Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

martes, 17 de enero de 2017

"Cuernos" Joe Hill

"Ignatius Martin Perrish pasó la noche borracho y haciendo cosas terribles. A la mañana siguiente se despertó con dolor de cabeza, se llevó las manos a las sienes y palpó algo extraño: dos protuberancias huesudas y de punta afilada". Dos pequeños cuernecitos es lo que le está saliendo a Ig a la altura de las sienes. Unos pequeños cuernecitos de diablo que lo hacen muy tentador... todo el mundo se siente tentado a contarle sus más oscuros pensamientos, y los que no le cuentan, Ig los percibe con solo tocar a las personas.
Hace un año que Merrin Williams, la novia de Ig, fue violada y asesinada. Ig fue considerado el principal sospechoso, pero la falta de pruebas para inculparle hizo que quedara en libertad. Lo malo fue que las pruebas recogidas en el lugar del crimen y en el cadáver, que hubieran podido librarle de toda sospecha, se destruyeron en un incendio en el laboratorio de Concord, New Hampshire, donde se custodiaban, por lo que, sin ser condenado ni juzgado, nunca ha dejado de ser el sospechoso principal para todo el mundo. 
Ahora ha pasado un año desde los hechos, Ig tiene cuernos, su chica le ha puesto otros figurados, se acerca el ochenta cumpleaños de su abuela y no se atreve a acercarse a su familia porque la ayuda afectiva que necesita se podría convertir en las terribles confesiones que todos se sienten tentados a hacerle a la vista de sus cuernos ante los que ninguna vergüenza quiere permanecer oculta.
Ignatius está solo. 
Su familia, con un padre famoso que "había tocado con Sinatra y Dean Martin, había grabado discos con ellos" y una madre que fue bailarina en Las Vegas, no ha mostrado interés en ver como vive y, hasta cierto punto, le culpan de "las sospechas que habían recaído sobre ellos, porque en la ciudad todo el mundo creía que Ig había violado y asesinado a Merrin Williams y había escapado de la ley porque sus padres, ricos y bien relacionados, habían movido unos cuantos hilos, pedido unos cuantos favores y ejercido presiones para entorpecer la investigación"Tan solo su hermano Terry, un prestigioso trompetista y estrella de su propio show televisivo, Hothouse, ha mantenido siempre la inocencia de Ig aun a riesgo de perder popularidad. 
También ha perdido a su mejor amigo, "Lee era ayudante de un congresista de New Hampshire y no podía relacionarse con el principal sospechoso de un crimen sexual".  
Joe Hill
Ahora, gracias a sus cuernos, descubrirá que incluso las personas que menos hubiera imaginado nunca han creído en su inocencia; descubrirá los peores sentimientos que se esconden en la conciencia avergonzada de todos los que se cruzan en su camino; descubrirá quién mató a Merrin y hasta los secretos que Merrin ocultaba. 
Y es que, gracias a sus cuernos, Ig se ha convertido en el diablo y, una vez hecho a la idea, no está tan mal. Porque conocer la verdad te da una posibilidad de venganza imposible de otra manera... aunque lo que se descubre pueda doler; aunque, al principio, no quiera acercarse a los demás, no quiera que le cuenten sus secretos. Pero es que al diablo se le puede contar cualquier cosa "Te cuentan cosas malas —dijo Dale frotándose la sien derecha con dos dedos, masajeándola con suavidad—. Sólo que cuando te miro no me parecen tan malas. Tengo la impresión de que son…, no sé…, divertidas". Quién sino el diablo puede encontrar divertidas las peores ideas, los más negros deseos, las más violentas ilusiones, las más perversas intenciones... Pero Ig no es un diablo al uso, aunque una cruz le limite sus poderes, aunque planee cuidadosamente su venganza, aunque sus cuernos crezcan y el fuego lo respete y bajo la piel quemada le aparezca una nueva de color carmín y sus heridas se cierren, Ig no es tan diablo como parece y sufre con las cosas malas que le cuentan o que descubre. Aunque, tal vez, todos los diablos sufren con la maldad humana; tal vez el diablo (los diablos) sufre al ver al ser humano expulsado del paraíso, al sentir en el ser humano el propio dolor de la injusta expulsión. Ig sufre también por sus seres queridos a los que trata de poner a salvo (aunque a veces...).
Ig no es un diablo al uso pero ha tenido que convertirse en el diablo para poder vengarse porque como dice la preciosa frase de la portada del libro "Cuando se trata de venganza, el diablo está en los detalles". Aunque algunos detalles, incluso al diablo se le escapen.

He leído esta novela bajo la iniciativa del blog "La Caverna Literaria". A pesar de que la literatura del autor está clasificada como de terror, y no ser este un género que me guste en exceso, algo había visto sobre él que me había atraído lo suficiente como para desear leerlo. No sé qué pudo ser, pero mis impresiones fueron acertadas. Tiene algo que me ha cautivado y que hace que, seguramente, no sea esta la primera y última novela del autor a la que me dedique.

sábado, 14 de enero de 2017

"Lumpen" Paco Gómez Escribano y Luis Gutiérrez Maluenda.


"Han pasado los años, pero el barrio sigue tan sumido en la mala vida como siempre: yonquis, putas, camellos, alcohólicos, proxenetas, descuideros; vino barato, farlopa, cubalibres, caballo, birra, DYC, jachís, pastillas"
Paco Gómez Escribano nos sigue contando la historia de su barrio, Canillejas. Esta vez la pone en boca de un detective privado, ex policía nacional, que sigue colgado (debería decir "colgao") del barrio aunque ya no viva en él. Ya no vive en él, pero allí bebe, allí visita a su madre, queda con sus amigos, liga, y hasta allí le llevan sus investigaciones.
Paco Gómez Escribano nos sigue hablando de su barrio porque es el barrio en el que creció. "No es necesario que algo te guste para poder amarlo; no es necesario que algo sea maravilloso e idílico para que te guste. Creo que a Paco le gusta su barrio y, desde luego, lo ama".
Pero Paco no está solo en esta aventura. Le acompaña  Luis Gutiérrez Maluenda ya que la novela está escrita a cuatro manos. O dos cabezas. O dos cabezas y cuatro manos. O...
Si queréis saber más acerca de la novela o de la colaboración entre Paco Gómez Escribano y  Luis Gutiérrez Maluenda, no dejéis de leer mi reseña de "Lumpen(los entrecomillados de arriba pertenecen a dicha reseña) en Revista MoonMagazine, donde una vez más, y van cuatro, Txaro Cárdenas, su directora, me ha cobijado y ha dado un sitio muy acogedor a mis opiniones sobre esta novela. 
Y si ya estáis en la revista, daos una vuelta por ella porque los últimos artículos son de lo más interesante: cine, historia, amor a la literatura, teatro y hasta un concurso literario. Perdeos por sus páginas. No os arrepentiréis. 
Oye, pero no os perdáis tanto que os olvidéis de leer mi artículo sobre "Lumpen". Hala, idos a MoonMagazine. Ya estáis tardando.


martes, 10 de enero de 2017

"Desde el cuarto de Amadora" Juan Manuel Freire

Aquel año las amapolas florecieron en otoño al conjuro de la canción que cantaba Amadora en su lecho de muerte, allá en su cuarto perdido en las alturas de la Casa Grande: "Amapola, lindísima amapola..."
La voz de Amadora, llevada por el eco que rebotaba en las partículas invisibles del aire, obró el milagro y los campos tristes y un poco incoloros de la estación se llenaron del rojo vivo, orgulloso y arrogante de las amapolas.
Todo esto sucedió hace setenta años y uno de los testigos, el tío del narrador, se lo cuenta a su sobrino en el jardín de los tilos, uno de los jardines que sirven de antesala a la Casa Grande. "Recuerdo que era 1937, y noviembre, y el campo se hallaba enteramente cubierto de amapolas..." "Desde el cuarto de Amadora" constituye ese relato de los hechos acontecidos hace ya siete décadas, muchos años antes de que naciera el narrador, pero que fueron vividos en su temprana juventud por su tío. Tío que, tal vez (seguramente) debido a lo avanzado de su edad y al desorden algo caótico de su memoria privilegiada, se va por las ramas más de lo que el lector impaciente desearía. 
Y es que esta novela es como un árbol mágico en cuya cima, cual estrella errante de Navidad, se encuentra el cuarto de Amadora, ese que se nos promete desde el principio, pero al que no acabamos de llegar, al que deseamos arribar para saber por qué se muere Amadora, cómo se muere y, por encima de todo, qué extraordinario sortilegio le hace cantar, con una voz que nadie hubiera podido imaginar que llegara a salir de ella, "Amapola, lindísima amapola...". 
Estamos deseando encontrarnos con Amadora en su lecho de muerte, pero el tío se nos pierde por las ramas del árbol y el sobrino colabora intercalando sus recuerdos de infancia y sus sensaciones ante los espacios abandonados y decadentes de la Casa Grande, tantos años después de su propia infancia y del esplendor del edificio. "Aunque mis ojos buscaron el surtidor y el pequeño estanque de azulejos [...] no los encontraron. Estaban allí, donde siempre, pero el matorral los escondía a la mirada. [...] Por todas partes, fosilizado en aquel abandono, el tiempo advertía de su paso".
Tal vez alguien olvide que el placer de los viajes no está en la llegada sino en el recorrido y piense que sobran páginas, historias, anécdotas y que el autor se va por las ramas, y en su fuero interno le dice, "venga, al grano"; desde luego no seré yo ese lector. Cada rama, cada salida lateral, cada recuerdo, cada reflexión me fascina, me atrapa en la belleza de su contenido y de su forma, me envuelve de magia. Porque esta novela es puro realismo mágico gallego, al estilo de Álvaro Cunqueiro y "Cuando el viejo Simbad vuelva a las islas"; del Torrente Ballester de "La saga/fuga de JB"; de algunas novelas de Cela. Historias inverosímiles que se hacen posibles por obra de una literatura tan bella y mágica como las propias peripecias que nos cuenta y que, rápidamente, nos convence de que nada así contado puede ser pura fantasía. La belleza de la forma dota de realismo y sustancia al contenido y cualquier episodio que así nos llega toma carta de verídico o, al menos, verosímil.
Y así, partiendo de noviembre y del primer canto de Amadora, el tío y sus recuerdos, el sobrino y su narración, nos van introduciendo en las historias de la aldea y en sus delirantes personajes a lo largo de los meses sucesivos, y nos encontraremos con los sucesivos cantos de Amadora y las consecuentes floraciones de amapolas fuera de tiempo, pero siempre muy a tiempo.
Sabremos de Juanón y sus amores por Generosa y su empeño en que los pájaros le hablen porque ya le ha hablado uno y "usted, señor maestro, sabe más que yo, que además no estoy bien de aquí [...], pero hablar, hablan [...] Si habla uno, hablan todos". Seguiremos angustiados las andanzas de Tuco el del Penón, que un buen día se fue a la guerra, y el devenir de su correspondencia con su novia, Josefa, la niñera de la Casa Grande, correspondencia en la que un censor, no se sabe si narcisista o preciosista, se inmiscuye por encima de sus funciones y da lecciones y consejos y hasta suplica que se le libere de su misión censora.

Asistiremos a las hipótesis de Rosalinda acerca de por qué en casa de las Amarantas huele a café americano y la mayor de las hermanas luce el domingo en la iglesia joyas nunca vistas. Sufriremos con Perico, el mendigo de libros, que salvó de la hoguera un ejemplar y lo escondió donde muchos años después, los niños de la Casa Grande, con el narrador entre ellos, lo encontrarían y, boquiabiertos, no sabrían dar explicación a tal portento, pero para entonces, Perico habría sufrido las consecuencias de indultar un libro condenado por el Glorioso Ejército Nacional. Ejército no tan Glorioso, aunque igual de Nacional, cuando se las tiene que ver con un escurridizo enemigo que lo insulta con las expresiones más soeces, mientras se burla esquivando balas, bombas y toda clase de subterfugios ideados por el Ejército para acabar con él. Nos asombraremos con Francisquito que en el catón era incapaz de pasar de la h de hilo hasta que... Viviremos las aventuras de Poldín que, aparte de tentar las manzanas del señor cura, pretende repoblar el bosque con una curiosa y desconocida especie de pájaro. Y más personajes y más historias y más magia...
Conoceremos a las fuerzas vivas del pueblo: el doctor Taboada que opina que Amadora cantará por última vez justo antes de morir; Tequeteque Menudita Pisaflores, el maestro, del que pocos en el pueblo entienden su lenguaje alambicado y complejo, pero al que todos escuchan con reverente silencio, más reverente y más silencioso cuanto menos lo entienden; Don Fructuoso, el cura, la tía abuela Sagrario, Doña Isaura que, cuando está nerviosa, habla en francés...
Y así, nuestro recuerdo se alejará y se acercará a Amadora a la vez que lo hace el del narrador arrastrado por el relato errático del tío, porque Amadora "había aparecido y desaparecido del relato como un fantasma. [...] A veces, las ramificaciones del recuerdo parecían alejarme de ella. [...] Oscuramente, seguía sabiéndola en su cuarto, cantando de cuando en cuando la canción que despertaba el florecer tardío de las amapolas, muriendo en tanto poco a poco".
Juan Manuel Freire
Juan Manuel Freire es un profesor jubilado de instituto donde impartió la especialidad de Lengua y Literatura. Gallego de A Coruña, nos entrega con esta su primera novela (que no su primera incursión en el mundo de la creación pues ya es autor de una obra de teatro, "Y Don Quijote se hace actor"), una obra deliciosa, de las que te hacen sonreír y, por momentos, te ponen los pelos de punta y, de nuevo, te hacen sonreír y ante la belleza y la inteligencia de algunas escenas te emocionas y también te emocionas ante lo bien escrita que está, ante su lenguaje ágil, poético, hermoso... mágico. 
Realismo mágico gallego, como ya he dicho, que fue anterior al sudamericano, porque García Márquez descendía de gallegos y para cuando nació, en 1927, Cunqueiro y Torrente Ballester ya tenían sus buenos 16 y 17 años y él ya llevaba la magia de su realidad en los genes... gallegos. Tal vez Juan Rulfo les llevaba a todos la delantera, pero "Pedro Páramo" es otra cosa. "Pedro Páramo" siempre es otra cosa.
Realismo mágico que no es lo mismo que fantasía, sino realidad que se convierte en magia de pura belleza, de puro absurda que es a veces la realidad. Y es que como dice el tío al narrador setenta años después de los hechos, "con el paso del tiempo [...] he aprendido a valorar el absurdo como parte integrante de la existencia". Tal vez su parte más interesante.

Título:              Desde el cuarto de Amadora.
Autor:              Juan Manuel Freire.
Portada:           Ana Freire Ramallal
Editor:             CreateSpace Independent Publishing Platform 2016.
Nº de páginas:   434.
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