Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

lunes, 23 de abril de 2018

"Bartleby, el escribiente" Herman Melville

Hay una preciosa frase en una canción de Pablo Milanés que dice: "Uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere". Tal parece que esa frase se la hubiera aplicado nuestro amigo el escribiente si no fuera porque Bartleby fue creado por Herman Melville noventa años antes de que el cantante cubano naciera, exactamente en 1853. Tal vez fue Pablo Milanés el que tomó la idea del personaje decimonónico o ninguno influyó en el otro, al fin y al cabo, la idea de no hacer lo que uno no quiere debe de estar impresa en nuestros genes desde hace milenios porque es una de las cosas que con más ahínco ponen en práctica los bebés (y no tan bebés) para desesperación de sus padres. Luego la vida nos va domesticando y nos encontramos adultos haciendo de continuo infinidad de cosas que preferiríamos no hacer; por cobardía, por pereza, por vergüenza, por considerarlas oportunas, por creerlas nuestro deber, por no incomodar a alguien...
La novela está contada en primera persona por "uno de esos abogados en absoluto ambiciosos, de esos que nunca se dirigen a un jurado o que, en modo alguno, provocan un elogio público, sino que en la serena tranquilidad de una cómoda guarida, saco adelante un cómodo negocio entre préstamos, hipotecas y títulos de propiedad de gente rica". Una manera un tanto irónica del autor para criticar a un determinado tipo de abogado. Una crítica que el autor remata al relatarnos el personaje el enfado que sufrió cuando la nueva Constitución del estado de Nueva York suspendió por decreto la Oficina del Secretario del Tribunal de la Equidad que se le había otorgado, "decreto prematuro, en tanto en cuanto yo había contado con el usufructo de las ganancias para toda la vida y tan sólo me pude beneficiar durante unos pocos años —muy pocos—".
Este es el personaje que, ante el incremento de trabajo que supuso aceptar la oficina del Secretario del Tribunal de la Equidad, decide contratar un nuevo escribiente para completar la plantilla de personas que trabajan para él en su oficina de Wall Street: Turkey, Nippers y  Ginger Nut. 
Ante su puerta y en respuesta a su anuncio, una mañana aparece un joven apacible de "figura, pálidamente pulcra, lastimosamente respetable, incorregiblemente desolada. ¡Ese era Bartleby!".
Ah, Bartleby, ¿cómo he podido dejar pasar tantos años hasta encontrarme contigo? Eres un clásico, había oído hablar de ti y de tu autor toda la vida, pero jamás se me había ocurrido leerte. Tuvo que ser una amiga la que me hablara de ti, la que me pusiera tras tu pista al ver en algún sitio que se te comparaba con "La vegetariana". 
Y te leí, y tu imagen me recordó, no sé por qué, al entrañable insecto en que se convirtió Gregorio Samsa una noche mientras dormía. E indagué y supe que eras una de las influencias que se le atribuyen a Kafka. Y supe que tenía que leer un libro de Enrique Vila-Matas que duerme el sueño de los justos en mi estante de pendientes hace tiempo, "Bartleby y compañía". Te leí y quedé marcada.
Bartleby era un hombre tranquilo que contrastaba con los desequilibrios vespertinos de Turkey y los mañaneros de  Nippers (Ginger Nut, con apenas trece años, es solo el chico de los recados) por lo que el narrador lo sitúa cerca de él y confía en tenerlo a mano cuando lo necesite. Por eso la sorpresa de nuestro abogado es mayúscula cuando, al cabo de un tiempo desde la llegada del eficiente y pacífico Bartleby,  al proponerle que revisaran juntos un documento que el escribiente había redactado, práctica habitual en la oficina, este "con una voz particularmente suave pero firme, contestó: «Preferiría no hacerlo»" . 
Esa es la frase que probablemente más se ha repetido en una novela en toda la historia de la liteatura: "I would prefer not to do it". Representa la voluntad inquebrantable de Bartleby de no hacer absolutamente nada que no quiera hacer, porque tras ese amable y tímido "preferiría no hacerlo", se esconde el más inquebrantable "no lo haré así me maten".
En el Nueva York de mediados del siglo XIX, en pleno Wall Street, Bartleby se refugia tras "una pequeña ventana lateral que había en esa parte de la sala, ventana que en sus orígenes ofreció una vista de soslayo a unos patios traseros y a unos ladrillos mugrientos, pero que, debido a posteriores construcciones, actualmente no disponía de vista alguna". Allí parecerá transcurrir toda su existencia alimentándose de tortas de jengibre, y escudándose cada vez más en su "Preferiría no hacerlo", hasta que la situación se hace insostenible. 
No quiero destripar el final de la novela para quien no la conozca, pero en sus 120 páginas (en la edición de Nórdica con sus maravillosas ilustraciones de Javier Zabala; en otras no llega a setenta) tiene mucha historia, avanza deprisa, y avanza mucho. Bartleby va haciendo cada vez más dejación de sus actividades, va ganando en su vida el "Preferiría no hacerlo" hasta llegar a hacer tan poco que ni siquiera hace lo suficiente para poder sobrevivir.
Mucho se ha hablado de lo que puede significar este personaje, o de lo que pudo significar más bien, a mediados del siglo XIX. Se ha hablado de que el personaje podía padecer algún tipo de enfermedad como autismo o esquizofrenia; que fuera un lunático de los que frecuentaban las calles de Nueva York y que Melville vería por la ciudad; se ha pensado que podría estar inspirado en algún amigo o conocido del autor; se ha especulado con que represente al trabajador prisionero de un escritorio con un trabajo monótono, nada creativo y alienante; hasta se ha apuntado (tal vez lo más acorde con este mundo en que vivimos; no sé si tanto con el de mediados del siglo XIX) la idea de que pueda representar la libertad, el deseo de mantener su voluntad alejada de imposiciones más allá de las exigencias del trabajo y de todo lo humanamente razonable.  
Herman Melville
Herman Melville es especialista en personajes tenaces, de voluntad inquebrantable. Ahab perdió su vida y la de sus marineros en su insensata obsesión por vengarse de la ballena blanca. Tal vez Bartleby, como Ahab se enfrentó a la ballena, se enfrenta a una sociedad que le proporciona un trabajo alienante con la misma tenaz ofuscación. En cualquier caso, la ternura que produce Bartleby en su vulnerable y aparente indefensión está muy lejos de la mala leche, el genio iracundo y la amargura que destila Ahab (conste que no he leído "Moby-Dick"; tan solo he visto una adaptación cinematográfica hace ya muchos años por lo que hablo desde la memoria y la cultura general).
Bartleby es fuerte en su propia fragilidad, indestructible por cuanto ofrece una resistencia pasiva que arrolla todas las decisiones que se le enfrentan sin apenas parecerlo. Antes de darte cuenta te ha aplastado con la fuerza de su implacable pero discreta obstinación. Aunque "preferiría no hacerlo".

Todas las imágenes que acompañan a esta entrada (salvo la foto del autor que es de la red) están sacadas de la propia novela en su edición de Nørdica y pertenecen a Javier Zabala. Lo menciono porque es una edición preciosa como se puede juzgar a la vista de las ilustraciones.

Esta novela entra además en el II reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990, concretamente, "Bartleby, el escribiente" es de 1853.

viernes, 20 de abril de 2018

Recomendaciones para el día del libro.


Como se acerca el 23 de Abril, día del libro, en este 2018 he decidido seguir una iniciativa que he visto en "El blog de Juan Carlos" y que copio con su permiso. 
Se trata de algo tan sencillo como recomendar algunos de los libros que hemos leído. Él lo ha hecho solo con libros leídos en lo que va de año. Además ha hecho un apartado de narrativa y otro de poesía. Yo como principalmente me dedico a la narrativa voy a sugeriros diez novelas de las leídas desde el día del libro de 2017 y que me han gustado especialmente. 
De día de libro a día de libro, diez de las mejores novelas que he leído en un año.
Os dejo con ellas los enlaces a las respectivas reseñas. Todas, excepto una, están publicadas en este blog. La excepción lo está en la Revista MoonMagazine de la que sabéis que soy colaboradora y que creo que también prepara algo especial para ese día. 
Estas son las novelas:
  1. "La vegetariana" de Han Kang.
  2. "Tú no eres como otras madres" de Angelika Schrobsdorff.
  3. "Americanah" de Chimamanda Ngozi Adichie.
  4. "Los demonios exteriores". David Rubio.
  5. "Alcohol de 99º" de Manu López Marañón.
  6. "Francamente, Frank" de Richard Ford.
  7. "Cuando gritan los muertos" de Paco Gómez Escribano.
  8. "Vida hogareña". Marilynne Robinson.
  9. "Yo te quise más". Ton Spanbauer.
  10. "Lo que nos queda de la muerte". Jordi Ledesma.
No siguen ningún orden especial de preferencia. Las he ido escogiendo un poco al azar y he tenido que ir descartando, cosa que me ha costado, porque ha habido muchas buenas lecturas a lo largo de estos doce meses y dejarlas en tan solo 10 ha sido laborioso. Tan solo he procurado que sean libros relativamente recientes.
Espero que a alguien le pueda servir esta pequeña guía. 


¡¡Feliz día del libro!!


martes, 17 de abril de 2018

"Prudencio Calamidad" Manuel Cerdá.


Después de las reseñas de "Adios, mirlo, adiós, (Bye, bye, blackbird)", en la Revista MoonMagazine, y "El corto tiempo de las cerezas", en Cuéntame una historia, Manuel Cerdá me regaló su siguiente libro, "Prudencio Calamidad", que rompe totalmente con la línea histórica del autor en sus dos anteriores novelas. Y es que Manuel Cerdá es historiador y escritor y, aparte de libros de su especialidad que es la Historia Social y la Arqueología Industrial, también escribe novelas. 
Su primera novela "El viaje", aún no la he leído, pero la tengo para muy pronto. En cuanto termine con lo que tengo entre manos y alguna reseña pendiente. Si en "El corto tiempo de las cerezas" y "Adiós, mirlo, adiós", nos contaba la historia de España y del mundo en los últimos 150 años, en "Prudencio Calamidad" nos traslada a nuestros días para contarnos el cuento de unos seres desfavorecidos por el hada que eligió su lugar en el mundo. Pero esto es un cuento y nuestros personajes, el Johnny, el Tomate y Robin, se van a encontrar un genio en una botella, un genio un poco desastroso, un poco calamidad, pero genio al fin y al cabo... aunque no es un genio, que es un esente, y no me preguntes qué es eso porque tampoco yo lo sé muy bien, pero te recomiendo que leas la reseña completa en la Revista MoonMagazine que es donde está publicada y así sabrás más acerca de esta "novela por momentos, social; por momentos, filosófica; por momentos, negra; bastante cuántica, pero en todo momento, muy divertida".


Una reflexión acerca del mundo en el que vivimos. Una reflexión un tanto disparatada porque disparatado es este mundo y tal vez desde el propio disparate sea la mejor manera de entenderlo.
Quiero dar las gracias a Manuel Cerdá por su amabilidad al hacerme llegar esta novela con la que he aprendido y disfrutado mucho.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...