Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

domingo, 18 de febrero de 2018

"Verano 1993". Carla Simón.

"Verano 1993" es una dura historia totalmente basada en la vida de la directora. Intentaré no contar demasiado acerca de en qué consiste ese relato autobiográfico, porque yo vi la película sin saber apenas nada y creo que la disfruté más por eso. Si alguien aún ignora los hechos, prefiero no ser yo quien se los desvele y dejar esa labor a la propia película.
Debido a ello, en parte, pensé ponerla en una de las entradas con la etiqueta "Sin reseña". El no querer contar demasiado la hace ideal para esa sección. Pero digo "en parte" porque había otra razón. Es una película demasiado centrada en la vida de una niña de seis años y me cuesta mucho penetrar en ese mundo lo que me dificulta el escribir demasiado acerca de ello y hacer una reseña del tamaño que acostumbro.
Empecé a escribir y poco a poco me di cuenta de que la película me había gustado más de lo que creía, me había removido algunas cosas por dentro y me había impactado, como nunca pensé, ese mundo infantil quebrado como un frágil cristal que con sus pedazos afilados pone ese punto de perplejidad en los ojos de Frida, la niña protagonista que es el fiel trasunto de la directora.

Laia Artigas

La película, como podemos deducir por su título, narra el verano de 1993 para una niña que vive en Barcelona. Su madre ha muerto y ella ve como su mundo se trastorna al tener que abandonar todo lo que conoce para ir a vivir al Ampurdán con sus tíos y su prima Anna, una niña más pequeña que ella.
No se nos muestran grandes conflictos, ni grandes acontecimientos; tan solo el difícil y lento encaje de dos realidades que entran en contacto. Por un lado está Frida que tiene que acostumbrase a su nueva familia mientras intenta entender, casi sin saberlo, el porqué de su pérdida y del vuelco que ha ocasionado en su vida; por otro lado está la familia que tiene que incluir en su día a día a un nuevo miembro con todo lo que eso significa de bueno y de malo, sintiendo alternativamente que no puede ser y que tiene que ser.
Los dos personajes clave a la hora de enfrentarse a los dilemas que la historia plantea son Frida y su tía Marga. En ambas se concentra todo el conflicto y ambas están interpretadas con inmejorable resultado por Laia Artigas y Bruna Cusí, respectivamente.

Bruna Cusí y Paula Robles

Frida es una niña de seis años que no es muy consciente de lo que siente, pero en ella se manifiesta la rabia, los celos, el amor, el desamparo... y todo ello mezclado con la alegría espontánea y despreocupada de los niños, con sus enormes ganas de vivir y disfrutar y comerse la existencia a bocados, en un paisaje, por lo demás, totalmente idílico que invita al juego, la aventura y el peligro.
Marga se enfrenta a todas las contradicciones que supone hacerse cargo de la sobrina de su marido. Con rechazo en ocasiones, con total aceptación en otras, pero siempre con amor y entrega aunque a veces parezca que no puede más y que todo va a saltar por los aires.
"Verano 1993" me ha gustado. Me ha parecido un trabajo muy honesto en el que con toda sinceridad, pero con el alejamiento imprescindible para poder contar los hechos con verismo, la directora nos cuenta su propio verano de 1993, aquel verano en que su vida se dio la vuelta como un guante y empezó de nuevo, en otro lugar y con otra familia. Nos cuenta la tragedia de su infancia y cómo se puede superar si se tiene al lado gente empeñada en que se salga adelante, gente con la suficiente generosidad como para alterar su rutina y comprometer su tranquilidad al hacerse cargo de un nuevo miembro que no siempre lo pone fácil. 

Paula Robles y Laia Artigas

La historia nos entra por los ojos a base de escenas y gestos y comportamientos; no tiene demasiado diálogo y cuando lo tiene es tan natural que no parecen actores, lo que le da a la película un aire de documental que la hace más atractiva.
Sorprende, sobre todo el trabajo de las niñas. Siempre me ha admirado la capacidad de niños relativamente pequeños a la hora de meterse en la piel de un personaje y llevar a cabo una interpretación espontánea y creíble. Mayor mérito tiene en esta ocasión el papel de la prima de Frida interpretada por Paula Robles, una niña de unos cuatro años. Tiene muchos valores el trabajo de Carla Simón en "Verano 1993", pero uno de los más importantes es su trabajo en la dirección de las niñas.
Creo que al final he contado más de lo que pensaba, pero es que me he dejado llevar, porque la película, como digo, me ha gustado mucho, pero creo que para alguien más capaz de entender y de meterse en el mundo de los niños, tiene que ser una historia absolutamente mágica. A mí me cuesta, como he dicho. Es una tara mía (de las muchas que tengo), pero no acabo de estar a gusto con los niños, son seres extraños e incomprensibles para mí. Y, no obstante, llega a conmoverme el personaje y la actriz que lo interpreta. Su desvalimiento, su fragilidad en su situación incierta... su alegría, incomprensible en su desamparo, pero comprensible en el abandono un tanto amnésico de los niños, nos van ganando de principio a fin.
Carla Simón
"Verano 1993" se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Berlín, y su guión lo
escribió la propia directora como trabajo del  III Laboratorio de Escritura de Guion Cinematográfico de la SGAE en el año 2015. Su éxito fue inmediato pues ya en la propia Berlinale fue premiada como mejor opera prima. Cuenta, además, con tres premios Goya: a la mejor actriz revelación para Bruna Cusí; mejor actor masculino de reparto para David Verdaguer, que interpreta al tío Esteve, y a la mejor dirección novel para Carla Simón. En el Festival de Málaga obtuvo la Biznaga de Oro a la mejor película. Eso por nombrar solo los más notables, porque la lista de sus premios es larga y merecida.


jueves, 15 de febrero de 2018

"Bexonte, la aldea sin cobertura" Alicia Lakatos Alonso

Aunque nos parezca mentira, aun hay lugares a los que no llega internet ni hay cobertura para los teléfonos móviles. En esos lugares no existe google, ni facebook, ni twitter, ni Whatsapp, pero en esos lugares vive gente. Y esa gente es como el resto. No tienen antenas ni son verdes. Son como todo el mundo, con las mismas necesidades y los mismo deseos y sentimientos. Bueno, esto no es del todo cierto. No tienen las mismas necesidades porque nadie se las ha creado artificialmente (al menos las tecnológicas) para tenerlos prisioneros de un mercado insaciable; no tienen los mismos deseos porque no mueren por un like ni matan por un + o por un me gusta; no tienen los mismos sentimientos, porque no sienten a golpe de  frivolidad ni de cuatro frases que, casi sin pensar, se escriben y se envían en tres segundos con el valor que tiene lo que se siente sin corazón, se escribe sin reflexión,  y se envía con mucha prisa para pasar a otra historia y poder mandar otra cosa tan poco sentida como la primera.
Bexonte es uno de estos lugares, una aldea donde si quieres hablar con el móvil tienes que ir a "un sitio donde creo que casi siempre se oye [...] Pasado el cementerio, en la roca rota que está subiendo la cuesta a la derecha". Y a Bexonte, una aldea gallega perdida entre las montañas de Ourense, llega Paula con la idea de solucionar el asunto familiar que allí la ha llevado y regresar a Barcelona. Aún no ha tomado el desvío que lleva a Bexonte tras otros siete kilómetros de conducción y ya está deseando desandar el camino y volver a su vida y a su trabajo de abogada. Pero no puede hacerlo. 
En la aldea vive su abuela Balbina y Neves, su tía especial. Allí pasaba ella los veranos con sus padres y sus hermanos hasta que murió el bisabuelo y ya no volvieron. Toda una historia de maltrato y desapego sufrida por su madre, hace que Paula no tenga ningún deseo de visitar el lugar ni a su abuela, una mujer fría y dominante a la que odia. Pero esa mujer ha avisado de que tiene algo que comunicar a sus nietos de Barcelona y a Paula le ha tocado hacer el viaje para enterarse de qué es ese secreto que a ella la incomoda, pero en el que sus hermanos tienen puestas sus esperanzas de futuro para ellos y sus hijos. 
La llegada de Paula a Bexonte no presagia nada bueno. La lluvia le resta visibilidad hasta  no saber por dónde va la carretera, hasta no poder distinguir si aún no ha llegado al pueblo o ya ha salido de él, y es que "las tormentas profundas de la Galicia profunda son demasiado profundas hasta para los que han nacido con ellas". La lluvia incesante hará que sus planes de volver inmediatamente a Barcelona se vean truncados y que tenga que permanecer en la aldea muchos más días de los que hubiera deseado. Pero el encuentro con los escenarios de sus vacaciones infantiles le devolverá sensaciones y gentes que tenía olvidados. 
Descubrirá a su tía especial, Neves, la hermana gemela de su madre que, con sesenta años tiene la mente de una niña de cinco, pero también la ingenuidad y la inocencia que eso significa. Neves la confunde con Blanca, su hermana y madre de Paula, que se fue un día de casa y la dejó abandonada y en manos de una madre cruel y desatenta. Ahora que la ha recuperado, piensa, no volverá a dejar que se marche de nuevo. Y Paula descubrirá que la enfermedad de su tía no es de nacimiento, que nació siendo una niña tan lista y normal como Blanca, su propia madre.
Recuperará a Rosa, su mejor amiga de los veranos. Rosa es una auténtica aldeana que nunca ha salido de Bexonte, pero a pesar de eso Paula descubrirá una complicidad con ella que le cuesta mucho tener con gente de vida más afín e intereses más parejos. Empieza sintiendo lástima por su vida limitada, su falta de amor, su desconocimiento del sexo...
"-¿Qué ha sido de tu vida, Rosa?
-¿Qué vida, Paula? ¿Qué vida?"
para terminar envidiándola, porque a medida que pasan los días se va encontrando más a gusto en la aldea; le va dando más pereza volver al tumulto y a las obligaciones que impone la vida en Barcelona, y cuando, finalmente, llega el momento del regreso, la situación ha cambiado tanto y han sucedido tantas cosas que Rosa es precisamente la persona por la que le gustaría cambiarse para permanecer en Bexonte y sumergirse en su monótono, pero tranquilo y previsible tedio.
No se trata de una novela de esas que caen en el típico menosprecio de corte y alabanza de aldea. Bexonte no es el paraíso. Allí se esconden sombras en las relaciones personales, como en todos los lugares. Suspicacias y envidias están por todas partes, más, si cabe, puesto que el ser pocos y conocerse demasiado permite que los recelos y los rencores se cuezan a fuego lento, atraviesen las generaciones y se hereden junto a las casas y las fincas. Bexonte no es el paraíso, pero a veces el purgatorio es el lugar más indicado para huir del tumulto y descansar del cielo por un rato. O por unos meses. 
Paula también recuperará el pasado y recuperará la historia porque los hechos tienden a repetirse de manera incomprensible. Y en esa repetición de los hechos, encontrará el amor y, como los hechos se repiten, tal vez tenga que renunciar a él. 
Alicia Lakatos Alonso
El secreto que su abuela quería transmitirle resultará un regalo envenenado; le servirá para saber la verdad acerca de muchas cosas, pero la dejará en posesión de unos conocimientos que tendrá que decidir con quién comparte y cómo. Tendrá que decidir cómo gestiona el pasado de sus padres, ya muertos los dos, a raíz de los nuevos hechos que ahora ha conocido y deberá valorar lo que ganan o pierden los demás según ella se decida a hablar o decida mantener el secreto. ¿Pero realmente depende solo de ella? ¿Tiene derecho a ocultar lo que sabe? ¿Beneficiará o perjudicará a las vidas ajenas seguir en la ignorancia? Paula llegó al pueblo con la angustia de enfrentarse a una abuela a la que odiaba por el mal trato al que sometió a su madre. Cuando, por fin se cumpla su sueño de regresar a su vida y a su mundo y volver a sepultar Bexonte en lo más profundo del olvido, se encontrará con que tampoco Bexonte es tan malo, tal vez tiene cosas buenas y la noche anterior a su partida hubiera dado cualquier cosa por poder seguir allí un tiempo más.
De Alicia Lakatos, ya leí hace unos meses "El cascabel", una novela en la que los protagonistas son Capi y Maiá, dos perros que nos van contando las peripecias de la familia en la que viven y las suyas propias. Esta novela era la continuación de "Capi y Maiá" donde comenzaba la historia de la familia y de los perritos. No son novelas infantiles. Se escapan a los intereses y a lo adecuado para niños aunque las puedan leer muy a gusto los adolescentes. Yo, que no soy nada amiga de la literatura juvenil (lo fui en mi juventud, claro, pero ahora creo que ya no me encaja muy bien, por algo es juvenil), leí "El cascabel" y la disfruté. No obstante, tengo que reconocer que prefiero que los protagonistas de las novelas sean más humanos y caminen sobre dos patas, por eso, cuando Alicia me regaló "Bexonte..." estaba casi segura de que la iba a disfrutar aún más. Así ha sido y por ello le doy las gracias y le deseo el mayor éxito con esta novela.



lunes, 12 de febrero de 2018

"Perfectos desconocidos" Alex de la Iglesia

Con Alex de la Iglesia tengo una relación amor/odio que se remonta a los orígenes de su cine. No soporto películas como "Acción mutante" o "El día de la bestia". He intentado verlas (a mi marido le gustan y me ha insistido alguna vez), pero me producen un aburrimiento mortal. Me encanta, como a casi todo el mundo, "La comunidad", y también "Crimen ferpecto" y "800 balas". Hay muchas de sus películas que no he visto. Empecé a ver "Balada triste de trompeta" y era tal el ruido que salía de mi televisor que salí corriendo hacia la tranquilidad y el silencio de mi cama y mi libro.
Y ahora viene "Perfectos desconocidos" y no me queda otro remedio que quitarme el sombrero y decir "chapeau, maestro". Y es que me gusten o no me gusten algunas sus películas; me aturdan o no algunos de sus ambientes; me parezcan una patochada o una sesuda reflexión sus argumentos, lo que no se puede negar es que Alex de la Iglesia sabe hacer cine, sabe contar historias y maneja el medio con soltura y naturalidad, pero...
Es esta además una de esas historias que me encantan; de las que yo llamo "de reunión", es decir, una reunión de amigos o familiares donde poco a poco va saliendo de todo. Comienzan en buen tono y armonía, pero a medida que avanza el tiempo y las mentes se caldean con el vino y la charla surgen los rencores, las deudas sin cobrar, las envidias, los complejos... y acaba aquello como el rosario de la aurora (que alguna vez me gustaría que alguien me contara cómo acabó). 
Ya hablé de este tipo de cine en mi reseña de "Felices 140" de Gracia Querejeta. Allí decía "no me importa si no son originales estos temas. Me entusiasman, me dejan pendiente de cada palabra que se dice, de cada gesto que se oculta. Me basta con que estén bien contados y bien interpretados". Sigo diciendo lo mismo, pero es que además esta película aporta su propio punto de originalidad, porque el tema que desencadena el conflicto es el de la indiscreción que suponen los teléfonos móviles en cuya memoria queda todo grabado en sms, correos, whatsapp, imágenes y demás chivatos escondidos entre sus circuitos.
¿Cuántos de nosotros nos atreveríamos a dejar nuestro móvil en manos de nuestra pareja para que lo fisgonee a su gusto? ¿Quién puede decir que en su móvil no se esconde absolutamente nada que desee ocultar a alguien? En principio a muchos nos parecerá que ese es nuestro caso. Somos fieles a nuestra pareja y no tenemos mensajes comprometedores... hasta que recordamos aquel día en que hablando con un amigo dijimos algo no muy favorecedor de otro,  pusimos a caldo a la suegra, criticamos a conciencia al cuñado y hasta fuimos poco amables con cierto comportamiento de nuestro chico/a. ¿Dejaríamos tranquilamente que el amigo, la suegra, el cuñado o la pareja leyeran esos comentarios?

Alex de la Iglesia con los actores en el escenario en que se desarrolla la casi
totalidad de la película.

En la película la cosa es aún peor porque todos tienen algo que ocultar. Algunos guardan secretos realmente graves, otros, detalles de esos que, sin tener importancia, es mejor que no se sepan. ¿Qué sucede entonces cuando es imposible mantener la privacidad del aparatito? ¿Cuando alguien te reta a dejar el teléfono abierto en medio de la mesa para que todos lean los mensajes que entren o escuchen la conversación que se mantiene? 
Ese es el planteamiento de la película. Cuatro parejas se han citado para cenar en casa de una de ellas. Todos se conocen desde hace años con dos excepciones.Una es Blanca, que tan solo lleva un año casada con Eduardo y se siente un poco fuera de lugar y con complejo de recién llegada al grupo. La otra es la nueva novia de Pepe que es quien más expectación crea porque nadie la conoce aún y todos se preguntan cómo puede ser la mujer capaz de enamorarse de Pepe.
Comienza la cena en un ambiente un tanto onírico. Se avecina una luna de sangre con eclipse incluido; una luna enorme que, por momentos, se va tiñendo de rojo a medida que la noche avanza y la tensión aumenta. Una luna que veremos en los pocos momentos en que se nos saca del comedor y se nos sitúa en la enorme terraza del maravilloso ático en que viven Alfonso y Eva, los anfitriones.

Edourad Fernández (Alfonso) y Belén Rueda (Eva)

Cuando Blanca propone dejar todos los móviles en el centro de la mesa, las reticencias disimuladas como bromas; las bromas que esconden verdadero terror por lo que pueda pasar; el tener que responder al reto para no parecer culpable; todo ello se mezcla en el centro de la mesa junto con los siete dispositivos que, con aspecto inocente, constituyen un arma letal para amores y amistades.
Según van llegando los mensajes y las llamadas vamos conociendo los secretos de cada uno y cada uno va mostrando su personalidad oculta a la vez que se van manifestando las grietas que amenazan la relación entre los amigos y los resentimientos de años. Las que amenazan a las parejas se van viendo mucho antes, pero lo que los móviles ponen de manifiesto termina resultando el final para alguna y la salvación de alguna otra. 
Y es que las nuevas tecnologías han cambiado, si no las relaciones, sí la manera de relacionarse. Antes era más fácil mantener parcelas de privacidad. Cada uno estaba más "protegido" de las infidelidades de la pareja o las traiciones de los amigos. Antes se dependía de muchos factores que podían dejarte al descubierto. Ahora, a todos ellos que ahí siguen para dejarnos en evidencia, se unen los mensajes del whatsapp (con foto o sin foto) para dejarnos con el culo al aire, a poco que nos descuidemos.

Juana Acosta (Ana) y Ernesto Alterio (Antonio)

Se trata de una película muy teatral, que transcurre en su mayor parte en el comedor, excepto unas pocas escenas que se trasladan a la terraza, una comedia en la que toda la importancia está en los diálogos y, lógicamente, en la interpretación. 
El reparto está hecho a base de actores demasiado conocidos. Poco que objetar porque me gustan todos y están estupendos, como acostumbran, aunque a veces se agradece la frescura que supone ver a actores desconocidos. El que más me ha gustado, Edouard Fernández; su naturalidad me conquista en cada ocasión. El que menos, Ernesto Alterio; está gracioso, pero últimamente tiene unos tics que siempre son los mismos y no sé de dónde le vienen, pero creo que antes, hace mucho, no los tenía. 

Dafne Fernández (Blanca) y Eduardo Noriega (Eduardo)

Me ha sorprendido Juana Acosta con su gran naturalidad. La manera en que se le va notando la ebriedad, a medida que la ingesta de vino se incrementa, está tan lograda que una creería que realmente, se ha ido achispando poco a poco para interpretar las escenas. 
Creo que me había dejado un pero por el camino. Volvamos a él. La película es un remake de otra italiana, "Perfetti sconosciuti", del director Paolo Genovese.. Yo pensaba (culpa mía por entero; nadie me dijo que así fuera) que esta película italiana tenía ya unos cuantos años y que era anterior a la explosión y el auge del smartphone; me había hecho a la idea  de que en ella la trama estaba ocasionada por algo distinto al uso del móvil y su relación con la privacidad de las personas, pero he aquí que empiezo a indagar un poco para escribir esta reseña (año de estreno de la película original, un poco del argumento...) y me encuentro que la película italiana es de 2016, estrenada en España en 2017, y descubro que también está todo provocado por la idea de dejar los móviles sobre la mesa y compartir en vivo y en directo (y en abierto) todo lo que a cada uno le vaya entrando. Luego ya no es una interpretación distinta de la historia que da lugar a la película italiana, es la misma película con otros actores y en castellano.

Pepón Nieto (Pepe)

No he visto "Perfetti sconosciuti", aunque la veré. No sé si es mejor o peor que la versión de Alex de la Iglesia, pero tras saber de ella lo que ahora sé, me vuelvo a poner el sombrero y retiro lo de "chapeau, maestro". No es que "Perfectos desconocidos" me guste menos ahora que antes, es que ahora no le veo el sentido, ni la necesidad, ni la más mínima originalidad. 
Hace ya mucho que se habla de la cantidad de adaptaciones cinematográficas que se basan en novelas, y se acusa al mundo del cine, y más concretamente a directores y guionistas, de estar perdiendo la capacidad de parir ideas originales. Pero hacer una película que, por las fotos de escenas que he visto, es casi  una copia perfecta de otra estrenada hace menos de dos años, me parece que el único sentido que puede tener es el comercial. 
Sigo indagando y por fin lo entiendo. Pocos meses después de su estreno en Italia, la comedia de Paolo Genovese ya había recaudado unos veinte millones de dólares. Demasiada tentación. Tele 5 compró los derechos y contrató a Alex de la Iglesia para dirigir la cinta. La película es un encargo y poco hay que añadir.
Alex de la Iglesia ha hecho una película buena, que me ha gustado mucho, pero... me hubiera parecido mucho más digna de alabanza de haber sido original o, al menos, de haber aportado algo de originalidad cosa que, a falta de ver la película italiana y juzgando solo por sinopsis y escenas, creo que no se da.
Aquí dejo dos escenas de cada película (arriba la italiana y abajo la española) para que podáis juzgar. 





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