Cuentame una historia

Aquí todo son historias, algunas reales, pero casi todas imaginarias porque la realidad resulta demasiado increíble.

miércoles, 29 de abril de 2015

"Siempre Alice" Richard Glatzer y Wash Westmoreland


Todo lo que me había llegado de esta película antes de verla eran elogios. Quizás fue por eso, por exceso de expectativas, por lo que me decepcionó profundamente.
El argumento es por todos sabido. Alice Howland es una lingüista famosa, profesora en la Universidad de Columbia, con libros publicados y fama internacional. A sus cincuenta años es diagnosticada de una variedad de Alzheimer poco frecuente (es precoz y hereditaria) y comienza su declive mientras se va perdiendo entre las sombras de la enfermedad. 
Quizás no haya muchas cosas nuevas que decir sobre el Alzheimer. Es posible que todas se hayan dicho ya en el cine (yo lo dudo mucho) y, de hecho, esta película no aporta nada nuevo al tema que trata. Pero es que tampoco lo aporta en la manera de tratarlo; el guión es muy poco original, por no decir vulgar y nos encontramos con una historia, más que lineal, plana. 
Se nos muestra una situación familiar previsible hasta la náusea: hija rebelde que se ha ido a Los Ángeles a vivir del teatro en lugar de ir a la Universidad como quería su madre
(y lo pesada que se puede poner la mamá con el tema, sobrepasa todo lo razonable en un guión); otra hija formal, felizmente casada, pero con tratamiento de fertilidad  (suerte porque ha heredado la enfermedad de Alice y así puede elegir los embriones sanos para el implante (la probabilidad de herencia es del 50%); otro hijo, neurólogo, que no ha heredado la enfermedad y del que poco más se sabe; el marido, también neurólogo, tiene un comportamiento inmejorable, trabajador, fiel, nunca pierde los nervios ni la paciencia y está siempre donde debe estar... hasta que le ofrecen un puesto irrenunciable en la Clínica Mayo de Minnesota, al que lógicamente, como es irrenunciable, no puede renunciar. Es entonces cuando la hija rebelde lo deja todo y vuelve a casa para cuidar de su madre. Pero esa renuncia a todo lo que es su vida y ha defendido con entusiasmo hasta entonces, no le causa ningún trastorno, ninguna contradicción, ningún resentimiento. Lo hace tan feliz que me temo que, de durar la película un poco más, la veríamos en la universidad. 
Una película que responde al cien por cien a lo políticamente correcto. Una película en la que, al igual que en la hija rebelde, no hay contradicciones, ningún personaje se rebela contra el papel que le ha tocado, todos hacen lo que deben hacer y si alguien no lo hace, es porque tiene razones incuestionables para ello.
Ni siquiera nos deja el consuelo de que a Alice le salga bien el suicidio que ha planeado con antelación para cuando ya no haya nada por lo que seguir aguantando; hasta esa liberación se le niega (se nos niega) y tenemos que asistir a su decadencia y acompañarla en su predecible eclipse.
Y sin embargo, a pesar de todo lo dicho, no me arrepiento de haberla visto y se la recomendaría a cualquiera y es que hay algo que salva a la película de ser un producto vulgar y ese algo es la insuperable actuación de Julianne Moore. Es el hada madrina que ha tocado a la película con la varita mágica de su sublime interpretación. Sus gestos lo dicen todo: la inicial confusión ante los detalles olvidados se refleja en su leve frunce del entrecejo, en su casi imperceptible mirada de alarma; la angustia al saberse ya enferma es combatida con optimismo, con actividad, pero se manifiesta en el terror de sus ojos cuando es incapaz de recordar una receta, cuando confunde a su hija con su hermana, cuando se enfrenta a la clase sin tener ni idea de lo que hace allí. 
Julianne Moore obtuvo el Óscar a la mejor interpretación femenina (el único al que aspiraba la película) y lo extraño es que sea el primer Óscar que obtiene porque es una de las mejores actrices (no quiero exagerar diciendo que es la mejor) que se mueven por las pantallas del cine americano.
La conocí (fui consciente de ella, porque ya la había visto alguna que otra vez) en 1994, en una película encantadora: "Vania en la calle 42", acerca de una compañía de teatro que está montando "Tio Vania" de Chejov en un teatro de Broadway. Me dejó encandilada y, desde entonces, su aparición en cualquier película, es para mi una garantía. La he visto un montón de veces, pero sobresalen en mi memoria tres películas que, además de ser muy buenas, cuentan con interpretaciones verdaderamente notables de esta actriz: 
"Lejos del cielo" de Todd Haynes, "El fin del romance" de Neil Jordan y, sobre todo, "Las horas" de Stephen Daldry. Tres películas, tres historias, tres personajes y una sola actriz aportando su parte de culpa en la incuestionable calidad de las tres.
Una actriz capaz de salvar de la mediocridad esta película que nos ocupa y conseguir, si no convertirla en buena (eso requeriría un milagro), sí hacer que merezca la pena verla.
Por muchos años, Julianne.

domingo, 26 de abril de 2015

"Nightcrawler" Dan Gilroy

La ciudad de Los Ángeles ha dado para una infinidad de relatos, en papel y en celuloide; relatos, casi todos negros (cine negro, novela negra, novela negra llevada al cine) y es que Los Ángeles es una ciudad que no descansa ni de día ni de noche y esta película es la noche y la noche de Los Ángeles está poblada de una gran variedad de personajes que viven en las sombras y para las sombras; que se alimentan de la oscuridad o le prestan sus servicios: delincuentes de todo tipo, policías, personal sanitario en ambulancias veloces, bomberos, periodistas... y algún que otro buscavidas.
Lou Bloom es uno de esos buscavidas que recorren la noche robando cables, tapas de alcantarilla y cualquier cosa susceptible de ser vendida por unos dólares. Pero una noche descubre que hay quien se gana la vida, y bastante bien además, filmando desgracias ajenas para que los buenos ciudadanos amenicen el desayuno con una pizca de morbo aliñado con sangre; cuanta más, mejor; cuanto más cerca, mejor. 
Nuestro hombre empeña una bicicleta a cambio de una cámara y una radio con la que sintoniza la frecuencia de la policía y, a partir de entonces, sus noches cambian y se lanza a la aventura del periodista freelance, de un nightcrawler a la caza de la noticia más truculenta de la truculenta noche de Los Ángeles. Ya no tiene que jugarse el tipo cortando alambradas con la cizalla. Ahora le basta con enterarse y llegar antes que los demás a los accidentes con heridos o muertos, a los asesinatos, incendios, tiroteos y apuñalamientos.
Tiene la suerte de empezar vendiendo bien sus grabaciones a una emisora local de medio pelo y, poco a poco, va prosperando. Contrata a un ayudante, compra mejor material... y nos va desvelando su verdadera personalidad.
Tras la apariencia de una persona de firmes convicciones y afán de trabajo y superación; con las cosas muy claras (acaba de llegar y ya quiere ser el dueño de la cadena de televisión); tras una vida sobria, en un pequeño apartamento en el que plancha mientras contempla un viejo televisor; tras la imagen de un hombre normal, trabajador pero con mala suerte, se esconde un psicópata. Un psicópata que se nos va manifestando poco a poco a medida que va teniendo éxito y colocando mejor sus historias; capaz de modificar la escena de un crimen para que resulte más atractiva (más siniestra), más fotogénica; capaz de seguir filmando sin que se le mueva uno solo de sus grasientos pelos mientras, en el suelo, un herido gime y, tal ves está a punto de morir; capaz de todo para quitarse de encima a un colega que le hace la competencia... Un verdadero sociópata, carente de empatía, que explota y estafa a su ayudante al que es capaz de sacrificar por obtener una buena escena. 
Y lo más terrorífico de todo es que, cuanto más desquiciado y demente se nos manifiesta, más éxito va teniendo. Lo inquietante es que no nos encontramos, como de costumbre en cine y novela, ante un psicópata al que se persigue y se acaba apresando, sino ante un hombre que descubre un trabajo duro, pero bien remunerado (siempre que se consiga colocar bien el producto), y que va triunfando a medida que se va mostrando más despiadado, más inhumano, más cruel.
De su escasa salud mental, da muestra un detalle que llama la atención y sobre el que se insiste en varias ocasiones: cada vez le va mejor y, lógicamente, gana más dinero, pero sigue en su pequeño apartamento desportillado, planchando camisas, mientras contempla el mismo viejo televisor. Todo lo invierte en el trabajo (ayudante, cámaras, coche veloz, una radio más potente...) y uno se pregunta para qué, si su vida no ha cambiado ni un ápice desde que vendía cable robado.
Al final, ha triunfado de manera absoluta. Tiene varias camionetas y se dispone a contratar a un equipo de becarios (y, como becarios, se dispone a explotarlos y, si se da el caso, sacrificarlos). Sus últimas palabras en la película son para ellos: "... no os exigiré nada que yo mismo no esté dispuesto a hacer". Y eso es algo preocupante porque de lo que él está dispuesto a hacer ya hemos tenido noticia y es, cuando menos, estremecedor. 
Ya ha dejado claro que su trabajo se basa en un lema: "Si me ves, tienes el peor día de tu vida" y es que puedes estar muerto o agonizando, pero Lou Bloom se limitará a registrar tu dolor a través del objetivo de su cámara y, si para su objetivo es pertinente, puede que incremente tu dolor o acelere tu muerte. Mejor que no le veas.    
"Nightcrawler" es una sensacional película, más sensacional aún si tenemos en cuenta que es el primer trabajo de su director, Dan Gilroy. Es una crítica dura y descarnada del sensacionalismo en los medios de comunicación; del hecho de que la noticia sea lo primero, por encima de los acontecimientos reales, de las víctimas e incluso de los espectadores.
Pero además es una crítica de la sociedad americana y de toda la sociedad del maravilloso hemisferio occidental en el que la opulencia convive con bolsas de pobreza y de delincuencia difíciles de digerir; tan difíciles de digerir como las noticias y los tipos de programas que cada vez abundan más en nuestros televisores; programas en los que la vida y la muerte de unos se convierten en el espectáculo cotidiano que ameniza los ratos de ocio de otros.
Lou Bloom está interpretado por Jake Gyllenhaal, aquel joven con cara de niño bueno que nos emocionó en "Brokeback Mountain" con su amor incondicional y prohibido por un vaquero casado y con hijos; el periodista
Jake Gyllenhaal
serio y concienzudo que persigue al Asesino del Zodiaco en "Zodiac", es ahora el nightcrawler psicópata que, incluso en sus momentos de mayor lucidez aparente, tiene un brillo siniestro en los ojos que muestra un gran trabajo de actuación porque muchas cosas se pueden deber a maquillaje y caracterización, pero la expresión de unos ojos que te miran con un punto de demencia; la mirada un poco más fija de lo correcto, sostenida unos segundos más de lo aconsejable, solo es trabajo de interpretación, de una interpretación impecable, de la interpretación de un actor consumado.
Rene Russo
Le acompaña Rene Russo, que interpreta a Nina, la directora del programa al que vende sus grabaciones; una mujer que mantiene su programa a base de esas noticias morbosas que Lou y otros como él (pero él sobre todo, a partir de un determinado momento) le proporcionan; una mujer que no conserva sus empleos más allá de dos años... que están a punto de cumplirse. Lou le propone una relación sexual con la amenaza de que si no acepta, dejará de venderle sus exclusivas con lo que se quedará sin trabajo porque  "...tienes el informativo de la hora de los vampiros de la cadena de televisión menos vista de los Ángeles". Un personaje que le va muy bien a una Rene Russo que se nos muestra con un punto de ordinariez, más maquillaje de la cuenta y con un atisbo de fracaso en la mirada. Ella no es una psicópata, ella sólo quiere mantener su trabajo aunque para ello, cada madrugada, tenga que inundar de sangre las pantallas de los americanos.
"Nightcrawler" estaba nominada a mejor guión original: Se lo llevó "Birdman". Lástima que no haya un Óscar que reconozca la labor del mejor Director novel o de la mejor Ópera prima porque no se hubiera encontrado mejor película para concedérselo.







viernes, 24 de abril de 2015

Seamos seguidores


Seamos seguidores

En esta entrada vengo a proponeros una entrada para ganar seguidores.
La idea es de Esthervampire, en cuyo blog "El lado oscuro", la he encontrado. La idea es ayudarse entre bloggers. Es muy fácil. Consiste en que vosotros sigáis mi blog y me dejéis un comentario en esta entrada con el link de vuestro blog para que yo también pueda seguiros. Además podéis llevar la imagen de arriba y esta explicación a vuestro blog para que otros bloggers os sigan y vosotros a ellos cuando os hagan un comentario.
No tenéis que enlazar nada ni nombrar ningún blog. Solo es publicar y seguir a quienes os hagan comentario que también os seguirán a vosotros. Es como una cadena. 
A ver si así aumentamos nuestros seguidores. 

Feliz día del libro 2015

Es el primer día del libro que vive este blog y quiero hacer un pequeño homenaje. 
A continuación enumero los libros leídos desde el 23 de Abril del pasado año. Los que están en negrita son altamente recomendables, los que están en cursiva, prescindibles y el resto, se pueden leer o dejar; depende de cada uno y sus gustos.
Aquellos libros de los que hay reseña en mi blog aparecen con el enlace.
Muchos de los libros que aparecen son de novela negra y policíaca: la mayoría no están ni como recomendables (a no ser que me hayan parecido muy especiales), ni como prescindibles. Creo que eso depende de lo que a cada uno le guste ese tipo de literatura. Yo soy muy aficionada a ella.
Como veis, en el blog hablo de pocos libros en relación a los que leo. No suelo hablar de novela negra (a no ser como decía que me haya impresionado favorablemente). Sólo hablo de libros que me han parecido especiales y esos, por desgracia, no son tantos. A veces hago alguna crítica negativa, pero no es lo más normal. Prefiero callar.
Espero que saquéis alguna idea, que la lista os sirva de algo y que el año que viene sea más larga y con mejores libros.
Entre tanto:

   ¡¡¡Feliz día del libro a todos!!!




M





lunes, 20 de abril de 2015

Un anuncio



Esta entrada es un anuncio. A partir de ahora, recibiré cada mes con el primer párrafo o la primera frase de algún libro. Creo que hay comienzos que valen por sí mismos toda una novela y quiero hacerles un homenaje.
¿Cuantas veces habéis leído ese párrafo tres, cuatro, cinco... cien veces y siempre os pone los pelos de punta (os para los vellos) y una lágrima al borde del precipicio? A mi me ha pasado infinidad de veces (seré incapaz de recordar la mayoría) y por eso quiero deleitaros recordando y compartiendo cada mes uno de esos párrafos tocados por el dedo de todas las musas.
Algunos serán muy conocidos; otros, puede que no tanto y puede que alguno sea incluso desconocido. 
Espero que os guste y espero publicarlo el día uno de cada mes, aunque con las dos neuronas que me quedan, que casi siempre están en paralelo, puede que sea el dos o el tres, pero será. Eso seguro.
Ah! y una cosa os prometo: no acudiré a páginas web de esas del estilo "Los cien mejores comienzos...". Todo lo que ponga habrá salido de una emoción propia, de una experiencia vivida, de una novela maravillosamente disfrutada. Y cuando no recuerde más, repasaré mi biblioteca (en papel o digital), buscaré entre mis libros, los deshojaré y me desojaré, pero jamás (por mi honor), jamás consultaré páginas de esas para cultura enlatada de poner y quitar.
Esperadme en Mayo. Está al caer y ya tengo la frase de la novela inaugural.


lunes, 13 de abril de 2015

Premio Dardos

He sido nominada para este premio por Kirke del blog "Leer, el remedio del alma". Me hace muchísima ilusión porque apenas hace seis meses que empecé el blog y esta es una más de las muchas alegrías que me ha dado.
Muchísimas gracias, Kirke. Me encanta que me leas y me encanta servir de pequeña guía para lecturas. A mi también me vienen muy bien tu blog y muchos otros.
Siguiendo las normas del premio, voy a nominar 10 blogs, aunque podrían ser más. 
Nuevos escenarios
Un libro al día
Palabras de ida y vuelta 
Las lecturas de Mr. Davidmore
Mis detectives favoritos
La leeteca
Subtítulos de una sonrisa
Libros y Literatura
Érase una vez
Las lecturas de Guillermo

Para obtener el premio los nominados deben:
  • colocar la imagen del premio en su blog,
  • mencionar a quién le ha nominado, 
  • nominar a su vez otros diez blogs con los enlaces respectivos,
  • comunicar a sus propietarios la nominación.

Me parece una iniciativa muy positiva pues contribuye a darnos a conocer unos a otros. Yo he descubierto varios blogs interesantes gracias a este premio.
Un saludo, enhorabuena y gracias a todos por este esfuerzo que realizamos por amor a la literatura.

domingo, 12 de abril de 2015

Londres. Abril 2015

Conozco gente a la que le gusta más Londres que París. Ya sé que los gustos son algo subjetivo sobre lo que jamás se debería discutir, pero aun sabiéndolo me cuesta mucho entender a esas personas.
Nunca tuve que reinventar Londres porque nunca lo había inventado. Las novelas y películas ambientadas en la ciudad (y no han sido pocas las que han pasado por mis manos y ojos) nunca me dejaron un especial sentimiento por ella y cuando la conocí, en el verano de 2006, mis impresiones se vieron confirmadas: una ciudad enorme; con un cierto encanto en ciertas calles tranquilas, rodeadas de casas victorianas; la City con sus torres de metal y vidrio y su impresionante edificio de Norman Foster, "el pepinillo", conviviendo con casas de varios siglos; el Big Ben y las casas del Parlamento, con su exceso de turistas y su enorme belleza perdida o ajada de tanta foto, tanta postal, tanta vistas; Piccadilly Circus, tan similar a Times Square... pero tan distinto. 

Tal vez eché de menos la niebla que rodeaba los crímenes de Jack el Destripador, pero desde que supe que ahora la llaman smog reductor, toda referencia literaria a la niebla londinense se me había ido al carajo y como nunca fui muy aficionada a Sherlock Holmes, ni siquiera su casa museo en el 221b de Baker Street, me produjo especial emoción.
Pensé que una visita era suficiente y que no volvería sin una razón específica.
Y esa razón surgió tres años y medio después. En diciembre de 2009, Iñaki fue invitado a presentar el documental "La escuela fusilada" en el Instituto Cervantes y decidí acompañarle. Invierno, frío, lluvia. A las cuatro y media de la tarde era de noche, pero noche cerrada. Mis impresiones se vieron, de nuevo, confirmadas: una vez conocido, no da para volver. Pero no sé que dejó Londres en mi corazoncito en este segundo viaje que, ya en casa, tiempo después, lo recordaba con nostalgia. Algo me había arañado el alma y me atraía desde allí de manera poderosa. Tal vez el ambiente navideño que se respiraba en toda la ciudad; la iluminación de Carnaby Street que descubrimos
Carnaby Street en la Navidad
de 2009
al volver una esquina y que llenaba de vida tan encantadora calle; el mercado de Covent Garden abarrotado de gente que realizaba sus compras navideñas en una fría tarde, bajo un gigantesco árbol de navidad. 

No sé que fue, pero desde entonces, tenía ganas de volver y estas vacaciones de Semana Santa lo hemos hecho. He descubierto que soy muy sensible a la Navidad y que, efectivamente, Londres es una ciudad agradable, con esquinas muy bellas, muy recomendable para quien no la conozca, pero no es una ciudad de esas cuyos rincones añoras y a las que siempre estás pensando en volver. Evidentemente, no es París. 
Ahora sí, creo que, posiblemente, esta puede haber sido mi última visita a la ciudad. Tal vez no vuelva porque me quedan más lugares por conocer y más sitios por revisitar que tiempo para hacerlo. 
Tal vez no vuelva, pero hay algo que siempre le tendré que agradecer a Londres porque en esa ciudad me llevé una de las mejores sorpresas de mi vida.
Yo siempre olvido donde se encuentran expuestas la mayoría de las obras de arte y, si bien conozco muchas de ellas por mis escasos e incompletos estudios de Historia, no sé en qué museos se encuentran la mayoría de ellas. Esto no dice mucho en favor de mi cultura y nunca podré presumir de ser experta en arte, pero me ha permitido llevarme muy gratas sorpresas. ¿Cómo describir lo que sentí al encontrarme delante del mismísimo busto de Nefertiti en el Neues Museum de Berlín o ante la Puerta de Ishtar en el Museo de Pérgamo, también en Berlín? Pues con todo y que fue mucha, nada comparable a la emoción que me dejó sin habla y con tembleque de piernas cuando la primera vez 
que visité la National Gallery, me vi, en una sala pequeña, solitaria y cerca ya de la hora de cierre, ante el "Matrimonio Arnolfini" en todo su esplendor. No sé qué tiene para mi ese cuadro, ni por qué lo tiene, ni desde cuando lo tiene, pero me recuerdo desde muy joven admirándolo sin reservas. Cada uno de sus centímetros cuadrados es una obra de arte sin concesiones: la lámpara, la alfombra, las figuras y la escena que componen y esa sonrisa enigmática de la mujer (eso es un enigma y no el de la Gioconda); la luz que entra por la ventana y las zonas que deja en sombra; el perro, los zuecos y la persiana a medio subir o a medio bajar; el espejo donde se refleja todo el resto, incluso lo que no aparece en el cuadro, y que tiene alrededor diez escenas de la Pasión que miden poco más de un centímetro cada una y son de una minuciosidad inquietante. En fin, dejo el comentario para los críticos. La National Gallery es uno de los museos que más veces he visitado y todo se debe a este cuadro. Esta vez, me perdí. Di un montón de vueltas y no lo encontraba. Pensé que tendría que preguntar, pero de pronto, ahí estaban; los Arnolfini me esperaban como siempre. No habían perdido un ápice de su belleza. Estuve largo rato mirando la obra y me di cuenta de que me transmite paz; me transmite la sensación de que la belleza existe y puede ser creada por el ser humano; el convencimiento de que mientras el cuadro siga colgado en esa pared, las cosas están bien, todo está en su sitio y siempre sabré donde encontrarlos y amarlos de nuevo. Aunque claro, para eso tendré que volver a Londres.

En el siguiente enlace se puede ver una muestra fotográfica del viaje. https://goo.gl/photos/BDsuAQfcwDbipA6v9

viernes, 3 de abril de 2015

"Callejón de Dolores" de Francisco Pérez Antón

Ciudad de Guatemala, 28 de septiembre de 1929. Son las 6:45 de la mañana y el inspector Villagrés, "... verbigracia de la honradez policiaca, filósofo del bien y el mal, admirador de Carlos Gardel y adicto a las películas de Fu Manchú", tras quedarse traspuesto y tener un sueño de cuatro cadáveres, sigue repasando informes (crímenes pasionales, narcotraficantes chinos de la mafia de Shangai, bandas de timadores llegadas de Mexico DF) y es en ese momento cuando se recibe la denuncia de una reyerta en el establecimiento de madame Dorothée, "Entre jazmines", a la que acude presuroso pues nunca ha tenido la oportunidad de conocer por dentro el burdel más reputado de la ciudad.

El doctor Flavio Salceda se encuentra en casa de "... don Lorenzo Henríquez, prócer del liberalismo y ex tribuno de la Asamblea Nacional" para un reconocimiento rutinario del insomnio, la fiebre y el deterioro general que el tabaco ha originado en la salud del prohombre.
"Bruce McCallister, encargado de negocios de Estados Unidos en Guatemala" se encuentra en su despacho del consulado.
Ciriaco Arroche, alias Divino Rostro y Florinda Solano, aprovechan esa hora del amanecer para "una ardorosa batalla cuyo desenlace debería ser la ansiada metástasis carnal". A otra hora, podría estar presente el abogado Cabañas, amante oficial de Florinda.
Así se encuentran algunos de los personajes de la novela cuando un petardeo de motor inquietante, seguido de un silencio aún más inquietante, les sorprende, y un avión se precipita sobre ellos, más cerca de unos que de otros, para acabar impactando en medio del Callejón de Dolores, entre el consulado de Estados Unidos y la residencia del Cónsul de Méjico; en una casa abandonada situada entre la del Doctor Salceda y la de Florinda.
Así arranca este delicioso libro escrito por Francisco Pérez de Antón, un escritor nacido en Asturias en 1940, pero con domicilio en Guatemala desde 1963. Será por eso por lo que su novela es eminentemente latinomericana y nos deja en los labios y en la imaginación un regusto a terremotos y volcanes; sacos de café aguardando a que los precios suban; huracanes que ensopan los fangos del suelo, arruinan las cosechas y arrancan los mangles de sus lechos salobres; policías y funcionarios corruptos porque si no, se mueren de hambre; políticos corruptos porque sí; caos y anarquía, inteligencia e improvisación, geniales dotes deductivas. En fin, lo puramente español, pero con sabor a melcocha, dulce de leche, y colochos de guayaba. 
Francisco Pérez Antón

Corre además el emblemático año de 1929, falta menos de un mes para que en Nueva York la bolsa se desplome, a Delfina Georgiou los arcanos mayores y menores de las cartas del tarot se le vuelven en contra, en Guatemala preside Lázaro Chacón y gobierna la United Fruit Company.
Y un avión cae del cielo para enredar la existencia de todos estos personajes, llevando a unos la suerte, a otros la desgracia y a todos, cambios insoslayables que pondrán su vida del revés o meramente acabarán con ella.
McCallister le ha desaparecido Nunzio Regonese porque lo vieron subir al avión, pero ni está entre los tres cadáveres, ni es el superviviente que permanece en coma en el hospital. Y también le falta el maletín de aluminio que Regonese llevaba por todo equipaje. Y sufre las perentorias presiones del BOI (más tarde, el FBI), para que encuentre a ambos.
Al Dr. Salceda le ha saltado a las manos un sobre con billetes que le puede ayudar a pasar la mala racha de los sacos de café esperando a que suban los precios, y es que el doctor, además de uno de los médicos con más prestigio del país, es cafetalero.
La policía busca los cinco sobres con mil pesos oro cada uno que el piloto, Chinto Rodríguez, llevaba para pagar los sueldos del ejército y otros gastos... o eso dicen.
A Bonifacio Villagrés le falta un  muerto porque él vio cuatro cadáveres en su ensoñación, y solo tienen tres, pero han aparecido rastros de sangre en el patio de la casa sobre la que cayó el avión y un sombrero y, finalmente, un maletín lleno de comida china del que ni siquiera la policía quiere hacerse cargo, pero Villagrés sabe que el maletín, el sombrero y su cuarto cadáver están relacionados, sobre todo cuando descubre que la comida china vale unos veinte mil pesos oro y es china, pero no es comida y puede quedarse con ella porque nadie le ha dado importancia y...
Y en Nueva York, Lucky Luciano y Meyer Lansky están a la espera de ver si es factible el negocio de traer drogas heroicas desde China pasando por Guatemala donde se camuflarían entre bananos y café. Para ello han puesto en marcha una operación de prueba cuyos resultados esperan con impaciencia y es que se rumorea que el Gobierno va a levantar la Prohibición sobre el alcohol y su floreciente negocio se va a pique y hay que buscar sustitutos cuanto antes.
Y en estas complicaciones andaba la historia cuando, definitivamente, la bolsa en Wall Street se desploma y el volcán Santa María erupciona destruyendo vidas y sacos de café y a algún cafetalero le queda el consuelo de que no tiene que pagar su deuda con el Banco, porque el Banco se ha arruinado y no se sabe donde para. 
Pero entre medias, asesinos despiadados van dejando un reguero de cadáveres señalando cual piedrecillas de Pulgarcito el sendero que se supone que ha seguido lo que perdieron y van buscando (maletines, sobres, cadáveres); personas honradas que se han topado con lo que no esperaban, lo usan para salvar vidas o ayudar a los amigos y un policía que acude al cónsul americano ofreciéndole su colaboración, ante el dinero que éste le ofrece, manifiesta que sólo quiere un traje hecho a medida y lecciones sobre los modales que debe tener un caballero, con lo que el cónsul se queda pensando que "si hay algo más bochornoso que pedir mordida es ofrecerla y que te la rechacen". Y es que Bonifacio Villagrés es de una honradez acrisolada, de una honradez que no se merecen ni sus jefes en la policía, ni los políticos que gobiernan el país.  
Y poco a poco, las vidas que se fueron enredando, se van a ir desenredando; las cosas vuelven a su sitio, no al que tenían al principio, sino al que, en justicia, les corresponde y no importa saltarse las leyes, las sentencias de los jueces o la intervención de la policía porque la corrupción está donde menos se la espera y como ya ha observado Villagrés "en ocasiones, la única manera de acercarse en Guatemala a la justicia, es alejarse de los jueces". 
Chinto Rodríguez, el
piloto del avión.
En Guatemala, muerto Chacón y tras meses de inestabilidad, sube a la presidencia Jorge Ubico, que terminó convirtiéndose en un dictador y como todos los dictadores, puso orden en el país y nuestro cónsul McCallister cree que morirá sin poder "dilucidar qué habría hecho, en el caso de haber tenido el poder para hacerlo: si permitir que el desorden continuara o anteponer el orden a la libertad y la justicia, como al cabo dispuso hacer Ubico" porque si hay un término medio, él ignora donde se encuentra y de lo que está convencido es de que "la política del mal menor, por lo común, solo conduce a males mayores". Y si una no tuviera muy claras las cosas en lo que a dictaduras se refiere, estaría tentada de creerle ante el razonamiento incontestable de que "mal menor fue la Prohibición y los bienes que trajo consigo fueron el contrabando, la corrupción y el crimen organizado".
Y aunque en el mundo de 1930 los totalitarismos crecen por todas partes y el mundo se dirige hacia algunos de los episodios más deleznables de su historia, Bonifacio Villagrés y Flavio Salceda han conseguido instaurar su propia parcelita de Justicia, puede que no muy legal, no muy ortodoxa, pero Justicia al fin y al cabo.
Lo más curioso: esta historia disparatada y trepidante está basada en un hecho real y es que lo de ser verosímil se lo dejamos a la ficción, la realidad no necesita verosimilitud. Le basta con ser real.






"Selma" Ava DuVernay

Selma es una ciudad de unos veinte mil habitantes, ubicada en el estado de Alabama, en el profundo sur de Estados Unidos. Sería una ciudad desconocida como tantos centenares de ciudades similares si no fuera porque en 1965 tuvieron lugar en ella los hechos que, definitivamente, consiguieron la aprobación de la Ley de derecho de voto. 
Aunque ya la Decimoquinta Enmienda de la Constitución prohibía cualquier tipo de discriminación por razón de raza en lo referente al voto, y que esta enmienda databa de 1870, en la práctica, las triquiñuelas legales, las presiones e incluso la violencia hacían que en muchos estados del Sur este derecho fuera tan desconocido como en la época de plena vigencia de la esclavitud.
Tras el asesinato de John F. Kennedy, en noviembre de 1963, el nuevo presidente, Lyndon B. Johnson promulgó la Ley de Derechos Civiles que prohibía toda discriminación racial en establecimientos y lugares públicos. No obstante, en los estados del Sur la segregación, si no legal, era una práctica común alentada por gobernadores, sheriffs y demás autoridades. 
Lo que cuenta la película es un episodio muy concreto de la larga lucha por la igualdad entre negros y blancos iniciada ya antes de la Guerra de Secesión. Y este episodio, estos episodios, más bien, son las tres marchas de Selma a Montgómery reivindicando el derecho efectivo al voto de la población afroamericana. 
La convocatoria de la primera marcha surge a raíz de la muerte de Jimmie Lee Jackson tras haber sido disparado por un policía durante una manifestación pacífica. Esta primera marcha, el 7 de Marzo de 1965, fue violentamente reprimida por la policía estatal y la del Condado en el puente Edmund Pettus pasando a ser conocida la fecha como el "Domingo sangriento".
Ante la violencia de las escenas retransmitidas a todo el país por televisión, acudieron a Selma para la segunda marcha, dos día después, personas de todo el país, blancos y negros y componentes de todas las confesiones religiosas. Esta marcha no fue reprimida, pues las tropas se hicieron a un lado para dejarles pasar, pero Martin Luther King hizo regresar a la gente a Selma pues lo que buscaba era una sentencia judicial que avalara su derecho a marchar pacíficamente. Esa noche fue asesinado por un grupo racista James Reeb, un pastor activista de los Derechos Civiles de Boston. A partir de ese momento, las protestas y los actos de desobediencia civil se suceden en todo el país y finalmente, el presidente se comprometió a proteger la tercera marcha que comenzó el 21 de Marzo y terminó en el Capitolio de Montgomery, la capital del estado de Alabama, el día 25. La culminación de todo ello fue la Ley de derecho al voto que promulgaron las dos Cámara a petición del Presidente.
La película cuenta todos estos hechos y hace bien en contarlos pues hace unos pocos días que se han conmemorado estos acontecimientos al cumplirse el cincuenta aniversario de los mismos y Estados Unidos sigue envuelto en luchas raciales de todo tipo: recientemente, ha habido varios episodios de jóvenes negros muertos a manos de la policía cuando iban desarmados; las cárceles siguen teniendo una población de reclusos mayoritariamente, negra e hispana; los mayores índices de pobreza se siguen dando en estas comunidades y, por pobre que seas, ser blanco sigue siendo garantía de que eres superior a alguien y eso es algo que todavía maman muchos niños blancos desde que nacen como ya observó en 1965 Martin Luther King. 
Hay historias que, por mucho que se insista en ellas, nunca sobran porque nos recuerdan lo cerca que tenemos la injusticia, la crueldad, el desprecio a los demás, la barbarie; nos recuerdan la lucha que muchas personas han llevado a cabo para dar un pasito más en la tarea de avanzar en el camino de la civilización humana; nos recuerdan que nada ha salido gratis, ni saldrá gratis, en la lucha por los derechos individuales (y más en una época en que tantos peligran o, simplemente, se están perdiendo) 
Se trata de una cinta impecable en la forma, con una fotografía impresionante que se resuelve en unas escenas duras y muy explícitas, que muestran una violencia que te entra por los ojos y por los oídos, pero sin llegar a dolerte de veras. Y es que algo le falta y uno sale del cine pensando qué es y, tras el periodo de reflexión que toda película requiere, se van encontrando las claves: falta el toque original ya que si lo que se cuenta no lo es (no deja de ser un hecho histórico que se puede rastrear en muchos documentos y periódicos), al menos debería serlo la manera de contarlo y tampoco lo es. Salvo alguna escena o diálogo (es destacable la entrevista entre el presidente Lyndon B. Johnson y el Gobernador de Alabama, soberbiamente interpretado por Tim Roth), el resto carece de fuerza. Los personajes aparecen mitificados
David Oyelowo como el Dr. King
(caso de Martin Luther King, cuyas infidelidades matrimoniales no se atreven a hacer explícitas y se solventan con la demora, unos segundos de más, en mentir a su mujer al responderle que no quiere a ninguna otra), o sencillamente desdibujados (caso de Malcolm X que aparece unos segundos y muere unos segundos después, casi sin que nos demos cuenta). Algunos personajes, cruciales en todo lo sucedido, como 
Jimmie Lee Jackson o James Reeb aparecen lo justo para que no falten episodios clave, pero sin entidad, ni personalidad; cuando mueren apenas sabemos nada de ellos; parece que pasaban por allí. 
Se echan de menos escenas de archivo de los hechos, que apenas aparecen, y que darían una mayor dimensión de realidad. Se echa de menos, en fin, emoción, complicidad en la trama, credibilidad, empatía con las víctimas. Porque, siendo hechos históricos, deberíamos creérnoslos y entonces se nos removerían todas las fibras del alma y, al menos a mi, no se me remueven y eso es que no me he creído la historia y si no me creo una historia que es Historia (y aunque no lo fuera) eso es que no me la han contado bien.
Me parece un exceso su nominación al Óscar a mejor película que, con toda justicia, no obtuvo. Sí se llevó el de mejor canción. Puede que se lo mereciera, pero poco más.
En resumen, creo sinceramente que se ha perdido la oportunidad de contar los hechos con más profundidad, mostrando las miserias de los héroes, dando a conocer un poco más a personajes secundarios sin los que la historia, tal vez, tendría que escribirse de otra manera y, en definitiva, se ha perdido la oportunidad de hacer una buena película para hacer una película aceptable. Sin más.
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