Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

martes, 21 de febrero de 2017

"Mimoun" Rafael Chirbes.

Hay un hombre en Marruecos. Es escritor. Escribe una novela empezada en Madrid. No sabemos exactamente qué es lo que le ha llevado a Marruecos a terminar su novela. ¿Es Manuel, el protagonista de "Mimoun", Rafael Chirbes? ¿Cuánto tiene esta novela de autobiográfico? Sabemos que Chirbes vivió en Marruecos como profesor de español. Igual que Manuel. ¿Es "Mimoun" la novela que Manuel está escribiendo en Marruecos? ¿Cuánto hay de Rafael en Manuel? No lo sé. Tampoco sé si tiene importancia, aunque me imagino que no, pero no puedo dejar de preguntármelo. Siempre me pasa. Cuando una novela tiene indicios de estar más basada en la realidad de lo que en principio parece, me entra una enorme curiosidad por saber hasta qué punto lo está.
El Marruecos que nos cuenta Chirbes, el Marruecos de Manuel, se aleja mucho del estereotipo literario. No hay doradas dunas al atardecer, ni niños sonrientes por las medinas; no huele a especias y cuero en el zoco, ni hay tiendas llenas de mercancías exóticas en los bazares, ni sentimos el alma solazarse al amanecer ante el canto del almuédano desde el minarete de la mezquita. El Marruecos de Manuel, el Marruecos de Chirbes, es un escenario agobiante, opresivo desde las primeras líneas. Un Marruecos de lluvia pertinaz en que el agua y el viento con su sonido y golpear de ramas torturan la imaginación del protagonista; en que el olor a estiércol enmascara el de las especias y le hace pensar que su decisión de vivir en Marruecos fue precipitada. Fez, la ciudad en la que se encuentra, le produce "una mezcla de fascinación y asco por el olor a orín, excrementos y especias de la decrépita medina, que todavía se me presentaba como un santuario maravilloso, aunque cerrado para el forastero [...] Pensaba todavía que Fez era la ciudad más hermosa del mundo, aunque ya no sabía explicar el porqué".
Tras conseguir trabajo en la Universidad de Fez, decide trasladarse a vivir fuera de la ciudad donde teme ver su excesivo tiempo libre limitado a una relación monótona, circunscrita al estrecho círculo de los profesores de español. Es por ello por lo que se traslada a Mimoun, donde comparte casa con otro español, Francisco, que da clases en el instituto del pueblo y además es escultor. Si Manuel ha llegado al país para escribir una novela, Francisco lo ha hecho para encontrar la tranquilidad y la inspiración para sus esculturas.
El Marruecos que se nos presenta es el lugar misterioso y exótico con el que se sueña; es el paraíso al que retirarse en busca de las musas que no pueden haber elegido mejor escenario para aposentarse. Es la tierra prometida del artista. Pero una vez te atrapa, muestra su verdadera cara. Las musas, si alguna vez lo frecuentaron, salieron corriendo; el escultor, el escritor, va cayendo en "la indolencia marroquí [...] la puta indolencia marroquí. En este país hay un virus del que nadie se libra. Al final, te vuelves moro". Francisco, que lleva más tiempo en Mimoun, se ha resignado. Sabe lo que tiene delante y lo acepta "Me vine aquí para trabajar tranquilo —decía—, y ya lo ves. Ahora sé que nunca volveré a esculpir. Este país te quema".
Medina de Fez
Encerrados de día en la casa el tiempo que su trabajo les deja libre, pasan las noches bebiendo, fumando kif y buscando amantes o prostitutas con los que retirarse, ya avanzada la madrugada, y con la mente y los sentidos lo más embotados posible. 
Manuel camina a lo largo de una senda de autodestrucción en la que cada vez se va enredando más y de la que cada vez parece más difícil que pueda salir. Cuanto más se enfanga en el mundo de las drogas, el sexo y el alcohol, más patente se va haciendo su falta de voluntad que lo lleva a adentrarse más en el alcohol, las drogas y el sexo. 
Manuel camina hacia la más absoluta decepción del país en el que pensaba encontrar su sitio, la decepción que ya ha envuelto a Francisco y que le lleva a decir sin venir a cuento "No soporto más este país [...] Todos. Aquí te engañan todos". La que ha hecho que "desde hacía años, luchaba, en un descabellado mano a mano, contra toda una nación". Pero Francisco, en una esquizofrenia de sentimientos contradictorios, es capaz de reconciliarse con el país, es capaz de volver a ver Marruecos como el país maravillosos que una vez lo cautivó. Entonces se levanta de la cama y siente que está en su sitio, en un país poblado por gentes nobles e ingenuas.
Manuel no tiene esa suerte, o esa desgracia. Manuel cae sin remedio, nada lo ayuda a levantarse. Se hunde cada vez más en el vapor etílico, en el humo del hachís, en las relaciones autodestructivas con hombres que se aprovechan de él o le engañan de manera incomprensible. No escribe porque "después de varios meses en Marruecos, había dejado de pensar que resultaba creíble la historia que me había parecido tan importante contar cuando vivía en Madrid".
Cambia de casa pensando que tal vez así recupere su vida, que tal vez sin el impedimento de Francisco y de su compañía y de sus malos rollos, sin tener necesidad de huir cada noche hacia los bares, pueda recuperar la paz y volver a escribir, pero la nueva casa nunca pierde el terrible sentimiento de provisionalidad que lo embargó desde la primera tarde que pasó a solas en ella; Manuel no se da cuenta de que de quien huye, en cada bar, en cada copa, en cada abrazo y en cada beso, es de sí mismo.
Cada vez se siente más extraño y extrañado. "Allah Akbar! —había gritado el almuédano, y el grito se había quedado temblando largo tiempo en el mar de sombras.
Yo ignoraba aquella lengua, bella y terrible, y no podía confiar en ningún dios. Las palabras del almuédano parecían nombrar objetos que yo nunca había visto, sentimientos que desconocía".
Rafael Chirbes
Intenta sumergirse en el mundo que le rodea, volverse parte de él, tal vez como una reacción a su equivocación, tal vez como un no querer admitir que aquella estancia en la que había puesto tantas esperanzas, lo ha dejado sumido en el más profundo desengaño. Empieza a sentirse, quiere sentirse un poco marroquí, sobre todo frente a los extranjeros. Pero será tarea vana. "Volvieron las pesadillas y aparecieron los primeros insomnios".
Comienza para él el principio del fin. Todo le da la espalda, todo se le vuelve hostil, los amigos, los amantes; se siente vigilado por la policía, algunos amigos desertan por el camino de la muerte, aunque queda la duda de si desertan o son expulsados, algún amante le pasa por delante sus infidelidades. 
Poco a poco, todos los que le han acompañado en su aventura, más bien desventura, marroquí se van borrando, lo dejan solo, se queda solo "Era como si mi vida en Marruecos hubiese sido una obra de teatro y, concluida la representación, los actores se hubieran marchado".
La historia no tiene mucho que ver, pero no he podido evitar que esta novela me recordara "El extranjero". Y no creo que sea porque la novela de Camus esté ambientada en Argelia y la de Chirbes en Marruecos; no creo que sea por la concisión rotunda que sus poco más de cien páginas les confieren a unas historias muy intensas, ya que no extensas.  Puede que sea porque sus personajes se enfrentan solos, cada uno a su manera es cierto, a un mundo que no les acoge, ni les entiende, ni hace con ellos el más mínimo derroche.  Creo que es porque sus protagonistas son extranjeros, extraños en un mundo en el que no encuentran asideros, tal vez extraños de sí mismos. En todo caso, cada uno huye a su manera y no sabemos si el lugar al que llegan será otro desierto para sus sentidos y esperanzas o si lograrán, por fin, encontrar su hueco en el mundo.
Termino con esta maravillosa frase de Chirbes.
"Vivía en Mimoun como si hubiese ido desnudándome de todo, y me quedé a solas con un paisaje que también se iba borrando tras el polvo y el sol hasta no parecer más que el decorado irreal de una pesadilla".

Esta novela entra en el reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990, concretamente, "Mimoun" es de 1988.


sábado, 18 de febrero de 2017

"Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado" Maya Angelou

"¿Acaso no había pensado yo siempre —pero lo que se dice siempre— que la vida era un gran riesgo para los vivos?" Todos lo hemos pensado alguna vez, todos lo tenemos en mente desde algún momento en que la vulnerabilidad de la vida se abre paso a través de nuestro espeluznado conocimiento. Pero para haberlo pensado siempre, lo que se dice siempre, es necesario haber sido negro en el profundo sur de Estados Unidos en las décadas treinta y cuarenta del pasado siglo. 
Marguerite y Bayley son enviados a Stamp, Arkansas, a vivir con su abuela paterna, tras el divorcio de sus padres. Desde entonces vivirán su vida de negros en la "la segregada parte meridional" del país. Allí, desde muy pequeña, sin ser consciente de todo el terrible significado del hecho, Marguerite sueña. Sueña que despierta de un feo sueño negro, y un pelo largo y rubio y unos preciosos ojos azules embellecen su piel blanca. Y eso a pesar de que durante una gran parte de su infancia, no creyó que los blancos fueran reales de verdad y es que "la segregación en Stamps era tan completa, que la mayoría de los niños negros no tenían pero lo que se dice la menor idea sobre el aspecto de los blancos".
En Stamps vivirán con la abuela Annie, una mujer hecha a sí misma que, tras la venta ambulante de comida a los aserradores del almacén de maderas y a los trabajadores de la desmotadora de algodón, mandó construir una tienda en el centro de la zona negra de la que vive desde hace veinticinco años. La situación económica de la familia es, por tanto, mejor que la de muchos otros; de hecho, la abuela "tenía más dinero que todos los pelagatos blancos", es decir, los blancos pobres o blancos que viven como negros, clase muy extendida en la década de los treinta, tras la Depresión, y que aparece mucho en las novelas de William Faulkner. Con ellos vive el tío Willie, inválido desde la niñez y referente masculino en la infancia de los niños.
Maya Angelou escribe en esta novela la primera parte de su autobiografía; desde que los hermanos llegan a Stamps a vivir con la abuela Annie y el tío Willie hasta que tienen dieciséis y diecisiete años y viven ya con su madre en San Francisco. 
Entre tanto, han ido y han venido, y las emociones sentidas y los hechos vividos responden a la dureza de quienes han tenido que luchar por cada pequeño logro conseguido; de quienes han tenido que asumir como normal más horror del que otros pueden siquiera imaginar.
Maya Angelou
Han echado de menos a sus padres y han sentido un abandono que no entienden "¿Por qué nos habían enviado lejos de ellos? ¿Y qué delito habíamos cometido? ¿Qué delito? ¿Por qué, cuando teníamos tres y cuatro años de edad, nos habían puesto marbetes en los brazos para enviarnos solos por tren desde Long Beach (California) hasta Stamps (Arkansas), a cargo exclusivamente de un mozo ferroviario? (Que, para colmo, se apeó en Arizona)"; han envidiado a sus padres que viven en California comiendo cuantas naranjas quieren, aunque Marguerite no puede creer que su madre sea feliz comiendo naranjas sin sus hijos; han pensado que están muertos y por eso no han sabido nada de ellos en varios años, nada hasta aquella Navidad en que ambos mandaron regalos para los niños y, un año después, su padre se presentó en Satmps para llevarlos con él; han vivido con su madre en San Luis, y han vuelto a Stamp y han vuelto a vivir con su madre en San Francisco. Marguerite ha sufrido abusos sexuales y ha recibido el don maravilloso de los libros que la acompañará desde entonces haciendo su vida un poco más luminosa. 
En esta primera parte de su autobiografía Marguerite sufre y se ve sometida a todas las discriminaciones posibles. Hay discriminación en ser niña, en ser menor y, por lo tanto, estar al albur de lo que los mayores decidan. Hay discriminación en ser negra y tener que padecer todas las penalidades inherentes al hecho: el miedo a la noche, a caminar por los caminos solitarios, a equivocarse o simplemente parecerlo, al mal humor de los blancos, porque todo eso "era otro linchamiento, otro negro más colgado de un árbol, otra mujer víctima de una emboscada y violada, un niño negro azotado y mutilado. Eran sabuesos siguiendo la pista a un hombre que corría por ciénagas. Era una mujer blanca abofeteando a su criada por haber olvidado algo". Hay discriminación en ser mujer y estar sometida a los hombres en forma de padre o tío o padrastro o simple amante de la madre. En esta primera parte de su autobiografía Marguerite es una niña negra y con eso tiene todas las papeletas para que el destino se le presente esquivo y poco favorable.
Finalmente Maya conseguirá estudiar en un colegio de blancos, el Instituto George Washington en San Francisco donde "tuve la decepción de no ser la estudiante más brillante ni la casi más brillante siquiera. Los blancos tenían mejor vocabulario que yo y —lo que era más consternador— menos miedo en clase". Los años de estudiante en escuelas exclusivamente para negros habían hecho su labor. No obstante Maya se sentirá a gusto y terminará obteniendo su título de Bachillerato, pero para entonces, nuevas circunstancias en su vida, la llevarán por un camino que nos quedaremos con ganas de conocer, pero para ello, tendremos que leer la segunda parte de sus memorias. O consultar la Wikipedia, porque no deja de ser una persona real con una vida real, pero yo lo leí sin querer saber nada de su biografía y entiendo a quien lo quiera así.
La novela no es muy original. Al fin y al cabo, las vidas reales nunca, o casi nunca, lo son. Las penalidades de los negros en Estados Unidos las hemos visto y leído muchas veces en cine, series y novelas. El estilo es directo y sencillo. Va contando acontecimientos, unos penosos, otros no tanto, algunos alegres. Pero en ningún momento cae en el victimismo, sí en la reivindicación; no se deja llevar por el lamento, sí por la exigencia de justicia. Me ha recordado en su forma de expresarse a la Scout Finch de Harper Lee en "Matar un ruiseñor". Tiene la misma forma de transmitir lo que no entiende, lo que debería ser en lugar de lo que es, con una inocencia rotunda, con un lenguaje sencillo, pero claro, con la seguridad de quien sabe lo que pretende decir y aún no tiene la malicia suficiente para disimularlo. Esa capacidad de escribir con la ingenuidad transparente de la infancia, pero desde la experiencia y el bagaje emocional de la persona adulta, me parece muy difícil y, cuando está tan bien conseguido, me conmueve y me emociona. Por eso, aunque no sea muy original, no puedo dejar de recomendar "Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado".
Maya Angelou murió en 2014 a los 86 años de edad. Aparte de sus siete novelas autobiográficas escribió poesía, ensayo, teatro, guiones de cine y televisión. 
De las siete novelas autobiográficas que escribió, solo esta primera y la segunda se han traducido al español. La segunda, con el título de "Encontraos en mi nombre", la he buscado, pero en todas partes me pone que está descatalogada. La editó Lumen en el año 2000. Si alguien sabe como hacerse con ella, le agradecería que me lo diga. Si no, lo intentaré en la Biblioteca pública.

Esta novela entra además en el reto "Nos gustan los clásicos" por estar publicada antes de 1990, concretamente, "Sé por qué canta el pájaro enjaulado" es de 1969.



miércoles, 15 de febrero de 2017

"Secretos imperfectos" Michael Hjorth & Hans Rosenfeldt

"Por lo general, Sebastian se levantaba en cuanto lo despertaba el mismo sueño de todas las noches, independientemente de la hora que fuera. Pero no siempre. A veces se quedaba en la cama. Cerraba los ojos y sentía que poco a poco remitía el calambre de la mano derecha mientras él se esforzaba por enterrar el sueño en las profundidades de su mente".
Sebastian Bergman es un psicólogo criminalista que colaboraba con la policía haciendo estudios de personalidad de todo tipo de delincuentes, principalmente asesinos. Pero ahora lleva mucho tiempo retirado. Una desgracia personal destrozó su vida hace ya más de cinco años y, desde entonces, un sueño recurrente lo despierta cada noche. Un sueño salido de su subconsciente que pretende solucionar durante la noche "lo que su yo consciente no conseguía resolver durante el día. Superar el sentimiento de culpa".
Desde hace un tiempo afronta el sueño sin medicación y sin alcohol y ha aprendido a vivir con él, pero nuevos problemas vienen a sumarse y harán que el sueño domesticado se vuelva de nuevo algo incómodo y difícil de controlar. Su madre ha muerto recientemente y él viaja a la ciudad en la que creció para hacerse cargo de la casa familiar. Allí tendrá que enfrentarse a sus recuerdos, a las tortuosas relaciones con sus padres que lo han mantenido alejado de ellos por varias décadas. Los enfrentamientos continuos con su padre, la tranquila dignidad de su madre, siempre ajena, siempre fría, "pero nunca de su parte". Ahora quiere regresar, vender la casa lo antes posible, volver a Estocolmo y alejarse de allí para siempre, de su ciudad, de Västerås.
Pero no será tan fácil porque en Västerås se encuentra un antiguo amigo y colega de Sebastian, Torkel Höglund, responsable nacional de la Unidad de Homicidios, llegado al lugar para investigar la muerte de un joven.
Roger Eriksson, de dieciséis años, salió de casa de su novia Lisa un viernes hacia las diez de la noche y nadie volvió a verlo. Al menos con vida. Todos los errores posibles se cometen en las primeras horas de la investigación. El caso, denunciado el sábado hacia las tres de la tarde por la madre del joven, "se había quedado acumulando polvo sobre una mesa hasta el domingo, cuando una patrulla recibió la orden de investigar". Pero no es hasta el lunes hacia la hora de comer, cuando el caso llega a manos de Thomas Haraldsson. Y en peores manos no podía haber ido a parar porque Haraldsson está convencido de que el joven está corriéndose una juerga en Estocolmo y cuando aparece el cadáver se encuentra ausente por lo que el hallazgo lo realiza un grupo de boy scouts que andaba de acampada por la zona. Ante tal cúmulo de conductas erráticas e ineptitudes manifiestas, Kerstin Hanser, jefa de la policía de Västerås, decide llamar a la Unidad de Homicidios con cuyo responsable, Torkel Höglund, coincidió años atrás en un curso de formación.
Sebastian Bergman está alejado de su trabajo y de los casos criminales desde que su vida se transformó en la pesadilla a la que se enfrenta cada noche, pero ahora ve la oportunidad de utilizar  los medios que la policía puede poner a su alcance para hacerse con una dirección que puede ser muy importante para él. Entre los objetos personales de su madre ha encontrado unas cartas. Alguien podría ayudarle a recuperar una parte de su vida, un leve simulacro, al menos, de lo que un día fue su vida, y no está dispuesto a dejar pasar la oportunidad. 
Aprovechando su amistad con Torkel, se hace agregar al equipo investigador con la mera intención de conseguir, en los archivos policiales, la dirección que necesita tras haber fracasado por otros medios. Lo que Sebastian no sabe es que la investigación del caso lo llevará a revivir parte de ese pasado que quiere olvidar. La hipocresía que hace que la buena reputación esté por encima de cualquier otra cosa y sirva de excusa para tapar delitos y ocultar todo tipo de vergüenzas. El colegio que fundó su padre y en el que él mismo estudió, sigue siendo el escondite perfecto para todo tipo de conductas reprobables que serán silenciadas para mantener intacto el prestigio de la institución.
De izquierda a derecha, Hans Rosenfeldt y Michael Hjorth
Sebastian no es un buen tipo, pero no es un hipócrita. No duda en utilizar todo lo que está en sus manos para conseguir sus fines; a la policía o a las mujeres, pero lo sabe y no se engaña al respecto. Es un adicto al sexo con el que intenta conjurar su sueño para imaginar que existe un atisbo de normalidad en su torturada vida. Cada noche necesita dormir con una mujer a la que, indefectiblemente, dejará abandonada a su suerte, más o menos aceptada, en cuanto empiece a clarear. 
En un momento concreto, en el centro de formación del FBI en Quantico, comprendió que su "comportamiento se parecía mucho a la forma de actuar de los asesinos en serie", lo cual no resultó un consuelo para él; solo una explicación a su adicción que, como psicólogo, le puede satisfacer en su curiosidad. Afortunadamente, las consecuencias eran muy diferentes. Él no dejaba cadáveres tras de sí, tan solo mujeres desilusionadas, frustradas, burladas una vez más en su afán por encontrar el cariño del que tan necesitadas estaban. Desgraciadamente, las causas eran las mismas. "Una infancia difícil con poca empatía y cariño, un gran déficit de autoestima y una enorme necesidad de parecer fuerte. Y el incesante ciclo que pasaba por la fantasía, la ejecución y la angustia, como una rueda que nunca dejaba de girar. El individuo necesitaba reafirmarse y concebía fantasías de control, que en su caso eran sexuales y en el caso del asesino en serie guardaban relación con la vida y la muerte de sus semejantes".
Un personaje, en definitiva, muy poco convencional para protagonista de una serie. No obstante, no importan sus motivaciones para sumarse al caso y su investigación. Rápidamente le acabará atrapando y será a él a quien se deba su resolución.
Nosotros desde el primer momento vemos al asesino arrastrar el cuerpo sin vida de Roger. Aunque quizás no es el asesino. Al fin y al cabo, nos lo han presentado como el hombre que no es un asesino "El hombre no era un asesino.
Se lo iba repitiendo mientras arrastraba al chico muerto cuesta abajo:
—No soy ningún asesino.
Los asesinos son criminales. Son mala gente. Las tinieblas les han devorado el alma y ellos, por diferentes razones, han abrazado la oscuridad y la han hecho suya, de espaldas a la luz. Él no era malo". Hasta la Biblia permite matar en ciertos casos excepcionales, por causas justas, a gente mala que lo merece. Varias veces a lo largo de la novela, nos encontraremos con este hombre que no es un asesino e iremos sabiendo algunas cosas sobre sus pensamientos y motivaciones. 
Una novela en la que se mezcla la resolución del caso, con la situación del resto de las personas implicadas pues, más allá de la vida de Sebastian, asistiremos a las vidas, relaciones, miedos y todo tipo de problemas de las personas que forman parte del caso: familiares, amigos, profesores y compañeros del muerto; miembros de la policía de Västerås; los componentes de la Unidad de Homicidios venida de Estocolmo; el hombre que no es un asesino.
La novela está escrita por dos autores procedentes del mundo de la televisión. Michael Hjorth y Hans Rosenfeldt, son guionistas de series muy célebres. El primero escribió guiones para una serie sobre Kurt Wallander, el famoso detective de Henning Mankell. El segundo es el creador y guionista de la serie escandinava "El puente" y coguionista de la británica "Marcella"
Se han traducido al español las dos entregas siguientes de Sebastian Bergman, "Crímenes duplicados" y "Muertos prescindibles". Su lectura no se hará esperar mucho. La situación de Sebastian requiere saber más acerca de su devenir que se interrumpe con un giro sorprendente al final de "Secretos imperfectos". Tras estas, aún quedan dos novelas por traducir, aunque visto el éxito de las anteriores, no creo que tarden mucho en serlo. Estaré esperando. 


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