Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

viernes, 23 de junio de 2017

"La larga marcha" Rafael Chirbes

"La larga marcha" es el primer libro largo que Chirbes escribió. Después de "En la lucha final", "Mimoun", "La buena letra" y "Los disparos del cazador", novelas que se resuelven en algo más de cien páginas, aparece esta novela de casi cuatrocientas. 
También es la primera escrita en tercera persona, por lo que hasta cierto punto abandona el intimismo de las cuatro anteriores, escritas en primera persona, y que, sin tener que ser más autobiográficas por ello, nos producen la sensación de que el autor está desnudando su alma ante nosotros y haciéndonos partícipes de experiencias propias.
Esta es una historia coral en la que abundan los personajes, las situaciones, los lugares, los impulsos y las motivaciones de cada cual. Y ambientándose la historia entre la temprana posguerra y los primeros años setenta, muchos de esos impulsos y motivaciones tienen que ver con la posición de los personajes en ese conflicto que se esconde en un momento perdido, justo antes de que empiece el libro.
La primera parte de la novela, "El frente del Ebro", nos habla de los padres, los que vivieron la guerra, y no importa en qué bando lo hicieran porque, vencedores o vencidos, solo han resultado perdedores reconciliados de una u otra manera con su dura realidad. En la segunda parte, "La joven guardia", conocemos a los hijos. Ellos no vivieron la Guerra. Los hemos visto nacer en las páginas anteriores, pero hay hechos de la historia que no es necesario haber vivido para vivirlos o que te vivan; te hieren y golpean de manera vicaria, a través de la frustración de unos padres, de la oscuridad de un país, de la resignación de una sociedad. Y es que esta novela, en palabras del autor, "Se podría titular Padres e hijos, como la novela de Turguénev".
Tenemos a Manuel Amado una madrugada de invierno en Galicia, cuando el torrente atruena con su caudal de lluvia y deshielo, esperando junto a su padre el nacimiento de su segundo hijo, enredando la espera con los recuerdos y con las expectativas y decidiendo el nombre que le pondrá: "Le llamaría Carmelo, en recuerdo del hermano que lo había precedido a él, al segundón Manuel Amado, y cuya fuerza había sido inútilmente derrochada en los remotos pedregales de Tafersit".
Está Raúl Vidal en Bovra, Valencia, y su mujer, Adela, y el niño que ya les vino de mayores. Y esta es una historia que nos suena porque nos recuerda a la de "La buena letra" que también transcurre en Bovra y también tiene su dote de sacrificio mal pagado por quien fue beneficiario ignorante de los sufrimientos ajenos; porque a veces estar en la cárcel es peor para los que esperan fuera y ni siquiera se permitirán la más leve recriminación ante la falta de agradecimiento "porque el miedo o el rencor y la venganza no deben nunca traspasar ciertos límites, porque, si los traspasan, degradan al hombre y lo convierten en un pelele".
Pedro del Moral, el limpiabotas, está en Salamanca. De poco le ha servido su antigua pertenencia a la Falange y su vuelta tras la guerra metido en una impecable camisa azul con una medalla sobre el corazón. Tan solo para tener aspiraciones de grandeza que le han hecho poner en el cartel con que se anuncia, no el lógico "«Pedro Moral. Limpiabotas», sino «Pedro del Moral. Higiene y abrillantado del calzado»". Quizás por eso, y porque cree en la importancia de los nombres, bautizó a su segundo hijo con uno de esos nombres compuestos que permiten llegar a cualquier parte con más facilidad. De acuerdo con su mujer, muerta a los pocos días del parto hace ya siete años, lo llamó José Luis. 
Vicente Tabarca es médico. Al menos antes de la guerra era cirujano en el Hospital Clínico de Madrid, porque desde que llegó la paz, o la victoria, tras su paso por el campo de Albatera y las cárceles de Valencia y el Dueso, ya solo es médico generalista sin pacientes. En su casa lee y espera a que aparezca alguna visita de tarde en tarde. Lee y maldice al terrible fantasma herido en que han convertido a España, y siente deseos de venganza contra quien le arrebató la ilusión de un país que empezaba a sacar la cabeza del oscurantismo. Por eso, a su hija de apenas seis meses, la bautizó Helena, como la mujer cuya belleza era una venganza de los dioses, la que provocó la guerra de Troya. Vicente, como Pedro, también cree en los nombres. "«Si es mujer, al menos que sirva a la venganza»". Y le puso Helena, con H.
Rafael Chirbes siempre fue
más valorado en Alemania
que en España.
Luis Coronado vende cigarrillos hechos con la picadura que saca de las colillas recogidas durante la noche por toda la familia. Los vende en la Gran Vía, a la puerta del cine Doré. Con ese comercio precario mantiene a sus dos hijos, Jesús y Luis, a su mujer y a su cuñada. Pero cualquiera que vea su aspecto pulido y con aspiraciones de elegancia, puede pensar que trabaja en un banco o en alguna oficina. Y es que Luis se ha traído de la guerra una lección: hay que guardar las apariencias. Porque eso, las apariencias, es lo que distingue a un hombre de otro; cómo habla, cómo se viste, cómo se mueve, cómo se comporta. Así es que ha aplicado a sí mismo lo que decía en Zaragoza el muy nacional capitán Varela "«Un hombre es lo que aparenta. Un hombre se distingue de otro hombre por lo que aparenta. En cueros, los dos son iguales, y, por dentro, un saco de mierda que, a cada boquete que se le hace, apesta»"
Gloria Seseña nació rica, pero la guerra la pilló en la ciudad equivocada, sin padres y con la fortuna familiar en manos de Roberto, su vago, inútil y fantasioso hermano que a punto estuvo de perder la casa familiar, un chalet con jardín y verja de hierro en la calle Serrano. El matrimonio de Gloria con Ramón Giner ha salvado la casa y ha añadido al abolengo de la esposa la fortuna de nuevo cuño del marido; ha modernizado la clásica y elegante decoración; ha unido a lo clásico lo moderno, si bien un poco chabacano. Tan moderna se ha vuelto Gloria que su hija, "Gloria Giner fue la primera chica del colegio Bertrand que llegaba a clase en un coche conducido por su madre", aunque entonces Gloria ya no mantiene ninguna de las ilusiones que unos años antes había cifrado en su matrimonio con el antiguo secretario de su hermano, el que supo aprovechar las oportunidades que Roberto dejó escurrir entre sus incapaces manos de señorito.
José Pulido vive en un paisaje pardo de sequía, en una tierra que se agosta bajo las encinas, despoblada incluso de hierbas amarillas: tierra seca y grietas hasta el infinito. Vive de recolectar lo poco que da la naturaleza extremeña a quien nada tiene, de cargar bellotas en un saco, de "esperar el primer chubasco que traerá de nuevo los espárragos y devolverá la corriente al río, y con ella los peces, y los caracoles y las ranas". Unos productos que carga sobre sus hombros y que esconde de la Guardia Civil a la espera de la noche, de la oscuridad que le permita llevar al pueblo tan magra mercancía y canjearla en la tienda de Andrea por un trocito de la deuda que no deja de aumentar y ya ocupa varias páginas. Porque además José no sabe leer y no tiene muy claro que Andrea no lo engañe y su deuda se recorte a una velocidad menor de lo que debiera. Además espera su quinto hijo y la deuda con el panadero tampoco deja de aumentar.
Estos son los padres. Estos son los hijos que han ido, que van naciendo. En la segunda parte encontraremos a estos chicos, ya jóvenes adultos, estudiando o trabajando, y sus destinos irán confluyendo y se irán resolviendo de una misma manera desigual, porque sus distintas realidades harán que hasta lo semejante resulte diferente y se perpetúe la injusticia.
No está escrito en primera persona, no es tan intimista como sus novelas anteriores, no lo es en apariencia, porque en estas líneas que retratan personas y situaciones tan dispares, late el alma de Chirbes, sus creencias, sus anhelos, mi rabia con las deudas dela pasado, mi deseo de dar marcha atrás el reloj de la historia y dejarlo algo más de ochenta años atrás para engañarme con la idea de que se puede volver a empezar. 

Rafael Chirbes
"Después de la larga guerra y de la terrible noche que la ha seguido, no queda nada que muestre síntomas de vida en España. Pensadores, científicos y poetas han muerto fusilados o han tenido que marcharse. Aquí no ha quedado más que la basura: energúmenos sudorosos que dan patadas a un balón; olor de sangre y estiércol y gritos de bárbaros en un redondel donde se tortura a un toro; tonadilleras que apestan a sobaco cuando levantan los brazos para tocar las castañuelas; y curas que chupan la sangre de la ignorancia y el miedo que han impuesto después de tantos años de muerte, con el solo objeto de engordar; matones que trabajan en grupo, que se imponen en grupo, que pegan y matan en grupo".

Según Muñoz Molina este libro supuso "la culminación del progreso de un novelista, ese libro en el que se resumen y estallan en plenitud todos los libros anteriores, todas las historias y los personajes que uno ha ido inventando a lo largo de su vida, todas las voces que ha escuchado, dentro y fuera de sí mismo". Eso escribió en 1996, a poco de publicarse el "La larga marcha". Aún le quedaban a Chirbes muchas historias, muchos personajes, muchas voces por escuchar y varias novelas por regalar antes de que un cáncer de pulmón lo callara para siempre el 15 de agosto de 2015.


miércoles, 21 de junio de 2017

"Soleá" Jean-Claude Izzo

«Esto es una novela. Nada de lo que en ella se cuenta, ha sucedido. Pero como me es imposible permanecer indiferente ante la lectura diaria de los periódicos, mi historia acaba tomando a la fuerza los caminos de lo real. Al fin y al cabo, todo ocurre en la realidad. Y el horror, en la realidad, supera —y con mucho— cualquier ficción imaginable. En cuanto a Marsella, mi ciudad, siempre a medio camino entre la tragedia y la luz, se hace eco de lo que nos amenaza»"
No he podido resistirme a empezar con estas palabras del propio Izzo al comienzo de la novela. Lo que cuenta en su novela es ficticio. Montale no existe. Solo es un personaje colocado, con otros personajes, en un escenario real que se vuelve también ficticio por cuanto en él se mueven seres imaginarios. Los hechos contados no han sucedido. No existe una periodista llamada Babette investigando a la mafia marsellesa y, sin embargo, todo lo relatado se asemeja tanto a la realidad que nos causa un escalofrío, nos produce un acceso de asco saber que todo ello sucede a nuestro alrededor, lo escuchamos en cada noticioso, nos golpea desde cada periódico. 
En "Solea", Fabio Montale, como todo héroe clásico, lucha contra los gigantes convertidos en molinos o contra molinos convertidos en gigantes. No puede hacer otra cosa. Se juega demasiado y la única forma de ganar es enfrentando los hechos de cara y sin coraza. "La vida apestaba a muerte.
Tenía eso en la cabeza, ayer por la tarde, cuando entré donde Hassan, en el Bar des Maraichers. No se trataba de una de esas ideas que a veces te pasan por la mente, no: realmente olía la muerte a mi alrededor"
A Fabio le quedan pocas cosas tras los abandonos que lo han ido despojando y de los que hemos sido testigos en las dos novelas anteriores de la trilogía. Algún amigo de la época de Manu y Ugo, nunca tan cercano, nunca tan entrañable; algún amor de antes de Lole o de después de Lole o a la vez que Lole, siempre Lole desde que puede recordar. Y, como no, Honorina y Fonfon, alimentando su cuerpo, queriendo su alma, atenuando sus penas, llevando a su vida el calor de una madre, el cuidado de un padre, la ternura de esos amigos ya algo mayores que toleran como amigos y temen como padres.
Y le queda, por supuesto el mar, la mar que le regaló su padre, donde encuentra consuelo y donde vierte toda su basura, no la real, sino la mucho más peligrosa basura de su alma, la que acumula a base de golpes y traiciones y desesperación, injusticia y decepción. La mar y su barco.
Eso es lo que le queda a Fabio, y su casa y sus poetas y su música y su botella de Lagavulin. Y las tardes o noches en el bar de Hassan donde se encuentra a gusto porque en ese bar se mezcla la gente de todos los colores, sexo, religión, edad o clase social. "El que iba allí a beberse el pastis podías estar seguro de que ni votaba al Frente Nacional ni le había votado nunca. Ni siquiera una vez en su vida, como algunos que yo conocía. Aquí, en este bar, todo el mundo tenía muy claro por qué era de Marsella y no de otro lugar, por qué vivía en Marsella y no en otro sitio. La amistad que flotaba allí, entre los vapores del anís, cabía en un intercambio de miradas. Las del exilio de nuestros padres. Y era tranquilizador. No teníamos nada que perder, puesto que ya lo habíamos perdido todo".
Pero Fabio está a punto de aprender que, por mucho que hayas perdido, nunca lo has perdido todo, y lo que él conserva, lo que aún le queda del desahucio, está a punto de desaparecer, y no puede consentirlo porque son amigos, amantes, restos del naufragio, porque aunque piense como Lole que uno tiene derecho a morir y a hacer algo grande de su muerte, su vida es lo menos valioso de lo que ahora puede perder. 
A pesar de estar escrita en 1998, algunas de las reflexiones resultan de una actualidad estremecedora (¿Es que siempre es todo lo mismo? ¿Nada cambia nunca? ?¿Nada cambiará?) Con otros matices, con otras características, de otras maneras, los poderosos siempre se alían para salirse con la suya y ser cada vez más poderosos, y no hay poder humano ni divino que consiga revertir esta triste realidad. "Consecuencia de la evasión fiscal, la acumulación en los paraísos fiscales de enormes reservas de capitales pertenecientes a grandes sociedades es también responsable del crecimiento del déficit presupuestario de la mayoría de los países occidentales".
"Existe —seguía escribiendo Babette— una estrecha relación entre la deuda mundial, el comercio ilegal y el blanqueo de dinero. Desde la crisis de la deuda a principios de los años ochenta, el precio de las materias primas se ha hundido, lo que ha traído como consecuencia la caída dramática de los países en vías de desarrollo".
Esta es la última novela de la "Trilogía de Marsella". La muerte del autor poco más de un año después de publicarse "Solea" hizo que, esta sí, se quedara en trilogía. 


Jean Claude Izzo

Jean Claude Izzo tiene mucho en común con Fabio Montale. Su padre, nacido en Italia, emigró a Marsella en 1929 con quince años. Su madre, de padres españoles, nació en Marsella, en el barrio de Le Panier, uno de los más nombrados y visitados por Fabio, donde nació el personaje ficticio y donde vivió  un par de años, antes de trasladarse a la Capellette, y donde años después conocería a sus mejores amigos. "Nuestra amistad con Manu había empezado así, a puñetazos. En la calle Refuge, en el Panier".
Al igual que Fabio, Izzo hizo su servicio militar en Toulon y después en Yibuti.
Al igual que Fabio, Izzo es un enamorado de Marsella, de su mestizaje, de su cobijo al exilio, de sus paisajes y barrios. "Es imposible entender Marsella si su luz te resulta indiferente". Y es que Fabio Montale es a Marsella lo que Pepe Carvalho, en quien Izzo reconoce haberse inspirado, es a Barcelona: el emisario y eco de su miseria y de su grandeza. 
La Trilogía de Marsella se encuadra en el néo-polar, la novela negra francesa surgida en los años setenta por autores, generalmente de extrema izquierda, que ponen de manifiesto en sus obras una denuncia social que lo comprende todo: lo sucedido en Argelia, las corruptelas políticas, la mafia, la droga, el fundamentalismo religioso, la inmigración... y todo ello de forma violenta y sin concesiones, ambientado en los suburbios urbanos de los que son buena muestra las cités marsellesas de las novelas de Izzo.
Jean-Claude Izzo es sobre todo poeta y periodista, aunque sea más conocido por sus novelas de las que, aparte de la trilogía de Marsella, tiene otras dos; "Los marineros perdidos" y "El sol de los muertos". 
Su obra quedó interrumpida sine die cuando un cáncer de pulmón terminó con ella, y con la vida del autor, el 26 de enero de 2000 dejándola inacabada para siempre. Tenía cincuenta y cuatro años. Marsella llora por él.

lunes, 19 de junio de 2017

Relatos en su tinta. Como atrapar a un lector II



Como había prometido, sigo con las entradas que hizo David Rubio en su blog, "Relatos en su tinta", acerca del libro de Ángel Zapara, "La práctica del relato". 
Si en la entrada anterior hablamos de la naturalidad, como uno de los cuatro aspectos fundamentales para que el lector permanezca enganchado a nuestra historia, hoy hablaremos del segundo de ellos: la visibilidad. 
¿En qué consiste la visibilidad? Pues es algo muy sencillo, pero que hace que el interés por lo que leamos no decaiga, sino que se vea espoleado y aumentado: consiste en el hecho de ser capaces de ver la historia desde dentro, de meternos en ella  y ver a los personajes "no sólo como una película, sino como un invitado invisible en ese mundo ficticio". Si al autor es hábil, será capaz de hacer que nos sintamos dentro de la trama y que no tengamos ninguna gana de salir.
David nos habla en esta segunda entrada de la importancia de mostrar lo que queremos que se vea, sin necesidad de explicarlo, el famoso mantra "Mostrar, no explicar" del que ya he oído hablar a otros teóricos de este arte de novelar.
También nos da consejos y herramientas para que nuestro texto sea visual, por cierto herramientas que pueden ser tomadas del cómic, pues ¿hay algo más visual que las viñetas de un cómic? Se trataría de traducir una viñeta en palabras, pero manteniendo la visibilidad.
Nos habla de las palabras abstractas y concretas y nos enlaza con páginas que nos hablarán de verbos abstractos y verbos de acción.
Y, lo que a mí más me ha gustado: nos enseñará a llenar nuestros textos de cocodrilos (sí, de cocodrilos) que harán que ningún lector sea capaz de abstraerse a sus hipnóticos ojos.
Para ilustrar lo que quiere decir, o mejor dicho, lo que dice Ángel Zapata en su libro, nos vuelve a poner ejemplos de textos, esta vez, todos suyos.
Os dejo el enlace a la entrada de David Rubio en su blog. Espero que disfrutéis con ella tanto como yo y si sois o queréis ser escritores, que os sea tan útil como creo que es:


El próximo mes seguiremos con la tercera parte en la que nos hablará de "la continuidad".
Como ya hice el mes pasado, os recomiendo pasar por el blog de David porque además de estas entradas que os comparto, tiene muchísimas cosas interesantes de las que yo me quedo con sus relatos. No os los perdáis porque están consiguiendo que me reconcilie con un género, el del relato o cuento, que nunca fue mi favorito, pero los de David me atrapan hasta el final.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...