Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

jueves, 18 de enero de 2018

Dos historias de mujeres


Salvo en mi sección "Sin reseña", no suelo hablar de más de un libro a la vez. Lo hice este verano con "Dos nouvelles y un relato" y vuelvo a hacerlo ahora. Pero si en aquella ocasión, ambos textos solo tenían en común la época en que transcurría la acción, en este caso, la relación va mucho más allá.
Se trata de dos novelas no muy largas y ambientadas ambas en el complejo mundo interior de dos mujeres. Se trata de "Apegos feroces" de Vivian Gornick y "Aprender a terminar" de Laurent Mauvignier. 224 páginas tiene la primera (160 en mi ebook) y 125, la segunda (la tengo en papel).
Si una narra las vivencias de una mujer desde su infancia en un barrio de Nueva York, y su conflictivo vínculo con su madre, la otra nos cuenta la ansiosa y dependiente relación de una mujer con su marido. La primera está escrita por una mujer, la segunda, por un hombre, pero en ambas nos encontramos con mujeres dominadas por su necesidad de encontrar afecto y reconocimiento por parte de la persona que las desprecia; ambas deberán recorrer el difícil camino que lleva de la dependencia del otro a la libertad que supone poder vivir fuera de su influjo.  O intentarlo. 
Las dos están contadas en primera persona, pero una es una narración en la que alternan, de manera ordenada y clara, episodios que van desde la niñez, hasta el momento presente (presente en la novela), y la otra es un monólogo obsesivo que salta en el tiempo sin que apenas nos demos cuenta y que hace que tengamos que volver atrás para situarnos de nuevo.

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"Apegos feroces". Vivian Gornick.
"La relación con mi madre no es buena y, a medida que nuestras vidas se van acumulando, a menudo tengo la sensación de que empeora. Estamos atrapadas en un estrecho canal de familiaridad, intenso y vinculante: durante años surge por temporadas un agotamiento, una especie de debilitamiento, entre nosotras. Después, la ira brota de nuevo, ardiente y clara, erótica en su habilidad para llamar la atención". La narradora tiene ocho años cuando comienzan estas memorias y vive en el Bronx, un barrio en que coincidían, mezclados que no revueltos, judíos, irlandeses e italianos. Ella pertenece a una familia judía y su madre procede de Ucrania de donde llegó con su familia a principios del siglo veinte.
El pasado nos muestra a una niña que adora y admira a su madre a quien está ansiosa por agradar, pero en la que nunca llega a encontrar el asidero que precisa. Podría haberlo encontrado en Nettie, la vecina viuda y madre de un bebé que supo entenderla y comprender sus necesidades, pero también perdió ese influjo cuando tuvo que tomar partido y se decidió por su madre. Ambas, mujeres, con su influencia contradictoria, irán conformando su mundo y sentando las bases de una educación sentimental que no le ha dado demasiadas satisfacciones.


Vivian Gornick

La muerte prematura del padre de forma inesperada sume a la madre en una profunda depresión de la que le costará años salir. La soledad a la que se ve obligada desde entonces, la hará volverse hacia su hija y buscar refugio en ella, mientras la somete a sus caprichos hasta producirle un tremendo rechazo. "Me hizo dormir con ella durante un año y durante los veinte años siguientes no pude soportar que una mujer me rozara".
Alternando con el relato del pasado se nos van mostrando escenas del "presente" cuando la narradora pasea con su madre anciana por las calles de Manhattan. A pesar de tener cuarenta y cinco años, estar divorciada, tener un buen trabajo y ser totalmente independiente, sigue buscando la aceptación de su madre, pero esta parece estar siempre ajena a las esperanzas y anhelos de su hija. 
No llegará a superar la frustración perpetua que la indiferencia, cuando no hostilidad, de su madre le causa, pero aprenderá a convivir con ella y a hacerla parte de su vivir cotidiano. "La situación entre nosotras es volátil. El cambio constante es nuestra realidad cotidiana. La inestabilidad es un asombro impregnado de misterio y promesa. Ya no andamos a la gresca. Hemos alcanzado un grado de distancia permanente".

Esta novela entra además en el II Reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990, concretamente, "Apegos feroces" es de 1987.


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"Aprender a terminar". Laurent Mauvignier.
"La negrura de su mirada era contra mí, me la dedicaba solo a mí, nada más verme la cara. Y, sin embargo, yo siempre llegaba con flores y me decía a mí misma: aunque ya no me quiera, aunque ya no me pueda ni ver". Ella va a visitar a su marido, le lleva flores. Él ha estado a punto de morir tras un grave accidente de coche, pero por fin va a salir del hospital. Por fin ella sabe que va a estar en casa ocupándose de las tareas cotidianas: podar los aligustres, tapar las grietas cuando el yeso se requebraje, poner las trampas para las ratas en el sótano...
Lo espera con impaciencia. Prepara la casa; los hijos pasan a compartir habitación para dejarle al padre un dormitorio en el que nadie le importune, ella se prepara para asistir a la convalecencia, larga, del marido. Y se va recuperando, cada día un poco más. Lentamente, cada vez se va haciendo más independiente, se mueve más y llega un poco más lejos...
Y enredados con las esperanzas de la mujer de recuperar a su marido para siempre, vienen los recuerdos de cómo antes del accidente temía perderle, que la abandonara; de cómo notaba su desprecio, su alejamiento "para él yo estaba muy, muy abajo.Y su voz, que a menudo me decía al oído, que se reía al decirme: apáñatelas con ese nosotros que te preocupa tanto, porque muy pronto ya no estaré aquí, porque ya no puedo más con esto, ya no puedo más, contigo es que no puedo más". Y ella vivía inmersa en la ansiedad porque le quiere, siempre le ha querido, hasta que llegó el accidente y supo que ya nunca podría abandonarla. 
Ahora se la ve loca de alegría, sin nada que temer. Entregada a él noche y día, siendo su soporte, su sustento, mientras él asiste ilusionado a cada progreso de su salud, a cada avance en el camino hacia la normalidad que se ve tan lejana. Ahora él no tiene a donde ir ni tiempo para pensar en escapar porque cada día está ocupado en esperar el mañana y las nuevas  mejoras que traerá. Hasta que esas mejoras son suficientes para que recupere la independencia y el tiempo de volver a pensar en otra cosa que no sea su propia curación.

Laurent Mauvignier

Y con la recuperación del marido vuelven las angustias de la mujer y continúan sus recuerdos que nos van mostrando más de su vida en común y de la dependencia casi enfermiza que ella llegó a desarrollar. "cómo habría podido confesarme el dolor que sentía al verlo ya curado,al saber que estaba ahí arriba, vestido, que se había quitado el pijama él solo y que ahora podía empezar todo de nuevo". Y el miedo es tan grande que empieza a desear que se vaya de veras y así poder dejar de temerlo y, cuando se ve frente al peligro real, cuando la amenaza deja de ser una imagen de su mente para ser una imagen real ante sus ojos, entonces es cuando se empieza a sentir liberada de todo, reconciliada con ella misma y con la idea de la soledad en soledad que, a veces, casi siempre, es mucho mejor que la soledad fría y afilada que se vive en compañía.



martes, 16 de enero de 2018

Tercer premio en "Escribiendo que es gerundio"


Dicen que no hay dos sin tres. Después de haber obtenido ya dos premios en la comunidad, el último relato con el que he concursado en "Escribiendo que es gerundio", ha vuelto a resultar ganador. 
Hace ya bastante que lo supe, exactamente, el día 2, pero alguna reseña pendiente y algún reto que surgió inesperadamente, han hecho que demorara la publicación hasta hoy.
Como es habitual, quiero compartir con vosotros esa alegría. Ha sido un maravilloso comienzo de año y quiero aprovechar para felicitar 2018 a todos los componentes de la comunidad, especialmente a los que han participado en este II reto "Una imagen, un relato". Y como no, también quiero, aunque con retraso, felicitar el año a todos los que estéis leyendo esto. Para mí este premio fue un buen comienzo de 2018
El reto consistía en escribir un relato de 350 palabras como máximo, inspirado en la imagen siguiente:


Estoy muy contenta porque mis relatos obtengan algún reconocimiento por parte de quien los lee porque siempre pensé que carecía de imaginación suficiente como para escribir algo que mereciera la pena.
El relato fue publicado en el blog el día 24 de diciembre por lo que fue incluido en la felicitación navideña que podéis ver aquí.
Esta vez, no repito aquí el relato pues al ser de tema navideño, quedaría un poco anacrónico. Quien tenga interés, que clique en el enlace.
Ah, y quiero dar las gracias a Francisco Moroz por el diseño del diploma que ya he unido a los otros dos en la columna izquierda del blog.


sábado, 13 de enero de 2018

"Francamente, Frank" Richard Ford

La cuarta entrega de la vida de Frank Bascombe, "Francamente, Frank", son cuatro relatos ambientados en los días previos a la Navidad de 2012. El huracán Sandy, el más violento de toda la temporada en 2012 y el segundo en la historia de Estados Unidos después de el Katrina, ha pasado hace tan solo dos meses dejando asolada la costa este. Entre otras calamidades que ha dejado el huracán, también ha derrumbado la casa de Sea-Clift, la mansión en la playa, de cristal y madera de secuoya, ubicada en la costa de New Jersey ante lo que parecía ser un mar benigno y tranquilo; la casa en la que vivió Frank durante años antes de cerrar la agencia inmobiliaria y volver a instalarse en Haddam.
Conocimos a Frank Bascombe hace más de treinta años. Era 1986 y "El periodista deportivo" confirmaba a su autor, Richard Ford, como uno de los grandes escritores estadounidenses. En aquella primera entrega de lo que con el tiempo iba a ser "la trilogía de Frank Bascombe", ahora convertida en tetralogía, el personaje tenía treinta y ocho años y trabajaba como periodista deportivo. Catorce años antes había conseguido un montón de dinero vendiendo un libro de cuentos. A pesar de la prometedora carrera que se presentaba ante él, dos años después aceptó un trabajo como periodista deportivo y dejó de escribir. "Durante estos doce años, mi vida no ha estado nada mal y en muchos aspectos ha estado muy bien. [...]Y no cambiaría muchas cosas, si es que cambiaba alguna. Preferiría no estar divorciado y que mi hijo, Ralph Bascombe, no hubiera muerto, pero eso es lo único"
Cuando volvemos a encontrar a Frank, tan solo han pasado dos años en la vida de Frank (diez desde que se publicó el libro anterior). Sigue viviendo de Haddam, pero ya no escribe crónicas deportivas para el periódico, ahora trabaja en una agencia inmobiliaria y mantiene relaciones con Sally. Estamos en vísperas de "El día de la independencia" (premios Pulitzer y Faulkner; el único libro que ha conseguido ambos premios) y Frank va a pasarlo con su hijo Paul, un adolescente para el que su padre ya hace mucho que dejó de ser el héroe de la infancia. Un encuentro que es fuente de toda clase de desconciertos para Frank que no sabe cómo enfrentarse a un chico de quince años al que recientemente han detenido por robar en una farmacia tres cajas de condones extra largos.
En "Acción de Gracias" han pasado doce años. Frank está casado con Sally, lleva ya un tiempo viviendo en Sea-Clift y tiene una agencia inmobiliaria junto a su socio Mike. Ha pasado un cáncer de próstata y está esperando poder pasar el día de Acción de Gracia junto a sus hijos Clarissa y Paul, aunque no tiene muy claro que eso vaya a ser posible.
"Francamente, Frank" es, por ahora al menos, la última aventura o, mejor dicho, las últimas cuatro aventuras del personaje, porque el libro consta en realidad de cuatro relatos y, siguiendo las fechas memorables del calendario estadounidense a las que el autor nos tiene acostumbrados, lo podría haber titulado "Navidad". Las cuatro historias tienen lugar en las fechas previas a la Navidad de 2012, cuando el huracán Sandy está aún muy presente en los habitantes de la costa Este. "Un segmento bastante grande de la población de Haddam (republicana por tradición y en los últimos tiempos neciamente partidaria del Tea Party) cree que el presidente o bien provocó personalmente el huracán Sandy, o bien, como mínimo, lo dirigió desde su «búnker subterráneo» de Oahu, para conducirlo hasta la costa de Jersey, donde había muchos italoamericanos de derechas (en realidad no los hay) absolutamente decididos a votar por Romney, sólo que sus casas volaron por los aires y ya no pudieron presentar el certificado de residencia". Así es Frank, irónico, crítico, demócrata... Se refiere en este párrafo a las elecciones presidenciales que le dieron a Obama su segunda victoria, frente a Mitt Romney, y que tuvieron lugar apenas dos semanas después del huracán.


Discurso con motivo de la entrega del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2016

Frank ha vuelto a vivir a Haddam tras cerrar la agencia inmobiliaria y vender su casa de Sea-Clift. Tiene ya sesenta y ocho años y está jubilado. Sigue casado con Sally y sigue siendo ese personaje incómodo que ha sido a lo largo de toda la serie; el personaje del que se vale Richard Ford para decir lo que muchos querrían y no se atreven. Todo encuentra lugar en el afilado espíritu crítico de Frank, todo lo ve a su manera, no siempre políticamente correcta, y de todo hace burla; de sí mismo para empezar, porque como ha dicho el autor en varias ocasiones "si las cosas no resultan graciosas, no son realmente serias". Y Frank, siguiendo la máxima, lleva riéndose de todo y de sus más tristes experiencias desde hace veintisiete años. 
Ahora hace la vida propia de un jubilado. Lee todas las semanas para los ciegos en una emisora local y "viajo una vez a la semana al aeropuerto Liberty de Newark con un grupo de veteranos, para dar la bienvenida a los soldados que, cansados y perplejos, vuelven a casa de Irak y Afganistán después de su periodo de servicio", mientras Sally, su mujer, se vuelca en la ayuda a los más afectados por el huracán. 
Para él el huracán no es un desastre, o no solo un desastre. Es también una manera que tiene el mundo de cobrarse lo que es suyo, de volver a su ser, de ponerlo todo en cuestión y demostrarnos la poca importancia que tiene una casa una vez desaparece. Una vez desaparecida su vivienda, o mejor dicho, la que le vendió a Arnie hace ocho años, y las que la rodeaban, el espacio se vuelve a configurar como siempre deparando un hermoso panorama y el mar se vuelve a enseñorear de todo, vuelve a ser el señor del espacio como lo fue desde el principio de todas las cosas. "Hay argumentos en favor de un buen huracán que no se anda con chiquitas, arrasando la vida para ponerla de nuevo en perspectiva".
Frank es un adorable tocapelotas, un ingenuo malicioso, un escéptico optimista, un ser dotado de una especial clarividencia para observar y juzgar a sus conciudadanos y a su país. Viene haciéndolo desde 1986 y lo hace con gran precisión, sin concesiones, pero con simpatía. Él ama a su país y, porque lo ama, se siente en la obligación de ponerlo ante sus miserias y sus contradicciones. Es algo que hacen de maravilla los escritores estadounidense. Ya lo he dicho en este blog: pocos escritores aman tanto a su país y pocos son tan crueles en sus críticas hacia el mismo como los de Estados Unidos. La complacencia nunca es un acto de amor.


Habitación en Nueva York (Edward Hopper. 1932)

Frank vive rodeado de gente. Está su mujer y están sus hijos. Ahora también está su ex mujer, pero fundamentalmente, está solo. A lo largo de las cuatro novelas citadas, las personas que lo rodean no dejan de ser detalles accidentales en su vida que vemos como transcurre en soledad; como, por otra parte, mal que nos pese, transcurre la vida de todos. Una inmensa soledad, más o menos compartida con otras soledades, pero soledad en el amplio sentido de la palabra. 
Frank ha superado el cáncer de próstata, pero tiene ya una edad en la que hay que evitar riesgos y entre los más evidentes están las caídas; gente mayor que no se recupera de una caída, que se rompió la cadera y no volvió a ser el mismo, que se murió poco después de caerse en el jardín. Y Frank se pregunta "pero ¿de qué altura se cae esa gente, coño? ¿De la azotea de un edificio? ¿De espumeantes cataratas? ¿Por una alcantarilla? ¿Está el suelo más lejos que antes?". Simplemente, Frank.
También se verá enfrentado al deterioro y a las frustraciones de otros. Arnie, el hombre que compró su antigua, y ahora destruida casa en Sea-Clift, quiere que le aconseje acerca de qué hacer con la ruina en que se ha convertido el edificio; su ex-mujer y madre de sus hijos, Anne, con un principio de Parkinson, se ha trasladado a vivir a una residencia muy moderna, y que proporciona cuidados especiales, muy cerca del domicilio de Frank en Haddam; un amigo al que no ve hace años se pone en contacto con él para hacerle partícipe de su muerte inminente; una antigua inquilina de la casa en la que ahora vive con Sally le visita y le pide pasear por la que fue su antigua morada para terminar contándole la historia de lo que había sucedido en aquel espacio, ahora el espacio familiar de Frank, hace ya mucho tiempo. Todo el mundo pretende compartir con Frank sus propias cuitas. Parece que todos necesitan testigos que den fe de que lo que les ocurre, o les ha ocurrido, ha sucedido en realidad. "Es lo que los meapilas están deseando, de la mañana a la noche. Por eso hay cosas tales como «padrinos de boda», «portadores del féretro», «madrinas», «invitados a la ejecución». Todo es más auténtico si lo ven dos".
"Francamente, Frank" podría ser el epílogo de esta historia que es la historia cotidiana de Estados Unidos, la  "istoria sin h" que diría un amigo bloguero, la del hombre de la calle. Esa historia que no es más que "la cotidianidad de un individuo pensante, inmerso en las contradicciones que distinguen a un país espacialmente inabarcable como Estados Unidos. Edward Hopper pintó su soledad resignada, Bruce Springsteen le ha puesto música y, de vez en cuando, los hermanos Coen son capaces de filmarla. Richard Ford le ha dado la voz y el nombre de Frank Bascombe" (de la página Anaqueles abarrotados)
No me resisto a la tentación de dejaros aquí algunas citas de la novela que constituyen un ejemplo de la clarividencia de Frank Bascombe que no es otra que la de Richard Ford. Uno de los mejores escritores estadounidenses del momento.

"La vida ya vivida, en especial cuando se llega a la edad adulta, siempre es una cuestión de sobreabundancia que va menguando cada vez más. Sólo que (en mi opinión) esa mengua es tan buena como cualquier cosa que haya ocurrido con anterioridad, además de mucho más sencilla".

"¿Qué no está causado por el estrés? A los veinte años ni siquiera sabía que existía el estrés. ¿Qué ha pasado para que apareciera en este mundo? ¿Por dónde andaba antes? Yo creo que estaba latente en lo que generaciones anteriores consideraban placer pero que ahora ha trastornado todo el vecindario psíquico".

"¿Qué coño tiene de malo sufrir el dolor uno mismo? Cuando murió mi hijo, logré vivir con mi propio dolor".

"Todo el mundo lo sabe todo pero nadie sabe qué hacer con ello".

"No hay una forma adecuada de planificar la vida ni tampoco de vivirla: sólo un montón de formas inadecuadas".

"¿Soy el único ser humano que de vez en cuando piensa que está soñando? Cada vez estoy más convencido".

"La plena revelación es el mito de las clases inquietas. Los que ignoran la historia no están más condenados a repetirla que los enterados, pero es más probable que se sientan más a gusto sobre muchas cosas".

"Lo que no te mata, te hace más fuerte, ¿verdad? Yo no creo en eso, desde luego. La mayor parte de las cosas que no nos matan en el acto nos matan después".



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