Adón.
*“Omerta”.  Mario Puzzo.
El cascabel”.  Alicia Lakatos.
(“Sobre Grace”.  Anthony Doerr).
Rosy & John”.  Pierre Lemaitre.
(“Algo tan parecido al amor”.  Carmen Amoraga).
*“El arrecife del escorpión”.  Charles Williams.
La casa de las bellas durmientes”.  Yasunari Kawabata.
(“El silencio de tu nombre”.  Andrés Pérez Domínguez).
Ni un pelo de tonto”.  Richard Russo.
Te dejé ir”.  Clare Mackintosh.
El vano ayer”.  Isaac Rosa.
Así es como se mata”.  Mirko Zilahy.
Mientras sorprendan los días”.  Sara Mañero.
“Con anuncio”.  Rosa Ribas.
El aniversario”.  Inma Monsó.
*“Sanditon”.  Jane Austen.
*“Camille”.  Pierre Lemaitre.
*“Suave caricia”.  William Boyd.

*"Yonqui”. Paco Gómez Escribano.
La mujer que no bajó del avión”.  Empar Fernández.
La maniobra de la tortuga”.  Benito Olmo.
*“La figura en el tapiz”.  Henry James.
El bueno de Oliver”.  Liz Nugent.
“Infiel”.  Joyce Carol Oates.
*“Me llamo Lucy Barton”.  Elizabeth, Strout.
“Por amor a Imabelle”.  Chester Himes.
*“Incendios”.  Richard Ford.
Don de lenguas”. Rosa Ribas y Sabine Hofmann.

El Proyecto Dream”.  Ruy Vega.
*“1280almas”.  Jim Thompson.
*“Total Kèops”.  Jean Claude Izzo.
“En caída libre”.  Rosa Ribas.
*“Adiós,mirlo, adiós”.  Manuel Cerdá.
*“Tres días y una vida”.  Pierre Lemaitre.
**“Patria”.  Fernando Aramburu.
“Máscaras”.  Leonardo Padura.
La carne”.  Rosa Montero.
“El libro de los Baltimore”.  Joel Jicker.
“Ofelia descalza”.  Desirée Ruiz .
Puente de los Suspiros”.  Richard Russo.
La calle de las Camelias”. Mercé Rodoreda.

*“Otra vuelta de tuerca”.  Henry James.
HhHH”.  Laurent Binet.
*“Lumpen”.  Paco Gómez Escribano.
Falcó”. Arturo Pérez-Reverte
*“Desde el cuarto de Amadora”.  Juan Manuel Freire.
Un millón de gotas”.  Víctor del Árbol.






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